Lucha y ejemplo en Frederick Douglass

Frederick Douglass portrait

 

A propósito del libro de Frederick Douglass,“Vida de un esclavo americano, escrita por él mismo” (Capitán Swing, 2010; presentación de Angela Y. Davis)

Los dos iconos afroamericanos más importantes del siglo XX, Malcolm X y Martin Luther King Jr., son figuras bastante conocidas fuera de su país. El siglo XIX estadounidense, en cambio, tan rico en fascinantes ejemplos de esclavos fugitivos que acaban convirtiéndose en agitadores abolicionistas, aún no ha sido integrado en nuestra memoria popular. La aparición de una nueva traducción de Vida de un esclavo americano (1845) de Frederick Douglass, gracias a la encomiable apuesta de la editorial Capitán Swing y al excelente trabajo de los traductores Carlos García Simón e Íñigo Jáuregui Eguía, representa una meritoria contribución a la popularización del personaje más relevante de la historia afroamericana del siglo XIX. La obra abarca la vida de Douglass como esclavo en el estado meridional de Maryland, su fuga al Norte y los primeros tiempos como esclavo fugitivo en Massachusetts. También incluye uno de sus discursos más célebres, con motivo de la fiesta nacional del 4 de julio, donde reflexiona sobre las contradicciones de una nación fundada en los ideales emancipadores de la Ilustración y penosamente enriquecida por la negación radical y sistemática de estos mismos ideales a una parte considerable de su población.

En Vida de un esclavo americano queda fuera, pues, la mayor parte de la vida de Douglass, ya en libertad, cuando se convirtió en un famoso e influyente líder abolicionista, destacado militante del sufragio femenino –del que hizo una vehemente defensa en la histórica Convención de Seneca Falls de 1848–, fiel amigo de la libertad irlandesa, infatigable defensor de los derechos del mundo del trabajo y, durante un breve periodo de tiempo, máxima autoridad diplomática de Estados Unidos en la República de Haití.

La obra de Frederick Douglass es el ejemplo más destacado de la narrativa de la esclavitud afroamericana. A pesar de todo, el autor es relativamente poco conocido entre nosotros. Probablemente, buena parte de esta ignorancia se explica por el injusto olvido del que ha sido víctima en Hollywood. En efecto, salvo una brevísima aparición en Tiempos de Gloria (1989) de Edward Zwick, Douglass es el gran ausente en los dramas históricos del cine norteamericano. La ausencia de Douglass tiene sentido. Hollywood tiene un largo historial, culminado con la vergonzante chapuza del Lincoln de Spielberg, de invisibilizar a los afroamericanos de su propia historia, al retratar la Guerra de Secesión y el consiguiente fin de la esclavitud como episodios históricos protagonizados casi exclusivamente por blancos.

Otro factor que juega en contra del conocimiento de Douglass es la incomprensión general sobre el lugar que ocupa la esclavitud en la historia del capitalismo. Hay que reconocer que los apologetas del capitalismo, ayudados paradójicamente por los tóxicos restos de las versiones más vulgarizadas y deterministas del marxismo, han logrado imponer la percepción ahistórica según la cual el capitalismo y la esclavitud son realidades institucionalmente incompatibles . Según este relato, el principal responsable del fin de la esclavitud en los Estados Unidos fue el empuje incontenible del desarrollo del capitalismo industrial en el norte del país. Se trata de una visión tan conveniente para la actual clase dominante como alejada del más mínimo respeto a la verdad.

