JOSE MARTI POR LOS CAMINOS DE LA PATRIA GRANDE

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English: José Martí Photograph Restoration based on a previous public domain photograph that I found in Commons (Photo credit: Wikipedia)

Santo Domingo (PL) La única verdad de esta vida, y la única fuerza, es el amor. En él está la salvación, y en él está el mando, escribió el Héroe Nacional cubano, José Martí, en su primera visita a República Dominicana.Entonces, el almanaque de 1892 dejó caer la hoja correspondiente al 12 de septiembre, y el insigne patriota estampó pensamientos propios en el Album de autógrafos de Clemencia, una de las hijas de Máximo Gómez. Hasta la finca de La Reforma, en Montecristi, parte del noroeste dominicano, llegó Martí para sumar a Gómez, “el respetado jefe militar con cuna en Baní”, a una nueva guerra contra el colonialismo español en la mayor de las Antillas. El que piensa en pueblos, y les conoce la raíz, sabe, Clemencia, que no puede ser esclavo el hombre que vea centellear en tus ojos el alma heroica de la patria, ni el pueblo que tiene de raíz una casa como la tuya, expresó el Apóstol a la muchacha de 19 años de edad. La dueña de dicho álbum fue la mayor de los vástagos de Gómez y Bernarda Toro nacidos en los campos insurrectos cubanos durante la Guerra de los Diez Años (1868-1878), y comenzó a dar vida al cuaderno en enero de 1885. Desde antes de esta última fecha, Martí se convirtió en favorito y disputado autor de las principales publicaciones de la prensa dominicana, que se refirieron a él con simpatía y sin descuidar la discreción por las actividades revolucionarias del cubano. Según el periodista Ramón Becali, José Joaquín Pérez fue el primero en reconocer públicamente el talento del Maestro, “cuya pluma embellece cuanto toca y la profundidad de su pensamiento es notabilísima”. Al ofrecer la bienvenida a Martí en septiembre de 1892, el Listín Diario afirmó que de antemano tenía conquistados purísimos afectos en el seno de la familia dominicana por la energía de su alma en las potentes luchas de Apóstol y escritor. Para aquellos que aprecian la libertad, baste decir que el señor Martí es uno de los cubanos que más ha hecho por Cuba libre, publicó entonces El Eco de la Opinión. También Federico Henríquez y Carvajal sacó a la luz en la revista Letras y Ciencias, de la cual fue codirector, un encomiástico artículo sobre el Héroe Nacional de Cuba, quien estuvo por vez primera 11 días en suelo quisqueyano. Sin haber pisado antes República Dominicana, el organizador de la guerra iniciada el 24 de febrero de 1895 se sentía estrechamente vinculado a este país y, en opinión de Becali, nunca escatimó elogios para una considerada prolongación de la patria natural. A juicio del referido autor, la primera página dominicana de Martí corresponde a 1884 por la elección de Francisco Gregorio Billini como presidente de la nación caribeña que comparte con Haití la isla de La Española. El general Billini goza de fama de bravo, desinteresado y modesto. Ha peleado en los bandos de su patria porque en las sociedades nacientes, víctimas siempre de caudillos brillantes e intrépidos, el derecho tiene, si no quiere morir de desuso, que ayudarse de la fuerza, destacó el cubano. Durante su primer viaje a Dominicana, Martí estuvo además en Santiago de los Caballeros, La Vega, Santo Domingo y Barahona, antes de emprender rumbo a Centroamérica