¡Maquiavelismo puro…!


César MedinaLobarnechea1@hotmail.com

En política está prohibido improvisar… Y la escuela del italiano NiccolÚ di Bernardo dei Machiavelli– el mismísimo Maquiavelo– recomienda qué hacer en cada caso desde los finales del siglo XV.
En ese arte maquiavélico de gobernar un país con las características de este mulataje rebelde, Joaquín Balaguer fue un auténtico maestro. Y Leonel le sigue los pasos.
La diferencia son los métodos, aunque en todos los casos prevalece el criterio del guante de seda en una mano y en la otra la manopla de acero. Pero antes de eso hay que ganar el poder, y en nuestro esquema el poder sólo se gana con votos que hay que salir a buscar “hasta debajo de las piedras…”
“Y si no aparecen los votos… tienen que aparecer los votos”, así de simple.
El problema viene después que se tiene el poder… ¿Qué hacer con él?
Los manuales maquiavélicos recomiendan que más importante que el poder, es mantenerse en él. “No importan los medios”, lo cual luce aberrante, pero eso es la política.
Por supuesto, en ese punto es donde entra en juego la inteligencia de un político y sus asesores para mantenerse en el poder sin transgredir los principios que legitiman su mandato y sin violar las normas morales y éticas que le dieron origen.
Sólo con las manoplas
Hay gobernantes que no tienen escrúpulos– la humanidad los registra por miles– y conservan el poder a sangre y fuego violando todas las reglas. Se ponen el guante de acero en las dos manos, y se quedan a la mala… ¡Pero terminan en el zafacón de la historia! Trujillo es un ejemplo.
Esos son los menos inteligentes, los que se ofuscan con la transitoriedad del mando porque no tienen referentes históricos. Y el poder, lo sabe todo el mundo, enceguece.
Los otros, los más inteligentes, saben cuándo irse y cómo partir. Porque no se van para siempre… ¡Suelen volver!
Balaguer es el gran maestro de la política dominicana. Pero no porque inventara nada; simplemente porque aplicó los manuales del poder político y supo colocar cada cosa en su sitio y en su momento.
Ante una sociedad inculta, incapaz de administrar una democracia que no conocía y que menos entendía, Balaguer actuaba a veces como el déspota de una tiranía, y otras veces como el demócrata más comprensivo, humano y tolerante.
Si había que matar, él no mataba… Pero se hacía el loco, el desentendido.
También matan guardias
“Los guardias y los policías también son dominicanos y tienen madres, hijos, hermanos…” La frase la pronunció Balaguer en un momento de muchas protestas por las acciones criminales de La Banda, que llenaba las calles de terror.
Pero cuando lo consideró conveniente para su gobierno, ordenó desmantelar esa organización parapolicial y apresar a todos sus miembros y dirigentes. Algunos se suicidaron, otros se fueron por años al exilio, y la mayoría purgó cárcel por buen rato.
Y así manejó Balaguer el país en sus primeros 12 años de gobierno… Mezcla de terror, avances económicos; represión política, desarrollo de infraestructura; corrupción administrativa, distribución del ingreso.
Creó una nueva clase media con poder de compra y los más pobres accedieron por primera vez a una migaja estatal que nunca habían tenido.
Se fue del poder cuando ya no pudo seguir… Pero se fue para volver. Y cuando volvió, volvió otro Balaguer.
Es preciso volver al tema. Porque parece ser que Leonel recorre ese camino.
TOMADO DEL LISTIN DIARIO

Historia y memoria de la base de Guantánamo

Map of Cuba with the location of Guantánamo Ba...

Por Marta Denis Valle *

La Habana (PL) Secuela de la intervención militar de 1898, Estados Unidos usurpa en suelo cubano parte de la bahía de Guantánamo, una de las mejores del país, enclave de una base naval desde hace más de 100 años.