Lo cierto es que el final de la esclavitud tal como existía en el Sur de los Estados Unidos representa uno de los golpes más duros de la historia del capitalismo. [1] Con la liberación de los esclavos, se esfumaron millones de dólares en propiedad privada, se atenuó la hiperexplotación de millones de trabajadores negros y se cuestionó la lógica capitalista de expropiación y mercantilización de las relaciones humanas. Evidentemente, esta medida no fue impulsada de manera suicida por los grandes capitalistas del momento ni tampoco vino determinada por ninguna exigencia interna en su sistema económico. El destino final de la esclavitud en los Estados Unidos no estaba escrito en ningún manual de economía o historia. La abolición fue el resultado victorioso de un amplio movimiento democrático e internacional que incluía radicales de clase media, obreros británicos que preferían sufrir el paro a tener que colaborar económicamente con el gobierno rebelde de la Confederación y, obviamente, los mismos afroamericanos, que tuvieron un papel muy relevante en la muerte de la esclavitud, ya fuera participando en las revueltas de esclavos, huyendo hacia las posiciones del ejército federal durante la Guerra, combatiendo en las filas del mismo ejército en peores condiciones que sus compañeros blancos o, como el mismo Douglass, escapando de la esclavitud para luego llevar una vida de agitación y organización en pro de la abolición en todo el país.

En toda esta historia es francamente difícil exagerar la importancia de Vida de un esclavo americano. La obra de Douglass representa un saludable y emotivo recordatorio sobre el papel de los esclavos en su liberación y, al mismo tiempo, una fuente inagotable de lecciones y enseñanzas para los que hacen de la lucha cotidiana contra la injusticia la brújula moral de su propia existencia. Se trata, sin duda, de uno de los grandes clásicos de la tradición del pensamiento emancipador universal, una lectura obligada para cualquier persona interesada en la historia estadounidense y en el potencial liberador del activismo político-cultural.

El libro está lleno de descripciones y reflexiones memorables sobre la vida cotidiana bajo la esclavitud. En uno de los fragmentos más famosos, el niño Douglass cata, casi por accidente, los rudimentos del lenguaje escrito. La escena tiene lugar en Baltimore. Sophia Auld, la señora de la casa donde Douglass sirve, no está acostumbrada a tratar con negros y, desconocedora de las leyes que penalizaban la alfabetización de los esclavos, cae en la temeridad de enseñarle las primeras letras. Cuando el señor Auld lo descubre, le prohíbe que continúe, alegando el carácter ilegal del gesto y explicándole las devastadoras consecuencias que podría tener en el correcto funcionamiento de la relación entre amo y esclavo: «(…) Un negro no tiene que saber nada más que obedecer a su amo, que para eso está. (…) Si enseñas a leer a este negro (…) no podrás después conservarlo. Quedará para siempre incapacitado como esclavo. Se volverá incontrolable al momento y dejará de tener ningún valor para su amo. En cuanto a él mismo, no le hará ningún bien, sino muchísimo daño. Le convertirá en alguien descontento e infeliz».

La actitud del amo hace comprender a Douglass la necesidad de completar su aprendizaje por su cuenta. Y es que, en efecto, el pronóstico del señor Auld se acaba cumpliendo en gran parte. Douglass aprende el significado de la palabra abolición y, desde entonces, se obsesiona con la idea de huir hacia el Norte. Mientras, sin embargo, el destino de Douglass todavía cambiará de manos en diversas ocasiones. La variedad de amos le hará sufrir múltiples grados de explotación. No sólo por las diferencias de personalidad en crueldad y avaricia, sino también por las condiciones específicas de la esclavitud en el campo y en la ciudad. En este sentido, son de gran interés las reflexiones de Douglass sobre los momentos en los que deseaba la libertad con más vehemencia: «Mi experiencia como esclavo me ha llevado a darme cuenta de lo siguiente: siempre que mis condiciones mejoraban, en vez de aumentar mi satisfacción, aumentaba mi deseo de ser libre y me ponía a idear planes para conseguir la libertad. Me he dado cuenta de que para tener un esclavo contento es necesario impedir que piense».

