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Bakunin en el siglo XXI

 

 

Mikhail (Michail) Bakunin and his wife Antonia...

 Hace[r] saltar a una determinada época fuera del transcurso homogéneo de la historia; así hace saltar también a una determinada vida fuera de su época, y a una determinada obra fuera de la obra completa de una vida […] La obra singular está conservada y superada en la obra completa, lo mismo que en la obra completa la época y en la época el curso entero de la historia

De los que vendrán no pretendemos gratitud por nuestros triunfos, sino rememoración de nuestras derrotas

Walter Benjamin

El 30 de mayo de 1814 o el 20 de mayo de 1814 (Cappelletti, 1986) o el 11 de mayo de 1814 (Lehning, 1999) nació Mijail Bakunin. La fecha exacta en el tiempo cronológico no importa mucho, a fin de cuentas el tiempo cronológico es una temporalidad homogénea y vacía, lo que nos importa es el calendario. El calendario de lucha, organización y rebelión que se puede evocar desde la vida, la acción y el pensamiento de Bakunin.

En la tradición libertaria hay un rechazo a identificarse y nombrarse a partir de una persona ―no existen los proudhonianos, ni los bakuninistas, ni los kropotkianos― (Graeber, 2011), existe la negativa a pensar que un individuo puede ser el centro del pensamiento y la acción de un movimiento en el que han participado y dado su vida cientos de miles o quizá millones de colectividades e individualidades a lo largo de más de 150 años de existencia del horizonte libertario. Esta tentativa de evocar los primeros tiempos del anarquismo en particular y de toda la historia del movimiento libertario en general, a partir de una vida, la vida de Mijail Bakunin, y viceversa, no se hace para exaltarlo ni para darle un lugar superior a los demás militantes libertarios de su época.

Traer al tiempo del ahora la vida y lucha de Bakunin nos increpa a los militantes anarquistas del presente, nos hace recordar una pluralidad de posicionamientos ético-políticos, formas de hacer política y de organización que potencian tentativas autogestivas de ruptura, existencias rebeldes y en tensión. Pensar para volver parte de nuestra memoria insumisa a Bakunin significa la irrupción de un hacer pensante anti-estatista y anti-capitalista, anti-patriarcal y anti-teologista, es decir, contra la dominación, contra la división de la sociedad entre unos que mandan y otros que obedecen.

El hacer militante de Mijail Bakunin es parte de una constelación insurrecta que desde el mundo del trabajo se enfrentó al capital y al Estado. Es parte de un movimiento que existió en todo momento de forma instituyente, recurriendo a la creatividad y la imaginación, recreando las prácticas y el pensamiento, soñando y luchando por lo imposible.

En ese instante de insubordinación, donde está inserto Bakunin, se dieron las bases de un movimiento que rompió, desde su origen y hasta el día de hoy, con la dicotomía izquierda-derecha, fue más allá, pues se posicionó-posiciona contra toda forma de dominación. Se configuró como un movimiento que ha rechazado en todo momento la formula autoritaria que piensa que el fin justifica los medios, pues reconoce que de acuerdo a los medios y al método será el mundo que se construya.

Con Bakunin y la constelación rebelde de la que es parte, surge el anarquismo socialista y revolucionario, un anarquismo que entiende la política como la acción directa de los interesados mismos para resolver sus propias necesidades e intereses, un anarquismo que reconoce que la emancipación es un acto de auto-emancipación, donde se acabe con los jefes y las vanguardias.

La vida de Bakunin evoca una irreductibilidad ética que caracteriza a una buena cantidad de los militantes libertarios, una ética que se niega a crear relaciones utilitarias con los otros, que rechaza cualquier forma de poder coercitivo y de autoritarismo, que niega la dominación del hombre sobre la mujer. Una ética que no separa la militancia de la vida diaria.

Cuando las corrientes dominantes de izquierda revolucionaria decían que el sujeto de la revolución era el proletariado, en la versión más abierta, o el obrero industrial europeo, en las interpretaciones más ortodoxas. Anarquistas como Bakunin expresaron que el sujeto revolucionario es cualquier persona y colectividad en el instante en que desobedece, cuando se insubordina y resiste contra la dominación. Cuando se organiza e instituye su hacer y pensar en el sentido de la rebelión. Ser un sujeto revolucionario no está determinado por el lugar de nacimiento ni por la clase a la que se pertenece, como una cuestión preestablecida, abstracta, ser sujeto revolucionario es luchar contra la opresión desde lo que cada quien es y para dejar de ser lo que somos, para destruir las relación sociales de dominación, explotación y patriarcales.

Con Bakunin, con los anarquistas de la Internacional Antiautoritaria que nació en el Jura suizo en 1872 y con cada iniciativa libertaria que irrumpe en América, Asia y Europa en la segunda mitad del siglo XIX, germina una forma de organización y de hacer política que rechaza la forma-partido y cualquier tipo de jerarquía en la acción política, recurren a la afinidad, la complicidad, la confianza y a las formas federativas-descentralizadas de organización. Con el socialismo revolucionario, como se hacían llamar los libertarios de ese tiempo, nació el sindicalismo revolucionario y anarquista, surge como contraposición de los partidos, pues es una forma de organización que se nutre desde las necesidades de los sujetos en lucha en el ámbito de trabajo, como enfrentamiento directo contra los patrones y el Estado, mediante las huelgas salvajes y el sabotaje cotidiano, actos que desembocaban de tanto en tanto en revueltas generalizadas.

Las sociedades secretas que promueven Bakunin y los libertarios de esa época evocan los grupos de afinidad libertarios, espacios de lucha y organización donde se reconoce la libre iniciativa y el libre acuerdo, donde lo que une es la confianza y la amistad, colectivos que están en movimiento y recreándose de acuerdo a sus necesidades, imaginación y creatividad.

La actitud política de Bakunin que resuena en el movimiento libertario a lo largo de su historia, es el rechazo a la postura autoritaria y utilitarista que se contenta con estarse aprovechando de la coyuntura, montándose en las luchas y resistencia de los otros para dirigirlas, reconducirlas u obstruirlas, como lo ha hecho la izquierda estatista de todos los tiempos. Los zapatistas del EZLN hace poco nos volvieron a recordar que no se trata de aprovechar las coyunturas, sino de crearlas; el movimiento anarquista en sus momentos instituyentes se ha abocado a crear tentativas insurreccionales y de rebelión que fueran capaces de poner en cuestión y trastocar las relaciones sociales de dominación.

En el ahora-tiempo nos sigue resonando Bakunin, nos increpa y nos cuestiona. Nos fuerza a seguir en el horizonte ético-político anti-estatista, anti-capitalista y anti-teologista, en horizonte de la autonomía como proyecto, que existe en cada tentativa de lucha y rebelión donde se recurra a la auto-organización, a la acción directa, a la afinidad y la descentralización. Con Bakunin nos encontramos en la perspectiva de una revolución social de la vida cotidiana, donde se insurreccione la vida, destruyendo las relaciones sociales y significaciones de dominación y se creen relaciones sociales y significaciones en el sentido de la autogestión generalizada, de la vida como poesía.

Marcelo Sandoval Vargas, Centro de Estudios y Documentación Anarquista – Francisco Zalacosta.

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.

 

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Acerca del artículo de Juan Torres “Unidad ciudadana”

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Una-c (Photo credit: Wikipedia)

 de un proceso de reflexión colectiva alrededor del artículo de Juan Torres “Unidad ciudadana”. Esta reflexión ha sido realizada por el Grupo de Trabajo de Economía y Política Social del 15M del Barrio del Pilar y el Grupo de Trabajo Reflexión y Acción para la Autoorganización durante los meses de abril y mayo de 2013.

El trabajo se inició con la difusión del artículo en el blog de la Asamblea del Barrio del Pilar. Su publicación resultó especialmente interesante en una coyuntura en la que están surgiendo propuestas y debates sobre la unidad de acción que implican a los movimientos sociales. Se redactó un primer borrador sobre el que se hicieron once aportaciones escritas que fueron a su vez difundidas y debatidas. Este texto es una síntesis de esas aportaciones y no tiene intención de ser una contestación ni una réplica, sino más bien un motivo para avanzar en la construcción de lo común.

Juan Torres se pregunta por qué no avanzamos en nuestra lucha contra la “agresión neoliberal”, analizando una serie de motivos: la renuncia de las personas a defenderse, la falta de unión de los movimientos sociales y la insuficiencia de la lucha en la calle, para terminar haciendo una propuesta que pasa por la autodisolución de los movimientos sociales para alcanzar una unidad de acción que permita conseguir una mayoría parlamentaria.

En las primeras lecturas todas fuimos cautivadas por el carácter seductor del texto, por el tipo de lenguaje empleado, por los conceptos y reivindicaciones que ofrece y por una propuesta que nos resulta cercana a la mayoría de las personas que participamos en movimientos sociales. Fue al comentarlo y profundizar en él cuando aparecieron aspectos que se alejaban de los criterios que llevamos construyendo durante 2 años. La urgencia de articular una respuesta social antes de que la “opción política actual” acabe con todo, es quizás, lo que hace que lo propuesto en el artículo sea fácilmente asumible y aceptado por todas nosotras. Es además una propuesta dentro de los límites de lo que existe y se mueve dentro de lo que consideramos sentido común, apelando a cosas simples y sencillas como puede ser la idea de que “el poder ha de volver a buenas manos”.

En el texto hay cuestiones fundamentales que compartimos: Es una propuesta concreta que responde al deseo colectivo de unirse, una voluntad de desdibujar las líneas rojas que nos separan de las demás y nos impiden establecer un diálogo y, sobre todo, la idea de intervenir desde abajo para conquistar el derecho al bienestar de todas las personas mediante una unidad de acción organizada desde la base, articulando una fuerza social capaz de convertir las voluntades sociales en decisiones políticas.

Sin embargo, hay también otros aspectos de su análisis que no compartimos. Nos referimos a su concepto de que la raíz de los problemas actuales se encuentra en la agresión neoliberal. Nosotros consideramos que la crisis económica se nos ha mostrado recientemente pero que la crisis social, política e institucional viene de décadas atrás, y comparten la misma causa. Nuestra sociedad está organizada para perpetuar la dominación de grupos minoritarios, las élites, que cuentan con la alianza de una parte considerable de la población. Estos grupos se enriquecen en cualquier situación y para ello han construido una forma de relación social basada esencialmente en la dominación. Es más , hemos de entender que la acumulación económica es también acumulación de poder y de las relaciones necesarias para preservarlo. En las actuales circunstancias es fácil entender que acumulación y dominación son incompatibles con la sociedad a la que aspiramos.

Este no es un problema de hoy ni es la consecuencia de la denominada crisis económica, al contrario, esta crisis se ha generado por la necesidad de perpetuar los mecanismos de dominación y de enriquecimiento. Cuando décadas atrás el neoliberalismo azotaba otras regiones del mundo provocando hambre, miseria y violencia nosotros vivíamos en una inusitada bonanza económica que nos cegaba impidiéndonos ver el sufrimiento ajeno y sin comprender que nosotros iríamos después.

Lo que ocurre, quizás, es que se hacen evidentes aspectos que permanecían ocultos por la ficción y la banalidad de la bonanza económica. Ahora se muestra de una forma despiadada y cruel la desigualdad, la explotación, el saqueo, poniéndonos delante de los ojos que el sufrimiento ajeno no les importa mientras puedan obtener beneficios.

¿Es posible someter a los mercados al tiempo que estamos sometidos y dominados por ellos? Quienes consideran que el neoliberalismo es el problema, dan por supuesto que mediante la obtención del suficiente respaldo político, que anule las medidas neoliberales y restablezca el estado del bienestar, se conseguiría alcanzar dicha meta. Quienes no consideramos que sea posible anular el poder de esos mercados mientras estemos sometidos y dominados por ellos pensamos que es necesaria una transformación más profunda, una sociedad en base a las relaciones de equidad donde el centro no sea la economía sino el pleno desarrollo humano. No se trata de derribar gobiernos sino sistemas de vida.

