Imperialismo del siglo XXI

Lenin

 

  La teoría clásica del imperialismo

La concepción marxista del imperialismo está emparentada con el folleto escrito por Lenin, en el marco de la Primera Guerra mundial y la revolución bolchevique. Ese trabajo alcanzó gran difusión, fue citado y objetado con pasión e influyó sobre varias generaciones de militantes e investigadores. Este perdurable impacto del texto indujo a olvidar el contexto que rodeó a su elaboración [3] .

PREPARACIÓN DE LA GUERRA

El siglo XX comenzó con un gran impulso económico. En las economías metropolitanas predominaba la prosperidad, la innovación tecnológica y la transformación administrativa de las grandes empresas. Como ese crecimiento capitalista incentivó las conquistas de ultramar, el imperialismo se transformó en un concepto dominante. Perdió peso la vieja asociación del término con el despotismo bonapartista francés y ganó terreno su identificación con la supremacía británica de la era victoriana.

Luego de ocupar Egipto (1882) e imponerse en Sudáfrica (1899-1902), Inglaterra forjó una Unión Imperial, que precipitó las confrontaciones territoriales entre las potencias. El retroceso de Francia contrastó con el avance de Alemania, que subió la apuesta y quebrantó los equilibrios europeos. En el continente americano la victoria estadounidense sobre España (1898) ilustró la irrupción de otro competidor y en el Extremo Oriente, Japón desplegó un protagonismo análogo.

El ocaso marítimo de Gran Bretaña sepultaba varias décadas de estabilidad geopolítica y los litigios se acentuaron, cuando los desafiantes del viejo colonialismo comenzaron a extender su empuje productivo al plano territorial. Las disputas por el reparto de las antiguas posesiones otomanas, austro-húngaras y rusas acrecentaron las tensiones entre los codiciosos contendientes.

El aplastamiento de China por Japón, la expansión norteamericana hacia el Pacífico y la conversión de Alemania en la segunda potencia naval del planeta prepararon el estallido general, en un marco de cambiantes alianzas y vertiginosos realineamientos. Gran Bretaña intentó sostener su imperio reforzando el control de las minas sudafricanas y las exacciones impositivas de la India. Trató de tender un cerco al ingreso de mercancías y capitales foráneos, pero no logró contener el avance de sus rivales.

El imperialismo que estudio Lenin corresponde a esa etapa de gestación de los dramáticos enfrentamientos inter-imperiales. El adjetivo “clásico” es muy útil para precisar la especificidad del período comprendido entre 1880 y 1914. Esa fase anticipó las sangrientas matanzas de entre-guerra y preparó el ambiente de una era de catástrofes.

La época analizada por el líder bolchevique constituyó la antítesis de la etapa previa de conflictos acotados y equilibrios militares pos-napoleónicos (1830-1880). Todas las potencias fueron obligadas a renovar sus credenciales en el campo de batalla. La efervescencia militarista, la agresividad racista y la intolerancia chauvinista conducían al tendal de muertos, mutilados y destrozos que rodeó a la Primera Guerra mundial.

El objetivo de todas las matanzas era un botín colonial apetecido por las potencias metropolitanas, que depredaban la periferia, ensanchando las brechas entre ambas regiones. La expansión imperial fue naturalizada con variadas justificaciones colonialistas, basadas en el mito de la superioridad europea.

Se multiplicaron las convocatorias morales a extender la civilización, los llamados religiosos a evangelizar a los pueblos primitivos y las exhortaciones educativas a erradicar la ignorancia. No faltaron las consideraciones biológicas para mejorar la pureza racial y las propuestas económicas, para auxiliar a las naciones subdesarrolladas.

Pero la sangría colonial suscitó también fuertes cuestionamientos en los centros metropolitanos. La crítica liberal al malgasto de ultramar sacudió primero a Inglaterra y se extendió luego a Estados Unidos. En ambos centros tuvo gran impacto la resistencia de los países sometidos.

Estas protestas eran también intensas entre los pueblos que reclamaban independencia nacional, en las fronteras de los viejos imperios en declive (Rusia, Austria, Turquía). La crítica al colonialismo recobró fuerza en países de larga tradición revolucionaria (Francia) y en naciones que albergaban una insurgente clase obrera (Alemania). En este contexto emergió el análisis de Lenin. Todas sus caracterizaciones contemplan problemas debatidos con gran intensidad, en el socialismo europeo de la época.

RUPTURA DE LA SOCIALDEMOCRACIA

El líder bolchevique encabezaba el ala izquierda de la socialdemocracia rusa, que a su vez integraba la II Internacional. Participaba activamente en las discusiones de ese agrupamiento, cuyo epicentro era Alemania. El partido socialista germano era una organización obrera de masas, con gran predicamento sindical y fuerte protagonismo parlamentario.

Los debates sobre el imperialismo desataron una fuerte polémica interna, cuando gobierno presionó a los socialistas para que aprobaran los créditos de guerra, necesarios para el financiamiento de la acción colonial. La corriente derechista influenciada por Bernstein aceptó esta exigencia, argumentando que el país debía protegerse frente a las agresiones externas, asegurando la paz desde una “posición de fuerza”. Justificaba, además, la expansión imperial, afirmando que Europa debía contribuir a la civilización de los pueblos más atrasados.

La vertiente centrista encabezada por Kaustky se opuso. Denunció los crímenes coloniales y presagió terribles consecuencias de una escala bélica. Explicó, además, que Alemania intentaba contrarrestar su arribo tardío al reparto mundial, con acciones militaristas desenfrenadas . Pero esta crítica no le impidió cambiar de actitud frente al acrecentamiento de las presiones oficiales, para alinear a los parlamentarios socialistas con la causa patriótica.

Para evitar el inminente desangre, Kautsky propuso arrastrar a las clases dominantes a una perspectiva de paz. Consideraba que la guerra era un proyecto exclusivo de los financistas y proveedores de armamentos, resistido o aceptado con desgano por la mayoría de los capitalistas . Estimaba que el gasto militar constituía un privilegio de las burocracias y una carga para la burguesía. Consideraba que el imperialismo no era una necesidad económica del capitalismo, sino tan sólo un curso ruin de ese sistema, que podía revertirse con el concurso de los empresarios [4] .

Con este enfoque convocó a evitar la guerra, mediante un desarme internacional acordado entre las principales potencias. Esperaba frenar la escala militar a través de conferencias internacionales, cortes de arbitraje y negociaciones inter-gubernamentales. Apostaba a un liderazgo británico-alemán, que sería auspiciado en ambas partes por las fracciones industriales (interesadas en la prosperidad de los negocios) y enfrentadas con los financistas (que lucraban con la guerra). Estas caracterizaciones eran compartidas por muchos teóricos socialdemócratas [5] .

Luego de muchas vacilaciones Kautsky avaló la aprobación de los créditos de guerra. Esta decisión precipitó una ruptura definitiva con la izquierda del partido. Lenin compartió este rechazo y propició junto a este sector la construcción de una nueva Internacional, opuesta a la capitulación socialdemócrata. Retomaron la denuncia del colonialismo y proclamaron el apoyo activo a la resistencia antiimperialista de los pueblos invadidos.

Este nuevo agrupamiento adoptó un perfil revolucionario. Cuestionó la ilusión de mitigar los conflictos internacionales mediante el desarme y subrayó el carácter efímero de los acuerdos concertados entre las potencias. Destacó que las apetencias coloniales conducían a confrontaciones bélicas, que expresaban necesidades (y no opciones) del capitalismo.

Esta postura fue encabezada en Alemania por Luxemburg, que subrayaba la imposibilidad de congelar la expansión de ultramar. Describía cómo la dinámica competitiva conducía a la sistemática violación de los pactos acordados entre los beligerantes. Cuestionaba especialmente la expectativa de desactivar los preparativos bélicos, con exhortaciones morales o llamados al respeto del derecho internacional.

Luxemburg cuestionaba las políticas exteriores capitalistas basadas en ambiciones de lucro, que corroían la estabilidad de todos los acuerdos internacionales. Objetaba las ilusiones de Kautsky y convocaba a la lucha por el socialismo, como única forma de impedir la matanza de los pueblos. Esta visión sintonizaba plenamente con el enfoque de Lenin [6] .

LAS CAUSAS DEL MILITARISMO

El líder bolchevique encaró una polémica más frontal contra Kaustky. Consideraba que las guerras inter-imperialistas eran inevitables, en cierto estadio de la acumulación. Estimaba que los capitalistas debían lanzarse a la conquista exterior, una vez completado el desenvolvimiento de los mercados internos. Esta compulsión derivaba en confrontaciones por los mercados y las fuentes de abastecimiento.

El carácter violento de estas pugnas obedecía a juicio de Lenin al agotamiento de extensiones coloniales, ya repartidas entre las viejas potencias. Esa distribución reducía los márgenes de cualquier negociación. Los imperialismos emergentes estaban obligados a disputar territorios, al tener bloqueado su ascenso. La intensidad de la acumulación y la estrechez de las regiones apetecidas imponían estos desenlaces bélicos.

En estos choques se jugaba el manejo de las materias primas necesarias para el desenvolvimiento industrial de cada metrópoli. Todas las tratativas ensayadas para evitar las confrontaciones, fracasaban por esa imposibilidad de acordar el reparto de las áreas que proveían insumos.

Lenin resaltaba el desinterés de todas las potencias por estabilizar soluciones de compromiso. Se indignaba frente a la ceguera que exhibían los socialdemócratas, ante la hipocresía oficialista. Consideraba que esa retórica anestesiaba la conciencia popular, al generalizar ilusiones que enmascaraban la preparación de la guerra. También estimaba que las rivalidades económicas se transmitían a la esfera militar y cuestionaba tanto las utópicas expectativas de desarme, como los llamados a la cooperación de los industriales.

Con el mismo argumento objetaba la presentación del militarismo, como un simple acto electivo de las clases dominantes. Entendía que el armamentismo era indisociable del capitalismo y de las consiguientes confrontaciones entre potencias. Consideraba absurdo presentar al imperialismo como una “política preferida del capital”, al estimar que esa orientación constituía una necesidad para el conjunto de los opresores.

Siguiendo esta caracterización, Lenin destacaba la inutilidad de cualquier intento de persuasión de los acaudalados. Consideraba que estos sectores discutían en la mesa de negociación, lo que resolvían en las trincheras. Por esta razón los acuerdos de un periodo se transformaban en confrontaciones de la fase ulterior. Cuestionaba las ingenuas creencias en la primacía del primer curso y alertaba contra las falsas expectativas pacifistas.

