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JUAN BOSCH: “Los hombres pueden caer, pero los principios no.”

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103 ANIVERSARIO NATALICIO DEL PROFESOR JUAN BOSCH

 (PARA ESCUCHAR DISCURSO DEL PROFESOR JUAN BOSCH HACER CLIK  AQUÍ )

…Y nosotros tenemos que convertir en hechos nuestros buenos deseos. Los pueblos dignos, como los hombres con estatura moral, buscan dar, no recibir; buscan ayudar, no pedir ayuda.

Deja un comentarioPublicado por movimiento30junio en 02/08/2012 in Juan Bosch

Bosch para 1981 hablaba de la gran crisis actual de la economía norteamericana

La crisis capitalista en la economía norteamericana/Juan Bosch

Los analistas de la economía norteamericana registran 8 recesiones que se han presentado entre el mes de noviembre de 1948 y el mes de diciembre de 1981. En lo que se refiere a la última, mientras se escriben estas líneas se anuncia que está llamada a prolongarse por lo menos durante todo el año 1982 y hay quienes aseguren que seguirá en el 1983. pero…

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EN HONOR A LA MEMORIA DE JUAN BOSCH

JUAN BOSCH 

por Max Puig

Juan Bosch ha muerto. Fue un hombre íntegro y riguroso, solidario y patriota; un trabajador infatigable, que le dio mucho a su país y al mundo. De su fecunda vida se harán muchos balances.

Cuando se escriba la historia habrá mucho que decir de Juan Bosch. En el empeño se ordenarán y clasificarán sus aportes. Desde ya su nombre está indisolublemente ligado a la formación del pensamiento social del pueblo dominicano, a la reafirmación de los valores, la identidad y la independencia nacionales y a la lucha por las libertades públicas, que son el soporte de la vida democrática.

Algunos pondrán el acento en su contribución a la comprensión de la sociedad dominicana. Sus análisis sobre las actitudes y comportamientos de clases, grupos sociales e individuos hicieron que, a partir de él, se leyeran la historia y el presente dominicanos con nuevos ojos, más abiertos.

Otros insistirán en el papel que jugó a favor de la educación, el desarrollo y el avance social. Se resaltará su rol en la construcción de la democracia dominicana. Sin embargo, otros pondrán de relieve las extraordinarias dotes literarias que le ganaron fama.

Observador penetrante, de fina sensibilidad, Bosch procuró entender y expresar a su pueblo. El campesino pobre es el protagonista de su obra literaria más temprana. Aprendió de él, bebió de su sabiduría, y trazó sus perfiles con maestría.

Juan Bosch, perfeccionista, amante del trabajo bien hecho, pasó de la literatura a la política sin abandonar su condición de orfebre de las letras. Cambiarían los instrumentos pero Bosch seguiría siendo el esteta, el ser sensible que siempre fue.

Al considerar a su pueblo como indefenso, atrapado en la ignorancia y un atraso secular, Bosch vio en la política un deber social. La concibió como una actividad seria y digna que debía contribuir al establecimiento de una sociedad más justa y democrática, peldaño necesario para liberar a los seres humanos de muchas de sus ataduras y limitaciones.

De ahí su profundo desprecio por cuantos hacen de la política un negocio. Su inflexible condena a corruptos y farsantes. Su voluntad de ver los mercaderes lejos del templo de la República.

Le tocó actuar en un siglo XX y una América Latina marcados por la confrontación entre autoritarismo y democracia. No limitó su defensa de la democracia a sus aspectos formales. La democracia social fue para él preocupación permanente. Enseñó civismo, enseñó respeto, enseñó democracia. Pero sobre todo, se empeñó en enseñar a pensar.

Cabeza del campo democrático dominicano a todo lo largo del siglo en que vivió, su vocación de servicio hizo que concibiera la política como una pedagogía democrática. Esa pedagogía exigía una comunicación adecuada. Su vasta cultura, su sensibilidad y conocimiento de su gente hicieron de él el maestro que esperaba la sociedad dominicana a raíz de la muerte del tirano Rafael Trujillo.

Más allá de sus considerables aportes en los campos del conocimiento, la política y la literatura habrá que prestarle mucha atención al hombre Bosch. En él hay un referente ético de enorme valor para los dominicanos de hoy y de mañana.

Bosch quiso un mejor destino para su país y puso todo su talento y energías al servicio de su causa. Batallador, cabalmente honrado y metódico en el cumplimiento de las tareas que se impuso, defendió sus ideas con firmeza y evitó comprometer los principios por los que luchó toda su vida.

Cargado de lauros, don Juan no se aisló en torre de marfil. Fue sencillo, humilde y siempre estuvo atento a los que de él quisieron aprender, No sucumbió a los desvaríos ante los que termina mucha gente. No le cegaron la fama ni el dinero.

Las pasiones políticas no le fueron ajenas. Como todo humano cometió errores, pero muchos quisieron detractarlo injustamente. Los nombres de quienes lo hicieron pasarán al olvido. El suyo, por el contrario, será recordado siempre. Para determinarlo, no habrá que esperar que se escriba la historia. Con su vida y su obra el propio Juan Bosch grabó su nombre en ella con letras mayúsculas.

Juan Bosch ha muerto. Ahora le pertenece a la Patria y es ejemplo para todos sus hijos e hijas. 

(Escribí este artículo raíz del fallecimiento del profesor Juan Bosch el 1 de noviembre de 2001 y fue publicado en la edición de la revista ¡Ahora! del 11 de noviembre de 2001. Posteriormente, el texto fue incluido en el libro Pensar la Nación que publiqué en mayo de 2010. Lo reproduzco hoy, al cumplirse el 104º aniversario de su natalicio).

 

 

EN EL 104 ANIVERSARIO DE BOSCH: VIAJE A LOS ANTÍPODAS

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                                BOSCH: Fui al Asia y Sudeste Asiático a buscar la Verdad (1969).

    VIAJE A LOS ANTÍPODAS (Publicado en la revista ¡Ahora!, Nº 326 del 9 de febrero de 1970.)