Una idea muy extendida es que la crisis afecta a la inmensa mayoría de la población y que si tenemos en cuenta más lo que nos une que lo que nos separa la unidad es la construcción lógica. Sin embargo, la realidad es que la crisis está generando cada vez más desigualdad, afectándonos de manera diferente e incluso contradictoria ; quienes están consiguiendo cuantiosos beneficios de las privatizaciones , o simplemente un empleo , no quieren compartir su suerte con las víctimas. Pero además, para dar más valor a lo que nos une que a lo que nos separa se hace necesario conocerlo y comprenderlo para actuar responsablemente. La unidad construida sólo por deseos, por muy buenos que estos sean, es inconsistente y fácilmente manipulable. Este fue el alimento con el que se construyeron las mayorías de la Transición y del “cambio” de principios de los ochenta.

Si bien es cierto que en los últimos dos años se ha multiplicado la presencia de la población en las calles, eso no significa que haya más unidad de acción que nunca, como asegura Juan Torres. Las individualidades que participamos tenemos intereses, ideas y soluciones distintas, igual que los movimientos sociales y las distintas organizaciones. Sería posible abordar esas diferencias si todas las partes asumiésemos como requisito indispensable la relación entre iguales independientemente del tamaño, importancia o poderosa que cada parte se considere. El centro de atención, de este modo, se situaría en qué puede hacer cada una en su ámbito, a la vez que se plantea qué puede hacer en el ámbito del otro.

En nuestra opinión, más allá de la discusión sobre tiempos y mecánicas, lo verdaderamente importante es cómo conseguir formar una identidad común con prioridades globales, tanto para las personas que participan activamente comprometidas con este proceso como para capas más amplias de la población. Centrar los esfuerzos en conseguir generar procesos que den lugar a nuevas generaciones de personas con conciencia crítica, capaces de construir otro modelo de participación política y de relaciones en todos los ámbitos. Este es un camino difícil de seguir desde nuestra actual perspectiva donde el debate ha estado secuestrado por la representación que deja en manos del dinero y los medios de comunicación la construcción de las mayorías. Por tanto tenemos que descubrirlo, imaginarlo, inventarlo y crearlo desde lo colectivo.

Esta democracia no es débil como señala Juan Torres, no es el menos malo de los sistemas, ni es imperfecta, como justifican las élites, simplemente no lo es. Democracia, al igual que otras muchas palabras (justicia, libertad, igualdad…), ha ido perdiendo su significado para convertirse en una consigna ideológica que ayuda a perpetuar el poder de quienes la manipulan. Aun cuando etimológicamente anuncia “reconocer y anunciar derechos”, en la sociedad contemporánea (desarrollada, occidental, capitalista) es más bien una técnica, una forma especial de sometimiento consentido, una herramienta que consigue que las mayorías acepten las decisiones de las minorías. Al confundirse la democracia con la forma de gobierno la participación política se centra en la captación de votos y voluntades, y quienes tienen más poder para captar esos votos y voluntades son las mismas élites que controlan los medios de comunicación y los aparatos del estado. Esto hace prácticamente imposible que las clases populares conformen mayorías capaces de controlar el poder y transformar la sociedad.

No parece razonable excluir un ámbito tan importante como el institucional en un proceso transformador, pero sí entender que es un ámbito más y que comporta importantes riesgos, al menos mientras seamos colectiva y organizativamente frágiles, e individualmente sigamos contaminados de una forma de ver y actuar inoculadas desde el sistema.

Se hace necesario asumir que la construcción de lo común es en algún modo un proceso auto-constituyente de los movimientos que aborde los retos más inmediatos orientados en una dirección y bajo un nexo común. Esta unión debe sustentarse en elementos básicos compartidos por todas y no sólo en sus principios objetivos. No sólo se trata de compartir unos objetivos comunes sino de compartir el proceso de construcción de la conciencia crítica del individuo, de su sentido social, de la construcción de una voluntad y un bienestar común, para que el pleno desarrollo humano fundamente y articule las decisiones políticas.

Debemos aceptar que, hoy por hoy, entendemos cosas diferentes sobre conceptos que todas consideramos básicos: democracia, justicia, igualdad, economía social…Tenemos que aceptar no sólo la existencia de estas diferencias sino de que además no tenemos un diseño acabado del lugar de llegada, que en un horizonte previsible siempre estaremos en el camino, y de lo que se trata es de que nadie tire de nosotras ni que nos empuje sino de que caminemos juntas probablemente hacia una institucionalidad diferente generada desde la equidad y que permita a las personas el acceso al análisis crítico, conformando sus criterios en función de sus necesidades y del bien común, tomando decisiones en base a esos criterios.

El control desde las bases sociales es insustituible y ese control para asegurar una participación real y eficaz debe ser colectivo, organizado, con poder de decisión y con posibilidad de asumir tareas propias. Quizás no sea suficiente organizar respuestas fuera de las instituciones pero estas respuestas son imprescindibles en el camino de transformación de nuestra sociedad.

Hemos de convertirnos en activistas de nuestras propias vidas, de las nuestras y de las de todas.

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso de los autores mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.

 

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“Un movimiento no se construye con autonomía individual, sino con autonomía colectiva”

English: Niki Terpstra (197/NED) and Martin Mü...

Boaventura de Sousa Santos es doctor en Sociología del Derecho por la Universidad de Yale y catedrático de Sociología en la Universidad de Coímbra. Este fin de semana está en Madrid con laUniversidad Popular de los Movimientos Sociales (UPMS), una iniciativa que llega por primera vez a España y reúne durante los dos días a más de 40 colectivos y movimientos sociales, académicos y artistas de varios países en busca de fórmulas para organizarse y reconstruir el maltrecho sistema democrático en Europa.

 ¿Se puede decir ya que el proyecto de la UE es un fracaso?

Sí. La UE era un proyecto de cohesión social para crear un bloque nuevo y fuerte; un bloque económico, político y social, con políticas de cohesión muy importantes. La UE se concibió con dos ideas muy potentes: la de no volver a las guerras mundiales, provocadas ambas por el mismo país, y la de eliminar las periferias que existían desde el siglo XV: los países nórdicos, el sur de Europa (Portugal, España e Italia), el sureste (Balcanes y Grecia) y el este europeo.

El proyecto europeo iba a poner fin a esas periferias, con políticas muy importantes de fondos estructurales que pretendían uniformar la riqueza en Europa. En este sentido, el proyecto fracasó, pero es que muchos de nosotros ya sospechábamos que esto podía pasar, porque la existencia de las periferias era demasiado larga. Sin embargo, en los primeros años de la integración europea parecía que la UE resultaba: por ejemplo, en Portugal, la renta media alcanzó el 75% de la europea en 2000; sin duda nos aproximábamos y, de pronto, todo el proceso quebró y los países ex periféricos vuelven a ser tratados como tales. Desde entonces, la lógica colectiva de construcción social, económica y política ha pasado a ser una dinámica de centro-periferia que dominó sobre todas las otra lógicas. Una lógica, además, en la que el centro ni siquiera es la Comisión Europea, sino Alemania.

La UE debe reinventarse, hay que reinventarla. De lo contrario, el futuro en Europa se presenta muy negro.

¿Y el proyecto del euro? ¿En qué punto está?

La pregunta sobre el proyecto del euro no es si fracasó o no, sino qué es lo que se pretendía con él. Y en este caso, existió la trampa desde el inicio, porque el euro fue una de las formas en que el neoliberalismo internacional penetró en Europa, que hasta entonces, era el bastión de defensa del Estado social; el único donde el neoliberalismo no había entrado gracias a que los países tenían partidos socialistas y -también a veces en la oposición- partidos comunistas, ambos muy fuertes. Los partidos venían de una tradición socialdemócrata muy arraigada que exigía educación pública, sanidad pública o sistema de pensiones públicos, por lo que la resistencia a que el neoliberalismo entrase país a país era muy grande. Por eso no penetró así, sino que lo hizo por encima: a través de la Comisión primero, por el Banco Central Europeo (BCE) después y por el euro finalmente.

Mediante la construcción neoliberal del euro y el BCE, el país dominante desde entonces -Alemania- ha puesto sus reglas y la moneda es definida en su valor internacional de acuerdo a los intereses económicos de Alemania, y no a los intereses de Portugal o España, por ejemplo. A los países del sur, increíblemente, nunca se les ocurrió la idea de que pudiera ocurrir esto, porque se creyeron lo de que estaban en un bloque político y económico, en donde no había deuda griega o española o portuguesa, sino que existía la cohesión y nunca habría especulación. Sin embargo, debido a los intereses de sus bancos, Alemania decidió que sí habría deuda griega, irlandesa, portuguesa o española, con lo que hizo a estos países muy débiles, sin que Europa les diese garantías y promoviendo la especulación financiera al transmitir la idea de que estos países sólo encontrarían la solución después de una intervención brutal.

Una intervención que no ha servido para nada y que ahora, parece que empiezan a reconocerlo así quienes la impusieron. ¿Estamos ante una improvisación o el juego está totalmente calculado?

Es más trágico todavía, porque no es nada nuevo. El problema de Europa es que ni tiene nada que enseñar al mundo ni puede aprender con el mundo. Nada que enseñar porque la sequía de ideas, novedades o alternativas aquí es total y nada que aprender porque la arrogancia colonial de este continente es absoluta también y no le permite aprender. Por ejemplo, cuando decimos: “En Brasil, Argentina o Ecuador se hizo así”, y enseguida nos respondemos: “Ésos son países menos desarrollados”.

¿Seguimos con ese sentimiento de superioridad?

Seguimos con esa arrogancia colonial, sí. Y no lo tomamos en serio, pero es que eso que ha dicho el FMI hoy, lo dijo en Tanzania, Mozambique e Indonesia antes, lo conozco bien. Lo de aplicar las medidas y después, decidir que fueron excesivas es recurrente. Y una agencia  que ha aplicado unas medidas que han generado tanta pobreza, tanto sufrimiento en los países, debería ser demandada ante los tribunales; y ya no digo por un delito criminal, pero al menos, sí por negligencia. Tiene que haber una reparación civil para los países afectados, porque, además, dicen que cometieron un error con sus políticas y las siguen aplicando.

No hay propósito de la enmienda…

Ninguno. Pero es que, además, a la UE no le gusta que el FMI se retracte, porque está comprometida con las políticas de austeridad y si en Alemania se percibe que son negativas, Angela Merkel puede perder las elecciones. Todo está organizado para que nada cambie hasta las elecciones alemanas, por lo que Italia, Grecia, Portugal o España deben esperar y lo hacen, digo yo siempre, con una democracia suspendida.

Y los ciudadanos que sufrimos los recortes, ¿qué podemos hacer? ¿También hemos de esperar a que transcurran las elecciones alemanas para presionar a nuestros gobiernos y que hagan algo, en su caso?

Los gobiernos no van a hacer nada, porque como digo, son completamente dependientes del mandato alemán. Y aunque la gente rechaza esto, no lo hace de una manera fuerte y articulada. Este fin de semana, con el proyecto de la Universidad Popular de los Movimientos Sociales (UPMS), precisamente, estamos intentando ver cómo se puede resistir, conociendo las diferencias de los distintos grupos, averiguando por qué unos están interesados en una medida y otros en otra o por qué algunos creen que se debería crear un partido y otros no. La semana pasada, en Portugal, estuve trabajando en una iniciativa con el ex presidente de la República, Mario Soares, a través de la cual juntamos a 600 personas en una sala para pedir la caída del Gobierno actual, elecciones anticipadas y un Ejecutivo de izquierdas. Fue la primera vez, después del 25 de abril, que conseguimos juntar a representantes del Partido Comunista, del Socialista y del Bloque de Izquierda para formar una alternativa de izquierdas. Aunque sabíamos que por razones históricas es muy difícil lograrlo.