El hilo que recorre la obra es la creciente consciencia de un esclavo sobre la propia humanidad y sobre la adquisición de los instrumentos necesarios para alcanzar la libertad. El tortuoso proceso de alfabetización tiene un papel fundamental en la ampliación de sus horizontes y en la consolidación del sentimiento de injusticia (significativamente, esta edición se cierra con un recuerdo sobre la sorprendente tenacidad con la que, ya como trabajador libre en una fundición, Douglass conseguía arañar momentos para la lectura, a pesar de la inercia alienante en la que vivían sus nuevos compañeros). La disposición a luchar por todos los medios –violencia incluida– contra amos y capataces es la otra gran herramienta que irá afilando hasta que asume el valor de arriesgar la vida en la peligrosísima aventura de romper sus cadenas de manera definitiva.

Uno de los grandes valores de Frederick Douglass es justamente su capacidad para razonar políticamente a partir de sus experiencias vitales, prepolíticas, consciente del poder del ejemplo para motivar la elevación moral y activista de la mayoría. En un discurso pronunciado el 3 de agosto de 1857, Douglass resumía así una de las grandes lecciones de su obra: «Si no hay lucha, no hay progreso. Aquellos que dicen estar a favor de la libertad pero desprecian la agitación política, son hombres que quieren cosechar sin haber sembrado; quieren la lluvia sin el rayo y el trueno; el océano sin el horrible estruendo de sus caudalosas aguas. La lucha puede ser moral, física, o de ambos tipos, pero debe ser lucha. El poder no concede nada si no se le exige. Nunca lo ha hecho y nunca lo hará. Averiguad lo que un pueblo acatará sin protestar y habréis descubierto la medida exacta de la injusticia y el oprobio que caerá sobre él. Y esa situación continuará hasta que el pueblo se resista con el puño o con la palabra, o con ambos. Los límites de los poderosos los marca la resistencia de aquellos a quienes oprimen».

Nota:

[1] Como se sabe, la esclavitud nunca ha dejado de existir y, de hecho, hoy en día se encuentra en un momento de gran expansión. Actualmente hay: «más esclavos que en ningún otro momento de la historia, en una nueva servidumbre que no se basa tanto en la propiedad como en el endeudamiento, y que se distingue por ello de la antigua por el hecho de que un esclavo cuesta hoy mucho menos que en el pasado». Josep FONTANA, Por el bien del imperio, Ediciones de Pasado y Presente, Barcelona, 2011, p. 968. Véase también a modo de ejemplo: “La crisis aumenta la esclavitud”, El País, 7 de septiembre de 2009.

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso de los autores mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.

 

Putin desafía a un Obama que trata de romper su aislamiento

English: Vladimir Putin at school age
Vladimir Putin at school age (Photo credit: Wikipedia)
Aunque el presidente de Estados Unidos, Barack Obama, logró el apoyo de once países del G20 a una «fuerte respuesta internacional» contra Siria, no ha conseguido aún el apoyo explícito al ataque al país árabe ni una mayoría que lo avale en el Congreso de EEUU. En esta situación, presidente ruso, Vladimir Putin, desafió a Obama con un nítido apoyo al régimen sirio en caso de que sea agredido.
Con una clara declaración de su intención de ayudar a Siria en caso de que sufra un ataque por parte de Estados Unidos o sus aliados, Rusia ha desafiado al presidente estadounidense, Barack Obama, que se enfrenta a un panorama cada vez más difícil, tanto por la posibilidad de involucrar a su país en un nuevo conflicto, como por los problemas políticos internos que le están creando sus planes bélicos y por la dificultad de conseguir apoyos de otros países a la intervención.

«¿Vamos a ayudar a Siria? Sí», afirmó el presidente ruso, Vladimir Putin, en respuesta a una pregunta sobre qué hará Moscú en caso de una intervención militar exterior en Siria, en la rueda de prensa final de la cumbre del G20 en San Petersbugo.

Putin agregó que «ya estamos ayudando. Suministramos armas y cooperamos en el terreno económico. Confío en que habrá más cooperación en el ámbito humanitario incluido los suministros de ayuda a la población civil que está en una situación muy difícil».

