Los expedicionarios, encabezados por Fidel Castro, llegaron al lugar cansados por la complicada travesía de siete días, procedentes de México, y de un desembarco por un tramo pantanoso.

Raul Castro, left, with has his arm around sec...
Raul Castro, left, with has his arm around second-in-command, Ernesto “Che” Guevara, in their Sierra de Cristal Mountain stronghold south of Havana, Cuba, during the Cuban revolution. (Photo credit: Wikipedia)

La Habana (PL) El combate de Alegría de Pío acontecido en 1956 aunque fue un revés para los revolucionarios cubanos, hizo más profunda su convicción de proseguir el camino hacia la plena libertad de la isla caribeña.

La batalla iniciada por las fuerzas gubernamentales ocurrió de manera sorpresiva en la localidad oriental de Niquero, tres días después del desembarco del yate Granma por Los Cayuelos, a dos kilómetros de Playa Las Coloradas.

Los expedicionarios, encabezados por Fidel Castro, llegaron al lugar cansados por la complicada travesía de siete días, procedentes de México, y de un desembarco por un tramo pantanoso.

Acampados a la orilla de un cañaveral en la mañana del 5 de diciembre, los combatientes se disponían a descansar en espera de la noche, luego de un largo recorrido por caminos de difícil acceso, lo cual les provocó a mucho llagas en los pies.

En horas del mediodía comenzó un cerrado tiroteo que generó una gran confusión entre los revolucionarios, imposibilitados de reagruparse para hacer frente de mejor manera a las tropas gubernamentales, que previamente fueron apoyadas con orientación de la exploración aérea.

Un silencioso cerco no se hizo esperar en la estrategia enemiga, mientras que algunos expedicionarios cortaban y comían cañas, tomando pocas precauciones de seguridad.

Conspiró contra su suerte el campesino que les sirvió de guía, quien dio parte al Ejército de la presencia de los revolucionarios en el área, guiándolos hasta el punto exacto donde estaban.

En medio de la metralla, el Ejército de la dictadura de Fulgencio Batista hizo reiterados llamados para que los combatientes depusieran las armas, esfuerzo fallido de un enemigo superior en armas y soldados.

En la dispersión posterior dos decenas de expedicionarios fueron capturados y asesinados, pero presentados ante la opinión pública como hombres caídos en combate, afirman varios historiadores.

Otros lograron escapar por diferentes vías en distintas direcciones, y el resto conformaron, junto al líder revolucionario Fidel Castro, el núcleo principal de lo que sería el Ejército Rebelde, marcado con la histórica consigna ” Aquí no se rinde nadie” lanzada a voz alzada por el comandante Juan Almeida.

PREVIO A ALEGRÍA DE PÍO

El grupo integrado por los 82 expedicionarios desembarcó el 2 de diciembre por Los Cayuelos, a dos kilómetros de Playa Las Coloradas en el yate Granma.

La embarcación -que partió desde el puerto mexicano de Tuxpan- fue

construida en 1943 con una eslora de 13.25 metros, una manga de 4.76 metros, un puntal de 2.40 metros, tonelaje bruto de 54.88, tonelaje neto de 39.23 y dos motores marca Gray GM.

Entre los jóvenes que viajaron a la isla en ella se encontraban Fidel Castro, Ernesto Che Guevara, Raúl Castro, Camilo Cienfuegos y Juan Almeida.

En la madrugada del 25 de noviembre partió rumbo a Cuba, a total discreción obligada ante el peligro de ser sorprendidos por un puesto naval de la marina mexicana.

“Ya allí comenzaron los vientos fuertes y el batir de las olas, originando bandazos en la embarcación que provocaron mareos y vómitos en muchos de los expedicionarios”, asegura el escritor William Gálvez en su trabajo Proa a la Libertad.

El silencio quebró cuando la tripulación en pleno entonó más orgullosa que nunca las notas del Himno Nacional y la Marcha del 26 de Julio en el oscuro Golfo de México.

Durante la travesía por aguas caribeñas, en el segundo día, el 29, fueron avistadas dos naves, y fue dada la orden de zafarrancho de combate, batalla naval que nunca sucedió, pues se trataba de dos pesqueros que continuaron su travesía.

En esos días Fidel Castro le hizo la corrección de tiro a todos los fusiles, precisa Gálvez.

El 1 de diciembre, el jefe de la Marina de Guerra recibió instrucciones sobre la “búsqueda y captura” de la embarcación, e idénticas órdenes recibieron los regimientos de la Guardia Rural en Santiago de Cuba y Holguín, respectivamente, señala el autor.

El 2 de diciembre a las 06:50 (hora local) comenzó el desembarco de los expedicionarios en Los Cayuelos, a dos kilómetros de la playa Las Coloradas -que es donde debieron haber bajado-, pero el Granma había encallado.

Dicho lugar era cenagoso y el fango llegaba hasta la cintura, lo cual obligaba a los hombres avanzar lentamente por el mangle hasta tocar tierra firme.

“Las plantas cortaderas, con sus ramas espinosas y hojas filosas, lastimaban sus manos y rostros, a la vez que eran acosados por oleadas de mosquitos y jejenes. La marcha resultaba lenta y penosa, se lesionaron varios expedicionarios, además de perder calzado, ropa y valioso material bélico”, relata.

El desembarco del Granma -a juicio de Gálvez- sería el paso inicial para la formación, primero del destacamento guerrillero, luego del Ejército Rebelde y finalmente de las Fuerzas Armadas Revolucionarias.

Por Joel Michel Varona*

* Periodista de la Redacción Nacional de Prensa Latina.

em/wmr/joe