“Durante años y años creí que políticamente la Verdad se hallaba en la llamada democracia representativa, pero sucedió que cuando el pueblo dominicano se lanzó a morir por esa democracia que yo, entre varios pero quizá más que muchos, le había enseñado a buscar, la tal democracia representativa sacó de sus entrañas la putrefacción, el crimen, la mentira, el abuso”
“vi a la soldadesca norteamericana llegar a Santo Domingo armada hasta los dientes para bombardear a la ciudad más vieja de América, para aniquilar el impulso creador de nuestro pueblo y para exterminar, como se hace con las fieras, a los luchadores democráticos dominicanos; vi a la República desamparada, engañada por los organismos internacionales y traicionada por la OEA”
La  dignidad  y bravura del hombre Quisqueyano se puso a prueba en el abril cuando la patria fue agredida por la botas invasoras. Aquí, en esta fotografía,un dominicano, se enfrenta a puños limpios a un soldado Yanqui que intenta agredirlo.
“he visto morir dominicanos día tras día desde el momento en que desembarcaron en el país los primeros infantes de marina del señor Trujijohnson hasta el momento en que escribo estas líneas, ya a punto de terminar el año de 1969, a pocos meses de cumplirse los cinco años de la intervención norteamericana. Así, la mentira y el crimen aplicados y desatados por la llamada democracia representativa yanqui en Santo Domingo no fueron el resultado de un error momentáneo; fueron y siguen siendo la obra sistemática de todos los días”
“a partir del 28 de abril de 1965 comencé a estudiar cuidadosamente la historia de los Estados Unidos tal como es y no como la cuentan los norteamericanos; comencé a darme cuenta de que ese país gigantesco y poderoso tiene una antigua tradición de engaños y una capacidad asombrosa para mentirle al mundo”
Los países del Asia están geográficamente en el lado del mundo opuesto a la República Dominicana, y además, tres de los cuatro que visité en los meses de octubre y noviembre de 1969 son, en el orden político, el polo opuesto de Santo Domingo; así, para nosotros los dominicanos Corea del Norte, China y Vietnam del Norte representan con toda propiedad nuestros antípodas, porque la palabra antípoda quiere decir eso: lo que se halla en el lado de la Tierra opuesto a nosotros, y además lo que representa algo totalmente distinto de lo que somos.
¿Por qué he viajado a los antípodas geográficos y políticos de nuestro país?
Aunque la respuesta a esa pregunta podría ser larga y complicada, voy a tratar de hacerla corta y clara: Fui al Asia y al Sudeste Asiático a buscar la Verdad.
Durante años y años creí que políticamente la Verdad se hallaba en la llamada democracia representativa, pero sucedió que cuando el pueblo dominicano se lanzó a morir por esa democracia que yo, entre varios pero quizá más que muchos, le había enseñado a buscar, la tal democracia representativa sacó de sus entrañas la putrefacción, el crimen, la mentira, el abuso. Yo oí al presidente de los Estados Unidos, país líder  de la tal democracia representativa, mentir como sólo mienten los seres más abyectos; oí a él y a senadores, diputados, altos personajes y a la radio oficial de los Estados Unidos acusar a la revolución democrática del pueblo dominicano de criminal y salvaje; vi a la soldadesca norteamericana llegar a Santo Domingo armada hasta los dientes para bombardear a la ciudad más vieja de América, para aniquilar el impulso creador de nuestro pueblo y para exterminar, como se hace con las fieras, a los luchadores democráticos dominicanos; vi a la República desamparada, engañada por los organismos internacionales y traicionada por la OEA; la vi atropellada por soldados latinoamericanos, enviados a nuestro país para justificar el crimen de los Estados Unidos, que habían violado tratados hemisféricos y no querían ni podían quedarse solos ante la conciencia del mundo como autores de esa violación; he visto morir dominicanos día tras día desde el momento en que desembarcaron en el país los primeros infantes de marina del señor Trujijohnson hasta el momento en que escribo estas líneas, ya a punto de terminar el año de 1969, a pocos meses de cumplirse los cinco años de la intervención norteamericana. Así, la mentira y el crimen aplicados y desatados por la llamada democracia representativa yanqui en Santo Domingo no fueron el resultado de un error momentáneo; fueron y siguen siendo la obra sistemática de todos los días.
Valientes Mujeres Quisqueyanas se enfrentan a los soldados americanos en una marcha protesta por los atropellos por parte de la soldadesca americana contra el pueblo.
Si alguien en quien tuvimos fe nos sorprende mostrándonos de manera inesperada lo que es en verdad y no lo que había simulado ser, empezamos a poner en duda todo lo que habíamos estado creyendo de él hasta entonces; y eso me sucedió a mí. Así, a partir del 28 de abril de 1965 comencé a estudiar cuidadosamente la historia de los Estados Unidos tal como es y no como la cuentan los norteamericanos; comencé a darme cuenta de que ese país gigantesco y poderoso tiene una antigua tradición de engaños y una capacidad asombrosa para mentirle al mundo; ha hallado la forma de atropellar de la manera más brutal a los pueblos débiles y presentar esos atropellos como si fueran grandes y costosos esfuerzos para liberarlos de males infernales y para defender la libertad humana. Cuando los libros de historia me convencieron de que los Estados Unidos no son lo que sus propagandistas dicen que son, sino todo lo contrario, me dije a mí mismo que esos libros podían ser en fin de cuentas obras de fanáticos antiyanquis y que mi deber era comprobar los hechos sobre el terreno; y visto que la prensa, la televisión, la radio y la mayor parte de los medios de comunicación norteamericanos tienen años y años presentando al mundo socialista como el espejo de la esclavitud, el atraso y la miseria, fui a visitar Yugoeslavia y Rumanía. Allí, en Yugoeslavia y Rumanía comprobé que de cada mil palabras sobre los países socialistas que se escriben en los Estados Unidos, novecientas noveintinueve son mentiras, y llegué a la conclusión de que el empeño que ponen los yanquis en hacer que los gobiernos sirvientes de América Latina persigan como a un criminal al que viaja a los países socialistas tiene un fin, el de evitar por medio de la violencia que los pueblos de América Latina se enteren de que la propaganda norteamericana contra esos países se basa en la mentira y sepan que cualquiera de ellos tiene un grado de desarrollo y bienestar, y sobre todo de justicia social, incomparablemente más alto que el de los latinoamericanos. Yo, que no soy comunista y por eso mismo no estoy obligado en ningún sentido ni por ninguna razón a defenderlos, lo afirmo categóricamente ante el pueblo dominicano, y digo a conciencia, con la mano puesta en el corazón, que de cada diez verdades sobre los países comunistas que dice un yanqui, dice al mismo tiempo, y con la mayor tranquilidad, noventa y nueve mil novecientas noventa mentiras.
La mentira es una parte tan importante en la vida norteamericana que sus historiadores, escritores, ensayistas, periodistas y funcionarios mienten hasta sin darse cuenta. Unas veces mienten directamente y otras de manera indirecta; unas veces dicen lo que no es verdad y otras veces se callan la verdad. Y esto lo hacen no sólo cuando hablan de otros países sino también cuando hablan del suyo; no sólo cuando se refieren a hechos actuales sino también cuando se refieren a hechos históricos. Por ejemplo, hace algo así como año y medio el ex embajador Crimmins respondió a una carta del PRD y en esa carta afirmó que los Estados Unidos son un país que se ha desarrollado pacíficamente, mediante la sola aplicación de las leyes; y recientemente el sucesor del Sr. Crimmins ha repetido lo que éste había dicho.
Pues bien, ni el señor Crimmins ni su sucesor dijeron la verdad, y yo me permito poner en duda que los embajadores norteamericanos ignoren la historia de su país. Claro que la conocen, pero la deforman para presentar a su país ante el pueblo dominicano como no es y como nunca ha sido. Al contrario de lo que han dicho los dos embajadores, los Estados Unidos han tenido revoluciones sangrientas, de las más sangrientas que ha conocido la Humanidad; en una de ellas murieron miles y miles y miles de hombres y mujeres, desde civiles y soldados hasta el presidente de la república; ciudades enteras fueron destruidas a cañonazos y se combatió ferozmente durante cuatro años. ¿Cómo es posible que el señor Crimmins y su sucesor pretendan hacernos creer que la fabulosa matanza de 1861-1865 no existió? ¿Y saben los dominicanos por qué no mencionan los señores embajadores esa hecatombe? Pues porque los norteamericanos le cambiaron el nombre; en vez de revolución pasaron a llamarle “guerra de secesión”. Pero fue una revolución provocada por los dueños de esclavos del Sur, que se levantaron en armas cuando creyeron que el gobierno de Lincoln  iba a decretar la libertad de los esclavos. Lincoln no pensaba hacer eso, pero él representaba a los industriales del Norte, que para poder vender sus máquinas necesitaban que desapareciera la esclavitud en el Sur, puesto que los esclavos no estaban capacitados para manejar maquinarias y esto tenían que hacerlo obreros asalariados; y como Lincoln representaba a esos industriales, los esclavistas creyeron que iba a poner en peligro su “sagrado derecho” a ser propietarios de hombres.
Además de la revolución de la independencia y de la llamada “guerra de secesión”, los Estados Unidos han conocido y sufrido revoluciones larvadas que han producido millares y millares de víctimas, entre ellas varios presidentes de la república asesinados. Y ahora mismo, ¿qué está sucediendo con los negros de los llamados “ghettos” y con los “panteras negras”, a quienes cazan a balazos todos los días? Por último, los Estados Unidos han evitado más revoluciones dentro de sus fronteras mediante el método de proyectar sus crisis y su violencia hacia el mundo exterior, pues se trata de un país que ha vivido agrediendo a otros pueblos desde antes de nacer como república. Cuando todavía no eran independientes, los yanquis hacían matanzas memorables de indios americanos para quedarse con sus tierras, y siguieron haciéndolas hasta fines del siglo pasado(IX); después de independientes, arrebataron las Floridas a España y le quitaron a México más territorio del que ocupa hoy esa nación; se quedaron a cañonazos con Puerto Rico; se quedaron con Hawai y la Zona del Canal de Panamá; partieron en dos a Colombia y hoy tienen sus tropas establecidas en Corea del Sur y en Vietnam del Sur, dos países inventados por ellos a costa de la unidad de los viejos pueblos de Corea y de Vietnam, así como inventaron en Formosa una China nacionalista sustraída de la China continental e inventaron en Santo Domingo el llamado gobierno de reconstrucción nacional para mantener dividido al pueblo dominicano.
Un humilde hombre del pueblo pide  a un soldado Yanqui  Invasor  dejarlo pasar para llevar a su niño herido a la Cruz Roja luego de un ataque indiscriminado por las tropas invasoras a la indefensa   población civil.
Pero el embajador norteamericano no se atiene a decir lo que no es verdad en el caso de su país; va más allá y afirma que Inglaterra se ha desarrollado también sin violencias. ¿Sí? ¿Y qué cuenta la historia inglesa? ¿O son invenciones de novelistas las sangrientas revoluciones de 1648 y 1688, para mencionar sólo las del siglo XVII? Quien le cortó la cabeza a Carlos I en 1649 no fue un cirujano que quería devolverle la salud; fue el verdugo que le aplicó la pena de muerte votada por el Parlamento; y las ruinas de las iglesias que se ven en algunos lugares de Inglaterra no se deben a los maltratos del tiempo, sino a los hombres de Oliverio Cromwell, que las saquearon y las quemaron en los días de la revolución de 1648.
Esa necesidad de ocultar la verdad, ¿es acaso una deformación sicológica que se ha propagado, como una epidemia, entre los norteamericanos?
Pues no señor; no se trata de una deformación sicológica. Hubo una época en que los yanquis estaban orgullosos de sus revoluciones y hablaban de ellas con entusiasmo, pero ahora necesitan hacerles creer a los pueblos pobres como el dominicano y los de la América Latina que las revoluciones son un gran pecado, algo muy malo, algo que no debe hacerse nunca, y para decir eso tienen que arrancar de la historia de su país, de Inglaterra y de otros lugares, todas las páginas que se refieran a sus revoluciones; necesitan presentarse como libres del pecado revolucionario para poder reclamar de otros que no lo cometan.
¿Y cuál es la causa de esa actitud? ¿Por qué los norteamericanos, que hicieron revoluciones sangrientas, sin las cuales no habrían podido desarrollarse ni económica ni política ni socialmente, fueron entonces partidarios de revoluciones y ahora son enemigos de ellas?