Lenin no aceptaba la presentación de la guerra como una decisión aberrante de las elites. Estimaba que el curso belicista correspondía a tendencias objetivas del capital, derivadas de la competencia por la ganancia. Sostenía que el único sendero de pacificación genuina era el inicio de una transición al socialismo. El estallido de la Primera Guerra confirmó las caracterizaciones de Lenin y puso de relieve todos los errores de la apuesta pacifista de Kautsky.

Esta diferencia de percepciones obedeció a causas y posturas políticas. El dirigente bolchevique detectó las principales contradicciones del capitalismo de su época y mantuvo una actitud revolucionaria. El líder socialdemócrata privilegió sus deseos a la consideración de las tendencias reales y demostró una gran permeabilidad a las exigencias de los poderosos.

Estas asimetrías ilustraron también la distancia que separaba a los políticos revolucionarios y reformistas de ese período. El punto en discordia era el rechazo o la resignación frente a una guerra inter-imperialista. Lenin encabezó la resistencia al desangre bélico e impulsó el internacionalismo. Su teoría del imperialismo se cimentó en esta estrategia política.

EL SENTIDO DE LA POLÉMICA

La discusión sobre los intereses en juego en las acciones imperiales dividía en forma categórica a los marxistas de esa época. Aunque Lenin reconocía el carácter lucrativo de la guerra para los financistas y fabricantes de armas, resaltaba la dinámica estructuralmente militarizada del capitalismo. Consideraba que las conflagraciones eran el mecanismo utilizado por los poderosos para zanjar sus principales diferendos. Esos enfrentamientos dirimían, además, las relaciones de fuerza y reabrían la expansión económica. La guerra cumplía una función depuradora de los capitales obsoletos.

Luxemburg presentó otra explicación del mismo diagnóstico. Describió cómo el imperialismo servía para descargar los sobrantes invendibles en las metrópolis. Las dificultades para vender esos productos (y asegurar la consiguiente realización de la plusvalía), forzaba la búsqueda de mercados adicionales en la periferia. La conquista de estas regiones aportaba una válvula de escape a los desajustes creados por ritmos de acumulación superiores a la capacidad de consumo de la población [7] .

Otras interpretaciones convergentes ponían el acento en las contradicciones creada por la internacionalización del capital. Trotsky sostenía que el sistema había alcanzado a principio del siglo XX una dimensión mundial, que desbordaba los marcos vigentes para el desenvolvimiento de las fuerzas productivas. Esa estrechez de las economías nacionales forzaba una sucesión de expansiones externas, que terminaban en conflictos armados [8] .

Todos estos enfoques resaltaban en común las causas objetivas de la guerra. Cuestionaban la reducción socialdemócrata del problema a una conspiración de los bancos y la industria militar. Destacaban que esa simplificación omitía el generalizado compromiso de los principales sectores de las clases dominantes con la acción imperial.

Lenin fue el principal vocero de estas posturas y su texto resumía el programa de todas las vertientes de la izquierda frente a la guerra. El escrito subrayaba que los enfrentamientos bélicos expresaban contradicciones, que el capitalismo no podía regular. Por esta razón objetaba la propuesta de desarme, señalando que la paz debía conquistarse, junto a una lucha popular simultánea por la erradicación de la explotación.

Esta visión criticaba la búsqueda de concertaciones y equilibrios entre las potencias, que promovía Kautsky, resaltando el carácter coercitivo del capitalismo. Recordaba que las burguesías necesitaban ejércitos, marinos y cañones para imponer tratados de libre-comercio, forzar el cobro de las deudas y garantizar los réditos de la inversión externa.

Lenin intentaba presentar una caracterización política completa de las fuerzas en pugna. No sólo distinguía dos bloques de agresores y agredidos, corporizados en los capitalistas y los trabajadores. También llamaba la atención sobre las diversas formas de opresión nacional, que generaba la belicosidad imperialista en la periferia. En oposición la expectativa de Kaustky de avanzar hacia una paulatina distensión en estas áreas, proponía extender la resistencia contra la guerra a todo el universo colonial.

El líder bolchevique destacaba la existencia de dramáticas conversiones de antiguas víctimas en nuevos victimarios imperiales. Alemania ya no libraba guerras defensivas contra el expansionismo ruso, sino que actuaba como potencia ocupante de regiones vecinas. El registro de estos cambios era vital para impugnar las justificaciones de la belicosidad germana, con falsos enunciados de soberanía.

Lenin escribió su folleto en un terrible escenario de inmolación popular al servicio de lucro. El tono virulento del texto refleja la conmoción que suscitaba esa masacre. Es importante recordar ese contexto omnipresente de la guerra, para comprender la función política del libro y registrar en este marco los problemas teóricos en juego.

¿ASOCIACIÓN O RIVALIDAD?

Kaustky concibió su propuesta de desarme como parte de un proyecto de desenvolvimiento pacífico del capitalismo. Consideraba que ese proceso sería factible, si los grupos capitalistas de los principales países concertaban una asociación “ultra-imperialista”.

Estimaba posible erradicar la amenaza guerrera, conformando una red multinacional de empresas, que actuarían en común en áreas específicas. Kautsky resaltaba el interés de muchas fracciones burguesas por realizar negocios conjuntos, que superaran las viejas rivalidades. Pensaba que las conflagraciones inter-imperialistas bloqueaban esa convergencia y propugnaba la erradicación de esa traba, mediante una neutralización de la carrera armamentista [9] .

El líder socialdemócrata deducía esa posibilidad de la preeminencia alcanzada por las grandes corporaciones. Si se evitaba la guerra, la nueva red de alianzas conduciría a federaciones políticas, que consolidarían un nuevo cuadro de tolerancia internacional y negocios asociados.

Lenin rechazó esa tesis de manera contundente. Consideró que la teoría del “ultra-imperialismo” era un “ultra-disparate”, basado en la falsa expectativa de alianzas permanentes, entre capitalistas de distinto origen nacional. Para el líder bolchevique esa concertación era una burda fantasía. Estaba concebida a partir de razonamientos abstractos, que presuponían escenarios económicos inviables.

La principal objeción que Lenin interponía a ese modelo era la naturaleza conflictiva del capitalismo. Para el dirigente ruso el modo de producción vigente estaba sujeto a un desarrollo desigual, que multiplicaba los desequilibrios e intensificaba las contradicciones. Estimaba que las tensiones se acumulaban con la expansión del sistema, impidiendo la concreción de asociaciones empresarias estables. Pensaba que los acuerdos ultra-imperiales eran tan impracticables, como la disipación de la competencia militar [10] .

Pero Lenin no expuso este argumento de forma genérica. Lo refería a la coyuntura bélica que imperaba al comienzo del siglo XX. La presión hacia la colisión militar era tan fuerte, que tornaba imposible la constitución de las compañías multinacionales.

Lenin registraba cuál era la tendencia geopolítica predominante en ese momento, aplicando el realismo que signó toda su acción política. Percibía claramente el agotamiento del período de alianzas que había prevalecido durante la etapa precedente. Observaba que en el nuevo siglo, la competencia asfixiaba los compromisos y el proyecto ultra-imperial sucumbía, ante la inminencia de la guerra. Kautsky había perdido el olfato básico para captar este contexto.

El análisis de Lenin estaba específicamente referido a esa coyuntura. No desconocía, ni objetaba la existencia de tendencias asociativas entre los distintos grupos capitalistas. Incluso postulaba una teoría del monopolio que resaltaba la intensidad de las concertaciones, los pactos de caballeros, las coaliciones y los acuerdos secretos, entre los principales grupos de financistas e industriales.

Esos compromisos eran explícitamente reconocidos como una tendencia dominante. Pero Lenin restringía su viabilidad a las firmas y los bancos del mismo origen nacional. Esta caracterización se basaba en una minuciosa lectura de los datos de la época. Las concertaciones eran numerosas, pero sólo incluían acuerdos entre capitalistas norteamericanos, alemanes, franceses o ingleses. No se extendían a los entrelazamientos multinacionales.

Para Lenin esta combinación de acuerdos nacionales y disputas internacionales era un rasgo predominante del capitalismo. Consideraba que a principios del siglo XX, la internacionalización de la economía no se extendía a la gestión global de este proceso y estimaba que el choque entre ambas tendencias inducía a la guerra. Al igual que Bujarín destacaba la fractura creada por capitales que cruzaban las fronteras y estados que se retraían hacia la administración cerrada, para proteger territorios, mercados y materias primas. La expansión global chocaba con esta restricción, generando batallas inter-imperiales por el reparto del mundo [11] .

Esta interpretación reconocía la creciente gravitación de las asociaciones capitalistas, pero restringía su alcance al ámbito nacional. La tendencia a la internacionalización que subraya Kautsky era aceptada en ciertas áreas restrictivas (migraciones, circulación de capital), pero desechada como curso prevaleciente del capitalismo.

Este enfoque remarcaba la gravitación de las presiones nacionalizadoras en todas las actividades centrales de la producción, las finanzas y el comercio. El impulso globalizador era neutralizado por las fuerzas que estimulaban el repliegue de los cuerpos nacionales y la conformación de bloques competitivos. Esta autarquía bloqueaba la internacionalización, potenciaba el gasto militar y generalizaba las conflagraciones bélicas [12] .

La crítica de Lenin al ultra-imperialismo de Kaustky se inspiraba, por lo tanto, en un análisis concreto del capitalismo de ese período. Resaltaba el predominio de la rivalidad sobre la asociación internacional, mediante un registro de las evidencias de ese momento. Observaba en la coyuntura bélica una confirmación de las tenencias al choque, en desmedro de las presiones hacia la concertación.

Este mismo razonamiento utilizó Lenin para remarcar la primacía de la crisis sobre la prosperidad, en el debut de la prolongada turbulencia de entre-guerra. El líder bolchevique no le asignaba a las regresiones económicas un carácter absoluto, como lo prueba su polémica con los populistas en torno al desarrollo capitalista de Rusia.

En oposición a los teóricos narodnikis -que descalificaban la posibilidad de ese desenvolvimiento- Lenin detallaba todas las áreas de potencial expansión del capitalismo, en la atrasada economía rusa. Todos sus diagnósticos estaban invariablemente referidos a situaciones, contextos y momentos específicos [13] .

La polémica contra el ultra-imperialismo estaba condicionada por ese escenario. Su objetivo era cuestionar las terribles consecuencias políticas de un diagnóstico irrealista y un razonamiento asustadizo, que negó primero la inminencia de la guerra y desconoció posteriormente los efectos de esa matanza.

