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¿El Presidencialismo un impedimento para la Democracia?

Español: Feministas marcharon del Monumento a ...

Es muy cierto que el sistema político presidencialista en América Latina sea uno de los mayores problemas para alcanzar una Democracia plena en los países latinoamericanos, pero no es tanto su sistema de partidos o el sistema electoral, sino más bien en su sistema cultural que tienen estas regiones. Esto es lo que ha hecho que el sistema Presidencialista sea puesto en tela de juicio, criticado por múltiples autores y hasta se ha visto la opción de pasar a un parlamentarismo o un semi presidencialismo, el caso es que, lo que en verdad preocupa es la importancia de los sistemas políticos en América Latina, la importancia que tienen en los individuos, su interés social y político. Los individuos presenta un completo desinterés en la política, no respetan instituciones, desconocen sus derechos y sobre todo sus obligaciones, esta forma de actuar de los individuos y gobernantes se ha compenetrado, se ha asimilado como “nuestra forma de ser”, estas características han empoderado al individuo, hasta llegar al grado de un comportamiento colectivo de desinterés y repudio a la política y a los políticos. Es muy cierto que el sistema cultura nos pesa y sobre todo nuestro valor histórico, pero es también muy cierto que los individuos, se rehúsan al cambio, por ejemplo cuando se habla sobre un cambio de régimen político, una de las primeras excusas son que ese sistema no es el adecuado para nosotros, que no se va a poder cambiar de sistema nunca y vemos al sistema presidencial como  una especie de gen que se encuentra en nosotros y que es imposible removerlo. Esta asimilación de impedimento o rechazo al cambio, es lo que genera en el individuo una especie de barrera a un nuevo sistema y a modificar el que ya se tiene.