Ayer una fuente militar citada por la agencia Interfax indicó que otro barco de guerra ruso -el cuarto- se dirige hacia las costas sirias tras embarcar una «carga especial» en Novorossisk (mar Negro).

Putin subrayó que el uso de la fuerza contra un país soberano solo es posible en defensa propia y con la autorización del Consejo de Seguridad de la ONU. De lo contrario, quienes lo hacen «se sitúan al margen de la ley», advirtió. Además, el Ministerio ruso de Exteriores avisó a Washington sobre los peligros de bombardear el arsenal químico sirio.

Aunque finalmente Putin y Obama se reunieron en San Petersburgo, mantuvieron sus divergencias sobre el conflicto en Siria. «Nos quedamos cada uno con su propia opinión. Pero hay diálogo», afirmó Putin. Pese a que habló de clima cordial, la Casa Blanca dio por rotas las negociaciones con Moscú sobre la guerra siria porque Rusia «no tiene nada que aportar al debate», según el consejero adjunto de seguridad nacional, Ben Rhodes. «No esperamos obtener una cooperación de los rusos sobre la cuestión de las armas químicas», añadió. Putin aseguró que los planes de Estados Unidos de lanzar un ataque a Siria solo cuentan con el respaldo de cinco países del G20, y enumeró a Francia, Canadá, Turquía, Arabia Saudí y Gran Bretaña, aunque recordó que el Parlamento de este último país «atendiendo a la voluntad del pueblo» manifestó su rechazo a la acción militar contra el país árabe. Asimismo, aseguró que Rusia, China, India, Indonesia Argentina, Brasil, Sudáfrica e Italia se posicionaron categóricamente en contra de la guerra.

Además, la canciller alemana, Angela Merkel, «también actúa con mucha cautela. Alemania no tiene intención de participar en ninguna acción militar», aseguró. Putin resaltó que incluso en los países que apoyan la acción militar contra Damasco la opinión pública está mayoritariamente en contra.

Once apoyos

La Casa Blanca respondió difundiendo una lista de once países que reclaman tras el uso de armas químicas en Siria, una «fuerte respuesta internacional a esta grave violación de las normas y la conciencia mundial, que envíe un claro mensaje para que este tipo de atrocidad no vuelva a repetirse».

Estos once gobiernos -Australia, Canadá, Estado francés, Italia, Japón, Corea del Sur, Arabia Saudí, Estado español, Turquía, Gran Bretaña y el propio Estados Unidos- apoyan una «contundente resolución» del Consejo de Seguridad de la ONU, aunque reconocen su bloqueo y añaden que «el mundo no puede esperar a fracasados procesos sin fin que solo pueden llevar a un mayor sufrimiento para Siria y la inestabilidad regional».

No obstante Obama no ha logrado el apoyo explícito a la intervención que buscaba en la cumbre, e incluso ha provocado la reacción de la ONU y del Vaticano en favor de una salida política al conflicto sirio.

Ayer, el enviado especial conjunto de Naciones Unidas y la Liga Arabe, Lakhdar Brahimi, reiteró que ningún país tiene derecho a «tomarse la justicia por su mano» y ejecutar un ataque contra Siria sin la aprobación del Consejo de Seguridad de la ONU. En este contexto, el presidente estadounidense anunció que continuará en los próximos días buscando apoyos de sus socios extranjeros para una ataque contra Siria.

El aliado más seguro de Washington, Gran Bretaña, se encuentra limitado por el rechazo de su Parlamento a una acción militar, aunque el primer ministro, David Cameron, no quiso dejar solo a Obama en el G20 señalando que «no se puede excluir acciones si no se logra» una resolución de la ONU y aseguró que el líder estadounidense «tiene muy claro lo que va a hacer».

