Publicado en GALERIA DE IMAGENES

Carta de Juan Bosch a Trujillo el 27 de febrero de 1961

 

English: Coat of arms of the Dominican Republi...
English: Coat of arms of the Dominican Republic Español: El escudo de la República Dominicana Русский: Герб Доминиканской Республики (Photo credit: Wikipedia)

 

General:

 

En este día, la república que usted gobierna cumple ciento diecisiete años. De ellos, treinta y uno los ha pasado bajo su mando; y esto quiere decir que durante más de un cuarto de su vida republicana el pueblo de Santo Domingo ha vivido sometido al régimen que usted creó y que usted ha mantenido con espantoso tesón.

Tal vez usted no haya pensado que ese régimen haya podido durar gracias, entre otras cosas, a que la República Dominicana es parte de la América Latina; y debido a su paciencia evangélica para sufrir atropellos, la América Latina ha permanecido durante la mayor parte de este siglo fuera del foco de interés de la política mundial. Nuestros países no eran peligrosos; y por tanto no había por qué preocuparse de ellos. En esa atmósfera de laissez faire, usted podía permanecer en el poder por tiempo indefinido; podía aspirar a estar gobernando todavía en Santo Domingo al cumplirse el sesquicentenario de la república, si los dioses le daban vida para tanto.

Pero la atmósfera política del Hemisferio sufrió un cambio brusco a partir del 1º de enero de 1959. Sea cual sea la opinión que se tenga de Fidel Castro, la historia tendrá que reconocerle que ha desempeñado un papel de primera magnitud en ese cambio de atmósfera continental, pues a él le correspondió la función de transformar a pueblos pacientes en pueblos peligrosos. Ya no somos tierras sin importancia, que pueden ser mantenidas fuera del foco de interés mundial. Ahora hay que pensar en nosotros y elaborar toda una teoría política y social que pueda satisfacer el hambre de libertad, de justicia y de pan del hombre americano.

Esa nueva teoría es un aliado moral de los dominicanos que luchan contra el régimen que usted ha fundado; y aunque llevado por su instinto realista y tal vez ofuscado por la desviación profesional de hombre de poder, usted puede negarse a reconocer el valor político de tal aliado, es imposible que no se dé cuenta de la tremenda fuerza que significa la unión de ese factor con la voluntad democrática del pueblo dominicano y con los errores que usted ha cometido y viene cometiendo en sus relaciones con el mundo americano.

La fuerza resultante de la suma de los tres factores mencionados va a actuar precisamente cuando comienza la crisis para usted; sus adversarios se levantan de una postración de treinta y un años en el momento en que usted queda abandonado a su suerte en medio de una atmósfera política y social que no ofrece ya alimento a sus pulmones. En este instante histórico, su caso puede ser comparado al del ágil, fuerte, agresivo y voraz tiburón, conformado por miles de años para ser el terror de los mares, al que el inesperado cataclismo le ha cambiado el agua de mar por ácido sulfúrico; ese tiburón no puede seguir viviendo.

No piense que al referirme al tiburón lo he hecho con ánimo de establecer comparaciones peyorativas para usted. Lo he mencionado porque es un ejemplo de ser vivo nacido para atacar y vencer, como estoy seguro que piensa de sí mismo. Y ya ve que ese arrogante vencedor de los abismos marítimos puede ser inutilizado y destruido por un cambio en su ambiente natural, imagen fiel del caso en que usted se encuentra ahora.

Pero sucede que el destino de sus últimos días como dictador de la República Dominicana puede reflejarse con sangre o sin ella en el pueblo de Santo Domingo. Si usted admite que la atmósfera política de la América Latina ha cambiado, que en el nuevo ambiente no hay aire para usted, y emigra a aguas más seguras para su naturaleza individual, nuestro país puede recibir el 27 de febrero de 1962 en paz y con optimismo; si usted no lo admite y se empeña en seguir tiranizándolo, el próximo aniversario de la república será caótico y sangriento; y de ser así, el caos y la sangre llegarán más allá del umbral de su propia casa, y escribo casa con el sentido usado en los textos bíblicos.

Es todo cuanto quería decirle, hoy, aniversario de la fundación de la República Dominicana.