LA INTERPRETACIÓN ECONÓMICA

La caracterización leninista del imperialismo recogía en cuatro terrenos, la visión expuesta por el economista socialdemócrata Hilferding. Retomaba, en primer lugar, la existencia de un viraje general hacia el proteccionismo, iniciado por Gran Bretaña para contrarrestar las amenazas de sus concurrentes.

La vieja potencia marítima se defendía elevando las tarifas aduaneras en sus dominios. Amurallaba su imperio con restricciones al comercio, para limitar las pérdidas ocasionadas por su declinación industrial. Los británicos forjaron primero una federación de colonias (India, África) y luego una asociación de países subordinados (Canadá, Australia, Sudáfrica) [14] .

Esta política provocó la inmediata reacción de sus rivales, que instauraron bloques semejantes en sus zonas de influencia (Francia) y aceleraron la creación de regiones protegidas (Alemania). Lenin consideró que este cambio consagraba el pasaje del libre-comercio al proteccionismo y transformaba las disputas acotadas (por el liderazgo exportador), en guerras comerciales entre duros contendientes (atrincherados en fortalezas aduaneras).

El segundo rasgo tomado de Hilferding fue la creciente gravitación de los banqueros, en desmedro de otros sectores capitalistas. Lenin consideraba que los financistas habían dejado atrás su rol de intermediarios, para imponer la subordinación de sus pares del comercio y la industria.

El líder bolchevique resaltaba la aparición de una oligarquía financiera que obtenía enormes lucros con la emisión de títulos, la especulación inmobiliaria y el control de los paquetes accionarios. Consideraba que esta supremacía reforzaba el carácter rentista-usurero de los estados imperiales, frente a un conglomerado de estados-deudores sometidos. Por esta razón definía al imperialismo como una era del capital financiero.

Hilferding había desarrollado esta caracterización para el caso específico del capitalismo alemán. En sus investigaciones describió cómo los bancos controlaron la industria, financiando las operaciones y supervisando los procesos comerciales. Retrató la supremacía que lograron los financistas en todos los circuitos de la acumulación, a través del crédito, el manejo de las sociedades anónimas y la administración de las bolsas [15] .

Lenin se inspiró también en los análisis de la economía inglesa que expuso Hobson. Este estudio resaltaba la nueva preeminencia lograda por las altas finanzas, mediante la recepción de los dividendos generados en el exterior. Este control forjó una plutocracia, que monopolizaba todos los resortes del funcionamiento imperial [16] .

En tercer lugar, Lenin atribuyó las tendencias guerreristas del imperialismo al peso dominante alcanzado por los monopolios. Consideraba que esa preeminencia constituía una novedad del período, resultante de la creciente escala de las empresas y la elevada centralización y concentración del capital. Estimaba que este predominio reforzaba la influencia de los carteles, que podían concertar el manejo de los precios mediante acuerdos entre los grandes grupos .

Esta caracterización fue directamente extraída de la investigación de Hilferding, que estudió la organización monopólica de la producción germana. Un puñado de corporaciones entrelazadas con los bancos y orientadas por el estado, controlaba los procesos de formación y administración de los precios .

Lenin expuso algunos comentarios críticos de este estudio y objetó especialmente ciertos presupuestos teóricos sobre el carácter del dinero. Pero estas observaciones no modificaron su aceptación de las tesis monopolistas postuladas por Hilferding.

El cuarto rasgo retomado por el dirigente bolchevique fueron los mecanismos de apropiación externa. Aquí subrayó la preeminencia de la exportación de capitales, como forma de absorber las ganancias extraordinarias gestadas en la periferia. Ilustró las modalidades que adoptaban las inversiones de ultramar (ferrocarriles, minas, irrigación) y detalló cómo multiplicaban el lucro de las grandes empresas.

Esta caracterización se inspiró en la clasificación expuesta por Hilferding, para periodizar la evolución histórica del capitalismo. De una era colonial inicialmente mercantilista (que facilitó la industrialización europea), se había saltado a una expansión manufacturera de las grandes potencias (en torno a los mercados internos). Este desenvolvimiento quedaba ahora superado por la nueva fase de exportación de capitales.

La afinidad de Lenin con el cuadro de proteccionismo, hegemonía financiera, monopolios e inversiones externas retratado por Hilfderding se extendieron también a la teoría de la crisis. El líder ruso nunca desarrolló una versión peculiar de esta problemática y adscribió en general a la interpretación expuesta por el analista alemán. Este pensador asociaba las convulsiones periódicas del sistema, con la irrupción de desproporcionalidades entre las distintas ramas de la economía. A medida que progresaba la acumulación, estas desigualdades salían a la superficie, expresando desequilibrios más profundos de sobre-producción de mercancías o sobre-acumulación de capitales [17] .

A Lenin le interesaba demostrar cómo estos trastornos económicos desembocaban en conflagraciones inter-imperialistas. Analizaba de qué forma cada rasgo productivo, comercial o financiero de la nueva época, acrecentaba las rivalidades dirimidas bajo el fuego de los cañones.

Pero un problema de esta conclusión era su total incompatibilidad con la postura política adoptada por Hilferding, que tomó partido a favor del social-patriotismo. No solo apoyó la participación alemana en la guerra, sino que adoptó actitudes de fuerte compromiso con el belicismo.

Es importante recordar que este economista alemán influyó -al mismo tiempo- sobre Lenin y sobre su oponente Kautsky. Su visión combinada elementos de crítica al sistema vigente, con una aceptación del “capitalismo organizado” como modalidad predominante. Resaltaba especialmente la evolución hacia formas de planificación concertada, bajo el comando de las grandes corporaciones.

El economista germano estimaba, además, que ese escenario exigía la reversión de las políticas proteccionistas, el librecambismo y el afianzamiento de un largo período de pacificación. La planificación a escala nacional que pronosticaba Hilferding convergía con el diagnóstico de equilibrio ultra-imperial que postulaba Kaustky.

La teoría del imperialismo de Lenin incluía, por lo tanto, una fuerte tensión con su inspirador económico. Las tesis del líder bolchevique se ubicaban en las antípodas del texto adoptado como referencia. Resaltaba las crisis y los desequilibrios, que ese fundamento teórico objetaba. En el plano político ese desencuentro era aún más pronunciado.

TEORÍA Y POLÍTICA

El divorcio de Lenin con Hilferding constituyó la contracara de su reencuentro con Luxemburg. La teoría del imperialismo que postulaba la revolucionaria polaco-alemana se inspiraba en fundamentos económicos distintos a los expuestos por el dirigente ruso. Pero estas divergencias no impidieron la confluencia política en estrategias comunes, frente al pacifismo socialdemócrata.

La metodología desarrollada por Luxemburg difería sustancialmente del abordaje leninista. Intentó deducir la teoría del imperialismo de los textos de Marx, buscando una continuidad directa con el modelo conceptual de “El Capital”. Por esta razón, partió de los esquemas de reproducción ampliada expuestos en el segundo tomo de esa obra, para evaluar cuáles eran los obstáculos que enfrentaba el funcionamiento del sistema a escala internacional, en la nueva época imperialista [18] .

Este intento no llegó a buen puerto, puesto que contenía una confusión básica: los esquemas de Marx estaban concebidos como una mediación abstracta, para clarificar la circulación general del capital. Constituían un paso previo al estudio concreto de la dinámica del sistema. Luxemburg utilizó erróneamente estos razonamientos en forma empírica, para buscar los puntos de asfixia del capitalismo de su época. Indagó el problema por el lado equivocado, al convertir un esquema destinado a visualizar el funcionamiento del sistema, en un modelo de la crisis de este modo de producción.

Pero este infructuoso intento era mucho más fiel al planteo de Marx, que el abordaje ensayado por Lenin. Buscaba establecer los puntos de continuidad y ruptura de la época imperialista con el periodo previo, siguiendo los preceptos de la economía marxista. El teórico bolchevique estudió, en cambio, directamente las características de la nueva etapa utilizando un gran material empírico. Pero no definió en qué medida esas fuentes eran compatibles con la teoría expuesta en “El Capital”.

Luxemburg mencionaba las características resaltadas por Lenin, pero no le asignaba la misma relevancia al proteccionismo, a la supremacía financiera y al monopolio. Relativizaba estas transformaciones, buscando conservar el hilo conductor desarrollado por Marx.

En otros campos las diferencias de Luxemburg con Lenin eran mayores. En lugar de identificar al imperialismo con la exportación de capitales, asociaba ese período con la necesidad de encontrar mercados foráneos, para las mercancías invendibles en los países metropolitanos.

La revolucionaria alemana estimaba que las esferas coloniales eran imprescindibles, para realizar la plusvalía que necesita el capitalismo para su reproducción. Pensaba que las economías atrasadas constituían una válvula de escape, para las limitaciones que enfrentaba el capital en los países centrales. Observaba al imperialismo como un proceso de ampliación del mercado mundial, que contrarrestaba las dificultades para vender las mercancías en sus áreas de fabricación. Estimaba que este obstáculo obedecía a la estrechez del poder adquisitivo, que generaba la continuidad de los bajos salarios, el alto desempleo y la creciente pauperización [19] .

Esta concepción estimaba que el capital emigra de un país a otro, para contrapesar el consumo insuficiente, que provoca el aumento de la explotación. Esta visión tenía puntos en común con la teoría de la crisis postulada por Kaustky y gran afinidad con el enfoque de Hobson. Este autor consideraba que todos los rasgos del imperialismo obedecían en última instancia a la necesidad de exportar capitales sobrantes, gestados en las metrópolis por la polarización social.

Lenin rechazaba esta interpretación subconsumista no sólo por su reivindicación de otra teoría de la crisis, basada en desproporcionalidades sectoriales y excedentes de productos (y capitales). Había polemizado durante un largo período con los exponentes rusos de las teorías populistas, que resaltaban las restricciones del consumo. Objetaba conceptualmente esos razonamientos e impugnaba las consecuencias políticas de un enfoque, que estimaba imposible el desarrollo del capitalismo en Rusia.

La convergencia revolucionaria de Lenin con Luxemburg no expresaba, por lo tanto, afinidades en el terreno económico. P ero reflejaba las coincidencias en la caracterización del imperialismo, como una etapa de grandes crisis y convulsiones. Por otra parte, la oposición política frontal del líder bolchevique con Hilferding, no anulaba sus convergencias teóricas, en la evaluación de rasgos centrales del capitalismo.

Es importante registrar esta variedad de combinaciones, para erradicar la imagen de unanimidad en el análisis del imperialismo, en torno a dos bloques homogéneos de revolucionarios y reformistas. Esta divisoria efectivamente rigió en la actitud de ambos campos frente a la guerra. Pero no se extendió a la interpretación conceptual de fenómeno. La teoría del imperialismo incluía un complejo y cruzado terreno de variadas elaboraciones.