Porque aquellas revoluciones inglesas y norteamericanas de los siglos XVII, XVIII y XIX fueron hechas por las masas de los pueblos de Inglaterra y los Estados Unidos para entregarles  el poder a las minorías capitalistas de sus respectivos países, y las revoluciones que se hacen ahora en el mundo tienen la finalidad de establecer en el poder a las masas, no a las minorías capitalistas. En el caso concreto de la República Dominicana, la revolución se hará para desmantelar el Frente Oligárquico, que es el instrumento de que se valen los Estados Unidos para gobernar nuestro país a su antojo, y los señores embajadores norteamericanos pretenden hacerle creer al pueblo de Santo Domingo que la revolución es innecesaria, que en Norteamérica y en Inglaterra jamás hubo revoluciones, que los que tienen hambre deben esperar su oportunidad para comer, aunque haya que ir a servirles la comida al cementerio. Al tomar el poder, lo primero que harán las masas dominicanas y las de todos los países pobres del mundo —con los de la América Latina a la cabeza, desde luego— será tomar posesión de lo que es legítimamente suyo, de lo que se halla en su tierra y de lo que ha sido creado con el trabajo de sus hijos; es decir, procederán a nacionalizar las empresas norteamericanas. Y como eso significa que los millonarios norteamericanos dejarán de seguir recibiendo los dólares que sacan de nuestros países, hay que evitar por todos los medios que hagamos revoluciones. Esa es la razón de esas mentiras. Hay que engañar a nuestros pueblos haciéndoles creer que las revoluciones son pecados mortales, obra del demonio comunista, crímenes horrendos contra la libertad, y si los pueblos creen eso y se mueren de hambre, allá ellos con sus miserias; que se los lleve quien los trajo, porque eso no le quita el sueño a ningún ricacho norteamericano.
Pero sucede que el mentiroso y el cojo no llegan lejos. La red de mentiras con que los Estados Unidos tienen envuelto al mundo está destruyéndose rápidamente. En la América Latina la destruyó la invasión militar de Santo Domingo; en el resto del mundo la ha destruido la incalificable guerra de agresión a Vietnam. Por otra parte, el ser humano busca instintivamente la verdad, y cuando da con ella siente la necesidad de transmitírsela a otros. Como a cualquiera persona, a mí me sucede eso; pero ocurre además que tengo una responsabilidad ante el pueblo dominicano, la de ayudarle a disipar las sombras de la mentira en que quieren sumirlo a fin de que vea claramente por dónde va el camino hacia la libertad, la justicia social y el bienestar. Si al visitar Yugoeslavia y Rumanía comprobé que las mentiras que se dijeron sobre la Revolución de Abril eran iguales a las que se decían de esos dos países, ¿no era natural que me dijera a mí mismo que igual debía suceder en el caso de Corea del Norte, de China y de Vietnam? ¿Y no era lógico, en consecuencia, que aceptara las invitaciones que se me hicieron para visitar esos países?
Aquí digo lo que vi, sin la menor deformación. Lo que digo es el resultado de mis observaciones; no es propaganda de partidos ni de gobiernos. Y lo escribo para servir al pueblo dominicano; para que éste conozca la verdad y juzgue por sí mismo, no a base de las mentiras que le sirven los que tienen interés —y ganan dinero al hacerlo— en mantenerlo confundido.
Este breve resumen de un viaje a los antípodas comienza por:
La República Democrática de Corea
La historia escrita de Corea tiene miles de años, de manera que la lengua de sus pobladores es vieja. En esa lengua, que ya se hablaba cuando todavía no se había formado Roma, Corea se llama “el país de los amaneceres luminosos”. Hubiera podido llamarse también “el país de la gente que sonríe”, porque el coreano reacciona ante cualquier estímulo con una sonrisa franca; pero yo recordaré siempre a Corea como “el país de los niños alegres”. Kim Il Sung, el padre….  de la patria, dijo una frase que es a la vez profunda y conmovedora; dijo: “En Corea, el niño es ley”. Tómese esa frase por dondequiera y como quiera, y el resultado será siempre uno: El pueblo coreano está dedicado a sus niños; vive y muere, trabaja, lucha y crea por sus niños. De alguna manera, con esa extraña sensibilidad que tienen los niños en todas partes, los de Corea se dan cuenta de eso, porque donde ellos están —sea en la escuela, en las calles, en los parques—, sus risas y sus gritos de júbilo dan la impresión de una enorme pajarera colmada de cantos. En mis años, que no son pocos, jamás había visto nada igual.
Kim Il Sung sabía lo que decía al afirmar que en Corea el niño es ley, pues los países perduran en la medida en que sus ciudadanos los amen y los defiendan, y los niños de hoy serán los ciudadanos de mañana. El mismo Kim Il Sung era apenas algo más que un niño cuando a los trece años de edad comenzó a cumplir misiones de los grupos de patriotas que estaban luchando contra los japoneses —que habían ocupado el país en 1910—, y se hallaba en la flor de la vida cuando hacia 1932, acabando de cumplir los veinte años, inició la guerra de guerrillas por la liberación de Corea.
“¿Cuántos eran sus hombres en ese momento?”, le pregunté, entre cucharada y cucharada de una sabrosa sopa coreana que él mismo me servía con la naturalidad conque se comporta alguien con un hermano.
Kim Il Sung sonrió. Como todos sus compatriotas, es de sonrisa fácil y expresiva. Pero en esa ocasión la sonrisa del líder de Corea quería decir muchas cosas; quería decir, según me pareció: “Usted no va a creerlo”.
“Dieciocho”, dijo.
¿Y por qué no debía yo creerlo? ¿No se había quedado Fidel Castro con sólo doce seguidores poco después de haber desembarcado al pie de la Sierra Maestra? Fidel Castro había  bajado de la Sierra, convertido en vencedor, a los dos años de haber subido a ella, y Kim Il Sung estuvo guerrilleando trece años, y los dos tomaron el poder al cumplir los treintidos. ¡Extraña similitud de destinos entre el líder de un viejo pueblo  oriental y el de un pueblo nuevo del Caribe!  Pero si el destino de Kim Il Sung y el de Fidel Castro se parecen, en cambio el de Corea y el de Cuba son distintos, porque a Corea le ha tocado ser uno de esos países a los que Norteamérica les ha aplicado la fórmula que ensayó con Colombia en Panamá, la de dividir las naciones y de cada una hacer dos: dos Coreas, dos Chinas, dos Vietnam. A lo mejor, en esa historia de país dedicado a dividir pueblos hallaron los negros norteamericanos la idea de dividir ellos a su vez a los Estados Unidos en una nación para los blancos y otra para los negros.
Corea quedó liberada en agosto de 1945 y el día 15 de ese mes fue proclamada república bajo un gobierno encabezado por el joven que había estado trece años dirigiendo las guerrillas antijaponesas, esto es, por el mismo Kim Il Sung de quien vengo hablando. Unas semanas después de establecida la república, los norteamericanos desembarcaban en el sur al mando de Douglas MacArthur, y éste proclamaba, con su conocida arrogancia: “… Todos los poderes del gobierno sobre el territorio de Corea, al sur del paralelo 38 de latitud Norte, y sobre el pueblo que lo habita, serán… ejercidos bajo mi autoridad”; y fue así como Corea, un país con más de tres mil años de historia escrita, quedó cercenado como un cuerpo al que le cortan la mitad.
Cinco años después de eso comenzó el ataque norteamericano contra Corea del Norte. Al cabo de tres años de guerra, todas las ciudades coreanas habían sido destruidas, o dicho con más propiedad, habían sido demolidas por los bombardeos yanquis. Dieciséis años después, ningún extranjero que visite el país verá las huellas de esa destrucción masiva, pues una por una, todas las ciudades han sido levantadas otra vez, y aun-que cualquiera se da cuenta de que son nuevas porque sus avenidas están trazadas y sus edificios concebidos según los conceptos característicos de la arquitectura más moderna, parece que tienen siglos de habitadas, porque a primera vista se nota que entre sus habitantes y ellas hay esa coherencia y esa intimidad que son propias de las ciudades antiguas.
Debido a que en los años de la vida de Kim Il Sung su país pasó de colonia a república, y en la lucha para hacer ese cambio él fue durante trece años el líder de la resistencia patriótica; debido a que a causa de su papel como líder de la resistencia él pasó automáticamente a ser el jefe del primer gobierno libre de Corea; y dado que debido al ataque norteamericano las ciudades del país quedaron demolidas y fueron reconstruidas bajo ese gobierno del antiguo guerrillero, la historia de la república de Corea y su renacimiento se ha confundido con la de Kim Il Sung. Decir Corea del Norte es, pues, decir Kim Il Sung; o si se prefiere expresado al revés, Kim Il Sung es Corea del Norte. Mi impresión es que para los coreanos no hay diferencia alguna entre el país y su líder, y que ellos se imaginan a Kim Il Sung como una parte esencial de Corea y a Corea como una obra de Kim Il Sung.
Esa identidad entre líder y país es un fenómeno poco común en la historia humana, y gracias a ella el poder de Kim Il Sung va más allá del campo político y alcanza una calidad que no puede ser apreciada fácilmente; no es un poder que descansa en la autoridad, en el terror, en el carisma del líder, en los bienes que éste distribuye. Nada de eso. Es algo más profundo. Para el pueblo coreano, Corea y Kim Il Sung son una sola y misma cosa.
Ese hombre que es a la vez su pueblo se presenta de improviso en una escuela de párvulos, se sienta en un pupitre y  comienza a hacer preguntas como otro escolar; o se va al campo y se pone a vivir en una cooperativa para ayudar a los campesinos en su trabajo. Héctor Aristy y yo estábamos alojados en una residencia que tiene el gobierno para sus huéspedes y se suponía que antes de irnos de Corea visitaríamos a Kim Il Sung, y sucedió lo contrario: una mañana Kim Il Sung se presentó en la residencia, comenzó a hablar conmigo y se quedó a comer con nosotros. Como yo estaba a su derecha en la mesa, él mismo me servía la comida. Iba vestido con la sencillez característica de los líderes socialistas de Asia: un traje simple, pantalón y chamarra negros, y una gorra de tela, de ésas que en Santo Domingo no usaría un campesino porque le parecería pobre. Lo que hablamos en más de tres horas de conversación fue mucho, variado y bueno, y me sorprendió lo bien informado que está acerca de América Latina y sus problemas. Pero también tiene a flor de labios las estadísticas de su país.
“En comparación con 1948, hasta 1967 la producción industrial de Corea había aumentado 22 veces, y la fabricación de maquinarias, 100 veces, a pesar de la guerra; en 1946, la proporción de la industria en el Producto Nacional Bruto era de 28 por ciento y en 1964 era de 75 por ciento; en 1965, la producción de tejidos había aumentado 195 veces en comparación con la de 1944; en ese año de 1944, la producción de tejidos per cápita era de 14 centímetros y en 1965, de 25 metros”.
Todo eso lo dijo de un tirón, a pesar de que las comparaciones son tan dispares en lo que se refiere a los años que es difícil retenerlas en la memoria. De todos modos, no era necesario que lo dijera, pues el que visita Corea del Norte se da cuenta inmediatamente de que es un país con un desarrollo económico vertiginoso. Los que conocen Alemania del Este dicen que es el país cuya economía crece más de prisa en el campo socialista. Yo no he estado en Alemania del Este, pero me asombraría que su ritmo de crecimiento superara al de Corea. Corea produce el 98 por ciento de lo que consume, desde maquinaria pesada hasta fósforos, y lo que consume es mucho a juzgar por el nivel en que vive el pueblo.
La totalidad de las familias usa electricidad. Por la vivienda se paga sólo 57 centavos por cada 100 pesos de salario, de manera que la persona que gane, digamos, 200 pesos, paga 1 peso y 14 centavos. Actualmente está construyéndose una casa para cada familia campesina, y ya hay 600 mil familias campesinas con casas nuevas. Todo lo que se refiere a medicinas, médico, hospital, operaciones y tratamiento es gratuito y según pude ver visitando hospitales, el servicio es como para tutumpotes de nuestro país. La cuarta parte de la población está estudiando en 9,260 establecimientos escolares y no hay un solo analfabeto; el teatro, el ballet y el circo —que es muy popular en el país— son de primera categoría; su cine y su televisión, excelentes.
Corea tiene que destinar una suma enorme al mantenimiento de sus fuerzas armadas, lo que se explica porque vive esperando de un día a otro el ataque norteamericano. A eso se debe que la parte más importante de su industria pesada —y según algunos, toda su industria de guerra— se halle bajo tierra, dotada además de hospitales, escuelas, viviendas, almacenes de provisiones y agua, luz eléctrica y hasta vías de comunicación subterráneas. Ya es un esfuerzo grande mantener un ejército en pie de guerra, pero estar preparado para la guerra nuclear es un esfuerzo extraordinario para cualquier país, cuanto más para uno pequeño que en quince años ha rehecho todas sus ciudades y todas sus industrias, y las ha multiplicado. Si Corea pudiera dedicar a su desarrollo todos los recursos que tiene que destinar a defenderse, sería el asombro del mundo. Para los partidarios del régimen socialista, ese poder de progreso será fruto del socialismo; para mí, al socialismo hay que sumar las condiciones naturales del pueblo coreano y la circunstancia de que cuenta con un líder —desde luego, socialista— que es a la vez resuelto y prudente; de una prudencia exquisita, al grado que en Corea no se ha impuesto a la fuerza ninguna medida socialista: todas han sido llevadas a la práctica después que han sido clara y metódicamente explicadas al pueblo y después que éste ha decidido aceptarlas. En cuanto al pueblo, es sobrio, disciplinado, trabajador, ardientemente patriota, y muy inteligente, y muy fino. De lo último da prendas abundantes su actitud ante la obra artística. El coreano es un artista nato.
Volviendo de Pammunjong —el punto donde se celebran desde hace años las conversaciones de paz— llegamos a media tarde a Kessong, y allí, en el Palacio de los Pioneros, se improvisó una fiesta de teatro infantil. Toda la vida recordaré aquellos diminutos artistas de 6 y 7 años; sus cantos, sus danzas, sus pequeñas piezas de teatro, y sobre todo el final del acto. Los niños coreanos no me dejaban salir. Me abrazaban, me besaban; cada uno de ellos era un surtidor de alegría. Yo tenía los ojos puestos en ellos, pero a quienes veía era a los niños de mi país.
JUAN BOSCH
(Publicado en la revista ¡Ahora!, Nº 326 del 9 de febrero de 1970.)