 

Ir arriba

 

Publicado en BATALLA DE LAS IDEAS

Una lección de la Historia: la unidad de los pueblos centroamericanos/Juan Bosch

English: Locator map for Costa Rica, El Salvad...
English: Locator map for Costa Rica, El Salvador, Guatemala, Honduras and Nicaragua. Nederlands: Localisatiekaart voor Costa Rica, El Salvador, Guatemala, Honduras en Nicaragua. (Photo credit: Wikipedia)

 

No hay manera de medir la intensidad y la extensión de los vínculos que unen a los pueblos de América Latina, y sin tomar en cuenta esa fuerza unitaria es muy difícil, sino imposible, dar con la fórmula capaz de hacer respetable y eficaz cualquier plan político que se elabore con la intención de aplicarlo en un país latinoamericano. Por ejemplo, la idea de que un peruano se desentienda de lo que sucede en Uruguay o en Nicaragua porque esos países no tienen comercio con Perú carece de validez a la hora de formar un criterio político debido a que un peruano de posición izquierdista se sentirá unido a un nicaragüense o un Uruguayo que compartan esa posición así como un peruano de derechas le ocurrirá lo mismo con nicaragüenses y uruguayos que compartan la suya.

Algo similar sucede en todos los casos de afinidad política. Un boliviano, un angolano, un mexicano de izquierdas se sentían partidarios de los vietnamitas que luchaban en su país contras norteamericanos, coreanos del sur, australianos, neozelandeses y sudvienamitas en los años de 1960 y tantos, y en cambio un boliviano, un angolano, un mexicano de derechas apoyaban con toda su alma a los sudvienamitas y a los aliados que Estados Unidos había llevado a combatir contra los defensores de la independencia de Viet Nam.

Ahora bien, en el caso de los latinoamericanos el sentimiento unitario no requiere, para manifestarse en alguna forma, del estímulo de una Guerra, y por tanto no se limita al terreno político aunque cuando se da en ese campo se define políticamente y entonces pasa a ser dominante en ese sentido. Una música, un cantar, una danza identifican a dos latinoamericanos nacidos en países muy alejados entre sí; los identifican y los unen sin que en ese movimiento de sus almas hacia la unidad juegue un papel la posición política; pero si además de su identificación latinoamericanista se produce también la de carácter político, entonces el vínculo que los une pasa a ser múltiple y por tanto más poderoso que el que es de origen puramente político. Hasta dónde es verdad lo que acaba de decirse lo prueba una experiencia que a personas no latinoamericanas podría parecerles inaplicable o fantasiosa.

A Principios de 1975 el autor de estas líneas se hallaba en el edificio de correos de Barcelona, la capital de Cataluña, cuando se le acercó un anciano y le preguntó dónde podría él tomar un tranvía que lo llevara a Montjuich. Al oírnos hablar el anciano captó en la respuesta una entonación no hispánica y de inmediato interrogó:”Usted, ¿de dónde es? ¿Es de América? “ De la República Dominicana”, dijimos. Al interlocutor se le iluminaron los ojos y se acercó a nosotros con aire de persona deslumbrada a la vez que exclamaba casi a gritos: “¡ Yo soy de Barranquilla! ¡Somos del mismo mar; somos del mismo mar!”.

Si nos sentimos identificados porque las tierras en que hemos nacido son mojadas por un mismo mar, mucho más nos identifican todas las experiencias culturales que forman el conjunto de la latinoamericanidad, empezando por la lengua. Esos valores culturales pueden parecer subjetivos, pero son subjetivos; tanto lo son que en el caso de la danza podemos verla y en el de la música podemos oírla. Subjetivos son, sin embargo, los hechos históricos a pesar de que sabemos que sucedieron y por tanto fueron objetivos en el momento en que eran ejecutados; y ocurre que esos valores subjetivos, y de manera muy concreta los hechos históricos que llevaron a cabo los pueblos y sus líderes, forman uno de los componentes más fuertes de los vínculos que unen a los latinoamericanos de habla española. Se nombra a Martí o a Bolívar y todos sentimos que se está hablando de dos fundadores de la Patria mayor.

Pero si lo que hemos dicho es verdad para los hijos de los países de la América Hispánica, sean blancos, indios, negros o mestizos, en el caso de los costarricenses, los nicaragüenses, los salvadoreños, los hondureños, los guatemaltecos, es verdad por partida doble porque además de latinoamericanos ellos son centroamericanos, que es una identidad sin menoscabo de la primera. ¿Cómo se explica lo que acabamos de decir?