Como en España…

Aquí también, aquí también… Y en Portugal, al final, nos dimos cuenta de que era imposible, que jamás habría una alternativa de izquierdas. ¿Por qué? Porque, por un lado, Bloque de Izquierda y Partido Comunista quieren renegociar la deuda y, además, han concluido que parte de esta deuda no se puede pagar -es el 130% del PIB-, o abocaremos al empobrecimiento a las generaciones siguientes. Todo el dinero que entra de la troika va a pagar la deuda, ni un céntimo va para la salud o el hogar de las personas.

Por otro lado, el Partido Socialista, que está dominado por la lógica del neoliberalismo desde hace tiempo, quiere ser Gobierno, además, en el marco europeo dominado asimismo por el neoliberalismo. Por tanto, propugna que de negociar la deuda, nada: hay que pagarla toda, aunque se negocie sobre las tasas y los periodos de pago, por ejemplo.

Y ahí se acaba el objetivo de la reunión, unir a la izquierda.

Ahí se acabó.

¿Cómo ve en España a los partidos de izquierdas?

La misma división, aunque en Portugal es más grave, porque… ¿Quiénes fueron los invitados españoles a la reunión de Club Bilderberg en Hertfordshire (Reino Unido)?

El ministro de Economía, Luis de Guindos; el consejero delegado del Grupo Prisa, Juan Luis Cebrián; el de Inditex, Pablo Isla,… ¿Por qué?

Porque la asistencia desde Portugal fue muy interesante, muy ilustrativa sobre el futuro: acudieron al Bilderberg el secretario del Partido Socialista y el secretario del partido de derechas que está en el Gobierno, o sea, que la elite internacional ya ha decidido las elecciones. Los portugueses van a trabajar hasta las próximas elecciones, luchando para que haya un Gobierno de izquierdas -idiotas ellos-, las elecciones ya están decididas y los socialistas comulgan con eso. Por eso, yo creo que en Europa vamos a entrar en un periodo cada vez más duro y con más recortes; yo le llamo un periodo post institucional (‘Después de las instituciones’), porque las instituciones del Estado no responden y la gente no se siente representada por estas instituciones.

¿Qué podemos esperar de un periodo así?

Será un periodo turbulento y largo, a mi juicio, y será una lucha por la redefinición de la democracia. No es casualidad que los jóvenes aquí en España o en Portugal hablen de Democracia Real o apelen a la Democracia Ya, porque la democracia en Europa está suspendida y derrotada. Ha habido un conflicto entre democracia representativa y capitalismo y ha ganado el capital.

¿Y hay alguna posibilidad de que se levante de nuevo la democracia?

Sólo cuando el capitalismo tenga miedo. Hasta ahora, los bancos han sido rescatados con dinero público, pero no habrá posibilidad de rescatarlos de la misma manera otra vez, a menos que los ciudadanos sean reducidos a la condición de esclavos. Puede haber una catástrofe y tenemos que luchar antes de que llegue, buscando todos los errores que se cometieron en las políticas progresistas de Europa. Por ejemplo, creer que sólo un pequeño grupo en cada país era politizado: los miembros de partidos, ONGs o de movimientos sociales. El resto de ciudadanos era una masa informe, despolitizados que no tenían ninguna relevancia política, pero que son los que están ahora en la calle.

“En Europa, ha habido un conflicto entre democracia representativa y capitalismo y ha ganado el capital”De ellos va a venir el futuro; la transformación democrática va a llegar de la mano de todos los indignados: pensionistas, jóvenes, médicos, profesionales,… que implican, además, una unión intergeneracional que antes no existía y que tienen que llevar a cabo una revolución democrática; la necesitamos para no llegar a la catástrofe.

¿Cómo se aborda una revolución democrática en la situación actual? ¿Qué significado tiene más allá de los términos?

Significa democratizar la democracia a través de un movimiento popular muy fuerte, que a veces resultará violento, aunque nunca contra las personas, y a veces resultará ilegal, porque una de las características de los Estados neoliberales es ser cada vez más represivos.

¿Con ser violentos se refiere, por ejemplo, a los escraches y con ser ilegales, a iniciativas como Rodea el Congreso?

Sí, hay que fortalecer todos esos movimientos.

¿También el 15M en su conjunto? Hay quien tiene la percepción de que es un movimiento que nació con mucho ímpetu y se ha ido desinflando, perdiendo fuerza. ¿Tal vez porque ya es España un país resignado?

No creo que seamos -e incluyo a mi país, Portugal- países resignados, sino que hemos sufrido más de 40 años de dictadura; 48 años en mi país, más que en España. Mientras tanto, pasaban por nuestro lado los movimientos europeos de participación política (movimiento estudiantil, el de 1968, por la liberación de las colonias,…) Estábamos muy aislados, por eso nuestros países no tienen ahora la cultura democrática de resistencia. Por otro lado, hay elementos coyunturales que influyen en los movimientos y, por ejemplo, no podemos creer que las plazas se van a llenar igual en invierno que en primavera o verano.

Además, los movimientos al mismo tiempo que maduran, se dividen: hay gente centrada en los desahucios, otra en la sanidad; gente que cree que se debería crear un partido, otros que no; personas que hablan de consejos populares, formas de control ciudadano,…

¿Y cómo se organiza todo eso? ¿Con qué nos quedamos?

La revolución democrática va a tener dos pies: cambiar la democracia representativa neoliberal a través de un cambio del sistema político que conlleva, a su vez, un cambio del sistema partidos. Es decir, que conlleva la participación de independientes en el sistema político, en la regulación y financiación de los partidos, en el sistema electoral,… Hay mucho que hacer, pero sobre todo, sabiendo que la reforma nunca va a venir de los partidos, que saben que saldrán perdiendo con esto, sino que va a venir de los ciudadanos. La democracia participativa resultante -de la que ya tenemos experiencia fuera de Europa- traerá nuevas formas de actuación: referéndums, consejos populares, consejos sectoriales, presupuestos participativos a nivel local o regional, por ejemplo;… O sea, democracia directa que controle a los elegidos, que vaya más allá de la autorización a gobernar; que vaya hasta la rendición de cuentas, ésta que debe llegar de fuera, de ciudadanos organizados. El problema es que ahora no están organizados.

¿Se refiere al movimiento de los indignados? ¿Qué crítica(s) tiene que hacerles?

Tengo varias. Primero, a las asambleas en donde se toman decisiones por consenso que pueden ser totalmente paralizantes, pues una pequeña minoría puede impedir cualquier decisión. Con fórmulas dominantes de decisión no va a haber formulación política; y sin formulación política no hay alternativas. Segundo, al sistema de gran autonomía individual que manejan (cada uno decide cuándo entra y cuándo se va, por ejemplo) y que es más semejante al neoliberalismo de lo que piensan. Un movimiento no se construye con autonomía individual, sino con autonomía colectiva. Y no la tienen. Tercero, un rasgo que estamos viendo, sobre todo, en los acampados de EEUU y en algunos de aquí: tiene más legitimidad quien se queda más tiempo acampado en la plaza. No tienen en cuenta que hay que gente que es muy buena, pero que tiene que ir a trabajar o ir a casa a atender a los niños. ¿Son menos legítimos por eso? No, porque permanecer más tiempo en una plaza no es un criterio de legitimidad democrática.

¿Todo esto no ha impedido avanzar más al movimiento de los indignados?

Yo trabajo con ellos como intelectual de retaguardia, que es lo que me considero, y creo que en estos momentos, no son un movimiento; son presencias que no tienen propuestas muy concretas y los entiendo, porque es todo el sistema el que está podrido y quieren reconstruirlo desde abajo. Para ello, piden una nueva Constitución y eso sí es positivo; piden un impulso constituyente, algo que yo vengo defendiendo: una nueva Constitución que retire el monopolio de la representación política a los partidos; que establezca diferentes formas de propiedad, más allá de la estatal y la privada -se han perdido las formas de propiedad comunal o de cooperativa, por ejemplo-; que asiente una nueva forma de control social más articulada; una reorganización total del sistema de justicia, y una fórmula para proteger nuestras constituciones de la especulación financiera y de deudas que no se pueden pagar.

Esa deuda es precisamente la coartada para imponer las políticas de austeridad…

Pues mire lo que pasa en Portugal con ellas: una deuda del 130% del PIB, el desempleo creciendo y una recesión cada vez mayor. Quienes gobiernan lo saben y, por eso, yo estoy cada vez más convencido de que esto no es una crisis. Tenemos que luchar también por los términos del debate, porque esto no es una crisis: es una gran maniobra del capitalismo internacional financiero para destruir la última fortaleza que existía en el mundo de protección social y trabajo con derechos. El remedio de la crisis está empeorando la crisis o, lo que es lo mismo, el médico está matando al enfermo. Y lo peor es que no necesariamente cuanta más crisis hay, hay más resistencia. Porque hay niveles de crisis tan grande y en los que la gente está tan empobrecida, tan deprimida, que no sale a la calle; gente que se suicida, que toma ansiolíticos; gente que interioriza la crisis y se vuelve contra sí misma. Estamos entrando en ese proceso. Por eso, creo que este año va a ser decisivo para saber si tenemos energías y damos la vuelta a esto. Eso es lo que vamos a hacer este fin de semana en la UPMS, ver si podemos articular algo para generar turbulencias políticas que no permitan a estos gobiernos -estos sistemas de protectorado, en realidad- seguir gobernando.

Fuente: http://www.publico.es/internacional/457290/el-euro-fue-una-de-las-formas-por-las-que-el-neoliberalismo-entro-en-europa

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¿Es necesario un nuevo sujeto político?

English: Pilates. Creative Commons

Desde hace tiempo, la necesidad de un nuevo sujeto político es un tema recurrente en el campo de la izquierda, que se ha acelerado, sobre todo, a raíz de la abrumadora mayoría del PP el 20 de Noviembre de 2011. La victoria conservadora puso en evidencia una dramática ausencia de alternativas de la izquierda tradicional, en tanto que el distanciamiento entre las exigencias y reclamaciones de los ciudadanos y su plasmación política y legislativa se ensancha cada día. Al mismo tiempo, la catarata de medidas dictadas por una ideología feroz contra las clases trabajadoras, está desembocando en el colapso del bipartidismo, en torno al cual ha girado la política de los últimos treinta cinco años. Esta es una de las principales consecuencias de los abusos e ilegalidades a las que se viene sometiendo al Estado social de derecho.

Todo el sistema completo de derechos y libertades democráticas ha entrado en una etapa de “excepción permanente”, arrastrando tras de sí (y al revés) la credibilidad de la política, de los partidos, de los “políticos” y de las propias instituciones representativas. Ello ha provocado una degradación sin precedentes de sus cometidos constitucionales, que los aboca a una gravísima crisis de confianza entre sus afiliados y electores y a un alejamiento cada vez mayor de las realidades cotidianas. A su vez, el hundimiento de conquistas sociales y derechos sólidamente asentados pone en peligro los fundamentos mismos del Estado de derecho, sin los cuales este sería irreconocible, y deja inermes a los ciudadanos al despojarlos de su condición de tales. Sin el arma de los derechos, los ciudadanos dejan de serlo y retroceden a la condición de súbditos, a una categoría inferior de subciudadanos condenados a la arbitrariedad y a la obediencia a los poderosos. Decir derechos, es hacerlo en referencia a todos los derechos, nombrar lo irrenunciable de un Estado de derecho: Derechos fundamentales, sociales, laborales y de seguridad de vida, que inevitablemente forman un todo entrelazado, de modo que al amputarse unos, los restantes y todo el conjunto se resiente, se reducen hasta el extremo de correr el riesgo de desaparecer en un nuevo estadio que no sería otro que el de la dictadura.