CUENTO DE JUAN BOSCH: LUIS PIE

EN HONOR A LA MEMORIA DE JUAN BOSCH EN EL 104 ANIVERSARIO DE SU NACIMIENTO

RESUMEN CUENTO DE BOSCH  LUIS PIE 

A eso de las siete la fiebre aturdía al haitiano Luis Pie. Además de que sentía la pierna endurecida, golpes internos le sacudían la ingle. Medio ciego por el dolor de cabeza y la debilidad, Luis Pie se sentó en el suelo, sobre las secas hojas de la caña, rayó un fósforo y trató de ver la herida. Allí estaba, en el dedo grueso de su pie derecho. Se trataba de una herida que no alcanzaba la pulgada, pero estaba llena de lodo. Se había cortado el dedo la tarde anterior, al pisar un pedazo de hierro viejo mientras tumbaba caña en la colonia Josefita.
Un golpe de aire apagó el fósforo, y el haitiano encendió otro. Quería estar seguro de que el mal le había entrado por la herida y no que se debía a obra de algún desconocido que deseaba hacerle daño. Escudriñó la pequeña cortada, con sus ojos cargados por la fiebre, y no supo qué responderse; después quiso levantarse y andar, pero el dolor había aumentado a tal grado que no podía mover la pierna.
Esto ocurría el sábado, al iniciarse la noche. Luis Pie pegó la frente al suelo, buscando el fresco de la tierra, y cuando la alzó de nuevo le pareció que había transcurrido mucho tiempo. Hubiera querido quedarse allí descansando; mas de pronto el instinto le hizo salir la cabeza.
—Ah… Pití Mishé ta eperan a mué —dijo con amargura.
Necesariamente debía salir al camino, donde tal vez alguien le ayudaría a seguir hacia el batey; podría pasar una carreta o un peón montado que fuera a la fiesta de esa noche.
Arrastrándose a duras penas, a veces pegando el pecho a la tierra, Luis Pie emprendió el camino. Pero de pronto alzó la cabeza: hacia su espalda sonaba algo como un auto. El haitiano meditó un minuto. Su rostro brillante y sus ojos inteligentes se mostraban angustiados. ¿Habría perdido el rumbo debido al dolor o la oscuridad lo confundía? Temía no llegar al camino en toda la noche, y en ese caso los tres hijitos le esperarían junto a la hoguera que Miguel, el mayor, encendía de noche para que el padre pudiera prepararles con rapidez harina de maíz o les salcochara plátanos, a su retorno del trabajo. Si él se perdía, los niños le esperarían hasta que el sueño los aturdiera y se quedarían dormidos allí, junto a la hoguera consumida.
Luis Pie sentía a menudo un miedo terrible de que sus hijos no comieran o de que Miguel, que era enfermizo, se le muriera un día, como se le murió la mujer. Para que no les faltara comida Luis Pie cargó con ellos desde Haití, caminando sin cesar, primero a través de las lomas, en el cruce de la frontera dominicana, luego a lo largo de todo el Cibao, después recorriendo las soleadas carreteras del Este, hasta verse en la región de los centrales de azúcar.
—¡Oh, Bonyé! —gimió Luis Pie con la frente sobre el brazo y la pierna sacudida por temblores—, pití Mishé va a ta eperán to la noche a son per.
Y entonces sintió ganas de llorar, a lo que se negó porque temía entregarse a la debilidad. Lo que debía hacer era buscar el rumbo y avanzar. Cuando volvió a levantar la cabeza ya no se oía el ruido del motor.
—No, no ta sien pallá; ta sien pacá —afirmó resuelto. Y siguió arrastrándose, andando a veces a gatas.
Pero sí había pasado a distancia un motor. Luis Pie llegó de su tierra meses antes y se puso a trabajar, primero en la Colonia Carolina, después en la Josefita; e ignoraba que detrás estaba otra colonia, la Gloria, con su trocha medio kilómetro más lejos, y que don Valentín Quintero, el dueño de la Gloria, tenía un viejo Ford en el cual iba al batey a emborracharse y a pegarles a las mujeres que llegaban hasta allí, por la zafra, en busca de unos pesos. Don Valentín acababa de pasar por aquella trocha en su estrepitoso Ford; y como iba muy alegre, pensando en la fiesta de esa noche, no tomó en cuenta, cuando encendió el tabaco, que el auto pasaba junto al cañaveral. Golpeando en la espalda al chofer, don Valentín dijo:
—Esa Lucía es una sinvergüenza, sí señor, ¡pero qué hembra!
Y en ese momento lanzó el fósforo, que cayó encendido entre las cañas. Disparando ruidosamente el Ford se perdió en dirección del batey para llegar allá antes de que Luis Pie hubiera avanzado trescientos metros.
Tal vez esa distancia había logrado arrastrarse el haitiano. Trataba de llegar a la orilla del corte de la caña, porque sabía que el corte empieza siempre junto a una trocha; iba con la esperanza de salir a la trocha cuando notó el resplandor. Al principio no comprendió; jamás había visto él un incendio en el cañaveral. Pero de pronto oyó chasquidos y una llamarada gigantesca se levantó inesperadamente hacia el cielo, iluminando el lugar con un tono rojizo. Luis Pie se quedó inmóvil del asombro. Se puso de rodillas y se preguntaba qué era aquello. Mas el fuego se extendía con demasiada rapidez para que Luis Pie no supiera de qué se trataba. Echándose sobre las cañas, como si tuvieran vida, las llamas avanzaban ávidamente, envueltas en un humo negro que iba cubriendo todo el lugar; los tallos disparaban sin cesar y por momentos el fuego se producía en explosiones y ascendía a golpes hasta perderse en la altura. El haitiano temió que iba a quedar cercado. Quiso huir. Se levantó y pretendió correr a saltos sobre una sola pierna. Pero le pareció que nada podría salvarle.
—¡Bonyé, Bonyé! —empezó a aullar, fuera de sí; y luego, más alto aún:
—¡Bonyéeeee!
Gritó de tal manera y llegó a tanto su terror, que por un instante perdió la voz y el conocimiento. Sin embargo siguió moviéndose, tratando de escapar, pero sin saber en verdad qué hacía. Quienquiera que fuera, el enemigo que le había echado el mal se valió de fuerzas poderosas. Luis Pie lo reconoció así y se preparó a lo peor.
Pegado a la tierra, con sus ojos desorbitados por el pavor, veía crecer el fuego cuando le pareció o ir tropel de caballos, voces de mando y tiros. Rápidamente levantó la cabeza. La esperanza le embriagó.
—¡Bonyé, Bonyé —clamó casi llorando—, ayuda a mué, gran Bonyé; tú salva a mué de murí quemá!
¡Iba a salvarlo el buen Dios de los desgraciados! Su instinto le hizo agudizar todos los sentidos. Aplicó el oído para saber en qué dirección estaban sus presuntos salvadores; buscó con los ojos la presencia de esos dominicanos generosos que iban a sacarlo del infierno de llamas en que se hallaba. Dando la mayor amplitud posible a su voz, gritó estentóreamente:
—¡Dominiquén bon, aquí ta mué, Luí Pie! ¡Salva a mué, dominiquén bon!
Entonces oyó que alguien vociferaba desde el otro lado del cañaveral. La voz decía:
—¡Por aquí, por aquí! ¡Corran, que está cogió! ¡Corran, que se puede ir!
Olvidándose de su fiebre y de su pierna, Luis Pie se incorporó y corrió. Iba cojeando, dando saltos, hasta que tropezó y cayó de bruces. Volvió a pararse al tiempo que miraba hacia el cielo y mascullaba:
—Oh Bonyé, gran Bonyé que ta ayudan a mué…
En ese mismo instante la alegría le cortó el habla, pues a su frente, irrumpiendo por entre las cañas, acababa de aparecer un hombre a caballo, un salvador.
—¡Aquí está, corran! —demandó el hombre dirigiéndose a los que le seguían.
Inmediatamente aparecieron diez o doce, muchos de ellos a pie y la mayoría armada de mochas. Todos gritaban insultos y se lanzaban sobre Luis Pie.
—¡Hay que matarlo ahí mismo, y que se achicharre con la candela ese maldito haitiano! —se oyó vociferar.
Puesto de rodillas, Luis Pie, que apenas entendía el idioma, rogaba enternecido:
—¡Ah dominiquén bon, salva a mué, salva a mué pa lleva manyé a mon pití!
Una mocha cayó de plano en su cabeza, y el acero resonó largamente.
—¿Qué ta pasán? —preguntó Luis Pie lleno de miedo.
—¡No, no! —ordenaba alguien que corría—. ¡Dénles golpes, pero no lo maten! ¡Hay que dejarlo vivo para que diga quiénes son sus cómplices! ¡Le han pegado fuego también a la Gloria!
El que así gritaba era don Valentín Quintero, y él fue el primero en dar el ejemplo. Le pegó al haitiano en la nariz, haciendo saltar la sangre. Después siguieron otros, mientras Luis Pie, gimiendo, alzaba los brazos y pedía perdón por un daño que no había hecho. Le encontraron en los bolsillos una caja con cuatro o cinco fósforos.
—¡Canalla, bandolero; confiesa que prendiste candela!
—Uí, uí —afirmaba él haitiano. Pero como no sabía explicarse en español no podía decir que había encendido dos fósforos para verse la herida y qué el viento los había apagado.
¿Qué había ocurrido? Luis Pié no lo comprendía. Su poderoso enemigo acabaría con él; le había echado encima a todos los terribles dioses de Haití, y Luis Pie, que temía a esas fuerzas ocultas, no iba a luchar contra ellas porque sabía que era inútil!
—¡Levántate, perro! —ordenó un soldado.
Con gran asombro suyo, el haitiano se sintió capaz de levantarse. La primera arremetida de la infección había pasado, pero él lo ignoraba. Todavía cojeaba bastante cuando dos soldados lo echaron por delante y lo sacaron al camino; después, a golpes y empujones, debió seguir sin detenerse, aunque a veces le era imposible sufrir el dolor en la ingle.
Tardó una hora en llegar al batey, donde la gente se agolpó para verlo pasar. Iba echando sangre por la cabeza, con la ropa desgarrada y una pierna a rastras. Se le veía qué no podía ya mas, que estaba exhausto y a punto de caer desfallecido.
El grupo se acercaba a un miserable bohío de yaguas paradas, en el que apenas cabía un hombre y en cuya puerta, destacados por una hoguera que iluminaba adentro la vivienda, estaban tres niños desnudos que contemplaban la escena sin moverse y sin decir una palabra.
Aunque la luz era escasa todo el mundo vio a Luis Pie cuando su rostro pasó de aquella impresión de vencido a la de atención; todo el mundo vio el resplandor del interés en sus ojos. Era tal el momento que nadie habló. Y de pronto la voz de Luis Pie, una voz llena de angustia y de ternura, se alzó en medio del silencio, diciendo:
—¡Pití Mishé, mon pití Mishé! ¿Tú no ta enferme, mon pití? ¿Tú ta bien?
El mayor de los niños, que tendría seis años y que presenciaba la escena llorando amargamente, dijo entre llanto, sin mover un músculo, hablando bien alto:
—¡Sí, per; yo ta bien; to nosotro ta bien, mon per! Y se quedó inmóvil, mientras las lágrimas le corrían por las mejillas.
Luis Pie, asombrado de que sus hijos no se hallaran bajo el poder de las tenebrosas fuerzas que le perseguían, no pudo contener sus palabras.
—¡Oh Bonyé, tú sé gran! —clamó volviendo al cielo una honda mirada de gratitud.
Después abatió la cabeza, pegó la barbilla al pecho que no lo vieran llorar, y empezó a caminar de nuevo, arrastrando su pierna enferma.
La gente que se agrupaba alrededor de Luis Pie era mucha y pareció dudar entre seguirlo o detenerse para ver a los niños; pero como no tardó en comprender que el espectáculo que ofrecía Luis Pie era más atrayente, decidió ir tras él. Sólo una muchacha negra de acaso doce años se demoró frente a la casucha. Pareció que iba a dirigirse hacia los niños; pero al fin echó a correr tras la turba, que iba doblando una esquina. Luis Pie había vuelto el rostro, sin duda para ver una vez más a sus hijos, y uno de los soldados pareció llenarse de ira.
—¡Ya ta bueno de hablar con la familia! —rugía el soldado.
La muchacha llegó al grupo justamente cuando el militar levantaba el puño para pegarle a Luis Pie, y como estaba asustada cerró los ojos para no ver la escena. Durante un segundo esperó el ruido. Pero el chasquido del golpe no llegó a sonar. Pues aunque deseaba pegar, el soldado se contuvo. Tenía la mano demasiado adolorida por el uso que le había dado esa noche, y, además, comprendió que por duro que le pegara Luis Pie no se daría cuenta de ello.
No podía darse cuenta, porque iba caminando como un borracho, mirando hacia el cielo y hasta ligeramente sonreído.

 

