Leonora Ramírez 
Más que hacer un análisis cuantitativo de la pobreza, como ejercicio previo para aplicar programas que la erradiquen, es necesario extender las evaluaciones a la cotidianidad de la gente, a sus espacios de convivencia, porque según una investigación de la socióloga Tahira Vargas, hay un tejido social basado en expresiones que sostienen la vida en pobreza.
El estudio, realizado en el barrio La Altagracia, de Herrera, en el municipio Santo Domingo Oeste, le permitió establecer que no se puede intervenir en la pobreza de esos sectores tomando sólo en cuenta las unidades domésticas, ya que es preciso integrar las redes sociales de supervivencia.
Estas redes las identifica como los “sanes”, apoyo en caso de enfermedad, préstamos de electrodomésticos, compra de artículos comestibles, rifas, préstamos y fiaos, y venta informal de ropa. Pero advierte que las mismas pueden convertirse en mecanismos de resistencia, a posibles intervenciones que se realicen en el barrio para reducir la pobreza.
“El ejemplo mismo es la donación de artículos comestibles o de tejidos. La que se otorga a familias desde los planes de erradicación de la pobreza fomentados por la gestión pública, no han tenido efectos en el barrio, porque no toman en cuenta la presencia de estas redes que redimensionan esas ayudas”.
Al analizar las zonas marginadas desde su entramado social y su cohesión, a través de las relaciones de familiaridad, se percibe que en la lógica de la pobreza los factores económicos sociales se entretejen, según Vargas.
“La lógica económica de los moradores del barrio está permeada por las redes. Las decisiones económicas están matizadas por la consulta permanente al vecino y al familiar para ahorrar, para el uso y compra de artículos electrodomésticos que son la “inversión” de los moradores del barrio”.
Desde esa perspectiva plantea que, si se estudia la pobreza desde el análisis de esas estructuras sociales, habría un mayor conocimiento de la realidad socio-económica del barrio y por tanto las posibilidades de intervención serían mejores.
LA VIDA EN EL BARRIO
“La pobreza en los barrios urbano-marginales de Santo Domingo, y sus expresiones en la estructura social a través de redes”, fue realizado por Vargas y el equipo de investigación social del Instituto Tecnológico de Santo Domingo (INTEC). En el mismo se particularizan las redes de supervivencia entre mujeres y hombres, aunque por razones de tiempo y espacio la autora se explaya más en el área femenina. En tal sentido, plantea que los mecanismos de supervivencia entre las mujeres se tejen en redes coyunturales y permanentes.
Como anillo al dedo cae en ese renglón el “san”, un medio de ahorro informal y cooperativo que demuestra la gran capacidad disciplinaria y administrativa de éstas. No sólo el aspecto material aparece en la cotidianidad del barrio; la solidaridad se presenta en el apoyo emocional en los casos de enfermedad y muerte.
De acuerdo a Vargas, el fiao y el préstamo son constantes de supervivencia. El primero se otorga a través de la compra de artículos alimenticios y de vestir, así como en la oferta de servicios como lavado de cabeza y costura.”El préstamo de artículos es una pauta que articula redes de casi todas las mujeres de la calle donde se hizo la investigación. Para las vecinas su relación con las demás se condiciona con la reciprocidad para prestar servicios o artículos de la casa; estos favores crean los lazos que condicionan las relaciones vecinales hacia el futuro”.
En su investigación, Vargas explora otro ámbito de relacionamiento en el barrio: el intercambio en la calle. En el mismo está implícita la disponibilidad de intercambio sin límites en cuanto a favores, intercambio de servicios y uso de espacio físico. Lo contrario generaría conflictos entre las partes. Pero el intercambio también se relaciona con el trueque de informaciones y de control social. En este sentido, “hay que destacar que las relaciones vecinales están matizadas por el chismorreo, las mujeres, sobre todo, deben estar dispuestas a chismorrear y compartir informaciones y controles entre sí”.
LAS REDES MASCULINAS
Los hombres también forman parte de la cadena de convivencia en el barrio, pero de una forma menos íntima y más comercial. Al explicar que la red es parte de la cultura relacional del mismo, Vargas precisa que el quehacer cotidiano y laboral está matizado por redes de distintas dimensiones. “Y nos parece importante destacar que muchas personas se articulan en redes aún ofreciendo diversos servicios, pero no tienen letreros ni identificación externa”. Los servicios que ofrecen son plomería, arreglo de electrodomésticos como estufas y neveras, carpintería, ebanistería, electricidad, y compra de gas.
LA INTIMIDAD DE LA CALLE
Dos calles del sector La Altagracia fueron las elegidas por Vargas para desarrollar la investigación.
Al referirse al contexto del espacio manifestó que “el espacio-calle” se convierte en el lugar de interacción social . “La calle tiene una significación importante para las mujeres en la medida que es el lugar de encuentro, espacio de materialización de las redes de ocio, de actividades domésticas y de supervivencia”.
“Es en la calle donde las mujeres reiteradamente se activan, disocian y reclaman la presencia de aquellas que no se articulan a los espacios de encuentro en determinadas horas del día”.
El análisis del componente familiar está incluido en la investigación. Vargas lo define, más allá del parentezco, como una pauta cultural que permea las relaciones en la calle.”El vecino es la familia más cercana. La familia es más que un grupo doméstico en la calle, es la calle misma”.
COMPLEJIDAD DE LA POBREZA (NOTA COMPLEMENTARIA)
Para Vargas la pobreza es un fenómeno complejo en esta sociedad, y en cuanto a su análisis, destacó que los realizados en el país tienden a partir de estándares precodificados y absolutos, donde el punto de partida tiende a ser la medición cuantitativa de cuántos pobres hay y dónde se encuentran.
“No deja de ser importante analizar la cantidad de pobres, la ubicación geográfica de los mismos, su crecimiento cuantitativo y otros indicadores, pero esto no es suficiente. “La pobreza tiene implicaciones socio-económicas y culturales que se entrelazan en un tejido de relaciones complejas, cuya separación y cuantificación no necesariamente expresa la realidad en su totalidad”.
El tema de la reducción de la pobreza ha sido recurrente en los programas de gobierno de los partidos políticos, y base de sustentación de la mayoría de los gobiernos dominicanos.
La precariedad en que viven los residentes de los barrios marginados y de los campos del país, principalmente por la ausencia de servicios básicos y el desempleo, demuestra que la lucha contra la pobreza no ha sido totalmente efectiva. Lo que pretende Vargas con este estudio es que se sensibilicen los programas de reducción de la pobreza, que antes de cuantificar sus actores, se conozcan sus relaciones cotidianas, sus formas de convivencia y supervivencia.
Leonora Ramírez | hoy.com.do | 14-08-2003