Aprender a leer la realidad: un paso a la vez para derrotar al enemigo

Saw dust carpet, a tradition during Holy Week ...

No cabe duda que la Honduras de hoy es un desastre por donde se le vea. El gobierno post golpe ha seguido una ruta catastrófica, que más parece tener a la clase dominante saqueando el país para la reserva de los días terribles que se avecinan. Muchas veces recurrimos a interpretaciones complejas de las cosas; otras nos contentamos con seguir el rastro que nos van dejando para seguir, hoy podemos advertir que el trasfondo de la venta de la patria, la ley de minería, el trabajo por horas, la criminalización de la protesta, y muchas acciones más, intenciones que llevan a la ocupación militar de los Estados Unidos, en una acción tipo Haití, que podría producirse este año o el siguiente, dependiendo de cómo se configure la correlación de fuerzas en el país.

El juicio político luce diseñado para “estrenarlo” con Porfirio Lobo Sosa, quien no sería difícil de remover, y probablemente consentiría su retiro después de una negociación que le produjera dividendos a un grupo de personas. En Honduras avanza peligrosamente un plan que incluye lo que se conoce como “Class Cleansing” o limpieza de clase, mediante la cual se desarticula toda posibilidad de cohesión de las fuerzas opositoras al desmembramiento de los Estados “parásitos”. A todo esto contribuye la ofensiva diplomática del gobierno Hernández – Lobo que se pasean por el mundo diciendo que en Honduras se han terminado todos los vestigios del golpe de Estado de 2009, que la economía está bien, aunque enferma, y que el narcotráfico ha ganado la guerra por el control territorial.

Mientras tanto, los medios siguen, voluntaria o involuntariamente, la agenda que se impone desde los centros de poder oligárquicos, haciendo que la opinión pública, poco orientada y menos formada, se mueva como péndulo en la dirección de la clase dominante. Por otro lado, nuestro análisis es limitado, no existe mucha capacidad aun de ver el contexto, o entender la naturaleza de las fuerzas que intervienen en el escenario político nacional, menos aun de transmitir con claridad la conexión entre las acciones que en la realidad plasma el poder real y las ciencias que son capaces de desagregar sus factores. Los expertos en el “mercadeo político” se lucen con destreza en el arte de desinformar mediante noticias manipuladas, chismes y mentiras.

Interesante ha resultado el proceso electoral de 2012, en el que el bipartidismo se dio el lujo de llevar al paroxismo la difusión de bochornosas acusaciones de fraude, mientras ocultaban sin dificultad la victoria de una candidata que no está en sus filas. Con el pasar de los días, la discusión pasó a los eventos en el congreso, hasta que se desvaneció la pretendida disputa, que ya había logrado dos objetivos claros: a) encubrir por un tiempo la verdadera agenda de la derecha hondureña; y b) Invisibilizar la verdadera ganadora de los comicios. Hay que ver que la manipulación viene estructurada en números, que ignoran factores políticos, pero que se asimilan incluso entre muchos dirigentes de la oposición que no saben interpretar políticamente los eventos.

El análisis numérico es una trampa característica de la derecha que utiliza todo tipo de sortilegios, que niega algunas realidades que pueden definir procesos históricos. La misión básica es contar, hacer cálculos, especular, dejar que la población haga elucubraciones sobre las posibles sumas, restas, multiplicaciones y divisiones que pueden definir el próximo proceso electoral; increíble toda un telaraña que pone a la sociedad a tratar de predecir lo que sucederá en noviembre de 2013 basado en lo que sucedió en 2012. Mientras este juego se da, la clase política al servicio de los grupos facticos desarrollan su agenda.

Veamos los anuncios optimistas, el presupuesto inflado, que finalmente aparece desinflado. El anuncio con bombos y platillos de la adhesión a Petrocaribe, programa solidario al que se opuso la clase dominante mientras la política norteamericana se lo indicaba. Esto sumado a la embustera política exterior Hernández-Lobo que presenta a los gobiernos hermanos del sur una realidad manipulada, o una Honduras que no existe. Mientras tanto se invoca la soberanía para buscar quien compre bonos en la China Continental para pagar la deuda interna que a esta altura ya se ha vencido. Luego se promociona la venta del país en trocitos como la panacea para salir del maldito atraso que cargamos a cuestas desde siempre.

