Caamaño Deñó  se dirige al pueblo por radio en un momento de la guerra de abril
La Habana (PL) Dicen que el padre de Francisco Alberto Caamaño Deñó, general Fausto Caamaño, al enfrentar a los alumnos cubanos de segunda enseñanza en la escuela que lleva el nombre de su hijo, dijo que ante ellos comparecía un viejo tonto que lloraba por haber comprendido demasiado tarde que su hijo tenía razón en sus ideales de libertad y justicia.
¿Quién podría adivinar que el padre del héroe de Abril, junto con Ludovino Fernández, progenitor de Rafael Tomás Fernández Domínguez, connotados militares cercanos al dictador Rafael Leónidas Trujillo Molina, serían procreadores de jefes de la lucha revolucionaria?
Honrosas excepciones confirmaron la regla que de tal padre, tales hijos, en una convulsa época de la historia dominicana que parió una pléyade de héroes.
Por la pluma de dos renombrados escritores dominicanos, Tony Raful y Hamlet Hermann, la historia reciente de ese país cobra vida en sus obras más recientes: De Trujillo a Fernández Domínguez y Caamaño de Raful y Caamaño, biografía de una época, de Hermann, presentados en la 22 edición de la Feria Internacional del Libro de Cuba.
La rebeldía de una generación de dominicanos de mediados del siglo pasado, se gestó en las entrañas de la dictadura y se expandió entre exiliados de ese país que huyeron de la tiranía de Rafael Leónidas Trujillo hacia Cuba, Venezuela, Puerto Rico y Estados Unidos, muchas veces después de sufrir los rigores de la represión y la tortura.
Sobreviviente de dos contiendas insurgentes, las del 14 de junio (1959) y la guerrilla de Caamaño en 1973, el ingeniero y autor Hamlet Hermann ha legado su testimonio en una docena de libros, el más reciente de los cuales es Caamaño, biografía de una época.
Entre las anécdotas producto de sus investigaciones, el laureado escritor contó que el padre de Caamaño visitó Cuba en 1947, cuando se preparaba la expedición de Cayo Confites, destinada a desembarcar en Dominicana para luchar y derrocar a la dictadura de Trujillo.
Cayo Confites
Según Sergio Santana, investigador dominicano, un rico terrateniente de ese país, Juancito Rodríguez, de La Vega, República Dominicana, salió al exilio y se puso al frente de la expedición que se preparaba en La Habana.
José Manuel Alemán, ministro de Educación del gobierno del entonces presidente Ramón Grau San Martín, fue el contacto entre los exiliados y el gobierno, que tenía como jefe del Ejército al futuro golpista y ya entonces General Fulgencio Batista.
Alemán por la parte civil y el coronel Genovevo Pérez Dámera por lo militar, ayudaron a los expedicionarios con el alojamiento y el avituallamiento para la contienda bélica.
La visita de Fausto Caamaño a Cuba, señaló Hermann, tenía dos encomiendas del “Generalísimo”, desalentar el apoyo oficial cubano a la expedición y otra más encubierta, dar muerte al joven de 21 años que se destacaba ya por su fogosidad y verticalidad de sus ideas, Fidel Castro Ruz.
Para suerte de la historia posterior de América Latina y el Caribe, Caamaño padre solo tuvo éxito en la primera de las tareas, ayudado por el gobierno de Estados Unidos, que respaldó a Trujillo y presionó al gobierno cubano para hacer abortar la expedición.
El 13 de julio de 1947 los exiliados dominicanos eligieron un comité central para dirigir la expedición, integrado entre otros, por el profesor Juan Bosch.
Al entrar el mes de septiembre de ese año, el grupo contaba con 4 barcos, 13 aviones y mil hombres armados.
Cuando era inminente la salida del grupo insurgente, Trujillo declaró que “en el momento que el primer invasor pise tierra dominicana comenzaremos a bombardear la ciudad de La Habana“, recoge Santana en su blog: seisantanadominicana.blogspot.com.