LOS TEMAS ABIERTOS

Las caracterizaciones económicas del imperialismo que formuló Lenin fueron presentadas en un tono menos polémico que sus conclusiones políticas. Las observaciones sobre proteccionismo, la hegemonía financiera, los monopolios o la inversión extranjera no plantearon controversias equivalentes al problema de la guerra. Esta diferencia confirma dónde ubicaba el centro neurálgico de su teoría e indica también la existencia de una gran variedad de posturas en juego, en la evaluación del capitalismo de la época.

En esas caracterizaciones el análisis del proteccionismo suscitaba cierta unanimidad. Aquí Lenin coincidía con Hobson, Hilferding y también con Kautsky, puesto que todos remarcaban la existencia de un generalizado viraje hacia la autarquía. Lo que provocaba divergencias era la actitud política frente a esta transformación. Mientras que la izquierda denunciaba el cierre aduanero sin ningún elogio al librecambismo, los reformistas tendían a idealizar esa etapa [20] .

En el análisis de la hegemonía financiera había mayores disidencias. Lenin sostenía enfáticamente esta tesis, frente a Kaustky que señalaba el predominio de coaliciones entre distintos sectores dominantes, sin necesaria preeminencia de los banqueros. Estimaba que los principales promotores del giro imperial eran los industriales, que necesitaban conquistar regiones agrarias para asegurarse el abastecimiento de materias primas. Como la actividad manufacturera crecía a un ritmo más acelerado que el agro (incorporando mayor progreso técnico), sólo el dominio colonial permitía atenuar el encarecimiento de los insumos.

Esta visión era compartida por otros economistas -como Parvus- que resaltaban la existencia de múltiples alianzas entre banqueros e industriales. Destacaban la importancia de esos acuerdos, para enfrentar las batallas competitivas a escala internacional [21] .

Algunos teóricos muy influyentes -como Bauer- polemizaron abiertamente con la presentación del imperialismo, como un pasaje de la dominación industrial a la supremacía financiera. Cuestionaban el carácter unilateral de esa visión, señalando que ignoraba el peso estratégico de la gran industria en el desenvolvimiento del capitalismo [22] .

Otro tema que suscitaba discusiones era el nuevo papel de las distintas formas de monopolio. La importancia que Lenin asignaba a este proceso no era compartida por otros autores. Este rasgo efectivamente pesaba en la economía germana, que había relegado a la pequeña empresa frente a las grandes corporaciones. Pero el estudio de Hobson de la economía inglesa no le asignaba la misma relevancia a esa concentración de firmas. En el debate marxista de esa época no se contemplaban estudios equivalentes del imperialismo francés y muy pocos estudiosos consideraban el perfil del capitalismo norteamericano o japonés.

Finalmente, en el análisis de la exportación de capitales Lenin coincidía con Kautsky, frente a un considerable número de enfoques opuestos. Los dos autores más enfrentados en los debates de esa etapa destacaban en común la gravitación de la inversión externa.

Para el líder bolchevique, este rasgo proyectaba a escala internacional la primacía de las finanzas y los monopolios. Para el dirigente socialdemócrata esa característica expresaba la presión ejercida por los capitales sobrantes, que no encontraban rendimientos lucrativos en las economías metropolitanas.

Esta visión era impugnada no sólo por Luxemburg, en su interpretación del imperialismo como desagote de las mercancías sobrantes. Otros pensadores como Bauer destacaban la existencia de continuidades con el período colonial precedente. Subrayaban la persistencia de viejas formas de pillaje y depredación de recursos, para asegurar el abastecimiento de los insumos . Los debates económicos sobre el imperialismo clásico abarcaban, por lo tanto, un amplio espectro de problemas sin resoluciones nítidas.

Pero no hay que perder de vista lo esencial. La teoría marxista del imperialismo surgió en un período de grandes guerras por la apropiación del botín colonial y aportó un fundamento político al rechazo revolucionario de la guerra. Correspondió a una etapa de ausencia de entrelazamientos capitalistas multinacionales y preeminencia de disputas territoriales. El cambio de este escenario generó la necesidad de elaborar nuevas interpretaciones.

BIBLIOGRAFÍA

-Arrighi Giovanni. Geometría del imperialismo, Siglo XXI, 1978, México, (cap 1, 2, 4)

-Bauer Otto National and International Viewpoints on Foreign Policy, Discovering Imperialism: Social Democracy to World War I” (Brill, forthcoming).

-Borón Atilio. “Hegemonía e imperialismo en el sistema internacional”, en Nueva Hegemonía Mundial, CLACSO, Buenos Aires, 2004

-Callinicos Alex. Social Theory, Polity Press, 1999, Great Britain (cap 8)

-Day Richard, Gaido Daniel, “Introduction”Discovering Imperialism: Social Democracy to World War I” (Brill, forthcoming) 

-Grossman Henryk, La ley de la acumulación y el derrumbe del sistema capitalista, Siglo XXI, México, 1979, (Parte B)

-Hilferding Rudolf, “The Party Congress and Foreign Policy”, Discovering Imperialism: Social Democracy to World War I” (Brill, forthcoming)

-Hobsbawm Eric Historia do marxismo, vol 4,5,6, Paz e Terra, Rio de Janeiro, 1985

-Hobsbawn Eric. La era del imperio, Crítica, Buenos Aires 1999, (Introducción, cap 1,2 6, 12,13, Epílogo)

-Lichtheim George Breve historia del socialismo, Alianza Editorial, Madrid, 1973.

-Rosdolsky, Román. Génesis y estructura de El Capital de Marx. Siglo XXI, México, 1979, (parte 7, cap 30)

-Valier Jacques. “Imperialismo y revolución permanente”. Comunicación n 26, Madrid, 1975.

RESUMEN  

La teoría marxista del imperialismo surgió en un período de grandes guerras por la apropiación del botín colonial. Se forjó en una lucha política contra las justificaciones del militarismo y la expectativa pacifista de evitar la conflagración.

Lenin sintetizó este enfoque en su polémica con Kautsky. Caracterizó las causas de la dinámica belicista y promovió una postura de rechazo revolucionario de la guerra. Luxemburg, Bujarin y Trotsky aportaron otros fundamentos al mismo planteo, en el contexto omnipresente de la sangría bélica. Hay que distinguir esta dimensión política de los problemas teóricos en debate.

Los cuestionamientos a la tesis de la asociación ultra-imperial se basaban en la ausencia de entrelazamientos capitalistas multinacionales y en la preeminencia de disputas territoriales. A principios del siglo XX prevalecían concertaciones nacionales y choques internacionales. Lenin se inspiró en teorías del proteccionismo, la hegemonía financiera, los monopolios y las inversiones externas de Hilfderding, que también incentivaron la concepción ultra-imperial de Kautsky.

El líder bolchevique rechazaba la interpretación subconsumista de Luxemburg, pero coincidía con su caracterización del imperialismo, como una etapa de grandes convulsiones. Las divisiones políticas entre revolucionarios y reformistas no se extendían al análisis conceptual del imperialismo. Estas caracterizaciones albergaban un complejo campo de elaboraciones cruzadas. Por esta razón, las discusiones sobre la dimensión económica de la etapa, no presentaron el mismo tono polémico que las divergencias frente a la guerra. En este terreno quedaron pendientes muchos temas sin resolución nítida.

Notas:

[1] Este artículo es un capítulo de un libro sobre el imperialismo contemporáneo de próxima aparición.

 

[2] Economista, Investigador, Profesor. Miembro del EDI (Economistas de Izquierda). Su página web es www.lahaine.org/katz  

[3] Lenin, Vladimir, El imperialismo, fase superior del capitalismo, Buenos Aires, Quadrata, 2006.

[4] Kautsky Karl “ Germany, England and World Policy”, august 1900, Discovering Imperialism: Social Democracy to World War I” (Brill, forthcoming).

 

[5] Parvus (Alexander Helphand), “Before the Hottentot Elections”, January 1907, Discovering Imperialism: Social Democracy to World War I” (Brill, forthcoming). Hilferding Rudolf, “German Imperialism and Domestic Politics”, October 1907, Discovering Imperialism: Social Democracy to World War I” (Brill, forthcoming).

[6] Luxemburg Rosa “Petty Bourgeois or Proletarian World Policy?”, august1911, Discovering Imperialism: Social Democracy to World War I” (Brill, forthcoming). Luxemburg Rosa “Peace Utopias”, may 1911, Discovering Imperialism: Social Democracy to World War I” (Brill, forthcoming).

[7] Luxemburg, Rosa, La acumulación del capital. Editorial sin especificación, Buenos Aires, 1968, ( cap 25, 26, 27) . Luxemburg Rosa “Perspectives and Projects”, Classical Analyses of Imperialism, 1915, Discovering Imperialism: Social Democracy to World War I” (Brill, forthcoming)  [8] Trotsky León,   Tres concepciones de la revolución rusa. Resultados y perspectivas , Editorial El Yunque, Buenos Aires, 1975.

[9] Kautsky Karl, “Imperialism”, september 1914, New Left Review, n 59, 1970, London.

[10] Lenin Vladimir, “Prólogo”, Bujarin Nikolai, La economía mundial y el imperialismo, Pasado y presente n 21, Buenos Aires, 1971.

[11] Bujarin Nikolai, El imperialismo y la acumulación de capital, Tiempo Contemporáneo, Buenos Aires, 1973, (cap 5).

 

[12] Bujarin Nikolai, La economía mundial y el imperialismo, Pasado y presente n 21, Buenos Aires, 1971.

[13] Lenin Vladimir, El desarrollo del capitalismo en Rusia, Editorial Ariel, Barcelona 1974.

[14] Hilferding Rudolf, “German Imperialism and Domestic Politics”, October 1914, Discovering Imperialism: Social Democracy to World War I” (Brill, forthcoming)

[15] Hilferding Rudolf, El capital financiero, TECNOS, Madrid, 1973, (cap 13, 14)

[16] Hobson John, E studio del imperialismo, Alianza Editorial, Madrid, 1981.

[17] Hilferding El capital financiero, (cap 15, 16, 17, 20)

[18] Marx Carlos, El Capital, Tomo II (sección 3, cap 21), Fondo de Cultura Económica, México 1973.

 

[19] Luxemburg, Rosa. La acumulación del capital. Editoral sin especificación, Buenos Aires, 1968, (cap 25, 26, 27).

[20] Kautsky Karl “ Germany, England and World Policy” Discovering Imperialism: Social Democracy to World War I” (Brill, forthcoming). Kautsky Karl “The War in South Africa”, November 1899, Discovering Imperialism: Social Democracy to World War I” (Brill, forthcoming).