Irónicamente, Libre es el único partido político en cuyo seno se desarrollan agrias discusiones sobre los cargos, las intrigas, llegando incluso a tener personas dedicadas específicamente a ese propósito. Los demás partidos, consecuentes con la realidad se preparan para abatir a su único contrincante, Libertad y Refundación, el que, a pesar de las contradicciones, sigue adelante, consolidando con la energía del pueblo una lucha cuyo final es aun imprevisible. El peso específico de LIBRE dentro de la correlación de fuerzas de poder es mucho más grande que el que entienden muchos de sus dirigentes y líderes.

Una de las cosas que debería entrar en el debate político es la realidad del país; ¿Qué debería saber, proponer un candidato a diputado u otro cargo para cambiar la realidad en Honduras? ¿Qué debería exigir el pueblo de los candidatos en todos los partidos? Sin mucha dificultad podríamos concluir que cada candidato debe entender bien nuestro país, saber cuáles son las causas fundamentales que nos han traído hasta acá, tener la disposición a comprometerse con un programa político que inicie la reversión de los problemas, y estar dispuesto a, incluso, ceder algunos de los privilegios que ahora tiene. Este asunto no se revela en los medios de comunicación, eso no le sirve a la clase dominante; discutir la situación nacional es terriblemente inconveniente para el poder hegemónico.

Hace poco tiempo, dialogaba con un compañero sobre asuntos francamente simples pero críticos de las condiciones de vida de nuestro pueblo. Él me decía que se deben implementar urgentemente medidas para incrementar el poder adquisitivo de la gente; entonces llegamos a hablar de los trabajadores del sector doméstico, históricamente humillados en condiciones cuasi feudales. Las trabajadoras domésticas son contratadas normalmente por pagos de hambre, sin derecho a nada, menos a salarios mínimos. En general estos servicios son un lujo muy barato. Entonces viene la pregunta ¿Cuántos de nuestros candidatos estarán dispuestos a pagar lo que deben a estos trabajadores? ¿Estarán dispuestos a establecer relaciones justas, que reconozcan el valor del trabajo y otorguen condiciones estables que permitan al trabajador alcanzar mejores estadios de vida? Me pareció curioso que la cuestión no me la formulaba respecto a los candidatos del bipartidismo, ¡me hablaba de nuestros candidatos!

Seguro muchos se preguntaran que tiene que ver esto con los primeros párrafos. Es justo entonces explicar un poco. LIBRE es una poderosa fuerza política, con grandes posibilidades de derrotar a un enemigo en el proceso electoral. Sin embargo, esa no es la única misión de un partido político, organizarse es esencial para defender en todos los campos con un adversario que tiene dinero y armas. En la medida avanzan las semanas se vislumbra una profundización de la crisis a limites desconocidos que la derecha está dispuesta a aceptar; LIBRE hizo una denuncia al respecto, a través de su candidata, el día 24 de enero, pero la misma no fue tomada en cuenta por los medios de comunicación, ni por las personas que escriben en las redes sociales. ¿Por qué?

Debemos ver concretamente el hecho de que la agenda mediática la controla el enemigo, y nosotros nos movemos al ritmo que ellos dictan. Ganar en el terreno de la información depende mucho de los “vasos conductores”, que usualmente son los líderes en todos los niveles. Si esos líderes y dirigentes transmiten pesimismo, entonces el pueblo seguirá la ruta de la desconfianza; por otro lado, si esos mismos personajes son capaces de transmitir la realidad, su posición y compromiso con la transformación, su disposición de estar en la primera línea del combate, y su predisposición a ser los primeros en dar el ejemplo, aun a costa de sus propio privilegios, se tendrá un pueblo invencible. Aunque esta afirmación pueda ser acusada de panfletaria, la derrota del enemigo se hará en las calles, todos los días, en movilización, en organización, en formación, diciendo siempre la verdad, despojándonos de egos infértiles, e individualismos perniciosos

 

Ricardo Salgado es investigador social, militante de la Resistencia Hondureña, y Secretario de Relaciones Internacionales del Partido Libertad y Refundacion, LIBRE de Honduras.