Se explica porque los cinco países que forman hace poco la zona del Caribe llamada Centroamérica o América Central –ahora con Belice, son seis—fueron durante tres siglos uno solo, la Capitanía General de Guatemala.(También era parte de esa Capitanía la intendencia de Chiapas, que se unió a México poco antes de que las autoridades guatemaltecas tomaran la decisión de separarse de España). Esa pertenencia Tricentenaria Al Reino de Guatemala dejó un rastro bien marcado en el hecho de que la propia Guatemala, Honduras, El Salvador, Nicaragua y Costa Rica Celebran el día de su independencia el 15 de septiembre, que fue la fecha del año 1821 en que Guatemala declaró su separación de España; y Guatemala era, en ese momento, la suma de los cinco países.

Curiosamente, la lucha de Guatemala por su independencia no comenzó en la ciudad de ese nombre, que era la cabeza de la Capitanía General; empezó en la provincia de El Salvador en los primeros días de noviembre de 1811; se produjo en la provincia de Nicaragua el 22de diciembre y en la de Honduras al comenzar el año 1812, y en los tres casos el movimiento fue aplastado por enviadas desde Guatemala. El 5 de enero de 1822 Guatemala se adhirió al plan de iguala que había proclamado en México el general Agustín de Iturbide cuyos puntos básicos eran los siguientes: México sería una monarquía constitucional y la corona se le ofrecía a Fernando VII, rey de España, pero el país sería independiente de España, y la religión del Estado sería la católica. Al conocer la adhesión guatemalteca a su plan, Iturbide despachó hacia Guatemala un ejército que debió seguir hacia El Salvador porque en esa provincia no fue aceptada la incorporación de la Antigua Capitanía General a Méjico.

Al cabo de un año de luchas en El Salvador el ejército mejicano tuvo que retirarse y el 24 de junio de 1823 se reunió en la ciudad de Guatemala un congreso que el día 1 de Julio proclamó la creación de las provincias Unidas de Centroamérica “libres e independientes de la Antigua España, de Méjico y de cualquiera otra potencia”. El 15 de abril de 1825 fue jurada la constitución de la República Federal Centroamericana formada por cinco estados que eligieron gobiernos, cada uno encabezado por un presidente, y en 1838, con la declaración de independencia de Nicaragua, comenzó la disolución de la República Federal que quedó desintegrada al abandonarla El Salvador en el 1841.

Pero esa disolución no significó la desaparición de la unidad de los pueblos, como quedó demostrado cuando el aventurero norteamericano William Walker se adueñó de Nicaragua y se declaró presidente de ese país. En esa hora de consternación para los nicaragüenses acudieron en su defensa los gobiernos de Costa Rica, El Salvador y Guatemala, todos los cuales mandaron hombres y armas a combatir a los filibusteros de Walker, y lo hicieron con tanto coraje que los echaron de Nicaragua.

La victoria centroamericana se había ganado al finalizar el mes de abril de 1857, y en ella no habían tomado parte los hondureños, pero tres años y medio después William Walker murió en la horca que le levantaron los hondureños en la ciudad de Trujillo. Sólo a los que ignoran el peso de esos hechos en el alma de los pueblos de Centroamérica se le puede ocurrir la peregrina idea de que un nicaragüense comete delito si les da ayuda al pueblo de El Salvador, Costa Rica, Guatemala o al de Honduras.

15 de noviembre de 1981.
33 Artículos de Temas Políticos, Primera Edición, 1988, páginas 163 a 167.

Ir arriba

Publicado en INTERNACIONAL

La crisis capitalista en la economía norteamericana/Juan Bosch

Perros del ebro
Perros del ebro (Photo credit: Wikipedia)

 

Los analistas de la economía norteamericana registran 8 recesiones que se han presentado entre el mes de noviembre de 1948 y el mes de diciembre de 1981. En lo que se refiere a la última, mientras se escriben estas líneas se anuncia que está llamada a prolongarse por lo menos durante todo el año 1982 y hay quienes aseguren que seguirá en el 1983. pero si nos atenemos a que llegará hasta diciembre del próximo año tendremos que al terminar el 1982 las recesiones de la economía de Estados Unidos habrán durado en conjunto 9 años en un lapso de 33, hecho que por sí sólo denuncia que en esa economía hay causas permanentes de crisis cuyo origen debe ser identificado y expuesto con precisión para conocimiento de todos los pueblos del mundo dado que una situación de crisis en la economía norteamericana acaba convirtiéndose en una crisis que afecta a la generalidad de los países capitalistas debido al hecho de que el dólar estadounidense es una moneda del comercio internacional del sistema capitalista, pero también afecta a los países socialistas que comercian con los grandes centros capitalistas en una proporción importante para ellos, como ha sido el caso reciente de Polonia y Rumanía.