Esta base que constituye un puñal en la espalda de Cuba, convertida en cárcel ilegal desde hace más de 10 años, ocupa la actualidad mundial por la huelga de hambre de más de un centenar de los recluidos, sometidos a graves violaciones y condiciones infrahumanas.

El 10 de diciembre de 1903, Estados Unidos tomó posesión de parte de la bahía de Guantánamo y tierras colindantes, amparada en la situación neocolonial en que nació la república cubana bajo la ocupación militar norteamericana.

Se trata de un área de 117,6 kilómetros cuadrados (49,4 de tierra firme y el resto de agua y pantanos, con una línea de costa de 17,5 kilómetros), que Washington retiene contra la voluntad del pueblo y gobierno cubanos.

La denominada Enmienda Platt, una ley del congreso estadounidense, impuesta a la primera Constitución republicana, en 1901, marcó la pauta neocolonial con derecho a la intervención militar y el establecimiento de bases, entre otras limitaciones de su soberanía.

En cumplimiento del Artículo VII de la Enmienda Platt, se firmó el Convenio correspondiente a bases o carboneras por ambos presidentes (16/23 de febrero de 1903) y un convenio complementario el 2 de julio del propio año por funcionarios de los dos países.

Así Cuba fue obligada a aceptar el arrendamiento de extensiones de tierra y agua “por el tiempo que las necesitare”, en la bahía de Guantánamo y Bahía Honda, pero finalmente abandonaron el último objetivo a cambio de más espacio en la primera.

El Gobierno de los Estados Unidos se comprometió “a hacer todo cuanto fuere necesario para poner dichos lugares en condiciones de usarse exclusivamente como estaciones carboneras o navales y para ningún otro objeto”. (Artículo II del Convenio).

La pretensión inicial era de venta o arriendo de los terrenos para carboneras o estaciones navales en número de cuatro, entre las que se mencionó a Guantánamo, Nipe, Bahía Honda y Cienfuegos, e incluso La Habana.

Este engendro de tiempos pasados se mantuvo en el tratado bilateral firmado en 1934, hasta tanto -dice- las dos partes contratantes no se pongan de acuerdo para la modificación o abrogación de las estipulaciones del Convenio de 1903, que seguirán en vigor en cuanto a la estación naval de Guantánamo, en las mismas formas y condiciones fijadas en el convenio suplementario.

AGRESIONES Y VIOLACIONES

Antes del desembarco y batalla en Santiago de Cuba, al tiempo que Estados Unidos preparaba la intervención en la guerra independentista cubana, en 1898, y la derrota de España, previó apoderarse de la bahía de Guantánamo, famosa por sus condiciones naturales.

El 7 de junio de 1898 fueron bombardeados los fuertes de Caimanera, en la bahía de Guantánamo, y ocupada ésta en los días siguientes, desembarcaron 600 infantes de marina -los primeros que pisaron tierra-, quienes se atrincheraron en la costa.

La historia registra que por el asombro que le provocó su amplitud, Cristóbal Colón llamó a esta bahía Puerto Grande (1494) durante su segundo viaje de navegación; fue refugio de piratas y bucaneros a lo largo de los siglos.

Reino Unido fracasó en su intento de establecer allí una colonia en 1741, nombrada Cumberland; el hostigamiento de las guerrillas de vecinos y la costa pantanosa dificultó el propósito de avanzar por tierra para atacar las baterías bajas instaladas en la bahía santiaguera.

Pero tuvieron tiempo suficiente para estudiar su flora y fauna, explorar la amplia bahía y determinar su importancia estratégica.

En la empresa de cinco meses movilizaron más de cuatro mil soldados y más de mil negros esclavos, así como nueve barcos de línea, 12 fragatas y 41 transportes.

Aunque esta bahía de bolsa tiene buenas características en cuanto a profundidad, seguridad y capacidad, la existencia de una base naval en el lugar carece de importancia estratégica hace mucho tiempo.