El Presidencialismo es la causa de la falta de Democracia, pero no por el mismo sistema, sino por los individuos y su forma de aplicar dicho sistema, es cierto que el sistema presidencialista se consta del poder en un solo hombre (Presidente) y que este gobierna de forma unipersonal, pero es también claro la división de los poderes , la elección de candidatos por regiones o distritos uninominales y/o plurinominales, la representación y la participación son características de un sistema democrático-republicano y en muchos de los países latinoamericanos federal. En muchos países existe un sistema presidencial fuerte  y centralista (real) pero en muchos otros este poder es otorgado imaginariamente y se le otorgan facultades infrahumanas al Presidente, centralizando el poder y olvidando las otras partes políticas y organizacionales existentes para el funcionamiento del sistema.
La falta de valorización y de conocimiento acerca de las instituciones aleja cada vez mas a los individuos de sus partidos, del sistema electoral, de la forma de ciudadanía, y es por ello que los individuos en vez de exigir, reclamar y/o denunciar, muchos a falta de su conocimiento, otros de forma contraria aprovechan de que muchos desconocen sus derechos y obligaciones y usan estas actividades para su propio beneficio y esto ha provocado la incertidumbre y la total desconfianza en las instituciones. Pero debemos recordar que estos errores, el mal uso del sistema político presidencialista, es modificado a total conveniencia por los individuos, no es simplemente el sistema, el sistema esta bien, la ideología y el concepto de Democracia no es el problema, el problema real es el uso que le den de ella, es por ello que la cultura política y social de un país es demasiado importante, de ella parte que se cumplan las leyes y normas establecidas en la constitución y las forma ética y de valores de los seres humanos. Los sistemas fueron sistemas ideológicos y en muchos casos utópicos, pero por esta misma razón es que no pueden llegar a funcionar en su totalidad, pero esto es lo que nos lleva a pensar que el sistema no es el verdadero problema, pues la ideología en muchos casos es perfecta, pues es retomada de algún tipo ideal, el problema es cuando este ideal se materializa en un contexto social determinado.
El sistema cultural se remonta desde las primeras implantaciones de una Monarquía limitada, centralista, en el cual lo que ahora es el Presidente, era el Rey o monarca, empezaron a surgir asambleas parlamentarias con las cuales se comparte la competencia legislativa. Todo este marco histórico desde las encomiendas en los pueblos indígenas, por parte del pueblo español, la subordinación, el destierro de lo que les pertenecía a los habitantes, es lo que crea una sico-historia, una forma de ser del mestizo, un desprecio por la autoridad, la desconfianza y el miedo hacia la autoridad. Es por ello que en su mayoría los gobiernos de América Latina presentan un exceso de corrupción, de clientelismo de interés más particulares que el de un bien común, porque la idea de valorar al otro (la otredad) se ha borrado del pensamiento latinoamericano, y este es un tema de suma importancia. Es muy cierto que en países europeos ( y en muchos países latinoamericanos en donde la migración europea fue relevante) el desarrollo de la Democracia, del sistema político , está muy bien desarrollado debido a que estos países pasaron por circunstancias, las cuales los llevaron a estos sistemas, pasaron dictaduras, catástrofes naturales, es mas el pensamiento de las primeras civilizaciones avanzadas como la griega y la romana, fueron objeto de estudio de los intelectuales, es así como ellos capaces de crear un sistema acorde a sus interese y contexto lograron unificarse para un mismo objetivo: crear un sistema político que garantizara, Libertad, Igualdad y Fraternidad.
Estos países desarrollados explican su forma de ser, su pensamiento, su interés por la política, la representatividad y participación, porque el sistema cultural se fue implantando conforme a sus interese sociales. Esto nos lleva a preguntarnos ¿Por qué es que en América Latina, en específico México, no puede adecuarse a su contexto social e implantar un sistema que se adecue a las necesidades sociales e individuales? Países como Brasil, Chile, (por mencionar algunos) estas avanzando en nuevas formas de implementar su política, su crecimiento económico, los ciudadanos empiezan a participar en conjunto con su gobierno y tal vez se pueda decir que porque son herederos y descendientes de culturas europeas mayor desarrolladas que lo fue la española, pero estos países están logrando avanzar y una de sus razones es porque están viendo al futuro, no al pasado como muchos países latinoamericanos(entre ellos ,México), valoran su cultura, su historia, pero no viven en ella, no se justifican por medio de la historia. Estos países viven y se adecuan a una forma de gobierno actual, es por ello que muchos países de América Latina, han ido adoptando formas de sistema parlamentario, siendo presidenciales, (la segunda vuelta, un sistema Legislativo más fuerte). Estos países han aprendido de sus errores y lo que buscan es no volver a caer en ellos (el autoritarismo, guerra civiles, militarismos), muy diferente al pensamiento mexicano, el cual no aprende de sus errores, sino que más bien parece no tener memoria, es por ello que se argumenta que en México no ha habido un autoritarismo como los otros países latinoamericanos, pues la sociedad mexicana jamás se ha visto en una situación tal, para que haya un cambio que implique la organización y la integración de todos los sectores sociales, sino mas bien son problemas sectoriales, en los cuales la sociedad en su conjunto no se integra, sino es hasta que el problema afecta al individuo o colectividad.
Este argumento es contra atacado (o ¿justificado?) por el sistema Neoliberal, el cual consiste en que todo se vende, en el hiper individualismo y el hiper consumo, lo que para muchos justifica la falta de integración social y por una parte es válido este argumento, valido hasta la forma de análisis cultural que se tiene tanto de México como de muchos países latinoamericanos, pero no como una forma de excusarse  de todas nuestras acciones en el sistema económico y político. Son muchos los países que están inmersos en este (ya no tan nuevo) sistema y que tienen una gran organización social, son individualistas sí, pero también saben cómo y cuándo trabajar en conjunto.
El robo, la corrupción, el engaño, son acciones difíciles de justificar pero que aquí en México y en la mayoría de la América Latina se han hecho justificables y hasta necesarias, es por ello que culpar al sistema político y económico como causante de nuestra falta de honestidad y trabajo en equipo es un error más bien lo que se debería de empezar a analizar es a los individuos y su relación con cada sistema, el problema no es el presidencialismo, sino la forma en que los individuos gobiernan y se dejan gobernar, si se llegara a un parlamentarismo con estos mimos niveles de corrupción volveríamos a caer en lo mismo debemos re-pensar a la ciudadanía, al político y a la política, y no hacer una alusión al sistema, analizar a las partes y dejar de culpar siempre al sistema opresor de todo y empezar a cambiar nosotros mismos que somos los que reproducimos cada día ese sistema y dejar de justificarnos en el.
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Entrevista al sociólogo Zygmunt Bauman: ¿Qué futuro estamos construyendo?