La cantidad de 9 años de depresiones en un período de 33 años no sería nada extraño si tomamos en cuenta que el llamado Gran Crack de 1929 inició en Estados Unidos una depresión que duró 12 años corridos, desde el momento de su aparición el 24 de octubre del año mencionado hasta 1941, esto es, cuando ya la Guerra Mundial Segunda había cumplido dos años. Lo que llama la atención de la cadena de recesiones de la postguerra es que en 1970 se presentó una característica desconocida en la historia del capitalismo : la presencia en la recesión correspondiente a diciembre de 1969-noviembre de 1970 de dos componentes que en las anteriores habían figurado cada uno de ellos de manera aislada como causas de las recesiones pero nunca los dos a la vez; y a partir de ese momento los dos componentes han seguido apareciendo juntos en las recesiones siguientes, la de noviembre de 1973-marzo 1975, la de enero 1980-julio del mismo año y la que estamos viviendo en el momento en que se escriben estas líneas (mediados de diciembre de 1981).

Esos dos componentes son el estancamiento o depresión y la inflación, y su presencia en la cadena de recesiones ha dado origen a una palabra nueva: esta inflación (en inglés “stanflation”) que resume las dos causas, pero la creación de esa palabra definitoria no significa que los economistas norteamericanos o de otros países hayan conseguido aislar los hechos que provocan la conjunción de la depresión y la inflación como causas de la estanflación. Hasta el momento se conocen las causas de la inflación y las de la depresión por separado pero no se sabe cómo unas y otras concurren en un estado de recesión, y sobre todo, se sabe que la recesión comienza con la presencia de una inflación y se agrava al presentarse los aspectos depresivos, pero se ignora cómo se producen los últimos en medios de una inflación.

La estanflación es un mal mucho más grave que la inflación por sí sola o que la depresión por sí sola, y lo es porque los economistas saben cuáles son las medidas que deben aplicarse para superar una situación inflacionaria y cuáles son las que pueden sacar a un país de una depresión, pero cuando eso dos males se presentan de manera simultánea en una recesión, las medidas llamadas a aliviar los efectos de la inflación agravan la depresión y las llamadas a aliviar la depresión agravan la inflación, lo que significa que en realidad no hay fórmula que pueda curar una economía de los daños que le cause una estanflación. No la hay porque los economistas que tienen a su servicio las grandes empresas y el gobierno de Estados Unidos ignoran cuál es el origen de ese mal tan complejo, y sin conocer su origen es difícil adoptar un programa de medidas que pueda curarlo o al menos aliviarlo.

Por de pronto, hay efectos de la situación en que se halla hoy la economía norteamericana que deben ser expuestos en conjunto porque todos ellos son síntomas de una crisis generalizada que se presenta en forma de encadenamiento de recesiones. Uno de esos efectos es el déficit crónico de la balanza comercial, que ha venido pesando sobre el dólar desde hace años, y ha forzado a los Bancos Centrales de varios países capitalistas a hacer compras no previstas de dólares, a veces por miles de millones en un sólo día, para evitar un colapso de esa moneda; ha sido necesario devaluar el dólar dos veces en menos de un año, el 4abril de 1972 y el 13 de febrero de 1973; la deuda pública llegó el 22 de octubre de este año (1981) a 1 billón de dólares ( 1,000,000,000. 000, o sea, el billón español, que no debemos confundir con el billón norteamericano, equivalente a sólo 1,000 millones), y sus intereses serán en 1982 de 96,000 millones; pero además en cuatro años más esa deuda habrá llegado a 1,500,000,000,000 ( 1 billón 500,000, millones), porque el gobierno de Reagan se ha confesado incapaz de evitar el incremento del déficit anual del presupuesto, y ese déficit tendrá que ser cubierto con bonos del tesoro y otros medios de pago que acabarán engrosando la deuda pública.