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.

 

Reflexiones sobre Gramsci y la anatomía del kirchnerismo

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En un extenso artículo denominado “Anatomía del kirchnerismo”, Claudio Katz hace un análisis y un diagnóstico que contiene innumerables elementos para la discusión. Aquí sólo queremos aclarar/aportar en torno a la cuestión del “bonapartismo” o “cesarismo”, las potencialidades y los límites explicativos del concepto y su aplicación concreta al “hecho kirchnerista”.

Katz hace una amalgama para “refutar” las caracterizaciones de la izquierda trotskysta, empezando con una simplificación/ridiculización, cuando afirma que “Las visiones trotskistas denuncian el carácter capitalista del gobierno”, y luego nos explica con tono pedagógico: “Pero como todas las administraciones nacionales precedentes y del grueso del planeta comparten ese perfil, esa constatación no esclarece las singularidades del kirchnerismo”. Efectivamente, la definición del carácter capitalista de los gobiernos kirchneristas no explica todas sus peculiaridades, aunque frente a tanta zoncera sobre el carácter “revolucionario nacional-popular” del kirchnerismo y tanto “como sí” que anda dando vueltas, aclarar lo esencial no es un mal punto de partida.

Pero el método de caricaturizar las posiciones del adversario e inventarse un contrincante “a la carta” le hace un flaco favor a la polémica.

Sin embargo, más adelante Katz “reconoce” que la izquierda rescató el concepto de “bonapartismo” para caracterizar al kirchnerismo-cristinismo y explica “En cierta medida esa mirada se asemeja a la caracterización de un régimen populista”. Para terminar refutando la utilización de la categoría porque “El bonapartismo era un concepto muy utilizado en el pasado para describir cierto manejo militar del estado, en situaciones de continuada catástrofe económica, empate social o disgregación política. Estos contextos –que desbordaban el marco clásico de gestión de la democracia burguesa- están ausentes de la actualidad argentina, luego de la marginación del ejército de la vida política. Una noción que permitía entender los contextos extra-parlamentarios perdió gravitación en el escenario constitucional.” Es decir, sin la posibilidad de la actuación del partido militar y de las FFAA en política interna, un régimen bonapartista es prácticamente imposible.

Esto tiene sus elementos de verdad, la relación de fuerzas más general que se remite a la caída de la dictadura militar pone un límite (que mantiene vigencia) a la actuación interna de las FFAA en la vida política nacional. Este elemento explica a un nivel la persistencia del “escenario constitucional” en la Argentina contemporánea. Aunque esta “estabilidad democrática” tiene su otro fundamento en la derrota de la insurgencia obrera de los 70s.. Derrota de la que el 2001 y la recomposición (objetiva, pero también subjetiva) de los últimos años comenzó a ser una reversión. Basándonos en esta apreciación hemos definido en en este artículo (junto a Christian Castillo), que en el marco de un régimen democrático burgués, el bonapartismo es útil para describir los mecanismos de gobierno (y no del régimen), que intentan “resolver” mediante el arbitraje las contradicciones económicas, sociales y políticas. El “bonapartismo fiscal”, por ejemplo, no es muy…”parlamentario” que digamos y es un mecanismo de coacción y disciplinamiento de gobernadores e intendentes mediante la caja, así como de cooptación (con premios y castigos) de empresarios que se benefician de los subsidios.

Pero la clave de la discusión y el “principal problema”, según Katz, “radica en el sentido signado al bonapartismo kirchnerista”. Y lo interesante viene cuando interroga: “Tradicionalmente se establecía una categórica distinción entre variantes progresistas y regresivas del arbitraje bonapartista. Los líderes que introducían reformas sociales en choque en el imperialismo (Perón, Cárdenas, Vargas) eran ubicados en el polo opuesto de los dictadores que emulaban a Luis Bonaparte. ¿En cuál de los campos se ubicaría al kirchnerismo?. Y exige a la izquierda trotskysta una definición “categórica” sobre el carácter del kirchnerismo ya que “Al hablar de bonapartismo a secas, los utilizadores del concepto no aclaran si esa modalidad es actualmente utilizada para promover políticas nacionalistas, reformistas, contrarrevolucionarias o conservadoras”.