Haber llegado hasta aquí, no ha sido un accidente ni es sólo imputable a las cavernas de la derecha española o europea. En años pasados, el paradigma de buena gestión fue la empresa privada y la administración pública la antítesis, por lo que el modelo a seguir era dirigirla con criterios empresariales. Paso a paso, la fiebre privatizadora fue en aumento, vendiéndose sectores estratégicos y empresas públicas rentables (o transfiriendo la gestión por varias décadas) a precios de saldo; se desató una verdadera pasión, compartida por un amplio espectro de la izquierda, por aprobar normas desreguladoras en todos los órdenes; se sucedieron reformas laborales que acentuaban la precarización y reducían tutelas adquiridas; se fomentó la especulación urbanística y al saqueo del patrimonio público a través de complicidades peligrosas a varias bandas entre instituciones de diferente nivel, promotores y constructores, a veces de origen dudoso; la tolerancia con el fraude fiscal y los movimientos oscuros de capitales estaba al orden del día; se regalaron rebajas fiscales y bonificaciones intolerables a las grandes empresas y a los más ricos. Se prescindió del impuesto a las grandes fortunas. Se incrementó la financiación privilegiada a la iglesia católica y a la enseñanza concertada, tanto en Andalucía como en resto de España…. En suma, se fueron creando las condiciones precisas, desde todos los ámbitos de gobierno, fueran estatales, autonómicos o municipales, y signos políticos, para el despliegue de una compleja trama de transacciones entre política y economía que, por un lado, alimentaron el boom inmobiliario y el estallido del ladrillo y, por otro, contribuyeron a crear y fortalecer redes asociativas delictivas que corroen la legitimidad misma del Estado. La corrupción rampante, el tráfico de influencias, las “puertas giratorias” que conectan poder y dinero, el trasiego indigno de ex altos cargos del gobierno o del Estado hacia las grandes empresas (y viceversa) anteriormente públicas, son rasgos distintivos de un tiempo de amenazas intolerables, pero, también, de nuevos desafíos para la izquierda.

Mientras tanto, la Europa del gran pacto social de postguerra fue asaltada, tras el derrumbe de la URSS y de los países del llamado socialismo real, por la ideología y la política ultra liberal. Ideología y política que hicieron fracasar las reformas democráticas (perestroika y glasnost) en la URSS y el proyecto de una Casa Común Europea emprendidas por Gorbachov e impusieron a los países del Este un Pliego de Condiciones de Adhesión a la Unión Europea, en realidad un auténtico tratamiento de shock contra cualquier tipo de “enfermedad degenerativa de los sistemas públicos”, de tal violencia que los ha sentenciado a vivir bajo las leyes salvajes de un mercado a merced de corporaciones mafiosas.

Liquidado el “fantasma del comunismo que recorre Europa”, se acabó el sueño futurista de una Europa Federal inspirada en la solidaridad y en valores democráticos supranacionales y se inicia una nueva etapa a merced de un enjambre de Decisiones, Reglamentos, Instrucciones, Recomendaciones, etc., unidireccionales y unidimensionales, en armoniosa sintonía con los grandes lobbies empresariales que marcan las estrategias de la Comisión. A partir de ahí, el triunfo del ultraliberalismo alcanza su cénit, domina de parte a parte las instituciones comunitarias y propaga un modelo mercantilista de organización y crecimiento del espacio europeo, con escasas concesiones sociales y una dimensión política raquítica: En la distribución de poderes de la UE el Parlamento Europeo actúa de comparsa. Ya antes de la crisis, el Consejo había aprobado unos Presupuestos ridículos (1,1% del PIB comunitario); las Iniciativas Comunitarias, los Fondos Estructurales y de Cohesión, que ya venían padeciendo continuas curas de adelgazamiento, se comprimieron aún más; se endurecieron las prohibiciones de ayudas estatales (y europeas) a empresas públicas; se aceleraron las privatizaciones en estricta observancia de las reglas de la libre competencia (¿?); se apostó con entusiasmo por sucesivas reformas del mercado laboral y se ajustaron las políticas de solidaridad e igualdad al criterio del déficit y presupuesto cero (menos Alemania). Una vez emprendido el buen camino, la Unión necesitaba consagrarlo constitucionalmente ad eternum y lo hizo configurando un Tratado de Constitución Europea, ahora Tratado de Lisboa, basado en la doctrina que justificaría más tarde el descenso a los infiernos: La primacía de “una economía abierta y de libre competencia” sobre los derechos sociales, laborales e individuales, lo que en la práctica significa la subordinación de los derechos a los intereses de un mercado sin reglas.

De una u otra forma, el movimiento socialista y socialdemócrata europeo fue desapareciendo como tal al abrazarse gradualmente a la fe verdadera del “neoliberalismo con rostro humano”, la llamada tercera vía de Blair, Schröder….Como si se tratara de un castillo de naipes y con distintos argumentos, la socialdemocracia se esforzó en derribar barreras de separación con el pensamiento económico conservador, hasta hacerse irreconocible, al precio de duras confrontaciones internas y de derrotas electorales sucesivas. En realidad, tras la pomposidad de las declaraciones sobre el Proyecto Común Europeo, la Europa de la Solidaridad, y otros mitos, no hay más que una penosa ausencia de alternativas al neoliberalismo en el tratamiento de los retos europeos.

Esta Europa que se des-socializa a pasos agigantados, es cada vez menos Europa y más asiática. En su deriva ultraliberal, solo la resistencia democrática de los ciudadanos (elecciones, referéndum, iniciativas populares, peticiones, periódicos digitales, blogs, webs de asociaciones alternativas…) y algunas excepciones minoritarias de la izquierda política o sindical, cuestionan las decisiones aristocráticas de la Comisión, el Banco Europeo, el FMI, o el gobierno alemán. Dotados del don de la infalibilidad, los dirigentes de estas instituciones se muestran omnipotentes, omnipresentes y omniscientes, una vez designados por el dios de los mercados como los nuevos profetas de la nada. Y en razón de ese privilegio de origen divino se creen investidos para castigar, premiar, excomulgar a su antojo, por encima de toda crítica y de cualquier juicio moral.

Europa pierde estándares democráticos a pasos agigantados a golpe de contrarreformas impuestas a los ciudadanos con la colaboración más o menos entusiasta de los gobiernos de derecha e izquierda. Los Estados se someten al dictado alemán y han pasado a convertirse en simples Protectorados encubiertos. La xenofobia y las fuerzas de la extrema derecha se propagan desde la periferia del Este y el Sur al corazón de Europa y dibujan un horizonte sombrío.

La metabolización social liberal del pensamiento en la izquierda mayoritaria, lógicamente con distintos acentos y matices, está influyendo de manera extraordinaria en el curso de los acontecimientos políticos europeos y mundiales. De ahí la irrelevancia del Partido Socialista Europeo y los recurrentes fracasos de los PS en Europa y en España.

La crisis no ha dejado a salvo a sus promotores sean de un signo u otro. Entre los padecimientos de hoy y las políticas de anteriores gobiernos, que facilitaron, sin protestas internas significativas, el ascenso abrumador de la derecha y su control absoluto de la organización del Estado, los ciudadanos siguen esperando un examen autocrítico del PS. No puede ser de otro modo si aspira a reconciliarse con su electorado. De ahí el dilema vital en el que se encuentra: si gira hacia la izquierda y hacia la democracia interna satisfaciendo las demandas de sus votantes y de la mayoría de sus afiliados ya no sería este PS sino otro con otras políticas y otros dirigentes, y si no lo hace quedará al margen del pueblo de izquierdas. ¿Hay más alternativas?

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.

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“Si en la izquierda no somos capaces de salvar nuestras discrepancias, no hay alternativa”

Partido Socialista
Partido Socialista (Photo credit: Ojota)
Martine Billard (Boulogne-Billancourt, 1952) comenzó su andadura política en mayo del 68, sumándose al movimiento estudiantil en el Comité d’action licéen. Graduada en Económicas, ha formado parte de movimientos feministas, ha luchado contra la energía nuclear y se ha implicado en la defensa del pueblo palestino. En los 90 se unió al partido de los Verdes francés, que abandonó en el 2009 para integrarse en el Parti de Gauche (Partido de Izquierda), de la que actualmente es copresidenta junto a Jean-Luc Mélenchon.

Esta semana ha visitado Barcelona para difundir la experiencia del Frente de Izquierdas, la unión de hasta nueve grupos políticos que transitan desde el socialismo hasta el comunismo. La coalición obtuvo el mayo éxito electoral de partidos a la izquierda del Partido Socialista francés desde hacía más de 20 años, en las elecciones presidenciales del 2012, con el 11% de los votos. En la capital catalana, se ha reunido con la Plataforma de Afectados por la Hipoteca (PAH), con sindicatos y con Esquerra Unida i Alternativa. La unión de la izquierda para configurar una alternativa fuerte a las políticas de austeridad dominantes es posible, asegura.

Billard defiende un reparto más equitativo de la riqueza, la participación directa de los trabajadores en la gestión de las empresas, y un “proteccionismo solidario” en el que cada país desarrolle su producción y establezca intercambios económicos con otros países basados en la cooperación y la solidaridad, no en la competencia. De trato afable, con una sonrisa permanente cuando atiende a las preguntas, alza la vista a la hora de responder tratando de encontrar las palabras adecuadas en castellano. Domina el idioma, si bien con alguna dificultad, que salva apoyándose en el compañero de partido que la acompaña durante la entrevista.

El Frente de Izquierda agrupa a fuerzas políticas muy diversas, ¿cuáles fueron las principales dificultades para alcanzar un acuerdo?

Tenemos una historia muy diferente entre las fuerzas del Frente. Al principio éramos tres grupos: El Partido Comunista; el Partido de Izquierdas, una mezcla de gente que venía del Partido Socialista, del movimiento republicanista y de los Verdes, que es mi caso; e Izquierda Unitaria, que viene del trotskismo. Lo que fue importante es que habíamos tenido momentos de lucha común. Por ejemplo en 2005, contra el Tratado Constitucional europeo. Hicimos la campaña juntos, pero después no supimos quedarnos unidos. Sin embargo, en las elecciones presidenciales de 2007, que fueron un fracaso para todos los grupos a la izquierda del Partido Socialista, sacamos la conclusión de que no podíamos seguir así, porque si seguíamos con tanta división íbamos al fracaso total.

¿Ello propició la unión?

Decidimos ser responsables y juntarnos, para de nuevo poder tener un movimiento fuerte a la altura de la necesidad del momento político. Empezamos con la campaña electoral de las elecciones europeas de 2009. En esa época las alianzas eran electorales: En 2010 en las elecciones cantonales, en 2011 en las elecciones regionales, hasta el 2012 en las elecciones presidenciales. En esas elecciones presidenciales, por segunda vez desde la liberación de Francia, el Partido Comunista aceptó no tener un candidato que viniese de sus filas, sino que fuese Jean-Luc Mélanchon, del Partido de Izquierda. Hay que subrayarlo porque de parte de los compañeros comunistas fue una decisión valiosa, y que permitió una campaña muy larga con movimiento popular real.

Sumasteis además la movilización popular…

Hicimos concentraciones en plazas públicas, lo que no es tradición en Francia. Ustedes en España lo hacen, pero en Francia nunca. Hubo concentraciones, por ejemplo en París, con 80.000 personas. Se hicieron en Toulouse, en Marsella… También se construyeron frentes temáticos: frente de la salud, frente de la agricultura, de las mujeres… muchos frentes juntaron no solamente  a organizaciones políticas del Frente sino también militantes sindicalistas, de asociaciones, ciudadanos. Ello realmente dio un nivel de masa a esa campaña muy importante, y logramos sacar un 11% de los votos en las elecciones.

La unión de la izquierda ha sido tradicionalmente complicada en España… ¿qué consejos le daría a los partidos de izquierda para que sumen fuerzas?