Juan Bosch vive

Mañana, 30 de junio, se conmemo- ra 104 aniversario de su nacimiento
Escrito por: DIÓMEDES NÚÑEZ POLANCO
El próximo  domingo, 30 de junio,  se cumplirán 104  años  del  nacimiento  de Juan  Bosch.  Con  ese  motivo, el  Partido  de la  Liberación  Dominicana está   realizando  diversos  actos  nacionales e internacionales. También  la  Fundación  Juan  Bosch  y otras  instituciones  no  gubernamentales desarrollan, durante este mes,  actividades conmemorativas. Esto  quiere decir que   Juan Bosch  vive:  como  él  mismo sentenció “Nadie  se muere de verdad  si queda  en el  mundo quien   respete   su  memoria”.
El  miércoles  pasado, el  Movimiento 30 de  Junio  celebró  una Ofrenda-homenaje  ante  la  tumba  del profesor  Bosch, en el  Cementerio  Ornamental  de  La  Vega, espacio que  es  una extensión del  Panteón de la  Patria. En  ese  acto nos  correspondió  decir las palabras   siguientes:
Nos  hemos  congregado  en  esta histórica  Plazoleta  que lleva el  nombre del Maestro  Hostos para  homenajear en este 104 aniversario  de su nacimiento a otro  Maestro: Juan   Bosch, aquel  que  expresó que  “volvió a  nacer en San  Juan  de  Puerto  Rico a  principios  de  1938, cuando la  lectura de los  originales  de  Eugenio  María de  Hostos le permitió  conocer qué  fuerzas mueven,  y  cómo la  mueven, el  alma  de un  hombre consagrado al  servicio de los  demás”.
Podría decirse que  el  profesor  Bosch  a  partir  de  entonces intelectualizó, más  bien,  el ejercicio  hostosiano del  servicio. Porque  su  vocación de  servir  a su pueblo, fue  creciendo  en   él  como crecía  la  piel de  su  cuerpo. Si  no,  pregúntenselo  a los  otros  descendientes  de  su abuelo materno  y  tíos  de  Río Verde, quienes  llegaron  a   mostrar su inquietud  por  la  forma en que  el  muchacho, durante  sus  vacaciones,   se  relacionaba con los   campesinos, labradores  y   echadías,  de sus  fincas. Después  que él   regresaba  a  la  ciudad,  empezaban  las  quejas y  reclamos  de los  trabajadores.
No podía  ser  de otra  manera.  El  joven  Bosch preguntaba por el salario, cómo  vivían, cómo  comían, inquiría cómo enfrentaban  sus enfermedades. Con  ello  dejaba  un incendio en la pradera.  Era  una   especie de abogado  laboralista, como refirió  Evelyn  Marte, o un  indignado precoz  ante  la  injusticia,  la  explotación, la  marginalidad, como lo llamé  alguna  vez. Es  lo que se  refleja  en subida, su literatura,  sus  ensayos, sus  discursos.
Ese  apego  a  servir es  una  manera  de  expresar  la  justicia, tan  duartiana,  tan  martiana,  tan hostosiana,  tan  boschiana. Así  lo proclamó  el   Fundador de la  República  Dominicana: “Sed  justos lo primero, si queréis  ser felices”.
Por  ello,   cuando se  complicó  la  situación  económica , social del  país a finales del  siglo XIX,  el   Maestro   Hostos  expresó que la  sociedad  moría no de muerte  natural, “sino  de asfixia  moral”.
En  esta  época no  solo caracterizada  por las  profundas  crisis económica,  financiera,  alimentaria y medio-ambiental,  sino  de valores  y  de  credibilidad,  seguiremos en nuestro esfuerzo por  la  profundización  del  legado  ético,  moral, patriótico,  humanista y    transformador  de  Juan   Bosch   en el  PLD  y en la sociedad  dominicana.
En  ocasión  de  conmemorarse en  este año  2013, el  50  aniversario  del  ascenso  de  Juan  Bosch a  la  presidencia de  la  República  y  de  otras    fechas emblemáticas,  como el  bicentenario  del  nacimiento   de    Juan  Pablo  Duarte, los  integrantes del  Movimiento  30  de  Junio  hemos  venido  hasta  donde  descansan  las  cenizas   venerables   del Maestro Bosch  para reafirmar  nuestro   compromiso  con su ideario.
Es la   lucha  sin  tregua  para que sus  doctrinas  y  principios encarnados en su  vida , su   obra  literaria y de  pensamiento,  así  como en  su condición de prócer  de la  República, se  preserve  como  síntesis  de los  más  nobles avatares  del  proceso   histórico   del pueblo dominicano. En ese contexto, recordamos su proclama: “A la patria no se le usa, se le sirve”.
A    dos  siglos del nacimiento  de Duarte y  de las   independencias  nacionales  de  América   Latina,  los  pueblos  se  abocan  a una  nueva  independencia  económica y  cultural,  en un  escenario con mayores    dificultades que  en los  tiempos  de los forjadores  de la   libertad.
 A propósito de las emblemáticas efemérides que se conmemoran en este 2013, convocamos  a  los hijos de  esta  patria comprometidos  con   esos  ideales a  integrarse de    manera decisiva  a  seguir  desarrollando  las   agendas  pendientes de  nuestro devenir   histórico.
 A  la  luz de los  cambios  globales  en la  ciencia y la  tecnología, vivimos  hoy un  nuevo   ciclo del proceso  de  liberación,   para   lograr concluir  la  obra  redentora de  los pueblos   iniciada  hace   200  años por sus   forjadores  y  libertadores; a  sabiendas  de que   hoy la lucha  tiene    mayores  escollos por  la  tecnificación  y  sofisticación  de los  poderes que  dominan  e  imponen  sus  políticas y modos  de vida en los  más  variados  aspectos.
En su defensa  de la  libertad, Juan Bosch, con apenas 25 años, fue encarcelado en  tiempos del  Trujillato. Hizo  conciencia  de que no  bastaba solo con  indignarse ante  las  injusticias,  sino que había que luchar  decididamente contra    esos  males en el plano  político. Así comenzaron 24 largos años de  exilio, enfrentando, no   solo a la dictadura de  Trujillo,  sino a  otras  tiranías   de  América  Latina, lo  que lo  convirtió en  exiliado de  varios países.
Sus  ejecutorias gubernamentales  y   su ejercicio  pleno  de la  política,  siguen  constituyendo  legados de la  mayor  trascendencia  para nuestro  país,  Latinoamérica  y el  mundo.
Si  los  trinitarios  firmaron con su  sangre  el compromiso que  contraían con la patria,  nuestro  juramento  y    decisión   habrán  de  sellarse  con  la  entrega  total  de sumar  nuestra acción  al destino  de la  nación  dominicana.

 

Brasil:Pan, circo y descontento

Brasil 2013: Manifestaciones masivas, Copa del Mundo y quinientos años de opresión

