Es una culebra que se mueve más en los países que han gozado de ciertos períodos de desarrollo económico; pero que los ricos y los administradores de la llamada democracia representativa (los gobiernos y los partidos del sistema), han manejado mal, que frente a cada crisis económica, los susodichos optan por el “recorte”, la “austeridad” y los “impuestos” que reducen lo conquistado. Es una culebra de “clase media”, como prefieren llamarla los sociólogos y politólogos actuales, pero que en la jerga marxista se llama “pequeña burguesía”. Los países que han alcanzado largos períodos de crecimiento (y entre ellos está la República Dominicana), la culebra, que no es una revolución, sino que marcha y se mueve bajo el signo de la “indignación”, y sus lugares preferidos para manifestarse son aquellos sitios que representan los signos del poder, es temida por ricos, los partidos gobernantes y también los de oposición y casi todos los del sistema (o los que viven disimuladamente del sistema, como las izquierdas falsas).

Ascendieron a “clase media”, pero se han encontrado con el valladar de la corrupción, la negligencia; el ahogamiento con los servicios elementales de electricidad, transporte, complejos, tediosos y mañosos servicios bancarios. Son movimientos contra el robo, las inconductas, la corrupción, la burocracia, la impunidad, la mordida, las coimas, el picoteo. Por tanto, son un movimiento contra “la democracia representativa”, para que se convierta en “participativa”. Es un verdadero movimiento apartidista, sin ideología y sin “líderes” con quienes negociar, y eso es que lo hace elusivo. Quien se presente como “dirigente” es inhabilitado con tal, como farsante, por las voces de todos: “¡No queremos jefes!”. “Yo llegué ahora, ¿quién se robó lo mío?”. “No quiero sexo; el gobierno me jode las 24 horas”, dicen las consignas del hormiguero humano que se moviliza contra los que los oprimen, los joden, les hacen la vida cada día más precaria con soluciones a medias, con el ‘reunionisno cretino’, contra las mancuernas de las cúpulas mandantes.

2.- Parlamentos
Los Parlamentos, formados por “todos los demócratas” están asustados: buscan soluciones, recortes, parches, discursos temblorosos en favor del pueblo. Gobiernos y oposición saben que los movimientos sin cabezas que claman por mantener su nivel de vida o que no lo pueden seguir elevando por todas las trampas y fugas del sistema, quieren sus cabezas, sin importar quiénes la representen en los Congresos (sea a la derecha, al centro, a los comunistas, que abundan en Grecia, Italia, Portugal, Francia). Temen: están asustados. Pero no estamos frente a una revolución social; los “indignados” no tienen fuerzas para cambiar el sistema. Por eso, en Argentina hubo 5 presidentes en tres días, pero el sistema “democrático” permaneció. Y así en Italia, en Túnez, en Egipto, en Wall Street. El movimiento crece y disminuye, pero se enciende por cualquier cosa: por una pela a infeliz en Túnez, por un exceso policial en Francia, por un aumento de pasaje en Brasil o desproporcionado de cualquier alimento. En Haití los movimientos son conspirativos, cuando los hay, porque no hay democracia que perfeccionar, ni clase media. La culebra que se mueve no acepta “cabeza”, pues quien se coloca usurpando la cabeza, evidencia la ideología, el partido, y las masas no les creen a partidos organizados, a encerronas, no quieren “arrear para que otro enlace”.

3.- Movimientos espontáneos 
Son movimientos espontáneos cuyo origen, aparte de la reducción de su nivel de vida y el agobio de la vida cotidiana y el miedo a la “inamovilidad”, ha sido el Internet, las redes sociales, y en ellos participan de todos los partidos, movimientos sociales, que dentro de la chorrera de masas, “anulan” o “apartan” a los radicalismos. En Egipto, no quieren ni gobiernos comunistas, ni fundamentalistas religiosos, quieren que Morsi se vaya y que llame a elecciones (cayó en el gancho, EEUU, Francia y Qatar no le han reducido la ayuda y la vida se deteriora cada día más). Ellos no quieren un nuevo nasserismo, ni la destrucción del Ejército. En todas partes se alzan contra los recortes sociales, como en Inglaterra, España, Alemania, Bélgica, Portugal, Irlanda; en Argentina “por el corralito” de Menem que mandó a todos a la miseria. En Brasil, contra el aumento del pasaje, la corrupción, el aumento de los capitales de los ricos y los miles de millones metidos en los estadios para el mundial del fútbol y las Olimpiadas. Revolución no hay; hay una lucha de la clase media para evitar empobrecer, ni les maten sus sueños; sí es una lucha anticapitalista, antirricos, y antisistema democrático fatuo, que nada resuelve.