Primer consejo: no hay imposibles. Es una cuestión de voluntad política. Ahora en el Frente de Izquierda somos 9 grupos políticos, que vienen del socialismo, del comunismo, de la ecología, del republicanismo, del trotskismo y del maoísmo. Pero todos decidimos que había que hacerlo no para nosotros, ni para nuestro grupo político, sino para el pueblo francés. Porque si no somos capaces de ir adelante y salvar nuestras discrepancias significa que no hay alternativa política en nuestro país.

¿Y cómo salváis esas discrepancias?

Tenemos un principio de funcionamiento en el cual no hay voto. Es decir, funcionamos por consenso. O todos estamos de acuerdo, o unos no están de acuerdo pero piensan que a pesar de ello no vale la pena impedir la acción, y si hay uno que de verdad está claramente en desacuerdo no lo hacemos en nombre del Frente. Pero nunca decidimos por un voto entre nosotros, porque eso significaría división. ¡Y funciona! La coordinación del Frente se reúne todos los lunes, realmente somos capaces de estar en todas las movilizaciones y tiene una capacidad de movilización que ninguna otra opción política tiene. Incluso los sindicatos no tienen esa capacidad de movilización que tiene el Frente.

En España la movilización ciudadana comienza a desbordar a la de los sindicatos… ¿Qué papel puede jugar la sociedad civil en la construcción de un frente de izquierda?

El problema es que en Francia no tenemos el mismo nivel de movilización, hay movilizaciones respecto a la vivienda, a la salud, pero no al nivel de marea que tienen ustedes, en eso estamos muy celosos del nivel que tienen en España. Por eso, el objetivo del Frente no es sólo que sea un frente político, sino que sea capaz de pasar a un frente del pueblo para poder construir una movilización para cambiar la correlación de fuerzas en el país.

¿Los partidos tradicionalmente considerados de izquierdas como PSOE, PSF o PASOK… han dejado de serlo?

La realidad es que se volcaron al social liberalismo total. Cuando el presidente francés, François Hollande, va a la reunión del Partido Socialista de Alemania y dice que está totalmente de acuerdo con la política que hizo en su momento el canciller Schröder, que era una política antisocial, al final muestra que ya no está en una línea de izquierdas. Toda la política que hoy día desarrolla en Francia el Gobierno no tiene nada que ver con una política de izquierdas, es la misma política económica y social que hizo el Gobierno de derechas. Incluso respecto a la inmigración no hay diferencia. Hay diferencia respecto al derecho a casarse para todos o a nivel de discurso, no hay un discurso de odio que tenía Sarkozy. La diferencia es a ese nivel, no a nivel de proyecto político.

Ustedes pidieron el voto para Hollande en la segunda vuelta…

Nosotros llamamos a votar por él sabiendo que no se podía esperar mucho. Pero teníamos que sacar a Sarkozy justamente por todo el discurso de odio que hacía. Sabíamos que, porque él lo había anunciado, iba a hacer políticas de austeridad y que íbamos a estar en desacuerdo. Por eso decidimos no entrar en el Gobierno, algo que al principio no era tan evidente para todas las fuerzas del Frente.

¿Y presionar al Gobierno desde fuera?

Los primeros meses había compañeros que decían que debíamos presionar al Gobierno para que hiciese una política de izquierdas. Hoy en día ya nadie dice eso, porque está claro que no es cuestión de presionar, hay que cambiar totalmente las políticas. A nivel del pueblo hay mucha gente decepcionada. Y eso es terrible, porque la gente decepcionada piensa ya que izquierda y derecha es todo lo mismo. Nuestro papel es el de mostrar que los que están en el Gobierno no son izquierda, que nosotros somos la izquierda. Pero para eso hace falta mucho trabajo…

¿Por qué deben combatirse las políticas de austeridad?

La política de austeridad es una obligación impuesta por la Troika a nivel de toda Europa. Ya se ha visto qué ha pasado en Grecia o en España: más austeridad hace aumentar la deuda pública, genera más pobreza… En Francia no estamos al mismo nivel pero vamos directos a la misma celda. Por ejemplo, es la primera vez desde 1949 que bajó el consumo. ¡Nunca había pasado! Estamos siguiendo el mismo camino. Hay que romper con ese tipo de política.

¿Qué alternativa proponen?

Tanto en Grecia como en Francia hubo la misma política de bajar los impuestos a los ricos, a las grandes empresas… Entre el nivel de impuestos a las grandes empresas y grandes fortunas y el nivel real que acaban pagando la diferencia es enorme. Hace falta una lucha por otra repartición de riqueza. Porque en esta crisis, entre comillas, lo que pasa es que los ricos se vuelven cada día más ricos y los pobres más pobres. Hay que romper con eso y hacer una política que sea una política para todo el pueblo. Por ejemplo, en la campaña propusimos que por encima de 360.000 euros de ingresos anuales se le quitase todo. Que el impuesto esté hecho de tal manera que todo lo que se cobre por encima de los 360.000 euros tenga un 100% de impuesto. No puede ser que esta gente gane tanto, después van a especular con ese dinero o tener gastos que son malos para el planeta.

¿Es posible todavía cambiar la relación de fuerzas entre política y economía?

¡Claro! Si hay voluntad política… lo que sucede es que el liberalismo fuerza que sea la economía la que decida, pero en realidad lo que quieren con eso, cuando tratan de convencer al pueblo que no hay otra solución, que es así, que no se puede hacer de otra manera, es esconderse detrás de una supuesta obligación económica para imponer una política claramente liberal y en favor de los ricos.

Habéis hablado de un nuevo proceso constituyente hacia una sexta república. ¿Es posible hacerlo en los países o debe ser a nivel global?

Se puede hacer en cada país. Hay situaciones constitucionales diferentes. Ustedes no tienen República, nosotros tenemos una República poco democrática, cada año menos. No va a ser la misma reforma, por supuesto, pero hay elementos comunes: la laicidad, los derechos de los trabajadores, no solamente derechos sociales sino derechos sobre la empresa, que los trabajadores puedan tener derecho a decidir para qué producir, qué tipo de productos, cómo se producen… Es importante terminar con la producción de productos que no sirven para nada y que perjudican al planeta.

¿Esto encaja en la globalización que impera hoy?

Como Partido de Izquierda tenemos un proyecto ecosocialista, y queremos una Constitución que permita romper con la globalización que hoy día se nos impone en todos los países, y que se desarrolle un proteccionismo solidario. Ello significa que cada país pueda desarrollar su producción y tener relaciones de cooperación con los otros países, y tener intercambios económicos en base a la cooperación y la solidaridad, en lugar de en base a la competencia total como existe hoy en día.

¿Qué papel debería jugar en ese proceso la actualización y profundización de la democracia?

Pues, por ejemplo, nosotros proponemos que en la asamblea constituyente solamente puedan ir aquellos que no sean parlamentarios. El problema es que hoy en día la mayoría del Parlamento son hombres, de más de 50 años, blancos, de categoría socioeconómica superior, y eso no representa al pueblo. Proponemos cambiar totalmente, que los que salgan elegidos no tengan derecho a presentarse de nuevo, y acabar con una cosa muy típica en Francia, ser al mismo tiempo diputado, alcalde… Un mandato único, y acabar con la posibilidad de ser parlamentario y tener ocupaciones y lazos con las empresas privadas y los lobbies. Mucho más control. Hay todo un saneamiento que hacer, porque muchos parlamentarios están demasiado ligados al gran capital. Esa es la realidad.

La Marea

Fuente: http://www.lamarea.com/2013/06/15/si-en-la-izquierda-no-somos-capaces-de-salvar-nuestras-discrepancias-no-hay-alternativa/

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El Partido Comunista entrega sus propuestas programáticas a la candidatura de Michelle Bachelet

Michelle Bachelet
Michelle Bachelet (Photo credit: Wikipedia)

Una delegación del Partido Comunista llegó hasta el comando de la campaña presidencial de Michelle Bachelet para hacerle entrega del programa de gobierno elaborado por esa colectividad que integra la actual base de apoyo electoral de la postulante a la primera magistratura de la Nación.

La delegación, integrada por el diputado Guillermo Teillier, presidente del PC; el diputado Lautaro Carmona, secretario general y los miembros de la comisión política Claudia Pascual, Patricio Palma, Marcos Barraza y Oscar Aroca fue recibida por el equipo de Programa del comando que encabeza Alberto Arenas.

Este último expresó al respecto: “esta mañana hemos recibido las propuestas programática del Partido Comunista y, sin más, los dejo con su Presidente”.

Seguidamente, Guillermo Teillier explicó: “Nuestras propuestas programáticas las hemos hecho extensivas al equipo de Programa de nuestra candidata Michelle Bachelet. Yo lo único que diría es que ninguna de las ideas que están planteadas aquí atentan ni contra la economía, ni contra la institucionalidad ni tampoco contra las buenas costumbres, nada de esto que se ha tratado de demonizar lo que estamos haciendo nosotros como oposición.

Claro que planteamos cambios institucionales –como se deben hacer- cambios también en la economía, cambios respecto a las profundas desigualdades que existen en Chile; respecto de los derechos de los trabajadores. Está el planteamiento sobre reforma educacional, reforma tributaria y otros”.

A su vez, el ingeniero Patricio Palma explicó: “Son propuestas que los comunistas hemos elaborado pensando en el próximo gobierno, centradas en lo que creemos que hay que hacer ahora”.

“Este documento tiene siete capítulos y partimos señalando nuestra convicción de que Chile requiere una nueva Constitución y se expresan los rasgos fundamentales que ésta debiera tener para dar cuenta del cambio que ha operado en nuestro país y del anhelo democrático que lo recorre”.

“Nos pronunciamos por medidas que son indispensables de colocar en rango constitucional –estamos hablando de la institucionalidad política- del sistema electoral, de la institucionalidad económica, del reemplazo de la concepción subsidiaria del estado por una concepción de un estado garante de derechos. Estamos hablando del importantísimo asunto de los pueblos originarios y de otras cuestiones centrales.

“El segundo capítulo de este documento plantea la necesidad de encarar el tema de las reformas en el plano del mundo del trabajo donde radica la esencia de la desigualdad y el abuso. Estamos convencidos que si no se hace una profunda revisión de la institucionalidad laboral no se logra superar la desigualdad que en Chile nace de la situación de precaridad de la relación entre el mundo del trabajo respecto del capital. Hay una serie de medidas y sugerencias para ser implementadas en el corto plazo que significan fortalecer el sindicalismo, la capacidad de los trabajadores para enfrentar adecuadamente su relación con el capital.

“Una reivindicación importantísima es la revisión del derecho de huelga, sin reemplazo que es lo que permite que el trabajo tenga la posibilidad de erigirse en contraparte adecuada del capital. Estamos planteando que se respeten todas las regulaciones internacionales sobre el trabajo y que terminen las prácticas antisindicales conocidas por todos.

“Colocamos también en este capítulo las importantísimas reformas al sistema de pensiones, ya que pensamos que el país debe caminar hacia un sistema de pensiones completamente diferente, no basado en la capitalización individual y que habrá que desarrollar una discusión muy profunda para que esto sea superado en plenitud.

“Nos pronunciamos luego sobre el papel que asignamos al Estado, su rol en la economía y en la sociedad, por un estado que esté más presente, por terminar con la disposición constitucional que impide que el estado pueda intervenir directamente en los procesos económicos y por el fin del principio de subsidiaridad por un estado garante de derechos.

“No estamos en contra de la intervención privada en los mercados pero estimamos indispensable que se acentúen los rasgos de regulación y fiscalización por parte del estado sin descartar su necesaria participación como agente económico productivo directo. Estamos hablando por ejemplo, de una empresa nacional de energía y de una empresa nacional de aguas, por lo menos.