Por nuestra parte acá y acá hemos definido categóricamente el carácter históricamente restaurador (y en este sentido, totalmente reaccionario) del kirchnerismo.

Dicho esto, sin embargo, hay que precisar que la oposición/comparación histórica, si queremos que tenga algún sentido, no es entre el “dictador” Luis Bonaparte por un lado y Perón, Cárdenas o Vargas; sino entre éste y los Napoleón o los Cromwell, los “Cesar” de la revolución burguesa.

Por algo Trotsky calificó de “sui generis” a los bonapartismos que pueden surgir en las semi-colonias y que se pueden oponer parcialmente al imperialismo (definición ésta de “bonapartismos sui generis”, que Katz no tiene en cuenta para nada). Son, digamos, “bonapartismos de provincias”, de otra época y marco histórico, bajo el dominio del imperialismo, la etapa superior decadente del capitalismo. Su grandeza (o miseria) y su “progresismo” (o reaccionarismo) tienen, como todo, los condicionantes de su época. No se pueden comparar estos fenómenos con los momentos bonapartistas de ascenso de la burguesía, su progresismo y hasta su restauracionismo son directamente proporcionales y están determinados por las fuerzas históricas que les servían de motor. Por eso, como dice Martínez Estrada, “Napoleón fue un capítulo entero de la historia de Francia y Ayohuma un mal día en la vida de Belgrano”.

Pero dejando de lado la definición de Trotsky, que nos legó la valiosa elaboración conceptual sobre los “bonapartismos sui generis”, ya en Gramsci mismo encontramos que la distinción entre “progresistas” y “regresivos” de los bonapartismos no era tan “categórica”, sino un poco más dialécticamente relativa.

Afirma Gramsci “En el caso de César o de Napoleón I, puede decirse que aun siendo A y B distintas y contradictorias, no eran sin embargo tales como para que no pudiesen en “absoluto” llegar a una fusión y una asimilación recíproca, luego de un proceso molecular, lo que efectivamente ocurrió al menos en cierta medida (…)”. A y B son en el modelo/canon abstracto explicativo de Gramsci, las fuerzas progresistas y reaccionarias en una determinada etapa histórica. Y más adelante aclara “En el mundo moderno los fenómenos de cesarismo son totalmente diferentes, tanto los de tipo progresista César-Napoleón I cómo también de aquellos del tipo Napoleón III, si bien se aproximan a estos últimos” (el destacado nuestro). Esto quiere decir que para Gramsci, en el mundo moderno, en general los “cesarismos” se aproximan más a Napoleón III que a Cesar-Napoleón I. Quiere diferenciar, según entendemos nosotros, que en lo que llama “mundo moderno”, el mundo capitalista desarrollado existe un límite estructural para el “progresismo” de los bonapartismos, lo que los emparenta regularmente más con el “dictador” Luis Bonaparte, que con sus predecesores.

Y más adelante define claramente la diferencia específica: “En el mundo moderno el equilibrio de perspectivas catastróficas no se verifica entre fuerzas que en última instancia pudiesen fundirse y unificarse, aunque fuera luego de un proceso fatigoso y sangriento, sino entre fuerzas cuyo contraste es incurable desde un punto de vista histórico (…)” . Esto quiere decir que el carácter irreconciliable (“incurable”) de la lucha de clases entre el proletariado y la burguesía determina los bonapartismos modernos, no hay posibilidad de “fusión” burguesa-proletaria de carácter “progresista” en el sentido histórico. Aunque más adelante aclara que siempre hay “cierto margen” y posibilidades “marginales” de desarrollo del “cesarismo”, basado más en la debilidad de la “fuerza antagónica” que en en su propia fuerza inmanente.