en otros afanes conspirativos. En la capital recorrió sitios históricos y fue recibido en la sede de la Sociedad de Amigos del País, donde su palabra electrizó a la concurrencia, según narró el escritor dominicano Max Enríquez Ureña en su conferencia Martí en Santo Domingo. Algunos de los cronistas que hicieron la relación del acto trasmitieron al papel la impresión de que el público allí congregado había recibido, impalpable y seráfico, el arrullo de una música divina, contó el también poeta, profesor y diplomático. Martí volvió a Dominicana en junio de 1893 para conversar nuevamente con Gómez, a quien ofreció nueve meses antes “sin temor de negativa” el mando supremo de la contienda bélica organizada por el Partido Revolucionario Cubano (PRC). Ese conflicto tuvo entre sus propósitos poner fin al dominio colonial español y dar paso a la República martiana “con todos y para el bien de todos”, en la cual la primera ley sería el culto de los cubanos a la dignidad plena del hombre. Del primer encuentro con el delegado del PRC en La Reforma, Gómez anotó en su Diario: … Martí viene a nombre de Cuba; anda predicando los dolores de la patria; enseña sus cadenas; pide dinero para comprar armas y solicita compañeros resueltos que le ayuden a libertarla. Como no hay un motivo, uno solo, continuó el Generalísimo, por qué dudar de la honradez política de Martí, yo, sin tener que hacer ningún esfuerzo… me sentí decididamente inclinado a ponerme de su lado y acompañarlo en la gran empresa que acometía. En carta por aquella fecha a su compatriota Serafín Bello, el Apóstol expresó: De Gómez vengo enamorado, y no puedo recordarlo sin ternura. Así, ambos patriotas estrecharon lazos imperecederos, y desde Dominicana iniciaron viaje hacia Cuba, donde el 24 de febrero de 1895 estalló la guerra contra España sin sus principales líderes: Martí, Gómez y Antonio Maceo. Antes de la partida, el Héroe Nacional cubano fechó el 25 de marzo, a juicio del estudioso ya fallecido Cintio Vitier, tres escritos cenitales, íntimamente relacionados entre sí: el Manifiesto de Montecristi, la carta a Henríquez Carvajal y la despedida a la madre. El primero de esos documentos expuso ante los cubanos todos y los españoles habitantes de la isla caribeña los objetivos y alcances de la Revolución. Al mismo tiempo, persiguió responder a la batalla ideológica sostenida por el gobierno colonial para desacreditar a los independentistas cubanos frente a las masas todavía indecisas del afán de emancipación. Por su parte, en la misiva a Henríquez y Carvajal, el universal cubano, nacido 160 años atrás, legó para la posteridad meridianas posiciones que lejos de apagarse adquieren más fuerza cada día. Quien piensa en sí, no ama a la patria, aseveró el Apóstol, y está el mal de los pueblos, por más que a veces se lo disimulen sutilmente, en los estorbos o prisas que el interés de sus representantes ponen al curso natural de los sucesos. Sobre los lazos que lo unieron a Dominicana apuntó: De Santo Domingo ¿por qué le he de hablar? ¿Es eso cosa distinta de Cuba? ¿Usted no es cubano, y hay quién lo sea mejor que usted? ¿Y Gómez, no es cubano? ¿Y yo, que soy, y quien me fija suelo? Hagamos por sobre la mar, a sangre y a cariño, lo que por el fondo de la mar hace la cordillera de fuego andino, recomendó Martí más adelante, y concluyó: Levante bien la voz que si caigo, será también por la independencia de su patria.

