El destino de los partidos

César Medina 
lobarnechea1@hotmail.com

Alguna vez, debe hacer 13 ó 14 años, Leonel Fernández quiso corregir mi insistencia sobre el colapso del sistema de partidos que vaticinaba con alguna frecuencia en mis programas de radio y televisión. Echando ahora una mirada atrás, me puedo dar cuenta que él tenía razón… “Pero poca”, como decía Freddy Beras Goico.

El argumento que aún sostiene el intelectual y agudo expresidente es la vocación electoral de los dominicanos, su proclividad a seguir a los partidos y a los líderes, y su participación masiva en las actividades políticas, elementos que a su juicio le auguran larga vida al sistema.

Desde entonces se han celebrado cinco elecciones nacionales, todas ganadas por el partido de Leonel, el PLD.

Con el paso del tiempo, sin embargo, la frustración de la gente ha ido en aumento, la participación electoral es cada vez menor en términos proporcionales y se reduce el caudal de votos de los partidos. Los más afectados con este fenómeno han sido el Reformista y el PLD.

Las fracturas en los partidos tradicionales, el fratricidio antológico que atomiza sus estructuras internas y las ambiciones de poder se han ocupado de minar el esquema político que domina el escenario nacional desde hace más de medio siglo, cuando desapareció la dictadura trujillista.

Los dominicanos todavía participan en la actividad partidaria, pero cada vez el entusiasmo es menor mientras decrece la credibilidad del liderazgo en la medida en que los gobiernos y los presidentes van dejando a su paso una estela de frustración y desesperanza.

Los partidos grandes
Mientras el partido que ha ganado las últimas cinco elecciones, el PLD, ha mermado su caudal de votos, las dos restantes formaciones mayoritarias lucen disminuidas y con escasa posibilidad de recuperarse en los próximos dos años a juzgar por sus dificultades internas.

Y como no hay ninguna alternativa a la vista en el esquema partidario tradicional, todas las miradas han vuelto donde Leonel Fernández o a la posibilidad de la continuidad de Danilo Medina en una reelección que habría que forzar ante el impedimento constitucional que sería preciso modificar.

La mitad del PRD que conserva símbolos y siglas ni siquiera ha logrado unificarse después de los trastornos de su convención del 20 de julio, y la otra mitad que lideran Hipólito y Abinader se juegan máscara contra cabellera por la candidatura presidencial.

El Partido Reformista ni siquiera es capaz de salirse del gobierno a pesar de que anunció la ruptura de su alianza con el PLD, y a lo interno se suscita también una discreta lucha por la candidatura entre su presidente Quique Antún, su joven promesa Ito Bisonó y la antigualla de Higu¨ey, Amable Aristy Castro.

Sin una sola inspiración…
Fuera de los tres partidos tradicionales no se proyecta nada que pueda inspirar esperanza en el panorama político dominicano.

Quienes lo han intentado han fracasado. Ahí están Guillermo Moreno, Eduardo Estrella, Julián Serulle, para solo citar a tres cuyas candidaturas han terminado en la cola.

La situación podría salvarse con una alternativa nueva que pudiera surgir al margen de los partidos, pero tal posibilidad no se atreve a proyectarla nadie de aquí al dieciséis.

Hace 13 años Leonel tenía razón… Cuando vuelva a verlo –si es que vuelvo a verlo–, me aventuraré a plantearle el tema recordando siempre la graciosa frase del eterno Freddy: “…

Él tenía razón, pero poca”.

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