La austeridad es ‘pobreza para la mayoría y riqueza para unos pocos’. El sociólogo admite que hoy no hay alternativa viable al capitalismo. ‘La falta de confianza en los políticos es un fenómeno a nivel mundial’.

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 Todo se diluye a nuestro alrededor. Cualquiera diría que la “modernidad líquida” que vislumbró Zygmunt Bauman se ha convertido en un torrente que todo lo arrastra. No va quedando nada sólido a lo que agarrarse. Y lo que es peor: cualquiera diría que hemos pasado de la fase “ultralíquida” a la gaseosa. Todo se está haciendo cada vez más etéreo.

“Lo que ocurre es que no tenemos un destino claro hacia el que movernos“, certifica el sociólogo y pensador polaco, que sigue trotando infatigablemente por el mundo a sus 87 años. “Deberíamos tener un modelo de sociedad global, de economía global, de política global… En vez de eso, lo único que hacemos es reaccionar ante la última tormenta de los mercados, buscar soluciones a corto plazo, dar manotazos en la oscuridad”.

Acudimos al reclamo del maestro en su terruño adoptivo de Leeds, donde lleva media vida afincado y desde donde observa el mundo con sus ojillos ávidos, entregado al ritual diario de la escritura y del tabaco en pipa. Aspira Bauman el humo por la boquilla, y ya pueden fluir sus largos y ponderados pensamientos sobre la vida líquida.

“La relación de dependencia mutua entre el Estado y los ciudadanos ha sido cancelada unilateralmente. A los ciudadanos no se les ha pedido su opinión”.

“Cuando usé la metáfora de la “modernidad líquida”, me refería en concreto al período que arrancó hace algo más de tres décadas. Líquido significa, literalmente, “aquello que no puede mantener su forma”. Y en esa etapa seguimos: todas las instituciones de la etapa “sólida” anterior están haciendo aguas, de los Estados a las familias, pasando por los partidos políticos, las empresas, los puestos de trabajo que antes nos daban seguridad y que ahora no sabemos si durarán hasta mañana. Es cierto, hay una sensación de liquidez total. Pero esto no es nuevo, en todo caso se ha acelerado”.

Sostiene Bauman que el mundo sólido surgido de los rescoldos de la Segunda Guerra Mundial ya no es viable. Admite que a él nunca le gustó el término de “estado del bienestar”, que se ha acabado convirtiendo en un caballo de batalla ideológico.

“Yo siempre he preferido hablar del “estado social”. Se trataba de crear una especie de “seguro colectivo” a la población tras la devastación causada por la guerra, y en esto estaban de acuerdo la derecha y la izquierda. Lo que ocurre es que el “estado social” fue creado para un mundo sólido como el que teníamos y es muy difícil hacerlo viable en este mundo líquido, en el que cualquier institución que creemos tiene seguramente los días contados”.

La esperanza es inmortal, sostiene Bauman, que nos invita a defender la sanidad pública, la educación pública o las pensiones mientras podamos. Pero poco a poco habrá que hacerse a la idea de que el “estado social” se irá disolviendo y acabará dejando paso a otra cosa.

Un planeta social

“En este ‘espacio de los flujos’ del que habla Manuel Castells, tal vez tiene más sentido hablar de un “estado en red” o de “un planeta social”, con organizaciones no gubernamentales que cubran los huecos que va dejando el estado. Yo creo sobre todo en la posibilidad de crear una realidad distinta dentro de nuestro radio de alcance. De hecho, los grupos locales que están creando lazos globales como Slow Food, son para mí la mayor esperanza de cambio”.