Por Diony Sanabia Abadia *

(*) Corresponsal de Prensa Latina en República Dominicana

jhb/dsa

 

Memoria, historia y olvido

El grito desesperado y colérico de las mayorías discriminadas, el clamor enfurecido de los países explotados y su secuencia lógica la violencia que llama a más violencia y la repetición de nuestra historia, me llevan a escribir estas notas y a reflexionar sobre el ya clásico libroMemoria, historia y olvido, de Paul Ricoeur (FCE, primera reimpresión, México 2011, 670 páginas). Libro que deja una preocupación pública y perpleja por el espectáculo inquietante que da el exceso de memoria aquí, el exceso de olvido allá. ¿Cómo encontrar la justa memoria como idea política? 

La memoria la historia y el olvido se escriben en la representación del pasado. La memoria la revisa Ricoeur a partir de los vínculos entre imaginación y memoria, recuerdo e imagen. En la historia se interroga el filosofó sobre la temporalidad y la escritura de la historia: ¿es la historia un remedio o un veneno? ¿Qué lugar corresponde a los testimonios y el archivo? En el olvido, Ricoeur se pregunta sobre el olvido y el perdón. Huella del pasado y memoria reconciliada.
La memoria según Freud es la esencia del siquismo. Se ha estudiado por las neurociencias, la historia, la filosofía o el sicoanálisis. Los trabajos de rememoración contra la conjunción a la repetición que llevan a los dolorosos trabajos de la elaboración de las pérdidas. Despreocupada memoria en el horizonte de la preocupada memoria; alma común a la olvidadiza y no olvidadiza memoria. Mis maestros J.L. González y S. Ramírez lo ejemplificarían en la composición musical el Bolero de Ravel que se repite un número indeterminado de veces: los aspectos formales cambian, pero la estructura melódica persiste desesperada y abrumadoramente. Lo que es diverso en la comunicación es el aspecto formal, conservándose con reiteración el meollo que cubre el dolor. La conducta una vez estructurada se repetirá en forma abrumadoramente reiterada. O sea, la máxima del Cantar de los cantares: El amor es tan fuerte como la muerte. Según Ricoeur el olvido de reserva es tan fuerte, como el olvido de la destrucción. Así el pasado experimentado es indestructible y esta marcado por su vínculo con la pulsión y la economía de lo energético. Repetimos para no recordar, la repetición (el actuar equivale al olvido), su opuesto la inhibición del yo, la espera es la elaboración. Esa que genialmente observó Tomás Segovia en su poema El ceremonial del moroso.
En la interioridad del que escribe, lógica paradójica del dolor que es parte de la vida y tratamos de olvidar. Permanencia del afecto sobre los sentidos. Sexualidad visión de lo faltante. Poesía montaña de recuerdos. Fuente de la que brotan deseos dormidos. Visión cristalina demenciada de pálidas representaciones de la espera, espera, de lo que nunca llegará y es presencia de la ausencia, percepción siempre irreal, casi siempre vinculada al conflicto.
Recuerdo, repetición y elaboraciónfreudiana, búsqueda desesperada de algo, mientras exista vida. Reflejo que no es otro, sino la búsqueda de uno mismo.Ella que es representación de sí mismo, espacio de interioridad, soledad desdoblada orientada hacia el uno, que hace de uno, ella en sus múltiples máscaras, en el oscuro espacio del luminoso vuelo de la repetición compulsiva de esa búsqueda. Recuerdo, repetición y elaboración, esencia del sicoanálisis, melodía giratoria, cerrada en la geografía corporal, palpo, palpito y tacto de otra piel en mí.
Repetición que es olvido, cadencia idealizada por los múltiples abandonos, que se tornan ella en mi ojo, imagen, sujeto, inteligencia, representación, atención, intuición y objeto pensado. Sólo claridad que se contempla a sí misma, autovisión de luz que es ella en mí mismo, fuente primera de placer. Imagen fuera de mí, narcisismo puro, que se vuelve interioridad iluminada de ella, mirada-ojo, fuera-dentro, yo-ella, uno mismo-otro; yo mismo.
Permutación de uno que es representación de la espera y espacio del pensar y de morar, viaje a la nada que es nadie, donde está nadie. Cuerpo a cuerpo, fantasía de fusión madre hijo, que se separan, para tornarse nueva unión. Posesión imaginaria que sólo reserva a ella el lugar de la nada, simbolizada desde las propias sensaciones que recorren las entrañas y mucosas abiertas en ondas, bajo el impulso de la tempestad hipofisiaria, tacto que se eriza ante la ausencia y se humilla en el escalofrío de la radiografía corporal.
Infantilismo y perversión del amor o la destrucción y muerte, sólo la propia imagen, reflejo del propio cuerpo, retrato del esquema corporal de la madre idealizada que es todo. Sexualidad o muerte que da existencia tierna a la angustia de no encontrarla en el espacio síquico, representación de la fantasía único espacio tiempo, que no es aritmético, ni reloj londinense, mi contabilidad bancaria. Fin del código amoroso y por tanto de la permanencia del amor, equívoca magia de construcción de espacios palabras que se dan en la representación de la espera, nuevos recuerdos representaciones y elaboración posterior. Sentimiento oceánico y al mismo tiempo herida por la ruptura, siempre presente en el encuentro de los cuerpos, objeto de deseo que nunca cumple expectativas y es fuente de amor y odio integrado en un lenguaje que evoca la inconciencia inteligible y que al no poder comunicar con el lenguaje, lo hace desde el lenguaje.
José Cueli
TMADO DE JORNADA