En este sentido Gramsci hace una interesante serie de digresiones en torno a las posibles emergencias de los cesarismos: “Sería un error de método (un aspecto del mecanicismo sociológico) considerar que en los fenómenos de cesarismo, tanto progresista como regresivo o de carácter intermedio episódico, todo el nuevo fenómeno histórico sea debido al equilibrio de las fuerzas “fundamentales”: es necesario ver también las relaciones existentes entre los grupos principales (de distintos géneros; social-económico y técnico-económico) de las clases fundamentales y las fuerzas auxiliares guiadas o sometidas a la influencia hegemónica”. Esta conceptualización más concreta es útil para la experiencia kirchnerista, ya que su “peculiar” abritraje se basó en las diferentes fracciones de la burguesía y se sectores de masas, con el objetivo de salir del momento catastrófico y no fue sólo un equilibrio entre fuerzas “fundamentales”.

Finalmente, Gramsci explica que “Del tipo Dreyfus encontramos otros movimientos histórico-políticos modernos, que no son por cierto revolucionarios, pero que tampoco son por completo reaccionarios, al menos en el sentido de que destruyen en el campo dominante las cristalizaciones estatales sofocantes e imponen en la vida del estado y en las actividades sociales un personal diferente y más numeroso que el precedente. Estos movimientos pueden tener también un contenido relativamente “progresista” en cuanto indican que en la vieja sociedad existían en forma latente fuerzas activas que no habían sido explotadas por los viejos dirigentes; “fuerzas marginales”, quizás, pero no absolutamente progresivas en cuanto no pueden “hacer época”Lo que las torna históricamente eficientes es la debilidad constructiva de la fuerza antagónica y no una fuerza íntima propia” (todos los destacados son nuestros).

Conclusión: como hemos definido, en el sentido de “hacer época”, el kirchnerismo, que es efectivamente una versión degradada de peronismo de los orígenes, es absolutamente reaccionario. En relación a otros proyectos como el “sojero” que emergió en el 2008, puede ubicarse en el “campo del progresismo”. Este específico carácter “progresista”, en el sentido-no-histórico, permite entender que haya una combinación de políticas reformistas (mínimas), con políticas conservadoras y contrarrevolucionarias y prácticamente ninguna medida nacionalista en el sentido “categórico” del término.

Las definiciones “categóricas” de Katz tienen el evidente objetivo de imponernos la política de “apoyar lo bueno y criticar lo malo”. Esto lo confiesa en el apartado en el que elogia a la Izquierda Independiente que levanta exactamente esta línea, presentándola como “la principal novedad del último período”, una rara novedad que no jugó ningún rol en el hecho más novedoso de la lucha de clases del año pasado, el 20N y luego se dividió por el más viejo de todos los motivos que dividieron tradicionalmente a la izquierda electoralista, es decir por las elecciones. Como lo demuestra toda la experiencia histórica la línea de “apoyar lo bueno y criticar lo malo”, es una variante elegante de la política que se orienta de acuerdo al principio del “mal menor”, que como todos sabemos es el camino más rápido y seguro al “mal mayor”. Y mientras se cree estar dando la “definición” exacta, solo se describen las apariencias y sobre todo se rehuye de la responsabilidad del necesario combate político.

Sólo “el análisis concreto de la situación concreta”, permite entender el carácter político del kirchnerismo, que se define no con un imperativo categórico, sino en relación al conjunto de los elementos históricos, epocales, sociales, políticos y de relaciones de fuerza.

Blog del autor: http://elviolentooficio.blogspot.com.ar/

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.

De cómo la ayuda humanitaria puede causar más daño que beneficio

¿No dar de comer al mundo?
Metafísica contra maquinaria: Marx, Keynes, Minsky y la crisisMientras los medios de comunicación vuelven a informar del “hambre en el Cuerno de África” Rasna Warah examina las verdaderas razones del hambre.

Cada año desde mediados de la década de 1980, cuando el difunto Mohammed Amin filmó el hambre en Etiopía, la ONU y las agencias de ayuda humanitaria anuncian un “desastre histórico” en a lguna parte del mundo. En 2004 lo que causó estragos en partes de Indonesia, Sri Lanka, Tailandia e India fue el tsunami del océano Índico. Más recientemente lo que ha desplazado a millones de personas ha sido el conflicto de Darfur en Sudan, el terremoto de Haití, las inundaciones en Pakistán y ahora el hambre en Somalia.