“En el importantísimo tema de los derechos sociales, entregamos propuestas por algunos, como por ejemplo el derecho a la educación pública, gratuita, de calidad y no discriminatoria y entregamos propuestas respecto de la Salud. Nos pronunciamos por mejoras significativas en el sistema de salud pública, orientada hacia una atención oportuna y universal para todos los chilenos.

“Planteamos también la defensa de otros derechos fundamentales como el derecho al disfrute de las manifestaciones culturales y el tema de los derechos humanos como primera prioridad partiendo de que los de primera generación deben ser reconocidos constitucionalmente y deben cumplirse los preceptos legales que actualmente obstaculizan su cumplimiento pleno.

“Reconocemos el derecho de ejercer las libertades personales, en particular los derechos de género, e incluimos aquí nuestra posición sobre los derechos sexuales y reproductivos.

“Estamos planteando también problemas de las regiones, del desarrollo medioambiental, de la descentralización administrativa en la visión de un Chile diferente.

“Nos pronunciamos por una política internacional que fije una mirada más profunda, más cercana respecto de lo que es América Latina y el Caribe. Nos pronunciamos por fortalecer loas mecanismos de integración que se han venido desarrollando últimamente, en particular por el Celac”, concluyó Patricio Palma.

Nueva Constitución

El diputado Teillier respondió la consulta sobre el método para cambiar la Constitución: “Para nosotros, lo mejor sería cambiar la Constitución mediante una asamblea constituyente. La dificultad está en que la asamblea constituyente no está considerada en la actual Constitución y sería un camino bastante largo llegar a la asamblea constituyente a no ser que toda la ciudadanía se expresara y dijera, queremos asamblea constituyente”.

“Estamos planteando la posibilidad de una asamblea ciudadana que pueda ser conformada de acuerdo a un decreto o una ley simple que se elija por la ciudadanía y que tenga la función de redactar una pre-Constitución, una especie de borrador de constitución que sería sometido a la discusión amplia, ciudadana, transversal, en todo el país por todos los sectores. También participarían asesorando un equipo de expertos constitucionalistas, académicos, investigadores, de universidades que hayan trabajado en temas institucionales.

“Posteriormente esto tendría que ser conocido por el gobierno y éste llamar a un plebiscito para que se vote la modalidad más concreta que no podría expresar acá”, concluyó Teillier.

Reforma tributaria

“Hemos recibido ayer con mucho placer los anuncios que hizo la ex presidenta en cuanto al monto total de recursos que son necesarios de obtener para llevar adelante su visión programática”, expresó Patricio Palma a ser consultado sobre el proyecto de reforma tributaria.

“Estamos hablando de una suma cercana a los 9 mil millones de dólares que se corresponde con la cifra que nosotros hemos previsto que sería la necesaria para abordar este conjunto de tareas que están planteadas para el corto plazo.

“La ex presidenta ha planteado que subirá el impuesto a la renta de primera categoría para las empresas de 20 a 25%, cuestión que nos parece perfectamente posible. Estamos hablando de una elevación de la recaudación tributaria que signifique alrededor de 3 puntos del Producto Interno Bruto. Eso se corresponde con el examen que hizo el conjunto de los partidos de la oposición respecto a reforma tributaria a fines del año 2011 donde se concluía que una cifra del orden de 3 puntos del PIB era suficiente para abordar las tareas principales.

“Nosotros estamos de acuerdo con esa propuesta que descansa sobre un criterio fundamental, que en Chile actualmente no pagan más impuestos los que más ganan proporcionalmente. Nosotros tenemos que invertir esa relación de manera tal que la igualdad sea mejor después de impuestos que antes de impuestos como ocurre en Chile.

Para hacer eso está previsto terminar con algunos mecanismos del sistema tributario que son fuente de esta generación de desigualdad y el criterio más importante es que las empresas tributen sobre la totalidad de sus utilidades y que quieren obtienen ingresos a partir de las ganancias de las empresas tributen también sobre la totalidad de los ingresos que las empresas les generan. Es decir, que termine el mecanismo del Fondo Único Tributario (FUT) que es fuente de una fuga de recursos de una extraordinaria magnitud para este país.

“Terminando con el FUT y adoptando medidas para elevar un poco la tributación de las empresas, sumado a la reducción de los mecanismos de evasión y elusión tributaria se puede alcanzar a esta suma cercana a los nueve mil millones de dólares necesaria para que las transformaciones que están planteadas a corto plazo puedan realizarse. Estamos hablando de cómo se financia la reforma educacional y cómo se financia una reforma al sistema de salud y otras.

“Nosotros no planteamos la nacionalización de los recursos porque son ya de todos los chilenos. En Chile hay un sistema de concesiones que permite que el capital extranjero pueda explotarlos pero la propiedad de los recursos del suelo y del subsuelo así como de las aguas en este país pertenece al Estado, hoy día constitucionalmente. De tal manera que no es necesario hablar de la nacionalización de los recursos sino que es la reivindicación de un derecho que ya existe. Distintos son los acentos, los énfasis que se deben colocar respecto de la extracción de estos recursos naturales.

“Nosotros pensamos que allí hay varias tareas que son fundamentales: una y principal es el fortalecimiento de Codelco como empresa del estado, debe volver a tener el peso y la significación en la economía chilena que tenía hace algunos años. Ha reducido su peso en mas de 2/3 del total de la exportación de cobre chileno a menos de un tercio. Esto significa una fuerte pérdida de recursos del Estado, pérdida de renta que afecta a todos los chilenos. Creemos que hay que evitar a todas costa los intentos para privatizarlo por la vía de inyectarle capital privado, pensamos que no lo requiere de ninguna manera y puede tener su plan de expansión utilizando sus propios recursos. Significa que Codelco puede utilizar, por ejemplo, a plenitud sus minas de reposición. Y lo propio respecto de otros recursos chilenos estratégicos como el litio y otros minerales metálicos o no metálicos.

“Respecto del agua somos bastante categóricos al señalar que debe producirse una redefinición significativa de la asignación de recursos del agua tanto consuntivos como no consuntivos. Este es un asunto fundamental teniendo presente que hay regiones del país que está padeciendo los efectos de una sequía y el estado debe ser mucho más agresivo en materia de políticas de aguas”.

“En materia de reforma tributaria no hay ninguna razón para que los pequeños o medianos empresarios tengan algo que temer, las franquicias y beneficios del actual sistema favorecen exclusivamente a las grandes empresas”, expresó Palma.

Rebaja del IVA

Consultado sobre la posibilidad de rebaja del Impuesto al Valor Agregado, Palma explicó: “ Siempre será posible y deseable pensar en reducciones al IVA pero uno tiene que plantearse la situación concreta que se está viviendo. El IVA aporta hoy día prácticamente la mitad de los recursos tributarios fiscales. Reducir el IVA es complejo y discriminarlo también sería política y arbitrariamente complicado.

“Es posible pensar en la reducción del IVA en algunos rubros específicos que sí puedan controlarse administrativamente de manera firme. Esto no es tan sencillo como uno quisiera. Más bien lo que estamos pensando es aumentar la carga tributaria por el lado de la Renta que hacer modificaciones al IVA.

Sin duda el tema del IVa siempre estará presente en una mirada progresista de las finanzas públicas por cuanto es un impuesto regresivo, es decir, proporcionalmente pagan más los sectores que tienen menos ingresos y en Chile tenemos un IVA que si bien no es exageradamente alto está en un nivel sobre el promedio de países similares al nuestro. Uno debiera pensar, de acuerdo a los índices de crecimiento, en reducir paulatinamente el IVA”, concluyó Patricio Palma.

– Documento entregado por el PC con los ejes programáticos desarrollados: http://www.pcchile.cl/?p=7422

 

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AFP: la piedra angular del modelo concentrador de riqueza

AFP Southern Luzon Command
AFP Southern Luzon Command (Photo credit: Wikipedia)

Actualmente, las AFP pagan cerca de 1 millón de pensiones (muchas de ellas apuntaladas vía aporte previsional solidario del Estado) y su monto promedio no supera los $ 180.000 por cada afiliado. Dentro de este millón, un poco más de 400 mil corresponden a las clásicas pensiones por vejez (desde los 60 años para las mujeres y 65 para los hombres) y su monto promedio apenas sobrepasa los $ 160.000. Finalmente, cerca de 290 mil pensiones por vejez se pagan bajo la modalidad de retiro programado, donde en vez de traspasar los fondos a una compañía de seguro y recibir una pensión bajo una renta vitalicia, el pensionado “decide” dejar sus ahorros en las AFP. En este caso el monto de la pensión promedio no supera los $ 115.000.

Por otro lado, el Consejero del Banco Central, Joaquín Vial ha señalado recientemente que el 60 % de los primeros cotizantes del sistema, si se jubilaran hoy, tendrían pensiones cercanas a los $ 150.000.

Hace cinco años, bajo el gobierno de Bachelet se hizo una Reforma al Sistema Previsional. Una de las principales innovaciones fue crear las Pensiones Básicas Solidarias cuyo valor bordea los $ 81.000 y el Aporte Previsional Solidario para aquellas pensiones inferiores a $ 255.000.

Estas dos modalidades del Pilar Solidario hoy llegan a 960 mil pensionados por vejez y para los economistas del chorreo corresponde a un gran avance ya que permitió pasar de una pensión de $ 0 a otra de $ 81.000 para muchas personas que nunca han o habían cotizado, pretendiendo haber solucionado el problema entregando esa pobre pensión. La misma lógica se utiliza para celebrar la creación de empleos precarios: cualquier empleo es mejor que no tener nada.

Lo cierto es que con $ 180.000, $ 115.000 o $ 81.000 ningún jubilado puede cubrir sus necesidades más básicas. Quizás lo podía hacer en 1981 cuando se creó el sistema de las AFP y el PIB per cápita de Chile era de US$ 3.200, pero no hoy, cuando el costo de la vida anda mano a mano con el que existe en muchos países de ingresos altos. En resumen, Chile tiene y tendrá un problema de proporciones con sus pensionados. La foto es mala y la película es peor.

En 1981, en plena dictadura se creó un Sistema de Ahorro Forzoso, que nunca ha sido un Sistema de Pensiones, ya que nunca ha cumplido con su principal propósito: entregar buenas pensiones. En los gobiernos de la Concertación no se revirtió esta situación y sólo se creó un pilar de asistencia social para los casos extremos. En estricto rigor, nadie se ha atrevido a tocar a las AFP, o en palabras más simples, nadie se ha atrevido a crear un Sistema de Pensiones.

Ante este panorama, han surgido un sinnúmero de propuestas y planteamientos. Mientras los dueños de las AFP, académicos de distintos sectores y muchos políticos propugnan cambios paramétricos al sistema (aumento de la edad de jubilación, aumento del porcentaje de cotización sobre el sueldo imponible, entre otros) y los más aventureros, la creación de una AFP estatal, parte importante de los trabajadores chilenos han apostado por la construcción de un sistema público completamente nuevo, en base a principios como la solidaridad, la universalidad y el financiamiento tripartito (trabajadores–empresarios–Estado).

Sin embargo, con excepción de los trabajadores, es posible constatar que en el actual debate público, no se cuestiona el verdadero rol que tienen las AFP y los fondos de pensiones como ejes del sistema económico y del orden social chileno. Las AFP son y han sido una de las principales financistas de los grandes grupos económicos chilenos con el dinero, y sin el mayor conocimiento, de todas y todos los trabajadores.

Analizando las cifras de la Superintendencia de Pensiones, podemos apreciar con claridad quiénes son los principales beneficiarios de los fondos de pensiones chilenos. Por ejemplo, los trabajadores chilenos, somos dueños del 19,6 % de Cencosud (sancionada por prácticas antisindicales y cobros abusivos) y además le prestamos 575 millones de dólares en bonos para su continua expansión. Así ocurre con muchas otras grandes empresas y bancos.