 

[21] Parvus (Alexander Helphand), “Colonies and Capitalism in the Twentieth Century”, june 1907, Discovering Imperialism: Social Democracy to World War I” (Brill, forthcoming)

 

[22] Bauer Otto, “On British Imperialism”, January 1907, Discovering Imperialism: Social Democracy to World War I” (Brill, forthcoming)

 

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.

 

Crítica de la película sobre el héroe haitiano Toussaint Louverture

Crítica de la película sobre el héroe haitiano Toussaint Louverture y conversación con su protagonista Jimmy Jean-Louis

Français : Le général Toussaint Louverture.

“Arrancad de raíz conmigo el árbol de la esclavitud.” Con esta frase llamaba Toussaint Louverture a los negros de la parte francesa de la isla de La Española a unirse a la lucha antiesclavista. Entre sublevaciones y levantamientos corrían los últimos años del siglo XVIII en este pequeño territorio del Nuevo Mundo, donde esclavos de plantaciones coloniales se lanzaban a la persecución de ideales libertarios, haciéndose eco de los sueños de igualdad, libertad y fraternidad promulgados por los padres de la revolución francesa; unas proclamas que no habían dejado de retumbar desde 1789 y que adquirían en el Caribe su pleno sentido. La frase de Toussaint ha traspasado fronteras para convertirse en mito, pero su autor no ha corrido pareja suerte, habiéndosele privado del lugar histórico que merece, siendo un desconocido para el público general y un tema controvertido aún hoy en cátedras de historia y debates políticos.

Tampoco la industria del cine se había atrevido a enfrentarse a una de las personalidades más relevantes de todos los tiempos, desajuste histórico que se ha saldado con la película homónima del francés Philippe Niang y de la que Jimmy Jean-Louis es su protagonista. Conocido por el público internacional tras su aparición en la serie estadounidense Héroes en el rol de “el haitiano”, Jimmy Jean-Louis se ha convertido desde el estreno de Toussaint Louverture en el embajador en el extranjero de su país (Haití) y, por extensión, de la población diaspórica africana en el Caribe. En sus espaldas ha recaído el encarnar al héroe que da nombre a la película, un esperadísimo biopic para televisión producido en Francia. Toussaint Louverture (1743-1803), de raíces africanas, nacido esclavo y libre a los 33 años porque, como él mismo diría “nací esclavo, pero la naturaleza me dio el alma de un hombre libre”, era un hombre instruido y culto, buen administrador de sus plantaciones y el líder astuto y de gran inteligencia político-militar que necesitaba su país para lograr la independencia de Francia tras largos años de conflicto armado y alianzas con las potencias coloniales hegemónicas en la zona. Además de su habilidad como estratega y negociador político, destaca por ser el primer hombre en establecer un estado libre de esclavitud, tal y como recogía la constitución que hizo redactar. El texto fundacional haitiano sentaría el precedente que sería posteriormente imitado en América y en todo lo largo y ancho del planeta. Uno de los iniciadores del movimiento mundial por la abolición de la esclavitud, sigue a la espera de ser reconocido en toda su grandeza e importancia histórica. Muerto en Francia en 1802, a donde le condujeron las tropas de Bonaparte como castigo por haber promulgado una constitución que otorgaba la autonomía a toda la isla de La Española un año antes, su lucha revolucionaria no quedaría en saco rato, pues poco después (1804) su lugarteniente Jean-Jacques Dessalines declararía la independencia de Saint Domingue bautizándola con un nombre local: Haití (tierra montañosa). Las películas históricas y las epopeyas heroicas han sido un género practicado desde los inicios del cine y, sin embargo, hasta el siglo XXI los intereses económicos de la industria cinematográfica no han dado el respaldo necesario para llevar a la pantalla a un personaje histórico del calado de Toussaint Louverture. Deleitarse con el paternalismo febril de un dotado hombre blanco hacia su ayudante negro a través de la gozosa explotación de la violencia coreografiada en Djiango desencadenado de Quentin Tarantino entra dentro de los parámetros de la espectacularidad del cine comercial; adentrarse en los lodazales de una revuelta que cambiaría la historia frente a todo pronóstico, demostrando el poder de la lucha colectiva para lograr la independencia y erradicar la esclavitud, y todo ello liderado por un negro inteligente y autónomo en cada una de sus decisiones, era algo para lo que el público global (véase occidental) no estaba todavía preparado para digerir, o eso creían sus socios capitalistas.

¿Además de por el mero hecho de traer a las pantallas al héroe revolucionario, cuáles son las virtudes de esta película realizada para televisión y cuidadosa en los detalles histórico? Tras su presentación, las críticas han venido desde dos flancos: de las voces más estrictas de la intelectualidad africana y de la diáspora, las cuales piden una mayor fidelidad histórica a la vez que consideran que los horrores de la esclavitud y el colonialismo se han evitado interesadamente, y, en segundo lugar, de aquellos incapaces de apreciar una película dirigida a un público mayoritario, carente de los elementos que la convierten en un producto de festival al no innovar en su propuesta audiovisual o demostrar un estilo único e inimitable. Danny Glover, actor famoso y referente en la lucha por la causa africana, lleva décadas intentando reunir el dinero necesario para filmar una película sobre este mismo personaje histórico sin conseguirlo. Las motivaciones económicas y las restricciones ideológicas de la industria cinematográfica impiden que muchos proyectos de similar calado y urgencia salgan a la luz, y en la capacidad de negociación y maniobra del director y el productor reside el hallar el camino que permita, tras negociaciones, muchas cesiones y algunas victorias, realizar la película. Toussaint Louverture es un ejemplo del arduo camino que recorren propuestas audiovisuales con temas conflictivos, teniendo que adaptarse a ciertas limitaciones como convertirse en un drama histórico, en el que vestimenta, costumbres, idioma y localización alcanzan preeminencia frente a las pequeñas historias humanas, excediéndose quizás en la idealización de un hombre convertido en héroe. Dicho esto, gracias a la calidad del reparto de actores y actrices (entre los que se encuentra la soberbia Aïssa Maïga interpretando a la esposa del revolucionario), al trabajo de investigación del director y a su compromiso en la causa de dar a conocer al público mayoritario la historia de liberación de Haití, las tres horas que dura la película pasan inadvertidas para el espectador, quien se siente orgulloso de asistir a la puesta en escena de una vida modélica, donde el espíritu de superación y la lucha contra la injusticia llevaron finalmente a la libertad, aunque para cambiar el curso de la historia se acabase con la vida de muchos hombres y mujeres. Biopic histórico tradicional y bien terminado, conocedor del ritmo del montaje y de las potencialidades del género, aunque haya debido evitar escenas explícitas de violencia o sexo por imposiciones televisivas, Toussaint Louverture consigue alcanzar momentos de gran veracidad por las actuaciones de sus protagonistas y secundarios.

Desde su finalización, la película lleva dando vueltas por festivales y ha sido proyectada ampliamente por la televisión francesa, periplo que está logrando su objetivo principal: el ser distribuida en una gran diversidad de mercados. En este deambular de colas de aeropuerto, recepciones oficiales, charlas con el público y encuentros con la industria del espectáculo se encuentra desde hace más de un año Jimmy Jean-Louis, rostro, cuerpo y alma de la película, quien se ha tomado su trabajo con la seriedad y rigor que el personaje y el evento obligan para un oriundo de Haití, emigrado con su familia a Francia en la infancia y residente a caballo entre París y Los Ángeles tanto por su carrera cinematográfica como por su interés en educar a sus hijos entre ambas culturas. Con una trayectoria variopinta que incluye pasarelas de moda de la mano de modistos italianos; el parqué de un teatro aledaño a las Ramblas durante tres años, donde actuó en el musical La Belle Epoque; o los platós de rodaje de anuncios publicitarios, videos musicales y series de televisión, los pasos le han llevado finalmente a Hollywood, en donde ha interpretado a secundarios en películas de éxito hasta ser elegido para el papel que marcará un antes y un después en su recorrido vital: Toussaint Louverture.

Con motivo de su presencia en el Festival de cine africano de Nueva York este mes de abril, donde su película fue elegida para inaugurar el festival, tuve el placer de conversar con el actor sobre cómo ve el futuro del cine en el Caribe; la recepción internacional de su último filme; la necesidad de crear alianzas entre países vecinos del sur; la importancia de ofrecer narrativas diversas a las generalistas, y la realidad del día a día en su país natal, donde sigue viviendo su familia. Jimmy Jean-Louis, hoy la cara de Haití, sabe la responsabilidad que conlleva su posición de personaje público y las oportunidades que se le abren para ayudar al desarrollo de su país. Tras el terremoto del 2010, él, su esposa y un equipo de colaboradores fundaron la ONG Hollywood Unites for Haiti (http://hufh.org/ ) cuya misión es proveer de educación cultural y deportiva a los jóvenes más desfavorecidos de la isla. En pleno funcionamiento en la actualidad, muestra de forma práctica la implicación de este actor y activista, ejemplo de solidaridad y responsabilidad ciudadana y política, el cual aprovecha cada espacio que se le brinda para ofrecer una visión diferente de su país y de sus gentes, tan maltratados por los prejuicios y estereotipos que se perpetúan desde el exterior.

Beatriz Leal: ¿Cómo fuiste contactado para la formar parte de la película?

Jimmy Jean-Louis: Estaba en mi casa en Los Ángeles cuando me llamó el productor, el cual estaba en Martinica. Como tenía que desplazarme a la isla en unos días nos vimos y arreglamos mi participación en el proyecto. Había muchos elementos que provocaron que ese momento en mi carrera fuese el ideal y se me pidiese interpretar a Toussaint Louverture: era un actor que trabajaba en Hollywood, estaba terminando una película en París y, gracias al personaje del “haitiano” en la serie de televisión Héroes encarnaba a mi país para el público general. Como actor no se te presentan oportunidades como ésta muy a menudo e, independientemente de tu forma de actuar, de tu capacidad de tocar la sensibilidad del espectador, interpretar a un personaje icónico como Toussaint es una oportunidad única por la que estaré eternamente agradecido.

BL: El cineasta francés Philippe Niang, aunque de ascendencia senegalesa, no tenía conexión directa con Haití; ¿sabes cuáles fueron las razones por las que él fuese el que se hiciese cargo de la dirección de la película?

JJ-L: Como sabrás por sus obras previas, Philippe Niang es un director que se dedica en cuerpo y alma a cada uno de sus proyectos, embarcándose en largas temporadas de investigación para comprender en profundidad el tema que tiene entre manos. Su entrega fue absoluta, viéndose favorecido su trabajo por la ayuda que le fueron brindando la mayor parte de los más reconocidos directores negros de talla internacional, los cuales tuvieron, en uno u otro momento, cierta conexión con la película.