Pan, circo y descontento
Brasil tiene una larga historia de reformas de arriba hacia abajo que han encarado inadecuadamente la profunda desigualdad que divide el país. Las manifestaciones masivas, provocadas por aumentos de los pasajes del transporte público y los costes de la Copa del Mundo, están llamando finalmente la atención acerca de problemas que no se pueden resolver mediante cambios menores, lo que indica que las cosas podrían ser diferentes esta vez.A fin de encarar la desigualdad sistémica entre la imagen idílica del Brasil de la samba y del fútbol, tiene que haber una ruptura social y política. Los miles de millones de dólares que se están gastando en la próxima Copa del Mundo 2014 han indignado justamente a millones de brasileños que viven sin infraestructura social y carecen de bienes públicos básicos.
Personas de todas las inclinaciones políticas han salido a las calles en las principales ciudades de todo el país. La violencia policial contra los manifestantes en Sao Paulo al comienzo de la protesta desencadenó varias manifestaciones de masas en toda la nación con una amplia gama de demandas dirigidas a todas las formas de desigualdad social. La reacción estatal ante el movimiento ha sacado a la luz 500 años de cólera y frustración reprimida por la profunda desigualdad.
Desde hace tiempo Brasil es uno de los lugares con más desiguales del planeta y le atormenta una historia de esclavitud y opresión. Hace cinco siglos los colonizadores portugueses mataron y esclavizaron a millones de habitantes indígenas para enriquecerse con minerales y caña de azúcar. Poco después Brasil se convirtió en el mayor país africano fuera de África al recibir a casi el 40% de todos los esclavos llevados al continente americano [1]. Este sistema económico basado en la esclavitud de negros, indígenas y pobres duró casi cuatro siglos. El legado de la esclavitud está presente en nuestra vida diaria; por ejemplo, prácticamente todas las viviendas de clase media y alta se construyen con habitaciones adosadas para los sirvientes domésticos, muy parecidas a lassenzalas unidas a las mansiones de los amos. [2]
La primera reforma en Brasil tuvo lugar en 1822 con la independencia. No fue un gran cambio en la práctica y ciertamente no fue una ruptura. La clase dominante brasileña declaró la independencia de Portugal manteniendo a la familia real portuguesa en el poder [3]. El hijo del rey de Portugal fue inmediatamente declarado emperador del nuevo imperio “independiente” de Brasil y cuando huyó del país su hijo real asumió el poder.
La segunda reforma tuvo lugar en 1888 cuando los terratenientes acabaron oficialmente con el sistema de esclavitud. De nuevo, un cambio sin ruptura. Brasil fue el último país del mundo en poner fin a la esclavitud, un fenómeno de arriba hacia abajo para ceder a la presión inglesa para expandir su imperio comercial. No supuso ningún problema para los ricos: ya estaban explotando la mano de obra barata inmigrante en condiciones duras similares a la servidumbre. [3] [4]
La tercera reforma ocurrió un año después, en 1889, cuando la clase gobernante declaró la transformación del Imperio en una moderna república capitalista. Ningún movimiento popular, ninguna participación popular; simplemente un acuerdo de negocios entre ricos [3] [4].
La cuarta reforma ocurrió en 1929 cuando Getulio Vargas puso fin al acuerdo político entre las elites de los Estados de Sao Paulo y Minas Gerais. Vargas provenía del sur del país y utilizó su liderazgo político y su comando militar para orquestar un golpe de Estado contra los terratenientes que habían estado controlando el gobierno federal desde 1889, aunque el propio Vargas era un terrateniente. De nuevo, un cambio sin ruptura. Bajo Vargas, desde 1930 hasta 1945, la economía se industrializó y, en cierto grado, se nacionalizó. Vargas introdujo la legislación laboral todavía hoy en vigor en Brasil, mientras que al mismo tiempo reprimía a los comunistas y a otros desafíos desde abajo. Los presidentes que vinieron después también mantuvieron el mismo orden. La consigna era ‘Orden y progreso’. Industrializar y garantizar que los poderosos siguieran siendo poderosos [3] [4].
Esto comenzó a cambiar lentamente a fines de los años sesenta cuando Joao Goulart llegó al poder y aumentó modestamente los derechos de los trabajadores. Las inclinaciones izquierdistas de Goulart y sus aproximaciones a Castro y Mao fueron lo último para la clase dominante. En 1964 lo depuso un golpe militar que impuso una dictadura durante los 21 años siguientes. El ejército reprimió las demandas populares mediante la fuerza y las cárceles asegurando así la continuación de los beneficios para los ricos.
Las décadas de dictadura militar destruyeron cualquier esperanza de reforma agraria y de un sistema decente de educación pública para las masas. Brasil se volvió incluso más desigual en las ciudades y en las áreas rurales. Una sola familia podía poseer más tierras en Brasil que toda el superficie de un país europeo occidental. Hay que imaginar lo que significa que una sola persona posea tanta tierra como Bélgica mientras tiene el control de medios periodísticos, canales de televisión, y votantes [5] [6]. Esos propietarios capitalistas eran los así llamados coronéis.
Uno de esos coronéis, José Sarney, se convirtió en el primer presidente civil en 1985 cuando acabó el control militar directo. Ningún voto popular, solo un trato político entre ricos para retirar al ejército e instalar en el poder a ricos y poderosos. Como en el caso de cualquier otro importante episodio en la historia brasileña, el pueblo volvió a estar bajo un sistema dirigido desde arriba. Sarney todavía preside el Senado.
Fue también durante el período de dictadura militar cuando se formó la primera ola de movimientos sociales auténticamente de abajo hacia arriba. Comenzando con las huelgas generales en el Estado de Sao Paulo, Lula y el Partido de los Trabajadores (PT) dirigieron manifestaciones de masas contra la opresión y la desigualdad. Los eventos desde 1978 a 1989 constituyeron un cambio importante en la lucha por la democracia social [7] [8]. Es interesante que estos movimientos hayan surgido al mismo tiempo que las agendas neoliberales de Reagan, Thatcher, y Mitterand se imponían en países desarrollados. El Partido de los Trabajadores estableció la agenda diametralmente opuesta con sus huelgas generales: era hora de que llegara la social democracia a Brasil. Otra reforma sin ruptura.
La mayor victoria del Partido de los Trabajadores tuvo lugar en 1988 con la institución de una nueva Constitución. Fue probablemente la primera victoria importante verdaderamente organizada de abajo hacia arriba [7] [8]. La Constitución institucionalizó el régimen de la propiedad privada, de los mercados y del capitalismo. También garantizó los derechos de los trabajadores y muchas otras reformas progresistas mientras la agenda neoliberal revertía esas victorias en otras partes del mundo.
Esa victoria parcial fue tan significativa que cada gobierno que lo sucedió en el poder trató sistemáticamente de anularla. Debido a la explícita manipulación de los medios, Lula, el dirigente sindical que dirigía el Partido de los Trabajadores, perdió la elección presidencial de 1989. Fue el fin del sueño socialdemócrata en Brasil. Una vez más, la clase dominante logró mantener su gobierno en el poder. De 1990 a 2002, los brasileños se enfrentaron a las subsiguientes oleadas de reformas neoliberales que apuntaban a destruir todos los logros populares de 1978 a 1989 [7] [8]. Desde los años noventa, la era neoliberal llevó a la privatización, a altas tasas de desempleo, a los masivos despidos, a unas tasas de interés tan altas que representaban un récord mundial, a los rescates para los bancos, a la liberalización comercial y financiera, y a la [9]. Una vez más, el sistema de desigualdad preservó su control de cinco siglos sobre Brasil.
Los ricos y poderosos han mantenido su dominación durante cinco siglos de la historia de Brasil y han encarado los desafíos con una mezcla de represión y reforma. La mitad de la población brasileña tiene un acceso insuficiente al agua potable, al alcantarillado y a una educación decente. Incluso ahora, en el siglo XXI, la mayoría son analfabetos funcionales. Algunos brasileños se cuentan entre los más ricos del mundo y viven como si estuvieran en Suiza; pero también contamos con los más pobres del mundo, la mayoría que sigue viviendo una vida que no es sustancialmente diferente de la de los tiempos de la esclavitud declarada [10].
Los cinco siglos de historia de Brasil son indudablemente una historia de opresión, de los muy ricos contra las masas de los pobres. Se nos dijo sistemáticamente que el gobierno carecía de dinero para invertir en educación y salud. Paradójicamente, de las mismas bocas que expresaban estas palabras provenía el mensaje de que invertirían miles de millones para preparar al país para… el fútbol. El retrato de un brasileño que ama el deporte por encima de todo choca con el coro de “al diablo con la Copa del Mundo” que ahora se escucha en las calles [11].
Ahora las calles están en llamas en todo el país. La demanda original era la reducción de los precios de buses y metros; pero ante esta historia de desigualdad y explotación, los altos precios de buses y la violencia policial provocaron algo mucho más profundo. Todos sabemos que hay algo fundamentalmente erróneo en nuestro país. Por lo tanto, lo que ves en tu pantalla es el problema que los ricos han creado para sí mismos. Es el resultado de 500 años de demandas populares insatisfechas.
Sao Paulo es ahora el escenario de disturbios diarios provocados por el problema del transporte ineficaz y costoso. El sistema de transporte público de la ciudad estuvo en manos del Estado desde 1946 y funcionaba eficientemente con conductores y personal bien remunerados. A principios de los noventa Luiza Erundina, la primera alcaldesa izquierdista de la ciudad y miembro del Partido de los Trabajadores, propugnó un sistema gratuito. Su plan era financiar un sistema de transporte público gratuito para todos mediante impuestos a las empresas y a las familias acaudaladas. Su plan causó una rebelión de los ricos. La burguesía cabildeó, hizo campañas y socavó el plan de Erundina de redistribuir los costes del transporte. Perdió la batalla. Peor todavía, Paulo Maluf, su corrupto sucesor privatizó de una vez las líneas de autobús y metro en 1995.