Más de 43 mil millones de dólares de los fondos de los trabajadores que administran las AFP, están invertidos en 10 empresas y 10 bancos que reciben dinero a tasas del orden del 5 % y luego le prestan a los mismos trabajadores en su rol de consumidores a tasas del 20 %, 30 % o más.

Cuando vemos la lista completa, los apellidos comienzan a sonar conocidos. Los verdaderos beneficiarios de nuestros ahorros son Paulmann, la familia Solari, Luksic, Angellini, Matte, Yarur o Saieh. ¿Qué tienen en común estas personas? Todas aparecen en el último ranking Forbes de multimillonarios.

Por ello, no resulta sorprendente que el 1% más rico de Chile acumule 32% de los ingresos totales, superando por lejos a países como Estados Unidos, Japón o Alemania, y que la riqueza acumulada por nuestros multimillonarios represente casi el 25 % del PIB, liderando el ranking mundial de concentración y desigualdad entre aquellos países que tienen más de 5 multimillonarios en el ranking Forbes y un PIB mayor a US$ 50.000 millones.

Quizás por esto, José Piñera, creador del sistema de las AFP, señalaba que esta era “la madre de todas las batallas”. Lo que está en juego no es la defensa de un particular Sistema de Pensiones, ya que Chile no cuenta con tal sistema, sino que más bien los tentáculos del Modelo Económico chileno, aquel que está en cuestionamiento por estos días, aquel que para algunos resulta más importante que ganar una elección presidencial.

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La ética y la política

Gramsci, Guevara y los treintamil: La ética y la política

1ufDK-13s-2“No debemos crear asalariados dóciles al pensamiento oficial

ni “becarios” que vivan al amparo del presupuesto,

ejerciendo una libertad entre comillas”

Ernesto Guevara

En 1927, encerrado en una mazmorra fascista por aquello de “debemos impedir que este cerebro funcione” –lo alegado por el fiscal en el juicio-, Antonio Gramsci, corso, intelectual comunista y revolucionario de tiempo completo, se pregunta las razones de la derrota y casi en la más rigurosa soledad elabora un conjunto de ideas que dejarían en ridículo la pretensión de acabar con su producción intelectual. Luego de varios intentos, decide articular sus reflexiones alrededor de un personaje muy popular en Italia, que había vivido cuatro siglos antes: Nicolás Maquiavelo. En “El Príncipe” había desplegado un conjunto de reglas y consejos para que el “populacho”, los que no nacieron para la política y desconocían casi todo de ella, pueda actuar con una “voluntad colectiva” y conquistar los objetivos anhelados. Para ello distingue entre la ética y la política. No descarta ni descalifica la ética, como la vulgata ha pretendido durante siglos y aún intenta, con aquella invención de que “el fin justifica los medios”, afirmación que el nunca suscribió y que por el contrario, es opuesta a su pensamiento. Lo que sí explicó Maquiavelo es que no alcanzaba con la ética, que hacía falta eficacia en la lucha política. Gramsci va a partir de allí; contextualiza el concepto diciendo que en 1527 solo había una ética que era la religiosa, dictada desde Roma por el Papa y que las acciones políticas no solo tenían que ser “éticas” (en el sentido religioso predominante) sino eficaces. La acción política debe alcanzar los objetivos proclamados y para ello propone constituir al pueblo en un “nuevo príncipe”, otro modo de nombrar (todo lo que escribía era revisado por la censura) a la fuerza organizada para la lucha política que en 1927 tenía como principal exponente al Partido Bolchevique, modelado por Lenin en la Rusia de principios del siglo XX. Y que la ética debía contextualizarse en las tareas históricas que marcaba la vigencia de la lucha por el triunfo de la revolución socialista iniciada en noviembre del 17; es decir, no pensar la ética en función del “plan divino” que supuestamente daría a cada hombre un lugar en la historia, su destino, sino desde la perspectiva que el hombre forja la historia con conciencia, organización y disciplina. Luchar por el cambio social desde proyectos colectivos inspirados en el bien común representaba para Gramsci la ética de su época y no el estricto cumplimiento de las bulas y encíclicas papales [1]. Algunos años más tarde, Julius Fucik, periodista checo antifascista, afirmaría que héroe era aquel que hacía lo que había que hacer en aras de la revolución, no importa las circunstancias. Desde entonces, para los revolucionarios y los humanistas en general, ético es hacer lo que hay que hacer en aras de defender y potenciar la humanidad de los seres. O sea, construir el hombre nuevo.

Pero la historia resultó mucho más contradictoria y paradójica de lo que todos imaginaban. En el camino de luchas por abrir paso a la revolución socialista mundial se fue reconfigurando la ética religiosa y para el tiempo de la muerte de Gramsci (lo mantuvieron en la cárcel hasta pocos días antes de su deceso en 1937), la ética comunista mutó en una ética referencial al supuesto centro de la Revolución, la Unión Soviética y los Partidos Comunistas. A ellos se adjudicó la propiedad de la infalibilidad y la invencibilidad; se reclamó subordinación de las conductas humanas a sus deseos, en aras de una supuesta “razón de estado revolucionaria” que recuperó de un modo trágico aquella versión deformada del Maquiavelo original. Era ético lo que era funcional a su mantenimiento y crecimiento, no importando otro razonamiento. Con la consolidación del stalinismo reapareció la pretensión instrumentalista de que la causa obliga al “sacrificio” de hacer lo que no corresponde; el fin justifica los medios, en el lenguaje popular. Y esa ética invadió todo, hasta las fuerzas supuestamente antagónicas del centro de la revolución mundial. El asesinato del poeta salvadoreño Roque Dalton por parte de un jefe del Ejercito Revolucionario del Pueblo de El Salvador (en castigo por su planteo de unidad de los revolucionarios) ilustra la magnitud de la deformación sufrida. La incidencia de tal concepción ética sobre el movimiento político que asumió la conducción de la mayor gesta humana: el intento de terminar con el capitalismo en el siglo XX, ha sido analizado al detalle y no es este el lugar de repasar aquella trayectoria -que terminó en el vaciado político del mundo socialista real facilitando su derrota-. Solo permítanme traer al debate al Comandante Guevara que en una carta al periódico uruguayo Marcha, de 1965, escribirá: “Se corre el peligro de que los árboles impidan ver el bosque. Persiguiendo la quimera de realizar el socialismo con la ayuda de las armas melladas que nos legara el capitalismo (la mercancía como célula económica, la rentabilidad, el interés material individual como palanca, etcétera), se puede llegar a un callejón sin salida. Y se arriba allí tras de recorrer una larga distancia en la que los caminos se entrecruzan muchas veces y donde es difícil percibir el momento en que se equivocó la ruta. Entre tanto, la base económica adaptada ha hecho su trabajo de zapa sobre el desarrollo de la conciencia. Para construir el comunismo, simultáneamente con la base material hay que hacer al hombre nuevo.” [2] La ética y la política revolucionaria no podían marchar por separado, y lo sostuvo con su ejemplo militante hasta el final. Los comunistas argentinos, en el XVI Congreso de 1986, aplicamos dicho razonamiento para entender nuestra propia historia. ¿En qué punto se había perdido el objetivo revolucionario que había convocado en 1918 a abandonar por reformista al Partido Socialista y fundar uno nuevo?. Dijimos entonces que la desviación oportunista de derecha que nos había transformado en furgón de cola de cuanto proyecto burgués reformista había asomado en el país –todos los gobiernos civiles desde el 30 hasta el de Alfonsín- se había impuesto “ tras de recorrer una larga distancia en la que los caminos se entrecruzan muchas veces y donde es difícil percibir el momento en que se equivocó la ruta”. En ese camino se fue consolidando una cultura política reformista, la llamamos de “frente democrático nacional” porque depositaba esperanzas de cambio en una supuesta burguesía nacional, sus representaciones políticas y el mismo Estado Nacional [3].

P ara finales del siglo XX, consumada la debacle del llamado mundo socialista, aquello de las “melladas armas del capitalismo” trepó al más descarnado posibilismo que encontró en la llamada Tercera Vía [4] , un modo brutal de expresión. Ya no se trataba de buscar un camino intermedio entre el socialismo estatalista y el capitalismo (que para muchos era el Capitalismo de Bienestar, del cual el primer peronismo fue una de sus expresiones más acabadas), sino entre el capitalismo neoliberal en alza y el capitalismo de bienestar en declive. Un economistas británico le puso letra, Anthony Guiddens y tres estadistas: Tony Blair, laborista de Inglaterra, Massimo D Alema, ex comunista italiano y Bill Clinton, demócrata yanqui lo lanzaron al mundo. Entre nosotros, primero fue el dirigente peronista Eduardo Alberto Duhalde, quien lo hizo circular con la ayuda de Antonio Cafiero, en los primeros 90 y luego la posta la tomó el grupo hegemónico del Frente Grande con Chacho Álvarez y Eduardo Sigal a la cabeza. Pocos recuerdan que con el apoyo de buena parte de la dirigencia del P.T. de Brasil, el Partido Socialista de Chile y muchas otras fuerzas “progresistas” generaron en 1997 el llamado “Consenso de Buenos Aires”, verdadero catalogo de claudicaciones programáticas que sirvió de base a las plataformas electorales de lo que hoy se llama el “progresismo” [5] . La hipótesis de este articulo es que las huellas de aquel realismo de la razón de estadodel siglo XX y de este posibilismo de renunciar al cambio verdadero y buscar un lugar intermedio entre el fundamentalismo de mercado y la regulación estatal del capital, han modelado a toda una generación de luchadores democráticos. Muchos de ellos han accedido a cargos de gobierno y son cautivos de aquel cepo ideológico, que puede llegar a frustrar las intenciones más valiosas y osadas. El caso es que, una vez más, postergan la “ética” en aras de la “política” y las palabras las pongo entre comillas porque pretendo condensar en dos términos un campo de cuestiones conceptuales e históricas bastante amplio. Digamos, para entendernos, que por ética en este texto, entenderé los principios filosóficos e ideológicos, la coherencia entre lo proclamado y lo actuado y el respeto por las luchas libertarias que nos precedieron y prepararon nuestro presente; y por “política” entenderé el conjunto de acciones desplegadas desde el gobierno y desde las fuerzas políticas que se piensan desde la correlación de fuerzas y no desde el objetivo revolucionario; como diría Gramsci, desde el “ser” antes que desde “el deber ser” o al decir de Guevara, que al momento de calcular la correlación de fuerzas no incorporan en el cálculo la transformación que la voluntad humana, organizada colectivamente, puede producir en la realidad social.