Tanto en la etapa neocolonial como después del triunfo de la Revolución Cubana (1959), la base ha servido para agresiones y violaciones de la soberanía del pueblo cubano.

A raíz de sucesos internos en Cuba, en 1912 y 1917, salieron tropas norteamericanas de la Base que ocuparon diferentes poblaciones de la antigua provincia de Oriente.

En el primer caso, con el pretexto de “proteger vidas y haciendas de ciudadanos estadounidenses”, y en el segundo, la “protección del suministro de agua a la Base”.

Como parte del sostén de Washington a la dictadura de Fulgencio Batista, allí eran abastecidos, en 1957 y 1958, los aviones para bombardear las montañas donde operaba el Ejército Rebelde y arrasar con las zonas campesinas en los territorios liberados.

Desde el triunfo de la Revolución Cubana (1959), la Base se convirtió en foco permanente de amenaza, provocación y violación de la soberanía de Cuba, como parte de la política agresiva de Estados Unidos contra este país.

El Departamento de Estado norteamericano aclaró el 4 de enero de 1961 que la ruptura de las relaciones diplomáticas con Cuba, ocurrida la víspera, “no afecta el status de nuestra estación naval en Guantánamo”.

Miles de incidentes fueron reportados desde entonces, entre ellos violaciones de la línea divisoria fronteriza, del espacio aéreo y marítimo cubanos, así como diversas provocaciones:

Las más comunes, ofensas de palabras, gestos obscenos y actos pornográficos, iluminación con reflectores de las casetas de las postas cubanas, disparos con armas y amenazas con cañones, tanques y ametralladoras contra el personal e instalaciones.

A causa de esas agresiones, fallecieron ocho cubanos y 15 quedaron incapacitados.

De las víctimas fueron bárbaramente torturados y asesinados por militares estadounidenses los obreros Manuel Prieto Gómez y Rubén López Sabariego, ambos en 1961, y el pescador Rodolfo Rosell Salas en 1962.

Los jóvenes Ramón López Peña (1964) y Luis Ramírez López (1966), soldados fronterizos, resultaron asesinados por disparos realizados desde esa instalación norteamericana.

Cuba defiende públicamente su derecho a la recuperación de ese territorio, pero nunca lo hará mediante el empleo de la fuerza, y en más de una oportunidad ha condenado la atroz violación de los derechos humanos en la cárcel de la ilegal base naval de Guantánamo.

Le asiste el peso de la Constitución de la República, aprobada por referendo nacional en 1976, que repudia y considera ilegales y nulos los tratados, pactos o concesiones concertados en condiciones de desigualdad o que desconocen o disminuyen su soberanía sobre cualquier porción del territorio cubano.

*Historiadora, periodista y colaboradora de Prensa Latina.

arb/MDV

El Berlín de Rosa Luxemburgo

English: Rosa Luxemburg, socialist revolutiona...
English: Rosa Luxemburg, socialist revolutionary leader. Español: Rosa Luxemburgo, dirigente socialista revolucionaria. (Photo credit: Wikipedia)

La tarde que me encontré con la escritora argentina Esther Andradi, quien reside en Berlín desde hace muchísimos años, lo primero que se nos ocurrió, entre la emoción de conocernos en persona y compartir opiniones, fue visitar el lugar donde fue victimada Rosa Luxemburgo, la revolucionaria marxista que nació en Polonia en 1871 y murió en Alemania en 1919. Tenía mucho interés por saber algo más sobre ella, que es una de las mujeres emblemáticas  del movimiento obrero internacional, cuyo compromiso político la enfrentó tanto al machismo patriarcal como al sistema capitalista.

Rosa Luxemburgo era hija de un comerciante maderero judío en un pequeño poblado de Polonia. Creció en Varsovia, egresó del colegio secundario a los 18 años de edad y asumió las posturas de la izquierda radical, que amenazaban con lanzarla a la cárcel. Entonces emigró a Suiza, donde prosiguió sus estudios universitarios. Su capacidad intelectual era tan prodigiosa que cursó simultáneamente filosofía, historia, derecho, política, economía y matemáticas en la Universidad de Zúrich .