BL: Sin duda, uno de los consultados debió ser Raoul Peck, originario de Haití y director en la actualidad de la reconocida escuela de cine parisina; la FEMIS.

JJ-L: Raoul Peck es, en efecto, uno de los grandes maestros de cine de mi país y tuvo un papel fundamental en la película, trabajando en ella durante cuatro años. En cierto momento, se suponía que él sería su director y aunque finalmente no sucedió, la película que vemos hoy es la que él querría haber realizado.

BL: Toussaint Louverture se presentó en 2012 en el Festival Panafricano de Los Ángeles (EE.UU.). ¿Cuál fue la recepción de la audiencia?

JJ-L: Realmente interesante, ya que el público se quedó sorprendido de que una historia como ésta se hubiese llevado a la pantalla. Entre los espectadores estaban numerosas personas interesadas en la historia de Haití, razón por la que, al finalizar la película, se desarrolló una acalorada discusión que duró casi una hora y durante la que ni un alma abandonó la sala. Querían hacer preguntas, saber más… Me llena de orgullo, ya que significaba un acto de reconocimiento al trabajo hecho y a la posibilidad de presentar, incluso en los EE.UU., una película que trata la historia de un hombre que ha sido tan controvertido y por ello silenciado durante tanto tiempo.

BL: De hecho, esta controversia alrededor de una de las figuras históricas más relevantes de la historia, ha sido fundamental a la hora de que Danny Glover haya tenido que desistir de realizar su película sobre Toussaint Louverture tras tantísimos años intentándolo. Por su reconocida labor dando a conocer la historia africana y de su población en la diáspora así como apoyando a intelectuales y artistas del continente, algunos han criticado el hecho de que esta película se le haya adelantado y que venga producida con dinero francés. Desde mi punto de vista, se trata de la primera película sobre un hombre de tal carisma, personalidad y relevancia histórica, que estamos ante el punto de partida de muchas otras producciones por llegar.

JJ-L: Esto es exactamente lo que opino sobre esta película. Comprendo que los expertos de cine sean críticos, pero la inmensa mayoría están muy satisfechos con el resultado. Hay quienes preferirían ver más acción, más sangre en la pantalla… pero no debemos olvidar que la película se realizó para ser pasada por televisión para una audiencia numerosa y variada. Al rodar para este formato televisivo se te imponen restricciones. Esta es la causa de que no pudiésemos mostrar los momentos más duros de la esclavitud. La película estaba programada para las 20:30, una hora en la que madres y niños comparten la sobremesa ante el televisor…

BL: Lo que me lleva a preguntarte, cuál fue la reacción del público cuando se proyectó en Francia y, por extensión, en Europa.

JJ-L: Quedamos muy satisfechos y si es verdad que una película se realiza para que la mayor cantidad de gente posible la vea, la distribución en Francia fue excelente. Más de 8 millones de personas pudieron verla y, aunque la película ha viajado mucho y muy bien por festivales internacionales por todo el planeta, los números ni se le aproximan si los pusiésemos todos en el mismo bote. La recepción europea fue tan buena que incluso recibí una nominación a mejor actor en el festival de cine de Mónaco, donde se presentan películas de todos los países del mundo, lo cual es un gran reconocimiento. Hace poco que se han vendido los derechos de distribución a Rusia llegando, poco a poco, a otros mercados. Hace un mes estuve en China, donde parece que también tienen interés en comprarla… La realidad es que esta película es válida para cualquier tipo de audiencia al tratarse de una historia universal de un hombre corriente que se convierte en héroe por su propio esfuerzo y valía. Es un tipo de historia que se repite, similar a la de Nelson Mandela o el Dalai Lama… Aunque se ha presentado en muchos festivales especializados en cine africano, no ha quedado reducida a este circuito, y estoy convencido que irá encontrando su lugar ya que no tenemos prisa.

BL: Nos queda el lugar más importante: Haití. Con la carencia de infraestructuras en el país: ¿cómo la lograsteis proyectar?

JJ-L: En un primer momento, organizamos una premiere con la gente de la industria del cine, en la que también invitamos a representantes del gobierno, a embajadores y personalidades relevantes de diversos ámbitos culturales. Posteriormente, realizamos proyecciones en diversas ciudades para la gente corriente y, para terminar, dimos la película a las cadenas de televisión locales para que hiciesen con ella lo que se les antojase mejor. Por lo que me cuenta mi familia: ¡la pasan por televisión una vez por semana!

BL: Con tu organización benéfica Hollywood Unites for Haiti viajas regularmente a Haití y estarás en contacto con personalidades de la cultura y la industria del espectáculo. ¿Crees posible que en, digamos, 5 ó 10 años, Haití pueda tener una industria cinematográfica? Emplear el cine como arma para ofrecer imágenes diferentes del país al público mundial permitiría cambiar las ideas y la perspectiva que tienen sobre éste, especialmente tras la sobrecarga de imágenes de los medios de comunicación que llegaron tras el terremoto con una tendencia miserabilista y distópica notables. ¿Crees que el éxito de tu película ha situado al cine en la agenda del gobierno local?

JJ-L: El cine todavía no es una prioridad, debido a la urgencia de otros temas como la salud, la educación, la construcción de estructuras habitables tras el terremoto, el mantenimiento de una red de agua potable, la lucha contra las epidemias o la creación de un gobierno estable… pero sí que creo que se está recuperando el espíritu de apoyo al cine que existía hace 10 ó 15 años y que, tristemente, colapsó con los diversos acontecimientos dramáticos de mi país. Hoy en día, el cine podría ser la mejor arma de la que dispone Haití para cambiar la imagen y la percepción que se tiene de éste y sus gentes. Una vez empiezas a contar historias positivas, opuestas al drama y la miseria imperantes en documentales hechos en su mayor parte por extranjeros, otras historias vendrán, y Haití, a pesar de su pequeño tamaño, tiene una cultura rica y una larga y complicada historia aún por contar.

BL: Dentro del movimiento de cooperación Sur-Sur, ahora en auge, quizás Haití debería considerar la posibilidad de aliarse con sus vecinos caribeños y latinoamericanos, especialmente compartiendo isla con la República Dominicana. ¿Sabes si se están dando pasos en esta dirección?

JJ-L: Sé que se están produciendo movimientos en este sentido y, en concreto, la República Dominicana, un país al que viajo regularmente, está apostando con fuerza para convertirse en el centro de la industria cinematográfica del Caribe, para llegar incluso a situarse a la cabeza de los países punteros de Latinoamérica como México, Argentina o Brasil. ¿Cuál será el papel de Haití en todo ello? Espero que tenga algún lugar… pero es muy delicado, porque nadie quiere reconocer lo que Haití ha hecho por el mundo, incluso en cuanto a la estructura económica: la cual cambió totalmente con la independencia de Haití. Tengo la esperanza de que se empiecen a hacer muchas más películas sobre nuestros héroes para que la gente entienda la importancia de mi patria. Hoy en día sólo se habla de un par de cosas como el terremoto, y antes del vudú y de los dictadores. Hemos de limpiar la imagen de Haití de estas imágenes negativas preponderantes que dan a la realidad un solo color. Tenemos que ofrecer una realidad más compleja para el resto del mundo…

BL: … situando a tu país en el contexto adecuado en relación a la gente y las culturas de Sudamérica, del Caribe y del sur de los EE.UU. con su tradición criolla… Los occidentales saben ciertas cosas de Haití, pero no entienden la complejidad y características especiales de su cultura y sus habitantes.

JJ-L: Totalmente de acuerdo: ¡hablamos en francés! Cosas tan simples como ésta siguen sin estar claras, llegando hasta el punto de ignorar la ubicación de Haití en el mapa… Hechos tan sencillos como éstos se han de repetir una y otra vez para que finalmente sean asimilados.

BL: Es decir; el poder y la necesidad de las “contra-narrativas” en oposición a las que los medios de comunicación generales nos ofrecen por activa y por pasiva. Gente como tú, que vive una existencia nómada, una cualidad compartida hoy en día por muchísimos hombres y mujeres, está creando la posibilidad de establecer lazos de comprensión mutua que permitan acercarse a la complejidad de lo que significa, en tu caso, ser haitiano en el siglo XXI. Para complementar películas heroicas como la de Toussaint, se están produciendo más y más historias individuales de hombres y mujeres que se sitúan en el presente. Entre las más recientes destacan sendas películas de mujeres haitianas: Stones in the Sun (2012) de Patricia Benoit y Elza (2011) de Mariette Monpierre. Ambas proponen una visión compleja de las relaciones raciales, la existencia del exilio y la diáspora, la mezcla cultural y los problemas ligados a los regímenes dictatoriales y sus efectos traumáticos en la población, así como el papel de la mujer en el necesario proceso de reconstrucción nacional. ¿Qué opinas de estas películas?

JJ-L: Estamos dentro de un proceso complejo que tomará mucho tiempo, y cada una de estas películas constituye un paso adelante para conseguir la liberación y autonomía real de nuestro pueblo. Nuestra misión: abrir los ojos de la gente.

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HACE CINCUENTA AÑOS: Kennedy, el lobby y la bomba

Hace exactamente 50 años se producía un episodio decisivo en la historia de la «democracia estadounidense», una lucha épica cuyo desenlace ha sido determinante para el futuro del mundo entero. Laurent Guyenot nos recuerda lo que estuvo en juego en aquel importante momento.