Cada una de estas crisis humanitarias va acompañada de un guión familiar. Cada desastre se califica de “histórico”. Los llamamientos a aportar fondos se apoyan en imágenes desgarradoras de mujeres y niños desplazados o que se están muriendo de hambre. La comunidad internacional encabezada por la ONU acude al lugar del desastre detrás de los cámaras para dar testimonio de primera mano de la catástrofe humanitaria. Con frecuencia esto va seguido de conciertos para recaudar fondos y de apariciones en directo de personalidades célebres en los campos de las personas desplazadas.

El problema es que las imágenes y las noticias que vemos o leemos en los medios internacionales no son tan imparcial es como nos gustaría pensar. En la mayoría de los casos las difunde el personal de las agencias de ayuda que está trabajando en esos lugares. Los periodistas se suelen basar casi exclusivamente en la versión del desastre que ofrece una agencia de ayuda, con lo que el relato se vuelve tan previsible como segado.

La periodista holandesa Linda Polman cree que la “insana” relación entre periodistas y agencias de ayuda humanitaria no permite informar de manera independiente y objetiva, y a menudo es la agencia la que acaba haciendo el “reportaje”. Los empleados de las agencias humanitarias que son expertos en los medios explotan el entusiasmo con el que los periodistas aceptan su versión de un desastre o crisis. Por su parte, los periodistas “aceptan de forma no crítica las afirmaciones de neutralidad de las agencias humanitarias, lo que eleva la veracidad y pericia del personal de ayuda por encima del escepticismo periodístico”, afirma Polman. Las agencias de noticias prácticamente no hacen intento alguno de verificar de forma independiente los hechos y cifras difundidos por las agencias de ayuda que, como descubrí cuando trabajé en una agencia de la ONU, a menudo se inflan o se basan en datos erróneos.

¿Crisis humanitaria o una oportunidad para recaudar fondos ?

A pesar de que se suelen aceptar las cifras de las agencias de ayuda humanitaria, un cantidad cada vez mayor de personas escépticas se está empezando a preguntar si el hambre declarada en Somalia es tan grande como nos hacen creer o si las agencias de la ONU y de las organizaciones internacionales de ayuda humanitaria han priorizado la recaudación de fondos por encima de la exactitud [de los datos].

Siempre está presente la tentación de exagerar el alcance de la crisis para recaudar más fondos, afirma Ahmed Jama, un economista agrícola somalí que trabaja en Kenia. Jama cree que algunas partes de Somalia que han sido declaradas zonas de hambruna, como la fértil región de la parte baja del río Shabelle, en realidad puede que tengan garantizada su seguridad alimentaria y que quienes padecen hambre no sean los habitantes originarios sino quienes emigraron a la región desde zonas del país más propensas a la sequía. Afirma que tanto a la ONU como a las otras agencias de ayuda les interesa mostrar el peor de los escenarios para mantener el flujo de la ayuda.

La ONU utiliza una escala creada por la Unidad de Análisis de Seguridad Alimentaria y Nutrición de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura [FAO] para determinar los niv eles de inseguridad alimentaria que va desde “en general seguro desde el punto de vista alimentario” hasta “catástrofe de hambruna/humanitaria”.

Las estimaciones de la unidad de la cantidad de somalíes “en crisis” para el periodo comprendido entre agosto y septiembre de 2011 indican que menos de medio millón de personas (y no los cuatro millones de personas citados por la prensa) padecieron hambre. Aproximadamente 3.5 millones de personas experimentó alguna forma de inseguridad alimentaria, pero no estaban muriendo de hambre como se había informado ampliamente. Y parte de la inseguridad alimentaria estaba relacionada con la inflación y el cada vez más alto precio de los alimentos, y no necesariamente con la sequía.

Desde 1995 la Comisión Europa (CE) ha est ado suministrando millones de euros para proyectos de desarrollo rural y de seguridad alimentaria en Somalia. A pesar de ello, Somalia sigue recibiendo ayuda alimentaria cada año.