Sus biógrafos aseveran que nació con un defecto congénito que marcó toda su vida. A la edad de cinco años, después de permanecer postrada en la cama por una dolencia en la cadera, quedó con una cojera permanente. Sin embargo, gracias a su fuerza de voluntad y temple de acero, se convirtió en una de esas niñas que, a pesar de las dificultades, se esfuerzan por sacarle ventajas a su inteligencia y sus garras de luchadora indomable. Y, aunque era delgada y menuda, con apenas un metro y medio de estatura, inspiraba natural admiración entre sus partidarios y adversarios políticos, de quienes se burlaba increíblemente, poniéndolos en ridículo con su rapidez verbal, su sentido del humor y su ironía a toda prueba. Por lo tanto, es fácil suponer que una discusión con ella era como enfrentarse a un temible torbellino de palabras e ideas capaces de desarmar a cualquiera.

 Cuando salimos de la estación del metro, a un costado de la espléndida Potsdamer Platz, caminamos hacia donde está el monumento a la memoria de Rosa Luxemburgo, que se erige a orillas de un canal del distrito de Tiergarten (sur de Berlín). En el trayecto, Esther Andradi aprovechó para enseñarme el Hotel Edén, en las cercanías del Jardín Zoológico y el Parque Tiergarten, donde Rosa Luxemburgo y Karl Liebknecht permanecieron arrestados por un tiempo, luego de haber sido capturados la noche del 15 de enero de 1919 por un grupo de soldados de la tropa de asalto, quienes, en lugar de llevarlos a la prisión, decidieron acabar con sus vidas. “Los torturaron hasta la inconciencia y los condujeron a rastras hasta un automóvil”, me contó Andradi. Después prosiguió: “Cuando llegaron a las orillas del Landwehrkanal, les descerrajaron un tiro a quemarropa y se deshicieron de los cuerpos. Un zapato de Rosa quedó en el camino como símbolo de esa barbarie…”.

Estando ya en lugar donde se perpetró el crimen, donde parece haber quedado el olor a pólvora y los quejidos de dolor, no cuesta mucho imaginar cómo los cuerpos, tras haber sido flagelados y perforados con un tiro en la nuca, fueron arrojados a las aguas congeladas del canal, rompiendo la capa de hielo de la superficie bajo un cielo sin luna ni estrellas. “Cuando los restos de Rosa Luxemburgo y Karl Liebknecht fueron recuperados varios meses más tarde, en mayo de 1919, una multitud los acompañó hasta su sepultura y así nació el culto”, dijo Andradi. Desde entonces, cada año, un domingo a mediados de enero, tanto en el Este como en el Oeste de Berlín, son miles y miles sus incondicionales seguidores que, con un clavel rojo en la mano y plegarias en los labios, rinden homenaje a estos dos luchadores comunistas, quienes, lejos de haber desaparecido del escenario político, pasaron a constituirse en símbolos del marxismo internacional.

 El monumento a la memoria de Rosa Luxemburgo, donde no faltan flores ni mensajes escritos a mano , es una portentosa barra de fierro, mitad sumergida en el agua y mitad erguida en el aire, como si el artista, consciente de la grandeza humana e ideológica de una de las mujeres más significativas del siglo XX, hubiera querido perpetuarla como una alegoría del futuro. A unos pasos más allá del monumento, luce una placa conmemorativa empotrada en una pared, que parece haber sido construida sólo con el fin de dejar constancia de que allí se halló el cadáver de la revolucionaria marxista.