Pero Obama reconoció que muchos de sus socios consideran inaceptable lanzar un ataque sin el aval del Consejo de Seguridad a pesar de coincidir en señalar como responsable del ataque químico en los alrededores de Damasco el 21 de agosto al régimen de Bashar al Assad. Tampoco lo tiene fácil en casa. El presidente de EEUU anunció que el próximo martes se dirigirá a los estadounidenses -recelosos tras las experiencias de Afganistán e Irak- para hablar sobre este asunto. El propio Obama admitió desde San Petersburgo la dificultad de convencer a «un país que está en guerra desde hace diez años».

Problemas en el Congreso

Además, el viceconsejero de seguridad nacional, Tony Blinken aseguró ayer que Obama no pretende autorizar un ataque militar contra Siria si el Congreso no da su visto bueno al mismo,lo cual está lejos de tener asegurado. Según la web «Politico», que basa su información en fuentes republicanas y demócratas en la Cámara de Representantes, si se celebrase ahora una votación en la Cámara Baja el presidente sufriría un duro revés.

Responsables de la Administración Obama han contactado directamente con un tercio de los miembros del Congreso en las dos últimas semanas {al menos 60 senadores y 125 representantes- y, según la Casa Blanca, esos contactos van a seguir en los próximos días. Entre las filas republicanas el senador John McCain, excandidato a la presidencia y que ha fustigado a Obama se ha convertido en un aliado sorpresa ante la división de este partido entre «aislacionistas e intevencionistas».

Según asesores de los líderes republicanos, menos de un tercio de los representantes republicanos en la Cámara Baja votaría por la intervención, con lo que Obama necesitaría que la vasta mayoría de los 200 demócratas de la Cámara vote a favor de su propuesta, pero estos reconocen solo cuentan con entre 115 y 130 votos favorables.

Un vídeo publicado por el diario «The New York Times», vino a aumentar los problemas para que la Casa Blanca convenza a electos y ciudadanos. En el vídeo, rodado en la primavera de 2012, se ve la ejecución de siete soldados sirios capturados por los rebeldes, maniatados y con la cabeza mirando al suelo mientras un líder rebelde recita unos versos.

París espera al informe de los inspectores de la ONU

El presidente francés, François Hollande, uno de los principales promotores de atacar a Siria, defendió en la cumbre del G20 la formación de una «coalición amplia» entre los países que están de acuerdo con la intervención. Hollande aseguró que si el Consejo de Seguridad de la ONU no es capaz de llegar a un acuerdo «debería formarse una amplia coalición y está siendo formada entre todos estos países que no aceptan que un país, un régimen, debería usar armas químicas». Aunque convencido de la intervención, añadió que Francia esperará a conocer las conclusiones de los expertos de la ONU, que han inspeccionado sobre el terreno el lugar del ataque y tienen que realizar un informe al respecto. «Deberíamos esperar el informe de los inspectores igual que esperamos al Congreso (estadounidense)», dijo. Hollande parece seguro de las conclusiones al adelantar que los eventuales bombardeos irían contra objetivos militares. «Haremos todo lo posible para que Francia solo bombardee objetivos militares que evitan víctimas civiles», afirmó. El ministro francés de Exteriores, Laurent Fabius, esperaba arrastrar al resto de socios de la UE a esta postura y al menos «como mínimo» que reconocieran la responsabilidad del Gobierno de Damasco en el uso de armas químicas. Los países europeos no se opusieron en el G20 a los planes de EEUU para actuar sin el aval del Consejo de Seguridad, pero quieren que el asunto se debata antes en Naciones Unidas sobre la base del informe de los inspectores de la ONU, tal y como exigieron varios ministros. Entre ellos el alemán Guido Westervelle, que pidió que la ONU acelere los trabajos.

Fuente: http://gara.naiz.info/paperezkoa/20130907/421307/es/Putin-desafia-Obama-que-trata-romper-su-aislamiento