Empezaron las deserciones entre la tropa, confusiones y escaramuzas con la marina cubana y los expedicionarios restantes fueron obligados a desembarcar en Antillas, actual provincia de Holguín, donde fueron desarmados y conducidos al recinto militar de Columbia en La Habana.
Estando prisionero en Columbia, Juan Bosch se declaró en huelga de hambre hasta tanto no fueran liberados todos los expedicionarios, a lo cual finalmente accedió el gobierno cubano.
Expedición y Movimiento 14 de Junio
Tanto la expedición como el movimiento 14 de Junio formado posteriormente a las acciones de esa fecha, son hechos que van subordinados a tres de los temas más importantes de la historia dominicana.
El primero, el régimen de Trujillo; dos, el golpe de estado al primer gobierno electo democráticamente luego de 31 años de dictadura trujillista, con el ajusticiamiento del tirano el 30 de mayo de 1961; y tres, la revolución de 1965, que trajo consigo la intervención militar estadounidense, dice Ernesto Guzmán Alberto, en su ensayo Expedición y Movimiento del 14 de Junio.
Los que se entrenaban en 1959 para acometer el plan insurgente eran 211 dominicanos, 20 cubanos, 13 venezolanos, 9 puertorriqueños, 3 norteamericanos, 3 españoles, un guatemalteco y un nicaragüense, según Guzmán.
La expedición del 14 de junio de 1959 prevista para entrar en territorio dominicano por Constanza, Maimón y Estero Hondo, fue la insurrección armada más destacada acometida contra el régimen de Trujillo.
Organizaciones dominicanas en el exilio se reunieron en La Habana en marzo de 1959 para formar el Movimiento de Liberación Dominicana (MLD) con una división armada denominada Ejército de Liberación Dominicana (ELD).
En Dominicana también se reunieron fuerzas antitrujillistas para integrar formalmente un movimiento armado en torno al MLD y lo convirtieron en un solo frente.
Ya entrenados militarmente jóvenes del MLD en Cuba, fueron divididos en cinco pelotones de 50 hombres cada uno. Según el ensayista Ernesto Guzmán, el grupo se componía de 261 combatientes en total.
El 14 de junio de 1959, se había previsto la entrada del grupo insurgente por Constanza, Maimón y Estero Hondo, pero en esa fecha solo se pudo aterrizar en el aeropuerto militar de Constanza.
Este contingente estuvo comandado por Enrique Jiménez Moya y el cubano Delio Gómez Ochoa, este último comandante del Ejército Rebelde al triunfar la Revolución Cubana y hoy reconocido como héroe en la República Dominicana.
Un total de 56 combatientes iban a bordo de esa nave que debió desviarse de San Juan de la Maguana hacia Constanza, obligada por condiciones atmosféricas adversas.
Recibidos por los disparos de militares apostados en ese aeropuerto, el grupo fue impedido de bajar sus armas y pertrechos del avión, que levantó vuelo después de dejar a los combatientes.
El arribo del avión debió estar respaldado por la llegada de lanchas con el resto de los expedicionarios, pero también enfrentaron inconvenientes que retrasaron su desembarco.
La mayoría de los insurgentes capturados por las tropas de Trujillo fueron torturados en las cárceles del régimen. Del total de combatientes, sobrevivieron los dominicanos Poncio Pou Saleta, Mayobanex Vargas, Francisco Medardo y los cubanos Delio Gómez Ochoa y Pablo Mirabal.
El movimiento integrado posteriormente en su mayoría por estudiantes universitarios, que honraba a los héroes caídos, desarrolló varias actividades clandestinas contra la dictadura que rápidamente detectó la ubicación del foco subversivo en torno a la Universidad de Santo Domingo.