Coronel Rafael Fernández Domínguez,soldado de la patria

Soldado del Pueblo y Militar de la Libertad. “… y aquí estoy, respondiendo con la frente en alto, el honor multiplicado y la vergüenza como estandarte. Que me juzguen la Historia y la República. No tengo vergüenza para verle la cara al pueblo, hasta que no combata de su lado frente a los enemigos de la patria “.

Soldado del Pueblo y Militar de la Libertad. “… y aquí estoy, respondiendo con la frente en alto, el honor multiplicado y la vergüenza como estandarte. Que me juzguen la Historia y la República. No tengo vergüenza para verle la cara al pueblo, hasta que no combata de su lado frente a los enemigos de la patria “.
Cayó en combate el 19 de mayo de 1965 como soldado de la patria, frente a las tropas interventoras norteamericanas. Su muerte hizo más grande su figura, que el pueblo recuerda con admiración y respeto. El coronel Rafel Tomás Fernández Domínguez ha sido considerado como el inspirador militar de la insurrección armada que estalló el 24 de abril de 1965 contra el Triunvirato que gobernaba el país, presidido por Donald Reid Cabral.
La revuelta tenía el propósito de reponer el gobierno del profesor Juan Bosch, derrocado el 25 de septiembre de 1963, restableciendo con ello la constitucionalidad perdida. Nació el 18 de septiembre de 1934 en el municipio de Esperanza. Fueron sus padres el general Ludovino Fernández Malagón y Gloria Domínguez Cruz. Se graduó de Bachiller en Ciencias Físicas y Matemáticas el 27 de diciembre de 1952 e ingresó en la Universidad de Santo Domingo para cursar la carrera de ingeniería, interrumpiendo estos estudios para integrarse como soldado al Ejército Nacional.
Se gradúa de Bachiller en Ciencias Militares en 1956; el 22 de diciembre de ese mismo año se casa con la señora Alma Arlette Fernández, comenzando una familia que se enriqueció con la llegada de cinco hijos. Luego pasó a la Fuerza Aérea Dominicana y allí se distinguió obteniendo las mejores calificaciones en los estudios militares que realizara. En febrero de 1957 se traslada a Fort Clayton, en la Zona del Canal de Panamá, para tomar un curso militar. Ya con el rango de Capitán, en 1961, desempeñó el cargo de Jefe de la Base Aérea de San Isidro.
El 18 de enero de 1962, ostentando el rango de Mayor de la Fuerza Aérea Dominicana (FAD), liberó a los miembros del Consejo de Estado detenidos en el Club de Oficiales de esa institución por órdenes del general Pedro Rafael Ramón Rodríguez Echavarría, quien fue depuesto ese mismo día después de intentar sin éxito un golpe de Estado. Fernández Domínguez fue ascendido entonces a Teniente Coronel y nombrado Sub-jefe de la Fuerza Aérea. Luego es trasladado al Ejército Nacional y enviado, en noviembre de 1962, a Panamá, para participar en un curso de Comando y Estado Mayor. Obtuvo el segundo lugar entre los 31 militares que participaron. Tanto el traslado como el viaje a Panamá se debieron a discrepancias con sus superiores, a quienes señalaba como transgresores de los reglamentos militares.
Se opuso a que le fuera concedido el rango de General a Luis Amiama Tió y a Antonio Imbert Barreras, participantes y sobrevivientes en el asesinato del dictador Rafael Leónidas Trujillo Molina, por considerar que tales designaciones constituían una violación a las normas militares. En Junio de 1963 realiza otro curso de Instrucción de Infantería Avanzada. Ese mismo año recibe el nombramiento como Director de la Academia Militar “Batalla de Las Carreras”, de la Fuerza Aérea Dominicana.
Al ser depuesto el Gobierno constitucional del profesor Juan Bosch, el Coronel Fernández Domínguez intentó organizar un movimiento de resistencia militar que de momento no pudo materializar. El 23 de octubre de ese mismo año, y en lo que puede ser considerado prácticamente como una deportación, fue nombrado por el Triunvirato como Agregado Militar en España. Desde el exterior escribió repetidas veces a sus compañeros de armas, exhortándoles a continuar con los preparativos del contragolpe.