RED VOLTAIRE | 2 DE MAYO DE 2013 


Kennedy y el AIPAC

En mayo de 1963, le Comité de Relaciones Exteriores del Senado de Estados Unidos abría una investigación sobre las operaciones clandestinas de agentes extranjeros en territorio estadounidense, investigación cuyos principales objetivos eran el American Zionist Council y la Jewish Agency for Israel [1]. La investigación estaba motivada por un informe redactado en marzo de 1961 (y desclasificado en 2010) del presidente de esa comisión permanente, William Fulbright, que indicaba: «En los últimos años ha habido un creciente número de incidentes que implicaban intentos de gobiernos extranjeros, o de sus agentes, con vistas a influir en la política exterior americana [estadounidense] a través de métodos que se salen de los canales diplomáticos normales.» Al señalar que esos métodos incluían «actividades secretas en Estados Unidos y en otras partes», Fulbright apuntaba al «Caso Lavon» [2] de 1953, en el que varios judíos egipcios entrenados en Israel perpetraron contra objetivos británicos varios atentados con bombas que debían atribuirse a la Hermandad Musulmana para desacreditar a Nasser ante británicos y estadounidenses. La investigación del Senado sacó a la luz una actividad de blanqueo de dinero a través de la cual la Jewish Agency (indisociable del Estado de Israel, del que incluso fue precursora) hacía llegar decenas de millones de dólares al American Zionist Council, principal lobby israelí en Estados Unidos. Como resultado de aquella investigación, el Departamento de Justicia, bajo las órdenes del Attorney GeneralRobert Kennedy, exigió que –ya que estaba financiado por el Estado de Israel– el American Zionist Council se registrara como «agente extranjero» y quedara por lo tanto sometido a las obligaciones estipuladas en la Foreign Agents Registration Act de 1938, lo cual implicaba una estrecha vigilancia de sus actividades.
Aquel intento de contrarrestar la creciente interferencia de Israel en la política estadounidense estaba, por supuesto, respaldado por el presidente. Siendo aún no más que un joven periodista que cubría la conferencia inaugural de la ONU, John F. Kennedy ya había visto con desagrado la capacidad de Israel para la compra de políticos, incluyendo al propio presidente. En efecto, el 15 de mayo de 1948, al reconocer el Estado de Israel –sólo 10 minutos después de su proclamación oficial y en contra de la opinión unánime de su propio gobierno– el presidente Harry Truman no sólo se había ganado un lugar en la historia bíblica («El histórico acto de reconocimiento de Truman quedará grabado para siempre en letras de oro en los cuatro mil años de historia del pueblo judío» [3], proclamó entonces el embajador israelí) sino que también se echó en el bolsillo 2 millones de dólares para su campaña por la reelección. «Es por eso que nuestro reconocimiento de Israel fue tan rápido», confió Kennedy a su amigo el novelista y ensayista Gore Vidal [4]. En 1960, el propio John Kennedy recibió del lobby israelí una oferta de ayuda financiera para su campaña presidencial. Así resumió [Kennedy] a su amigo el periodista Charles Bartlett la proposición del mecenas Abraham Feinberg: «Sabemos que su campaña enfrenta dificultades. Estamos dispuestos a pagar sus cuentas si usted nos deja el control de su política en el Medio Oriente.» Bartlett recuerda que Kennedy se prometió a sí mismo que «si llegaba a convertirse en presidente haría algo por cambiar aquello» [5]. En 1962 y 1963, Kennedy presentó 7 proyectos de ley para reformar el financiamiento de las campañas electorales de los congresistas. Todos fueron exitosamente combatidos por los mismos grupos de presión contra los que estaban dirigidas.
Todos los esfuerzos gubernamentales por limitar la corrupción que los agentes de Israel estaban imponiendo en la democracia estadounidense se vieron frenados de golpe por el asesinato de Kennedy y por la llegada de Nicholas Katzenbach al Departamento de Justicia, en sustitución del hermano de Kennedy. El American Zionist Council escapó a la inscripción como agente extranjero disolviéndose y cambiando su nombre por el de American Israel Public Affairs Committee (AIPAC). Diez años más tarde, el 15 de abril de 1973, Fullbright señalaba en la CBS: «Israel controla el Senado americano. […] La gran mayoría del Senado americano –alrededor del 80%– apoya por completo a Israel. Israel obtiene todo lo que quiere» [6]. El AIPAC mantuvo las mismas prácticas que su antecesor, escapando incluso a todo tipo de sanción cuando sus miembros fueron sorprendidos en flagrante delito de espionaje y alta traición: en 2005, dos responsables del AIPAC fueron absueltos después de haber recibido de Larry Franklin, miembro de la Oficina de Planes Especiales del Pentágono, una serie de documentos clasificados como secreto militar, documentos que ellos transmitieron a un alto funcionario de Israel. En 2007, John Mearsheimer y Stephen Walt demostraban en su libro El lobby israelí y la política exterior estadounidense que el AIPAC y los grupos proisraelíes de cabildeo de menor importancia eran la causa principal de la guerra contra Irak y, más ampliamente, que eran también el factor determinante de la política exterior estadounidense en el Medio Oriente. Como nada ha cambiado desde entonces, no hay razón alguna para que el gobierno de Benjamin Netanyahu no logre obtener él también de Estados Unidos la destrucción de Irán, la cual no deja de exigir.
«Nosotros, el pueblo judío, controlamos Estados Unidos y los estadounidenses lo saben» [7], dijo el primer ministro Ariel Sharon a su ministro de Relaciones Exteriores Shimon Peres el 3 de octubre de 2001, según la radio israelí Kol Israel. Su sucesor, Benjamin Netanyahu, lo demostró el 24 de mayo de 2011 ante el Congreso estadounidense, donde fue ovacionado 29 veces por un auditorio que incluso se puso de pie para aclamar específicamente cada una de las siguientes frases: «En Judea y en Samaria, los judíos no son ocupantes extranjeros»; «Ninguna distorsión de la historia puede negar el vínculo de 4 000 años entre el pueblo judío y la tierra judía»; «Israel no volverá a las fronteras indefendibles de 1967»; «Jerusalén no debe ser dividida nunca más. Jerusalén debe seguir siendo la capital unida de Israel.» [8]
Kennedy, la bomba y Dimona
Si Kennedy no hubiese sido asesinado, la influencia de Israel seguramente se hubiese visto limitada en otro sector más, el del armamento nuclear. Desde el inicio de los años 1950, David Ben Gurión, quien ejercía simultáneamente las funciones de primer ministro y de ministro de Defensa, había emprendido la fabricación secreta de bombas atómicas, desviando así de su objetivo el programa de cooperación pacífica Atom for Peace que Eisenhower había iniciado ingenuamente. Informado por la CIA, inmediatamente después de su llegada a la Casa Blanca, sobre el verdadero objetivo del complejo de Dimona, Kennedy hará todo lo posible por obligar Israel a renunciar [a sus intenciones en ese sentido]. Exigió a Ben Gurión la realización de inspecciones periódicas en Dimona. Primero lo hizo de viva voz, en Nueva York en 1961, y posteriormente a través de cartas oficiales cada vez más insistentes. En la última de esas cartas, fechada el 15 de junio de 1963, Kennedy exigía una primera inspección inmediata a la que seguirían inspecciones regulares cada 6 meses, a falta de lo cual «el compromiso y el respaldo de nuestro gobierno a Israel pudieran verse en serio peligro» [9]. El efecto de aquel mensaje fue sorprendente: Ben Gurión dimitió el 16 de junio, evitando así la recepción de aquella carta. Cuando el nuevo primer ministro Levi Eshkol entró en funciones, Kennedy le envió de inmediato una carta idéntica, fechada el 5 de julio de 1963.
Lo que quería Kennedy no era evitar que Israel alcanzara un poder que Estados Unidos reservaba para sí mismo y para sus aliados de la OTAN. Su objetivo formaba parte de un proyecto mucho más ambicioso, que ya había anunciado el 25 septiembre de 1961 –o sea 9 meses después de su investidura– ante la Asamblea General de la ONU: «Hoy cada habitante de este planeta debe imaginar el día en que este planeta haya dejado quizás de ser habitable. Cada hombre, mujer o niño está viviendo bajo una espada de Damocles nuclear pendiente de frágiles hilos que pueden ser cortados en cualquier momento por accidente o por error, o por locura. Hay que liquidar esas armas de guerra antes de que ellas nos liquiden […] Tenemos por lo tanto intenciones de lanzar un desafío a la Unión Soviética, no para una carrera armamentista sino para una carrera por la paz –para avanzar juntos, paso a paso, etapa por etapa, hasta alcanzar el desarme general y completo» [10]. Nikita Jruschov captó el mensaje y respondió favorablemente en una carta confidencial de 26 páginas, fechada el 29 de septiembre de 1961 y transmitida a través de un canal secreto. Después de la crisis de octubre de 1962 causada por los misiles instalados en Cuba, la guerra nuclear que habían logrado evitar a duras penas gracias a su propia sangre fría aproximó aún más a los dos jefes de Estado en cuanto a la convicción de que compartían la responsabilidad de liberar la humanidad de la amenaza atómica. Jruschov envió entonces a Kennedy una segunda carta privada en la que expresaba su esperanza de que, en 8 años de presidencia de Kennedy, «podamos crear buenas condiciones para una coexistencia pacífica en la Tierra, lo cual apreciarían altamente los pueblos de nuestros países así como los demás pueblos» [11]. A pesar de otras crisis, Kennedy y Jruschov prosiguieron aquella correspondencia secreta, hoy desclasificada, que comprende en total 21 cartas dedicadas en gran parte al proyecto de abolir el arma atómica.
En 1963, las negociaciones desembocaron en el primer tratado de limitación de los ensayos nucleares, que prohibía los ensayos nucleares en la atmósfera y bajo el agua, tratado firmado el 5 de agosto de 1963 por la Unión Soviética, Estados Unidos y el Reino Unido. Seis semanas más tarde, el 20 de septiembre de 1963, Kennedy expresaba ante la ONU su orgullo y esperanza: «Hace 2 años declaré ante esta asamblea que Estados Unidos había propuesto y estaba dispuesto a firmar un tratado limitado de prohibición de los ensayos. Hoy ese tratado está firmado. No acabará con la guerra. No eliminará los conflictos fundamentales. No garantizará la libertad a todos. Pero puede ser una palanca. Y se dice que Arquímedes, al explicar el principio de la palanca, dijo a sus amigos: “Denme un punto de apoyo y moveré el mundo.” Queridos cohabitantes de este planeta, podemos mover el mundo hacia una paz justa y duradera» [12].
En su última carta a Kennedy, entregada al embajador de Estados Unidos Roy Kohler pero que nunca llegó a su destinatario, Jruschov se mostraba igualmente orgulloso de aquel primer tratado histórico, que «ha inyectado una mentalidad fresca en la atmósfera internacional». Y presentaba otras proposiciones, retomando las palabras de Kennedy: «Su implementación abriría el camino hacia el desarme general y completo y, por consiguiente, hacia la liberación de los pueblos de la amenaza de la guerra.» [13]