Manolo en un discurso en el Parque Independencia 1963
Los arrestos no se hicieron esperar, cayendo Manolo Tavarez Justo, Leandro Guzmán, Pedro González, esposos de Patria , María Teresa y Minerva Mirabal (luego asesinadas por la tiranía) hasta aproximadamente un centenar de miembros del Movimiento 14 de Junio.
Luego del ajusticiamiento del dictador, el Movimiento pasa de la clandestinidad a la legalidad, convirtiéndose en una organización política.
Caamaño, ejemplo que no muere
Francisco Alberto Caamaño Deñó fue fusilado el 16 de febrero de 1973 por orden del entonces presidente Joaquín Balaguer, de quien se ha dicho era alumno del dictador Trujillo, pero que en opinión del ex guerrillero y autor, Hamlet Hermann, fue maestro y guía del tirano.
En la presentación del libro Caamaño, biografía de una época, que según su autor le llevó 39 años y ocho meses escribirlo, el ex embajador de Cuba en República Dominicana, Omar Córdoba, dijo que Francis, como le conocían sus amigos, evolucionó de estricto y honesto jefe militar durante la dictadura, a líder del ejército constitucionalista que buscaba devolver a la presidencia al profesor Juan Bosch, derrocado en 1963, siete meses después de ser electo democráticamente.
El héroe dirigió al pueblo que, casi desarmado, se enfrentó a la invasión de este país por más de 40 mil marines de Estados Unidos. República Dominicana fue el único país invadido militarmente tres veces (1904, 1916 y 1965) durante el siglo XX por fuerzas de Estados Unidos.
La de 1965 fue la gota que derramó la copa de las inquietudes patrióticas de Francisco Caamaño. De oficial militar e hijo de uno de los generales trujillistas más connotados, se transformó en símbolo universal de la lucha frontal contra el imperialismo.
Sin vencer al imperio, pero sin ser vencido, el coronel Caamaño, quien llegó a ocupar la Presidencia provisional del país, transigió poner fin a un conflicto que agobiaba al país y empezó a padecer el perverso castigo del ostracismo cuando es designado agregado militar de la embajada dominicana en el Reino Unido.
No le fue permitida ninguna comunicación con el pueblo que lo tenía como su gran esperanza. Ante esa situación optó por prepararse para cumplir la promesa hecha a los dominicanos cuando renunció a la Presidencia del gobierno en armas.
A pesar de los ocho años que lo separaron del pueblo dominicano, su recuerdo seguía siendo poderoso. De acuerdo con su más dedicado biógrafo, es en Cuba donde Caamaño alcanza la madurez de su pensamiento político.
Joaquín Balaguer, impuesto en la presidencia dominicana por Estados Unidos, fue informado del desembarco de Caamaño y sus guerrilleros por Playa Caracoles en la primera semana de febrero de 1973.
Según Hermann, entraron en acción al tercer día, se separaron al sufrir heridas el mejor hombre de la guerrilla e insistir Caamaño en cuidarlo, quedándose en compañía de otro combatiente, después de lo cual fueron capturados los tres y el resto de la guerrilla lo confirmó al interceptar trasmisiones del Ejército.
Un dominicano defendiendo su dignidad frente a un Yanqui invasor
Al consultársele a Balaguer qué acción tomar con Caamaño, dijo airado que para ellos no había cárcel, lo cual fue interpretado como su orden de dar muerte al jefe de la guerrilla y sus acompañantes.
El mandato se cumplió el 16 de febrero, pero su recuerdo perdura porque como dijera su compañero de armas y biógrafo, citando al generalísimo Máximo Gómez ante la inesperada muerte de Martí:
“Duerme en paz compatriota y amigo querido, que yo digo de ti lo que la Historia ha dicho del héroe griego: bajo el cielo azul de tu patria, no hay tumba más gloriosa que la tuya.”
Por Elsy Fors *
* Periodista de la Redacción de Lenguas Extranjeras de Prensa Latina
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