En diciembre de 1964 logró un permiso para entrar al país por tres días y, aunque estaba continuamente vigilado, logró establecer contactos con los simpatizantes del movimiento conspirativo contra el Triunvirato, al que, por invitación suya, se incorporó el Coronel Francisco Alberto Caamaño Deñó. Al concluir los tres días de su permiso le hacen nuevamente abandonar el país, esta vez enviado como Agregado Militar en Chile. El Coronel Fernández Domínguez estaba convencido de lo importante que era para la causa la conservación de su rango militar: “Respecto a mi posición dentro del Ejército, estoy firme y definitivamente convencido que no debo abandonarla, aún sea bajo la más fuerte de las presiones, ya que es la única forma en que hoy, mañana o algún día podré… cooperar en la reestructuración definitiva de las Fuerzas Armadas Dominicanas”.
Sobre la importancia histórica del movimiento que lideraba, el Coronel Fernández Domínguez escribió el 21 de abril de 1964: “La historia de la República Dominicana no se ha escrito aún… y tengo la firme convicción de que nuestro abortado movimiento será un capítulo de esa historia… La problemática dominicana es bien clara, todo descansará dentro de poco tiempo en la joven oficialía, la cual deberá ser reconquistada por nosotros, por todos los medios”. En Chile recibió la noticia del derrocamiento del Triunvirato por el movimiento armado, el 24 de abril de 1965, e inmediatamente tomó un avión vía Puerto Rico para regresar al país, aunque no pudo entrar a la República Dominicana porque el aeropuerto se encontraba cerrado por las tropas que se oponían al movimiento insurreccional.
El Coronel Fernández Domínguez, que había sido designado Ministro de Interior y Policía por el jefe político de la insurrección, profesor Juan Bosch, y ratificado por el Gobierno constitucionalista presidido por el coronel Francisco Alberto Caamaño Deñó, logró entrar al país, después de varios intentos, el día 14 de mayo de 1965, en un avión de la marina de los Estados Unidos, gracias a una petición hecha por el profesor Juan Bosch a Harry Shlaudeman, que había sido secretario político de la Embajada Americana en Santo Domingo y que formaba parte de la delegación norteamericana que encabezaban McGeorge Bundy y Cyrus Vance, quienes se encontraban en Puerto Rico para discutir con Bosch la posibilidad de que el gobierno de transición estuviera encabezado por Antonio Guzmán.
Tomó posesión de su cargo pero, cinco días más tarde, el 19 de mayo de 1965, murió durante un encuentro con tropas norteamericanas mientras dirigía un asalto al Palacio Nacional, ocupado por tropas del Gobierno de Reconstrucción Nacional encabezado por el General Antonio Imbert Barreras, que se oponía a Caamaño Deñó.
El Coronel Fernández Domínguez se encuentra sepultado en el cementerio de Santiago de los Caballeros. Sólo unos días antes de su muerte había escrito: “Sabemos que este movimiento tiene una alta categoría histórica; que él marcará una época en nuestro país, siempre traicionado y siempre esclavizado; sabemos que con nosotros no sólo se levantará la voluntad democrática del pueblo dominicano sino también la fe de muchos pueblos de América que tienen en su corazón un altar para los luchadores de la libertad. Y porque sabemos todo eso, terminaremos la lucha con el mismo sentido del honor con que la empezamos y con el alma satisfecha de los que sirven a la Patria y, en consecuencia, sirven a su pueblo. Aquel de nosotros que caiga en la lucha, no caerá; se elevará al respeto de todos los dominicanos; aquel de los que luchan contra nosotros que no comprenda a tiempo su error, ese caerá para siempre del amor del pueblo y será perseguido por la historia”.