Como se trata de inducir un debate y señalar algunos caminos de reflexión, no pretendo agotar todos los temas que hacen a la coyuntura latinoamericana; solo quisiera llamar la atención sobre la tolerancia de políticos y gobiernos considerados progresistas con la cuestión de la impunidad histórica (Lula en Brasil, Mujica en Uruguay) y con la violación de los derechos humanos en tiempo presente: gatillo fácil, tortura en sede policial y penitenciaria, represión a los campesinos pobres, los pueblos originarios y los que protestan por fuera de los límites imaginados por el gobierno argentino. Tanto en Brasil como en Uruguay siguen vigentes las leyes de impunidad, casualmente sancionadas en 1977, que han trazado un manto de ocultamiento sobre los crímenes del Terrorismo de Estado en aquellos países y han permitido el “reciclamiento” de muchos personales de las fuerzas armadas y del aparato político de las dictaduras militares, condicionando una convivencia con las fuerzas armadas y represivas que ha servido para dar “gobernabilidad” al ciclo de gobiernos del P.T. y del Frente Amplio; pero que también simboliza un límite nada simbólico para cualquier aspiración que vaya más allá de limar los bordes neoliberales del capitalismo. Para aquellos agrupamientos que nacieron con un horizonte socialista y revolucionario parece funcionar lo que acida e irónicamente decía Rosa Luxemburgo del Partido Socialdemocráta Alemán hace unos ciento diez años: “ Nuestro programa ya no es la realización del socialismo sino la reforma del capitalismo; no es la supresión del trabajo asalariado, sino la reducción de la explotación, es decir, la supresión de los abusos del capitalismo en lugar de la supresión del propio capitalismo”. Cierto es que nadie puede reclamarle a Cristina el abandono de la causa socialista, puesto que siempre se pronunció por un horizonte capitalista (a veces “serio”, a veces “nacional”, pero siempre burgués sin errores); pero sí se le puede reclamar por la distancia entre el discurso de respeto irrestricto a los derechos humanos y la realidad. En la reciente Cumbre Nacional de Pueblos y Naciones postergadas realizada en Formosa se estampó en el documento un aserto contundente: “Nunca habíamos tenido tantos derechos reconocidos en normas nacionales e internacionales. Sin embargo, vivimos una etapa de negación y exclusión. ‘Memoria, justicia y reparación’ son las banderas que caracterizan a nuestras organizaciones indígenas.” Alguna vez, uno de los Jueces Federales más comprometidos con la lucha contra la impunidad lo dijo de otra manera: la Argentina es la campeona mundial de firma de pactos y convenios de protección de los derechos humanos, pero también uno de los países donde su incumplimiento es más natural e inocuo. Un cierto modo de mirar el pasado de modo tan absorbente que no permite ver el presente se insinúa en la combinación de homenajes a las Madres y los desaparecidos de la década del 70 con la afirmación hecha el 21 de mayo de 2013: “Hoy afortunadamente nadie desaparece de ningún lado, estamos vivitos y coleando, aceptando incluso la injuria de los que dicen que nos tienen miedo’’ [6] La lista de desaparecidos y asesinados en estos años es suficiente respuesta y la desmiente: solo nombraremos a Julio López, Luciano Arruga, Silvia Suppo, Carlos Fuentealba pues como muestra basta un botón, pero que hay más, todos lo saben. En el caso de Formosa y Chaco, la lista de muertos por la represión o en circunstancias oscuras es larga y se ha acrecentado de manera muy alarmante desde 2010 a la fecha: Celestina Jara, Lila Coyipe, Juan Daniel Díaz Asijak, Justina López, Delina Díaz, Guillermo Díaz, Ilmer Flores, Pablo Sanagachi, Javier Chocobar, Sandra Juárez, Esperanza Nieva, Roberto López, Mario López, Mártires López, Cristian Ferreyra, Miguel Galván y Florentín Díaz tal como publica Miradas al Sur del 10/06/2013. El gobierno se defiende con dos “ideas fuerza”: la gobernabilidad y el federalismo. Se pretende que toda la culpa es de los gobiernos provinciales dado que la mayoría de los actos represivos ha tenido como sujeto a las policías provinciales o sicarios pagados por los oligarcas regionales; pero en la Argentina, el Federalismo es una ficción hace tiempo agotada y el gobierno nacional es el garante del cumplimiento de los pactos de respeto a los derechos humanos, por ejemplo, el que prohíbe la tortura. Recientemente se realizó un Congreso Internacional contra la Tortura en nuestro país, propiciado por la Defensoría General de la Nación. El Ministro de la Corte Suprema de Justicia de la Nación Raúl Zaffaroni afirmó: “El agente principal de la tortura, en nuestra región, son nuestras policías, que no actúan solas: operan dentro de determinados marcos de poder contra personas que son estereotipadas a través de construcciones sociales de la realidad que hacen los medios de comunicación, fundamentalmente la TV. En nuestro país se fabrican los adolescentes de barrios precarios, que son las principales víctimas de maltratos.” Es de esperar, entonces, que la Corte Suprema promueva de un modo enérgico acciones articuladas con el Poder Ejecutivo Nacional para enfrentar la sucesión de asesinatos y actos de tortura que las policías realizan en el territorio nacional. El otro argumento es el de la imposibilidad de enfrentar estos poderes por el peligro de perder la gobernabilidad. En aras de dichos objetivos es que Julián Domínguez, presidente de la Cámara de Diputados de la Nación y uno de los referentes del kirchenerismo de izquierda viajó a Formosa a decir que Gildo Insfran es ”testimonio de coraje y decisión para defender este proyecto que marca el rumbo de la década por venir”, para luego agregar: “Cuidado compañeros. Están los lobos vestidos de oveja con las mentiras permanente, la descalificación constante”, enfatizando que “a los lobos hay que tratarlos como tal”. Dicho en Formosa y delante de Insfran no tiene otra lectura que la descalificación del reclamo de los pueblos originarios y una legitimación de la represión descargada. Es el mismo Julián Domínguez que el 24 de marzo del 2012 impulsó el homenaje a quienes bregaron por el Juicio y Castigo, haciendo una mención especial a nuestra Teresa Israel, abogada comunista de la Liga Argentina por los Derechos del Hombre, confirmando que hay un cierto modo de hacer memoria que impide ver la realidad cotidiana y rompe con la relación ética/política que reclamaba Maquiavelo en 1527, Gramsci en 1927, el Che en los sesenta y los treinta mil desaparecidos con su práctica política de entrega sin límites a la causa más noble y generosa que puede tener un ser humano que es la lucha por la liberación nacional y la redención de lo humano para todas y todos. Aunque se lo haga en nombre de la memoria.

para decirlo de un modo sencillo, como en algún momento lo hizo el entonces diputado Martín Sabatella: “el kirchnerismo representa un piso a defender; pero tiene un techo demasiado bajo” [7] ; o sea que nadie está dispuesto a regalar nada de lo conquistado, ni dejar de defenderlo si vienen por él; pero tampoco aceptaremos que este piso es el techo; que el “ser” se congele y renunciemos al “deber ser”. La década kirchnerista ha mostrado la vitalidad de las reformas y su superioridad sobre el ideario conservador y neoliberal, cierto; pero también que la Segunda y Definitiva Independencia no se alcanza con reformas tibias y parciales sino con un proceso de rupturas que produzcan una verdadera revolución. Hace cincuenta y un años, conmemorando un nuevo 25 de Mayo, el Che nos decía desde La Habana: “ Si la reacción sabe manejar sus cañones, sus armas de división, su arma de amedrentamiento, quizás durante muchos años podrá impedir que llegue el Socialismo a un país determinado, pero también si el pueblo sabe manejar su ideología correctamente, sabe tomar su estrategia revolucionaria adecuada, sabe elegir el momento para dar el golpe y lo da sin miedo y hasta el fondo, el advenimiento del poder revolucionario puede ser a muy corto plazo en cualquier país de América, y concretamente en la Argentina. Eso, compañeros, el que se repita la experiencia histórica del 25 de Mayo en estas nuevas condiciones, depende nada más que del pueblo argentino y de sus dirigentes, es decir, depende de ustedes en cuanto a pueblo y en cuanto a dirigentes; de tal manera que también una gran responsabilidad cae sobre ustedes, la responsabilidad de saber luchar y de saber dirigir a un pueblo que hace tiempo está expresando en todas las maneras concebibles, su decisión de destruir las viejas cadenas y de liberarse de las nuevas cadenas con que amenaza amarrarlo el imperialismo.” [8]

Notas:
[1] Gramsci y la formación política de los revolucionarios. Schulman. 2000. http://cronicasdelnuevosiglo.wordpress.com/2000/01/10/gramsci-y-la-formacion-politica-de-los-revolucionarios/

[2] El socialismo y el hombre nuevo. Ernesto Guevara. Obras Escogidas

[3] El retorno de la burguesía nacional en el imaginario comunista. Schulman. 2012 http://cronicasdelnuevosiglo.wordpress.com/2012/05/21/el-regreso-de-la-burguesia-nacional-en-el-imaginario-del-comunismo-argentino-2/

[4] Tercera vía: discurso, modelo o alternativa. Schulman. 1999. http://cronicasdelnuevosiglo.wordpress.com/1999/01/02/%C2%BFtercera-via-discurso-modelo-o-alternativa-2/

[5] La responsabilidad del progresismo en la crisis argentina. Schulman. 2001. http://cronicasdelnuevosiglo.wordpress.com/2001/05/10/la-responsabilidad-del-progresismo-en-la-crisis-argentina/

[6] disc urso del 21 de mayo del 2013, consultar en la web de la Casa Rosada

[7] “ Para nosotros reconocer el piso de las cosas construidas no significa aceptar el techo. Hay que darse cuenta que le han puesto un techo muy bajo y que tiene muchos límites, pero que esto no significa negar lo construido. Por eso nuestra posición política con absoluta autonomía acompaña lo que cree que está bien y critica lo que creé que está mal; se siente parte de un rumbo que también era nuestro rumbo en términos de un universo de ideas, pero que marca esta diferencia y que plantea construir otra cosa. ” Sabatella. 2009. http://www.revista2010.com.ar/entrevistas/Martin-Sabbatella–Recuperando-el-valor-del-tiempo.php

[8] Mensaje a los argentinos. 1965. Che Guevara. Obras Escogidas

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.

 

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Franklin Franco, desde Fragua, durante décadas

  • Raúl Pérez Peña (Bacho)

Desde que adquirió carácter de torrente de masa la lucha contra los “remanentes del trujillato”, sostuve fructíferas relaciones con Franklin Franco, regresado del exilio.

EL grupo estudiantil Fragua aglutinaba simpatizantes de los tres partidos de izquierda: Movimiento Revolucionario 14 de Junio, Movimiento Popular Dominicano, MPD y Partido Socialista Popular, PSP.

Durante esas convulsas jornadas quien escribe vivía en el “Barrio Chino”, último piso del edificio Baquero, Conde esquina Hostos.

En el quinto piso alquilamos una oficina donde operó la sede de Fragua. Este fenómeno unitario levantó el “slogan”: Pensamiento y acción fundidos en arma contra la injusticia.

Franklin Franco militó en Fragua, desde la acera del PSP: Partido Socialista Popular, PSP.

Promotor editorial, Franklin José Franco Pichardo, fundó en la segunda mitad de los años 60 la Librería Nacional, en la Arzobispo Nouel esquina Espaillat, Ciudad Nueva.

Con la venta de libros marxistas, La Nacional cobró auge y marcó distancia con su competencia, la librería América (Perucho Bisonó) y la Dominicana de don Julio Postigo.

La madre de Fanklin,  doña Ana Antonia Pichardo, le acompañó siempre en la librería, sumándose Josefina Morillo y Elena Sabeta, adquirientes de ricas experiencias en el quehacer editorial.

Dos excelentes empleados fueron Juan Brito Medina y Daniel Liberato, quien fundó Librería aparte: La Filantrópica, Mercedes esquina Hostos, especializada en Derecho.

Posteriormente a la librería La Nacional, Franklin José Franco fundó Econolibros, zona universitaria; Correa y Cidrón esquina la que hoy es Amín Abel.

Un gran logro editorial de Franklin fue la Enciclopedia Dominicana.

Franklin se dedicó durante largos años a la investigación social profundizando sus conocimientos sobre sociología, historia y otras disciplinas.

De ahí la publicación de copiosas obras como “República Dominicana, clases, crisis y comandos”, que le hizo ganar el premio Casa de las Américas, Cuba:

Franklin Franco cultivó su carrera docente en las aulas las escuelas de Historia y de Sociología de la UASD.

Colaboró con Prensa Latina, la agencia de prensa cubana, cultivando estrechos vínculos con su corresponsal enviado, Manuel Guerrero.

Franco había sido de los fundadores de la Unión Patriótica Antiimperialista, UPA.

Hasta horas antes del fulminante infarto, Franklin Franco estuvo muy activo.

Durante décadas Franklin fue consistente integrante de la Tertulia de Virtudes Uribe,  la afable anfitriona de la Librería La Trinitaria, bastión editorial de los autores dominicanos.