“El gran reto del siglo XXI va a ser precisamente acabar con el divorcio entre poder y política”

Eso sí, el maestro quiere dejar claro que hay una diferencia entre “lo inevitable” en este mundo líquido y lo que está ocurriendo en la vieja Europa desde que arrancó la crisis: “La relación de dependencia mutua entre el Estado y los ciudadanos ha sido cancelada unilateralmente. A los ciudadanos no se les ha pedido su opinión, por eso ha habido manifestaciones en las calles. Se ha roto el pacto social, no es extraño que la gente mire cada vez con más recelo a los políticos”.

Una cosa es la dosis necesaria de austeridad tras “la orgía consumista” de las tres últimas décadas, y otra muy distinta es “la austeridad de doble rasero” que están imponiendo los Gobiernos en Europa. El autor de ‘Tiempos líquidos’ le ha dedicado al tema uno de sus últimos libros: ‘Daños colaterales: desigualdades sociales en la era global’.

“La austeridad que están haciendo lo Gobiernos puede resumirse así: pobreza para la mayoría y riqueza para unos pocos (los banqueros, los accionistas y los inversores). O lo que es lo mismo: austeridad para España, Grecia, Portugal e Italia, mientras Alemania hace y deshace a sus anchas. Como dice mi colega, el sociólogo alemán Ulrich Beck, Madame Merkiavelo (resultante de la fusión de Merkel y Maquiavelo) consulta todas las mañanas el oráculo de los mercados y luego decide”.

Al albur de los mercados

¿Qué hacemos pues con los políticos? “Ése es el gran problema. La falta de confianza en los políticos es un fenómeno a nivel mundial. Y la razón de fondo es que los políticos no tienen ningún poder, el estado no tiene poder. En el mundo globalizado en el que vivimos, las decisiones las toman los poderes económicos que no entienden de fronteras. El gran reto del siglo XXI va a ser precisamente acabar con el divorcio entre poder y política”.

Pese a todos sus envites contra el sistema, Bauman reconoce que hoy por hoy no hay alternativa viable al capitalismo, que ha demostrado la capacidad de las anguilas para adaptarse a los tiempos líquidos.

“La naturaleza del capitalismo es la de un parásito: se apropia de un organismo, se alimenta de él, lo deja enfermo o exhausto y salta a otro”.

“El capitalismo se lleva trasformando desde su invención y ha sobrevivido a las situaciones más difíciles. Su naturaleza es esencialmente la de un parásito: se apropia de un organismo, se alimenta de él, lo deja enfermo o exhausto y salta a otro. Eso es lo que está ocurriendo desde que arrancó esta forma de capitalismo en la era de la globalización”.

La generación de la incertidumbre

“Recordemos el famoso ‘corralito’ en Argentina”, advierte Bauman. “Luego vino el colapso de Malasia, y la crisis del rublo, y finalmente la burbuja que estalló en Irlanda, luego en Islandia, y en Grecia, y ahora en España. Hasta que no revuelvan el país y lo dejen en una situación límite no dejarán de dar la lata. Mire lo que ha ocurrido en Chipre. El capitalismo necesita de tierras vírgenes, que puedan ser persuadidas y seducidas. Ya llegará el momento en que se les obligue a pagar las deudas”.

La última gran preocupación de Bauman es en todo caso la juventud. A la generación de la incertidumbre le dedica su último libro (‘Sobre la educación en un mundo líquido’), con especial hincapié en el desfase del sistema educativo y la precariedad económica en estos tiempos ultralíquidos.

“Soy muy consciente del tremendo problema del paro juvenil, que es algo ya común a todos los países occidentales, pero que se manifiesta muy cruelmente en España. Cuando más de la mitad de los jóvenes no tienen trabajo, cuando a muchos de ellos no les queda más salida que salir al extranjero o ganarse la vida en trabajos ‘basura’, después de haber sacado títulos que no les sirven para nada, la gran pregunta es: “¿Qué futuro estamos construyendo?”.

Artículo de Carlos Fresneda, vista en elmundo.es