 

La ola progresista en AL

Manolo Pichardo

Una ola de independencia económica y política carga en la cresta a América Latina. El punto de inflexión fue el ascenso al poder de Hugo Chávez, no porque es un prohombre que por él mismo desató fuerzas sociales que avanzaron e irrumpieron de súbito en el poder político para sembrar la soberanía que no nos dieron las proclamas de independencia en los últimos 200 años,  sino porque se constituyó en instrumento de esas fuerzas, desatadas ya, para iniciar el proceso emancipador, el que pudo haber comenzado el PLD en 1996.
Otros como Lula, Evo, Correa y Tabaré Vázquez, empujados por la corriente que comenzó  a sepultar las políticas neoliberales con todo y el llamado Consenso de Washington, que de consenso no tuvo nada y no pasó de ser un invento de John Williamson, dieron inicio a la construcción, con materiales de desechos históricos del capitalismo salvaje, de un búnker que comienza a blindarnos  de las incursiones de saqueo que durante 500 años se sucedieron de la mano de naciones extracontinentales, en principio, y otras (o una) que nos consideró (¿o considera?) “patio trasero”.
Llegar a este punto costó mucha sangre, hambre y muertes, como cuenta Eduardo Galeano en la radiografía histórica que hace en su ensayo Las Venas Abiertas de América Latina. Por suerte no hay vuelta atrás a pesar de que las fuerzas dominantes que no fueron gobernantes porque actuaban y actúan por mandato extranjero, se intentan articular con el propósito de revertir el sutil oleaje que de forma incruenta revoluciona las estructuras del poder que están abriendo espacio a la participación popular y ciudadana en la toma de decisiones y la repartición del pastel que en el horno cocina el crecimiento económico.
En la relectura que he hecho a este ensayo encuentro añejas causas de la acción liberadora de nuestros pueblos: el constante cambio de poder a lo largo de 5 centurias y la recomposición geopolítica global que se experimentaba sin variación alguna para nuestras naciones, que sin importar el nombre del poder dominante, siempre fue víctima del pillaje anidado en la “eternitud” de los imperios.
Los que se articulan para frenar ‘la ola progresista que avanza en Latinoamérica’ fueron los que gobernaron al servicio de aquellas naciones, los que en su servil descompostura entregaron nuestro mercado interno y recursos naturales como ocurrió en Brasil, en donde las empresas extranjeras tenían acceso a crédito extranjero a una tasa de 7 ú 8% con el privilegio de un tipo de cambio especial que le protegiera de posibles devaluaciones, mientras que las nacionales debían pagar hasta un 50%.
A esta cuestión, un servil de los que quedan y plantean parar ‘la ola’, dijo: “Obviamente, el mundo es desigual… Hay una desigualdad básica elemental en la naturaleza humana, en las condiciones de las cosas. A esto no escapa el mecanismo de crédito.
Postular que las empresas nacionales deben tener el mismo acceso que las empresas extranjeras al crédito extranjero es simplemente desconocer las realidades básicas de la economía”.¡Vaya combinación de reptil y Trucutú!