Siguiendo el familiar guión neoliberal, Maluf transfirió la propiedad del sistema de transporte público en la mayor ciudad de Brasil a mafias privadas que formaron un cártel para controlar los precios de los pasajes [12]. Las tres empresas que controlan el sistema de transporte en Sao Paulo poseen la mayor cantidad de autobuses públicos de todo el mundo. El negocio de transporte público en Sao Paulo es simultáneamente una de las más ineficientes y rentables empresas en Brasil [13]. Aparentemente regulado por el gobierno de la ciudad, los libros de las compañías de autobuses son cajas negras que pocos se han atrevido a abrir. Marta Suplicy, la última alcaldesa que discutió abiertamente el tema, tuvo que comenzar a usar un chaleco a prueba de balas en público.
Es normal que los residentes de Sao Paulo pasen horas yendo a y volviendo de su trabajo. Una persona pobre que vive en los cada vez mayores suburbios de Sao Paulo pierde un promedio de tres horas de viaje al trabajo en autobuses, metros y trenes urbanos ruidosos, abarrotados y caros. Los costes de transporte en Sao Paulo son los más elevados del mundo en relación con los salarios. Los residentes de Sao Paulo deben trabajar diez veces la cantidad de horas que residentes de Buenos Aires para pagar por el transporte y dos veces más que un trabajador en París [14]. Con la privatización del sistema, los conductores perdieron sus prestaciones sociales, se redujo sus ingresos y sufrieron un severo debilitamiento de sus sindicatos.
El Movimento Passe Livre, o simplemente MPL, surgió como reacción a esta continua crisis. Hace unos ocho años el MPL comenzó a organizar talleres, discusiones colectivas y manifestaciones en todo el país. Sus militantes son en su mayoría estudiantes universitarios y otros jóvenes involucrados en diversos movimientos sociales. El MPL, que trabaja fuera del sistema de partidos de Brasil, libre de presiones electorales, creó una organización horizontal con el objetivo de luchar por una política sin coste de pasajes en los centros urbanos como parte de una visión más amplia de la justicia social. El MPL fue la chispa tras esas históricas manifestaciones.
Lo que comenzó con una campaña selectiva por el transporte público gratuito en una ciudad con problemas crónicos de transporte pronto se amplió a una protesta mucho más amplia y difusa por la justicia social. El MPL y la violenta reacción policial han llevado a las masas a pronunciarse sobre la desigualdad. Ahora se producen manifestaciones masivas en los estadios donde tiene lugar la Copa de Confederaciones, en carreteras y calles en las principales ciudades de Brasil, e incluso alrededor del Congreso Nacional y del Ministerio de Asuntos Exteriores en Brasilia. Las protestas también se producen en centros comerciales, vecindarios de clase media y favelas.
Es difícil caracterizar el movimiento y la situación cambia rápidamente. No se trata de una toma del poder por comunistas. El movimiento no es radical y no está suficientemente politizado. Hasta ahora ha sido un grito contra la inmensa desigualdad y opresión que han sufrido los brasileños. También existe la creciente amenaza de que grupos reaccionarios puedan usurpar este momento político. Después de la reacción contra la represión policial durante las primeras marchas, las fuerzas conservadoras pasaron rápidamente de la represión a la apropiación. A continuación, prácticamente todos los medios y los partidos derechistas han estado a favor de los manifestantes y han tratado de utilizarlos en beneficio propio contra el Partido de los Trabajadores y el gobierno federal, sustituyendo una nebulosa plataforma contra la corrupción en lugar de otras reivindicaciones. Resulta reveladora una rápida ojeada a los periódicos Folha de São PauloEstado de São Paulo, y la red radial Rede Globo. Los conservadores están poniendo patas arriba la protesta. Manifestantes de tendencias izquierdistas luchan por reformas más radicales mientras los derechistas utilizan campañas reaccionarias contra la corrupción gubernamental para debilitar al Partido de los Trabajadores de centroizquierda. Con una débil vanguardia izquierdista y sin un impulso político claro, los manifestantes tienen el potencial de preparar el terreno para una reacción política reaccionaria más amplia.
A pesar de estas manipulaciones, las demandas de las calles exigen una ruptura de las antiguas instituciones, no la reforma. Es un clamor raro en los 500 años de profunda desigualdad en Brasil. Parecería que los brasileños finalmente se cansan de cambios menores que no han llevado a una ruptura sistémica.
Los gobiernos del Partido de los Trabajadores han producido cambios desde que Lula asumió la presidencia en 2003, pero fueron parciales y acordados. Lula cambió la distribución de ingresos para ayudar a los pobres: más programas sociales, un mayor salario mínimo y mayores tasas de empleo. Lo posibilitó un escenario internacional favorable que le permitió ayudar a los pobres sin enfrentarse a los intereses de los ricos. Los inmensos superávits comerciales de Brasil generaron los fondos para financiar programas sociales sin comprometer los beneficios de la burguesía. Sin embargo, la crisis financiera mundial que comenzó en 2008 perjudicó las condiciones para este escenario. Dilma Rousseff se enfrenta ahora a un desafío diferente. Para ayudar a los pobres tendrá que enfrentarse a los ricos. Con los recientes recortes en los gastos del gobierno y bajas tasas de crecimiento del PIB, la disputa entre ricos y pobres se convierte en un juego de suma-cero. Los pobres quieren más programas sociales, más inversión del gobierno y más redistribución de los ingresos. Sin embargo, el gobierno de Dilma no produjo los resultados esperados.
Los recientes eventos han cristalizado la separación del Partido de los Trabajadores de los movimientos de masas de los que surgió. No ha emergido ninguna vanguardia política para representar los problemas de la gente. La puerta sigue abierta para que la derecha se aproveche de la agitación popular.
La situación es muy fluida y el resultado sigue siendo poco claro. Los dirigentes políticos tradicionales están estupefactos y han demostrado que no saben cómo reaccionar. El Partido de los Trabajadores está restringido por el peso de los compromisos políticos alcanzados con la burguesía durante la última década. Fernando Haddad, elegido recientemente alcalde de Sao Paulo, y Geraldo Alkmin, gobernador de Sao Paulo, se opusieron a abrogar el aumento de tarifas exigido por el MPL hasta que más de 100.000 personas llenaron a rebosar las calles. Por desgracia, la decisión de anular los aumentos de los pasajes tendrá lugar al precio de transferir aún más dineros públicos mediante subsidios a los cárteles del transporte privado. En todo caso, la población acabará pagando el aumento de los pasajes a través de los impuestos.
Los muy ricos también están inquietos. Esperan ganar miles de millones en beneficios de la Copa del Mundo en 2014 y de los Juegos Olímpicos en 2016. Corporaciones capitalistas transnacionales como la FIFA son conscientes de que el aumento de las manifestaciones podría afectar a sus ganancias. Irónicamente, podría resultar que el fútbol no resulte ser tan rentable en el país conocido por ser su más ferviente aficionado. Los proyectos faraónicos de estadios suponen un agudo contraste con la falta de hospitales, de transporte público decente y de escuelas para las masas, las mismas masas que no tendrán el dinero necesario para adquirir entradas extremadamente costosas. La política de pan y circo puede haber terminado por producir todo lo contrario, descontento. ¿Quién hubiera pensado algo semejante en Brasil?
Tomas Rotta es estudiante de doctorado en el programa de economía de la Universidad de Massachusetts Amherst. Creció en Sao Paulo, Brasil.
Notas:
[1] Ribeiro, Darcy. The Brazilian People: The Formation and Meaning of Brazil. University Press of Florida, 2000.
[2] Freyre, Gilberto. Casagrande e Senzala. Editora Global, 2005.
[3] Prado Jr, Caio. História Econômica do Brasil. São Paulo: Editora Brasiliense, 2008.
[4] Furtado, Celso. Formação Econômica do Brasil. Editora Companhia Das Letras, 2006.
[5] Castilho, Alceu Luis. Partido da Terra: Como os Políticos Conquistam o Território Brasileiro. Editora Contexto, 2012.
[6] Giradi, Eduardo Paulon. Atlas da Questão Agrária Brasileira. Unesp. Tomado de: http://www2.fct.unesp.br/nera/atlas/estrutura_fundiaria.htm
[7] Singer, André. Raízes sociais e ideológicas do lulismo. Novos Estudos (85), CEBRAP, 2009, pp. 83102
[8] Singer, André. A segunda alma do Partido dos Trabalhadores. Novos Estudos (88), CEBRAP, 2010, pp. 89111.
[9] Belluzzo, Luiz G. M. and Almeida, Júlio S. G. Depois da Queda: A Economia Brasileira da Crise da Dívida aos Impasses do Real. Editora Civilização Brasileira, 2002.
[10] IBGE. Estatísticas do Século XX. Rio de Janeiro: Instituto Brasileiro de Geografia e Estatística, 2006. Retrieved from: http://www.ibge.gov.br/seculoxx/seculoxx.pdf
[11] Aquí: http://brasildebrinquedo.files.wordpress.com/2013/04/foda-se-a-copa.jpg Aquí: https://sphotos-a.xx.fbcdn.net/hphotos-ash4/p480x480/485431_228726430585199_604983142_n.jpg Y aquí: http://2.bp.blogspot.com/–Q9X04hJXUQ/UOo-Drfw8YI/AAAAAAAANAY/BpT94lkx6yg/s1600/foda+se+a+copa.jpg
[12] Souto, Fernando. “Como as empresas de ônibus maquiam custos”. OutrasMídias. Tomado el 17 de junio de 2013 de: http://outraspalavras.net/outrasmidias/?p=12643
[13] Gusmão, Marcos and Edward, José. “Os barões do transporte urbano”. Revista Veja. Tomado el 17 de junio de 2013 de: http://veja.abril.com.br/280198/p_064.html
[14] Dana, Samy y Siqueira, Leonardo. “Análise: A tarifa de ônibus por aqui está entre as mais caras do mundo”. Folha de São Paulo. Tomado el 17 de junio de 2013 de:http://www1.folha.uol.com.br/cotidiano/2013/06/1296233-analise-a-tarifa-de-onibus-por-aqui-esta-entre-as-mais-caras-do-mundo.shtml
Fuente: http://www.counterpunch.org/2013/06/25/brazil-2013-mass-demonstrations-the-world-cup-and-500-years-of-oppression/
rBMB