Para Kennedy, el arma nuclear era la negación de todos los esfuerzos históricos tendientes a civilizar la guerra evitando las víctimas civiles. «No dejo de pensar en los niños, no sólo en los míos o los tuyos, sino en los niños de todo el mundo», decía a su amigo y asistente Kenneth O’Donnell durante su campaña a favor del Test Ban Treaty. Y lo repitió en su alocución televisiva del 26 de julio de 1963: «Ese tratado es para todos nosotros, especialmente para nuestros hijos y nuestros nietos, que no tienen ningún grupo de cabildeo aquí en Washington.» [14]
En los años 1960, el desarme nuclear era un objetivo realista. Sólo 4 países disponían del arma nuclear. Había una posibilidad histórica que aprovechar y Kennedy estaba decidido a no desperdiciarla. «Me obsesiona la impresión de que si no lo logramos, en 1970 habrá quizás 10 potencias nucleares en vez de 4, y 15 o 20 en 1975» [15], dijo en su conferencia de prensa del 21 de marzo de 1963. Mientras que, siguiendo las huellas de Estados Unidos y la URSS, todos los países de la OTAN y del bloque del este daban un primer paso hacia el desarme nuclear, Israel hacía en secreto lo contrario y Kennedy estaba decidido a impedirlo.
La muerte de Kennedy, meses más tarde, alivió la presión sobre Israel. Johnson decidió ignorar lo que sucedía en el complejo de Dimona. John McCone, el director de la CIA nombrado por Kennedy, dimitió en 1965 quejándose del desinterés de Johnson sobre aquel tema. Israel obtuvo su primera bomba [atómica] hacia 1967, sin admitirlo nunca. Nixon tampoco se preocupó del asunto, mientras que su consejero de seguridad nacional Henry Kissinger expresaba en privado su satisfacción ante la idea de tener en Israel una potencia nuclear aliada. Nixon, de quien se puede decir que el Estado profundo entró con él a la Casa Blanca, jugó un doble juego. Mientras respaldaba públicamente el Tratado de No Proliferación de 1968 (que no era una iniciativa estadounidense), Nixon envió a su propia burocracia un mensaje totalmente opuesto a través de un National Security Decision Memorandum de carácter secreto (NSDM-6) que decía:
«No debe haber ningún esfuerzo de Estados Unidos por forzar a otros países […] a aplicar [el tratado]. Este gobierno, en su postura pública, debe reflejar un tono optimista en cuanto a que otros países firmen o ratifiquen [el tratado], apartándose al mismo tiempo de todo plan de hacer presión sobre esos países para que firmen o ratifiquen.» [16]
Según las cifras del SIPRI (Stockholm International Peace Research Institute) correspondientes al años 2011, existen hoy en todo el mundo 20 000 bombas nucleares que tienen como promedio una potencia 30 veces superior a la bomba atómica de Hiroshima, lo cual equivale en total a 600 000 veces lo sucedido en Hiroshima. De esas bombas, 1 800 se hallan en estado de alerta, o sea listas para ser utilizadas en cuestión de minutos. Con menos de 8 millones de habitantes, Israel es la 6ª potencia nuclear a nivel mundial.
«Si dejásemos actuar al Presidente habría una guerra nuclear cada semana» [17], decía Kissinger. Ya en los años 1950, Nixon había recomendado a Eisenhower el uso de la bomba atómica en Indochina y en Corea.
Hubo que esperar hasta 1986 y a que el Sunday Times publicara varias fotos tomadas en Dimona por el técnico israelí Mordechai Vanunu para que el mundo se enterara de que Israel se había dotado secretamente de la bomba atómica. Después de ser secuestrado por los servicios secretos israelíes, Vanunu fue condenado [en Israel] por «divulgación de secretos de Estado» y pasó en la cárcel 18 años, 11 de ellos en aislamiento total. Desde su liberación, en 2004, Vanunu tiene prohibido salir de Israel y comunicarse con extranjeros.
Johnson y el USS Liberty
Kennedy no es recordado en Tel Aviv como un amigo de Israel. Además de sus ataques contra el descarado cabildeo de Israel y contra las ambiciones israelíes de poderío nuclear, Kennedy se había comprometido a favor del derecho al regreso de los 800 000 palestinos expulsados de sus casas y de sus poblados en 1947 y 1948. El 20 de noviembre de 1963, su delegación ante la ONU llamaba a la implementación de la Resolución 194 en ese sentido. Kennedy no tuvo tiempo de leer en los diarios las reacciones escandalizadas de Israel, ya que fue asesinado 2 días después.
La llegada de Johnson a la Casa Blanca fue saludada con alivio en Israel: «No cabe duda de que con la llegada de Lyndon Johnson al poder tendremos más oportunidad de acercarnos directamente al Presidente si nos parece que la política estadounidense es contraria a nuestros intereses vitales» [18], estimaba el diario israelí Yediot Ahronot. Lejos de recordar a Israel su propia limpieza étnica, Johnson abrazó plenamente el mito de la «tierra sin pueblo para un pueblo sin tierra» llegando incluso un día a comparar, ante un auditorio judío, a los «pioneros judíos que construyen una casa en el desierto» [19] con sus propios ancestros en la colonización del Nuevo Mundo –lo que, en el fondo, subraya involuntariamente la equivalencia entre la negación de la limpieza étnica aplicada en Palestina por los israelíes y la negación por los estadounidenses de su propia historia de genocidio.
Kennedy había reducido la ayuda a Israel, pero Johnson la aumentó de 40 millones a 71, e incluso a 130 millones al año siguiente. La administración Kennedy había autorizado únicamente la venta a Israel de unas cuantas baterías de misiles defensivos pero bajo la administración Johnson más del 70% de la ayuda a Israel se utilizó para financiar la compra de armamento, como 250 tanques y 48 aviones de ataque Skyhawk. En 1966, la ayuda material a Israel alcanzó los 92 millones de dólares, más que la suma de todos los años anteriores. Mientras tanto, Johnson privó de ayuda estadounidense a Egipto y Argelia obligando así a esos dos países a volverse hacia la URSS para mantener el nivel de sus defensas. En junio de 1967, Johnson dio a Israel una «luz amarilla» para su guerra supuestamente «defensiva» contra Egipto, a través de una carta fechada el 3 de junio en la que aseguraba al primer ministro israelí Levi Eshkol que quería «proteger la integridad territorial de Israel y […] proporcionar un respaldo americano tan eficaz como fuese posible para preservar la paz y la libertad de su nación y de la región». [20]
La muerte de Kennedy instauró un profundo duelo en el mundo árabe, donde el retrato de JFK ornaba numerosos hogares. «Ahora es De Gaulle el único jefe de Estado occidental con cuya amistad pueden contar los árabes», diría Gamal Abdel Nasser. Mientras reducía la ayuda a Israel, Kennedy había abastecido generosamente de trigo a Egipto en el marco del programa Food for Peace. La breve presidencia de Kennedy fue para Egipto un feliz paréntesis y también un sueño que rápidamente disipado. Bajo Eisenhower, en 1954, Egipto había sido blanco de actos de terrorismo del tipo false flag (bandera falsa), perpetrados por Israel para «acabar con la confianza de Occidente en el régimen egipcio existente [e] impedir la ayuda económica y militar de Occidente a Egipto» [21], según los términos utilizados por el jefe de la Inteligencia Militar (Aman) Benjamin Givli en un telegrama secreto actualmente desclasificado. El complot se descubrió a causa de la detonación accidental de uno de los artefactos, lo que desencadenó el escándalo del «Caso Lavon» (apellido del ministro de Defensa Pinhas Lavon, quien fue considerado responsable), escándalo rápidamente acallado en Israel y en Estados Unidos. El primer ministro [israelí] Moshe Sharett, partidario de un sionismo moderado y respetuoso de las reglas internacionales, señaló en aquella época –aunque en privado– el irresistible ascenso de los extremistas, entre los que él incluía al futuro presidente Shimon Peres, precisando que «quiere aterrorizar a Occidente para llevarlo a respaldar los objetivos de Israel» y que «eleva el terrorismo a la categoría de principio sagrado». [22]
La muerte de Kennedy dio nuevamente rienda suelta al terrorismo maquiavélico que se ha convertido en la especialidad de Israel. Dos días antes del final de la Guerra de los Seis Días, el ejército israelí lanzó contra el USS Liberty la más célebre y calamitosa de sus agresiones false flag. En el soleado día del 8 de junio de 1967, 3 bombarderos Mirage sin distintivos y 3 lanchas torpederas con bandera israelí bombardearon, ametrallaron y torpedearon durante 75 minutos aquel barco no armado de la NSA (National Security Agency), que se hallaba en aguas internacionales y que era perfectamente identificable, con la evidente intención de que no quedara ningún sobreviviente, ya que llegaron incluso a ametrallar los botes salvavidas. Sólo cesaron el ataque al acercarse un navío soviético, cuando ya habían matado a 34 miembros de la tripulación, en su mayoría ingenieros, técnicos y traductores. Se piensa que, si hubiesen logrado hundir el barco sin testigos, los israelíes habrían atribuido el crimen a Egipto, para arrastrar así a Estados Unidos a la guerra del lado de Israel. Según Peter Hounam, autor de Operation Cyanide: Why the Bombing of the USS Liberty Nearly Caused World War III (libro publicado en 2003), el ataque contra el USS Liberty contó con la autorización previa y secreta de la Casa Blanca, en el marco del proyecto Frontlet 615, «un arreglo político secreto concluido en 1966 en el cual Israel y Estados Unidos se comprometían a destruir a Nasser». Las órdenes emitidas aquel día por la Casa Blanca, que retrasaron el auxilio durante varios horas, sugieren que Johnson no sólo cubrió a los israelíes después de los hechos, sino que incluso se había puesto de acuerdo con ellos de antemano. Oliver Kirby, vicedirector de Operaciones de la NSA en aquella época, dijo –el 2 de octubre de 2007– al periodista John Crewdson del Chicago Tribune que las transcripciones de las comunicaciones de los aviones israelíes interceptadas por la NSA e inmediatamente transmitidas a Washington no dejaban lugar a dudas sobre la identidad de los atacantes ni sobre el hecho que estos últimos habían identificado su blanco como estadounidense antes de atacarlo: «Yo estoy dispuesto a jurar sobre un montón de biblias que nosotros sabíamos que ellos sabían [que el barco era estadounidense]» [23]. Ya desenmascarado, Israel habló de un error y presentó excusas, con las cuales se contentó Johnson pretextando que «I will not embarrass our ally». En enero de 1968, cuando Johnson recibió en Washington al primer ministro israelí Levi Eshkol y lo invitó después a rancho de Texas, las relaciones fueron calurosas. Israel sacó de ello una enseñanza de impunidad cuya influencia sobre su comportamiento no debemos subestimar: el precio a pagar por el fracaso de una operaciónfalse flag contra Estados Unidos es cero. De hecho, es imposible que fracasar ya que los propios estadounidenses se encargarán de encubrir el crimen de Israel: Tel Aviv recibe de inmediato armas y aviones estadounidenses, convirtiendo rápidamente a Israel en el cliente número 1 de la industria militar estadounidense.
por Laurent Guyénot