 

 A poco de visitar el sitio, que convoca a la reflexión y conmociona el alma, cruzamos por el puente de hierro macizo que lleva su nombre y, amparados por una noche nublada y corrientes de aire frío, nos endilgamos a paso lento hacia un restaurante ubicado cerca del canal, en medio de un paisaje boscoso y silencioso. Nos sentamos cerca de la ventana, que daba hacia un jardín con pileta y vegetación exuberante. Esther Andradi se sirvió una taza de café humeante y yo un café al coñac, mientras miraba en una pantalla gigantesca el rotativo de la película “Casablanca”, con Ingrid Bergman y Humphrey Bogard, y escuchábamos la música de fondo compuesta por el vienés Max Steiner, que parecía provenir desde un misterioso territorio sólo habitado por los enamorados platónicos que saben combinar a las mil maravillas los impactos de la música, la política, la imagen y la literatura. Sin embargo, no está por demás decir que yo , en ese mismo ambiente romántico, lleno de candelabros, cuadros alegóricos, bebidas y comidas ligeras, hubiera preferido ver la película que rodó Margareth von Trotta, con Barbara Sukowa en el papel estelar, sobre la historia de Rosa Luxemburgo, o escuchar el musical ” Rosa ” , que el elenco teatral Grips puso en escena, con proletarios ataviados con ” tweed ” bajo el leit motiv ” Soy un ser humano, no soy un símbolo ” .

El tiempo que disfrutamos de una charla amena, nos sirvió para conocernos mejor y seguir intercambiando opiniones sobre temas de interés común. Le hablé de Domitila Chungara, entre otras lcuchadoras sociales bolivianas, y ella retomó la conversación sobre Rosa Luxemburgo, a quien la considera “ la más democrática de las revolucionarias, antimilitarista y feminista”, aparte de que compartía con Carlos Marx su origen judío y sus teorías sobre la necesaria revolución proletaria para liberar a los oprimidos de la explotación capitalista.

En 1898, a los 27 años de edad, contrajo matrimonio por primera vez con el socialista Gustav Lübeck, obtuvo la ciudadanía alemana y se mudó a Berlín, donde enseñó marxismo y economía política en el centro de formación del Partido Socialdemócrata Alemán (SPD). Allí militó activamente con la fracción más izquierdista de este partido, hasta que en 1914 se opuso radicalmente a la participación de los socialdemócratas en la Primera Guerra Mundial, por considerarla un “enfrentamiento entre imperialistas”, pero los representantes socialdemócratas, a quienes no dudó en tildarlos de nacionalistas y contrarrevolucionarios, votaron a favor de la intervención armada; una decisión que le afectó emocionalmente a Rosa Luxemburgo, quien incluso llegó a considerar la posibilidad del suicidio, pues el revisionismo, al cual se había opuesto desde 1899, había triunfado y la guerra estaba en marcha.

Poco después, Rosa Luxemburgo y su compañero Karl Liebknecht fundaron el grupo Espartaco -emulando al gladiador tracio que intentó liberar a los esclavos y puso en jaque al imperio romano entre los años 71 y 73 a.C- y editaron el periódico “La Bandera Roja”, que aglutinó a un grupo marxista revolucionario que dio origen al Partido Comunista de Alemania (KPD), el 1 de enero de 1919, dispuesto a instaurar el socialismo en el país tan pronto como fuera posible. Estaba convencida de que el partido era la avanzadilla del proletariado, “una pequeña pieza del total de la masa trabajadora; sangre de su sangre, carne de su carne”. Asimismo, consideraba que “el deber del partido consiste solamente en educar a las masas no desarrolladas para llevarlas a su independencia, haciéndolas capaces de tomar el poder por sí mismas”.

Rosa Luxemburgo, acusada de extremista por sus arengas antimilitaristas y antibelicistas, fue condenada nuevamente a la prisión. Esta vez por dos años y medio, desde julio de 1916 hasta el 8 noviembre de 1918. Durante el tiempo de su cautiverio no dejó de leer ni escribir en su celda; es más, se dio modos de hacer llegar cartas clandestinas y mensajes cifrados, por intermedio de su fiel amiga y secretaria Mathilde Jakob, a su compañero y segundo esposo Leo Jogisches.