De hecho, desde la guerra civil de 1991 la ayuda alimentaria se ha converti do en una situación permanente en el país. “A todas luces existe un desequilibro entre los recursos que la CE proporciona a las agencias de la ONU y el sombrío cuadro de lo que se suelen considerar las regiones de Somalia más productivas desde el punto de vista agrícola”, afirma Jama. “¿Cómo es posible que las inversiones en la agricultura que hace la CE no hayan podido impedir la hambruna en estas regiones?”.

¿Sirve para algo la ayuda alimentaria?

George-Marc André, el representante de la Unión Europea e n Somalia, admite cautelosamente que la CE está preocupada porque sus campañas en Somalia se ven dificultadas por el hecho de que las agencias de la ONU inundan la capital, Mogadisco, de ayuda alimentaria. En su opinión, en un entorno en el que se puede disponer rápidamente de alimentos gratuitos, no se valora la producción de los agricultores. El hecho de entregar ayuda alimentaria durante la temporada de cosecha distorsiona aún más el mercado de alimentos. André afirma que agencias de la ONU como el Programa Mundial de Alimentos en realidad podrían estar haciendo que la recuperación de Somalia fuera más lenta al centrarse exclusivamente en la ayuda alimentaria en vez de apoyar a los agricultores y mercados locales.

Dado que la mayoría de la ayuda alimenta ria proviene de Estados Unidos y de otros países que no son Somalia, también existe la preocupación de que las declaraciones de hambruna sean más útiles para ayudar a los agricultores de otras partes que para apoyar a los productores locales. La industria de la ayuda alimentaria permite a países como Estados Unidos endosar a los países pobres sus excedentes de comida. Esto distorsiona los mercados locales y perturba el desarrollo de la producción local de alimentos. En otras palabras, la ayuda alimentaria destruye las economías locales, especialmente cuando se suministra durante largos periodos de tiempo, como en Somalia.

Lo que no se menciona en los llamamientos a donar fondos es que gran parte de estos fondos se utiliza para sobornar a los altos cargos y a la milicia [locales] para que permitan el paso de los convoyes de ayuda. En Somalia la “tasa de entrada” impuesta en el pasado por los señores de la guerra llegó a ascender a un 80% del valor total de la ayuda.

También se suelen ocultar los informes sob re el robo o desvío regulares de la ayuda alimentaria, que en Somalia son desenfrenados. Por ejemplo, en marzo de 2010, el Grupo de Seguimiento de Somalia de la ONU informó de que contratistas locales corruptos, hombres de negocios locales, ONG locales e incluso empleados de la ONU habían robado o desviado hasta la mitad de la ayuda alimentar. El informe llevó a que Estados Unidos retirara sus fondos del Programa de Ayuda Alimentaria, aunque ahora afirma que está haciendo un seguimiento minucioso de la ayuda alimentaria y que se está desviando muy poca ayuda. Con todo, en agosto de este año Associated Press informaba de todavía sigue siendo muy frecuente la venta de ayuda alimentaria en los mercados de Mogadisco y que a menudo esto ocurre con pleno conocimiento del personal de la ONU que trabaja en esta ciudad.

Al igual que Somalia, Haiti ofrece un ejemplo perfecto de cómo la ayuda humanitaria puede destruir un país. Esta isla del Caribe ha recibido tanta ayuda exterior a lo largo de años que se ha considera do “un emblema de lo inadecuado de la ayuda exterior” debido a su extremadamente pobre índice de desarrollo y a su pobreza generalizada. Cada pocos años un nuevo desastre asola Haití y el mundo acude a ayudar a través de campañas generalizadas de recaudación de fondos. Pero Haití, como su primo lejano Somalia, sigue siendo pobre, subdesarrollado y el escenario de una gran pobreza, los ingredientes ideales para otra campaña de recogida de fondos.

Red Pepper

Rasna Warah, columnista del periódico Daily Nation de Kenya, es autora del libro recién publicado Red Soil and Roasted Maize: Selected essays and articles on contemporary Kenya .

Fuente: http://www.redpepper.org.uk/dont-feed-the-world/