 

Brasil: lecciones para la izquierda y…

Ángel Guerra Cabrera

Rebelión

La presidenta Dilma Rouseff mostró la madera de que está hecha con la firme voluntad rectificadora expresada ante las grandes protestas de las últimas semanas. Dialogó con el Movimiento Pase Libre, lo que ningún gobernante ha hecho con sus indignados, llámese PiñeraObama, Zapatero o Rajoy. Mandó la pelota al lado del parlamento al proponer iniciativas en respuesta a varias de las demandas de las insubordinadas calles a las que los legisladores tendrán que responde por su aprobación. Con esa audaz jugada podría muy bien recuperar la iniciativa política.Es muy importante la propuesta de reforma política, que regularía y reduciría sustancialmente los exorbitantes gastos de campaña de los candidatos, financiados por empresarios a cambio de favores inconfesables. Igual que las medidas para mejorar la educación, la salud y el trasporte público busca dar respuesta a las protestas.
La ex guerrillera forma parte de una hornada de líderes latinoamericanos de raíz popular que contrasta con la grisura, pusilanimidad y sometimiento incondicional al capital financiero de una mayoría de sus pares en el mundo actual.
Aunque las protestas evidencian errores de conducción de los gobiernos de Lula y Dilma, en la explosividad social subyacen profundas, complejas y multifacéticas causas, no todas imputables a la gestión de los últimos once años. Paradójicamente, una parte importante de quienes protestan fue sacada de la marginalidad precisamente por las políticas incluyentes de ese periodo. No es la primera vez que ocurre en la historia de las rebeliones sociales pero es un dato importante para el debate.
Brasil es un espejo en el que deben mirarse otros países latinoamericanos. En el análisis de las causas del reciente estallido realizado por el líder del Movimiento de los Trabajadores sin Tierra Joao Pedro Stédile(La Jornada, 25 de julio), destaca una crisis urbana provocada por el capitalismo financiero con una enorme especulación inmobiliaria, venta incontrolada de automóviles, caos vehicular y una década sin invertir en el trasporte público. Añadiría que un ingrediente básico de esa crisis es la aplicación de las llamadas políticas de modernización agrícola, expulsoras de millones a las ciudades y, en el caso de México, también a Estados Unidos.
Otra necesidad urgente de Brasil es una profunda reforma agraria. La brutal represión de las policías estaduales controladas por gobernadores de oposición ha añadido mucha indignación pero nadie la para.
Para los gobiernos anti Consenso de Washington y para las formaciones populares que aspiran a gobernar queda claro el imperativo de impulsar extensamente el transporte público gratuito o a muy bajo costo. Buscando de una vez los sistemas menos contaminantes y desestimulando todo lo posible el uso del ecológica y culturalmente dañino automóvil.
Después de la rebelión brasileña nadie debería tener dudas sobre el deber de los estados de garantizar gratuitamente la educación y la salud integrales como derechos humanos primordiales, universales e inalienables. Cuba demuestra hace muchos años la enorme cohesión social y política y la cultura solidaria que genera el asegurar esos derechos.
Pero la solución de graves y grandes problemas sociales no sólo deriva apoyo y consenso social. También diversidad sociológica y nuevas culturas, apetencias y aspiraciones. Nuevas contradicciones sociales y políticas en fin. Por eso para los gobiernos de orientación popular cada meta es un nuevo punto de partida.
Cuando crece el empleo y el poder adquisitivo de la población es indispensable estimular una gran elevación del nivel cultural y del espíritu asociativo pues solo así es posible dotar al individuo de las herramientas para cribar el barraje mediático consumista e individualista.
Las protestas han demostrado el hartazgo de la gente con los partidos políticos, incluyendo al PT. Por eso Dilma hizo tabla rasa al convocar al debate público y al plebiscito, propiciando a la protesta callejera una solución institucional a sus demandas. En las protestas no han intervenido hasta ahora la clase obrera y otros sectores de trabajadores, los sin tierra, los indígenas y los quilombolas, integrantes fundamentales del pueblo brasileño.
Es indispensable que ellos participen del debate ya, única forma de evitar el riesgo de una deriva antipopular del movimiento. Justo lo que buscan Washington, la derecha y la corrupta mafia mediática, locos por hacerse del gobierno en 2014.
Twitter: aguerraguerra

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.

 

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