En concepto de sus biógrafos, sus cartas desde la cárcel son literatura y documentos históricos que marcaron una época vital en su actividad política. A esa época pertenecen varios de los artículos que escribió y publicó bajo el seudónimo de “Junius”, y el ensayo “La revolución rusa” (1916 -1918), en el cual criticaba, con lucidez y criterio constructivo, el modelo de dictadura proletaria instaurado en Rusia, porque consideraba que esta revolución no podía exportarse a otros países, aunque no admitía la teoría del “socialismo en un solo país”, y que el verticalismo de su organización representaba un peligro para la democracia del partido. Sus palabras fueron tan certeras que, tras la muerte de Lenin, el estalinismo burocratizó el partido y desató una persecución contra los mismos artífices de la revolución de octubre.

El último año de su vida, enfrentándose a sus enemigos con el mismo coraje de siempre, p articipó en la frustrada revolución de 1919 en Berlín, aun cuando este levantamiento tuvo lugar en contra de sus consejos. La revuelta fue sofocada por el ejército y por miembros de los “Freikorps” (grupos de mercenarios nacionalistas de derecha); ocasión en la que cientos de personas, entre ellas Rosa Luxemburgo y Karl Liebknecht, fueron encarceladas, torturadas y asesinadas. Nunca se llegaron a esclarecer los hechos en su totalidad, y Waldemar Pabst, el entonces joven oficial de guardia de caballería prusiana, quien dio la orden de arresto, murió en su cama a los 90 años en Düsseldorf, después de haber ejercido con éxito el comercio de armas, haber colaborado con el régimen nazi, y sin haber sido acusado jamás por el asesinato de Rosa Luxemburgo y los demás revolucionarios que ofrendaron sus vidas a la causa del socialismo.

Desde su trágica muerte no faltaron hombres y mujeres que retomaron su antorcha de lucha, aunque su legado teórico fue motivo de controversias; Lenin refutó sus críticas comparándola con un “águila con vuelo de gallina”, Stalin la acusó de “ centrista”, en tanto Trotsky, quizás el que mejor interpretó sus críticas contra la organización burocrática del partido y sus ideas de una revolución internacionalista, la reivindicó como la inspiradora de “la revolución permanente”.

Es verdad que la desaparición de Rosa Luxemburgo privó al socialismo internacional de una de sus más brillantes exponentes, pero es verdad también que su pensamiento ha logrado sobrevivir a su muerte y que su cruel asesinato la convirtió en una figura emblemática en el ámbito de quienes, además de seguir leyendo sus libros más conocidos, como “ Reforma o Revolución” , “ Huelga de masas, partido y sindicato” , “ La acumulación del capital” y “La revolución rusa”, hicieron carne de su carne la famosa frase que escribió desde la prisión en junio de 1916: “La libertad siempre ha sido y es la libertad para aquellos que piensan diferente”.

Muy entrada ya la noche, y luego de haber intercambiado opiniones con Esther Andradi, abandonamos el restaurante y caminamos rumbo a la estación de Potsdamer Platz, en cuyo laberinto hecho de comercios, pilares, luces, afiches, gradas mecánicas y rieles, descendimos hasta el andén por donde pasaría el metro en dirección al centro de Berlín. Nos metimos en uno de los vagones y avanzamos un par de estaciones, hasta que Andradi se alistó para apearse antes que yo. Nos miramos fijamente por un instante, casi sin cruzar palabras y , convencidos de que compartíamos varias inquietudes en lo político y literario, nos fundimos en un caluroso abrazo de compañeros, poco antes de despedirnos con la misma emoción que afloró al conocernos por primera vez en el Berlín de Rosa Luxemburgo.

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.