Otro efecto de los males que aquejan a la economía norteamericana es la alta tasa de interés que ha alcanzado el dólar. Esa situación fue creada debido a que los tenedores de dólares en todo el mundo (los euro y petrodólares, que para fines de 1980 tenían en su poder, según estimaciones de algunos expertos en la materia, entre 750,000 y 800,000 millones de dólares) enviaron sus dólares a Estados Unidos para ganar esa alta tasa de interés, que en muchos casos era superior a los beneficios medios de las inversiones industriales, comerciales y financieras que se hacían con ellos, sobre todo en Europa. de hasta 20.5 por ciento en 1981, hecho que tuvo como consecuencia inmediata el debilitamiento de las monedas del sistema capitalista, que tienen al dólar como reserva, y con ese debilitamiento la incapacidad de muchos países de pagar sus importaciones por falta de dólares, lo que ha provocado un apreciable grado de parálisis en el comercio internacional.

Por otra parte, el ingreso de dólares provenientes de varias partes del mundo atraídos a Estados Unidos por la alta tasa de interés que se les ofrecía, provocó efectos contrarios a los que debían esperarse, pues al prestar esos dólares los bancos norteamericanos no podían cobrar por ellos un interés más bajo del que pagan a los dueños de esos dólares que los depositaban a plazo fijo, y por esa causa las industrias que emplean más mano de obra, como la construcción de viviendas, la de automóviles y equipos agrícolas, la de fabricación de acero, tuvieron que traspasar a los compradores de esos bienes y materias primas elaboradas el interés que pagaban por el dinero con que financiaban su producción, lo que tuvo efectos diferentes, según fuera la rama de la actividad industrial que usaba el financiamiento, pues en el caso de la construcción, al bajar ésta empezaron a perder valor los terrenos urbanos y semi-urbanos, baja que se reflejaba lo mismo en la situación de empresas dedicadas a la compra y venta de esos tipos de terrenos que en la de grandes cantidades de propietarios de mediano pasar que se valían de ellos haciendo hipotecas para resolver crisis económicas personales o familiares; y en cuanto a los fabricantes de automóviles, equipos agrícolas, vehículos pesados y acero, esos tenían que traspasar a sus compradores el interés que pagaban por el dinero con que financiaban su producción, lo que los colocaba en situación desventajosa ante sus competidores extranjeros que se aprovechaban- y se aprovechan- de ello para aprovecharse de partes importantes del Mercado norteamericano.

La situación descrita se refleja en un aumento del déficit comercial y a su vez ese déficit debilita la posición del dólar en relación con las monedas de los países que compiten con los productos industriales de Estados Unidos en el territorio norteamericano y en los mercados abastecidos por la industria de ese país, de manera que nos hallamos ante el curioso hecho de que lo que beneficia a los dueños de dólares perjudica a la economía norteamericana. Esta es una contradicción que se ha instalado en el seno de esa economía, pero antes nos hemos referido a otra contradicción que se mantiene también en el seno de la economía capitalista en su variedad estadounidense, y es la de una cadena de depresiones que se dan al mismo tiempo que se desarrolla la inflación.

20 de diciembre de 1981.
33 Artículos de Temas Políticos, Primera Edición, 1988, páginas 119 a 123.

 

Publicado en EL HOMBRE Y SU HISTORIA

ALGO DE HISTORIA DE LA LUCHA CONTRA TIRANOS DE AMÉRICA Y EL CARIBE

.- La Legión Caribe en el Ojo de la Tormenta/José del Castillo Pichardo

El tercer nicaragüense enrolado en la expedición de Luperón fue José Félix Córdoba Boniche. Con 25 años de edad, de oficio mecánico práctico, corrió mejor suerte que sus compatriotas Alberto Ramírez y Alejandro Selva, al sobrevivir como parte del grupo que Trujillo preservó para fines de investigación y como medio de prueba de la intervención de Guatemala, Costa Rica y Cuba en los asuntos domésticos de la República Dominicana. Justo en momentos en que el país apelaba a la vigencia de los instrumentos jurídicos del sistema interamericano, bajo la recién creada OEA, en consonancia con la posición de línea dura adoptada por los Estados Unidos contra la inestabilidad en el Caribe.

Córdoba Boniche era un luchador antisomocista que llevaba dos años exiliado en Guatemala impedido de entrar a Nicaragua. Ante el tribunal dominicano que lo sentenció a 30 años de trabajos públicos, declaró que tras el triunfo de José Figueres en la guerra civil costarricense -con el aporte decisivo en hombres y armas de la Legión Caribe ensamblada en Guatemala- permaneció por tres meses en Limón, Costa Rica, a la espera de invadir su país para derrocar a Somoza. Al frustrarse ese intento, regresó a Guatemala, donde luego sería reclutado por un ex oficial de la Guardia Nacional nicaragüense bajo la creencia de que la invasión se dirigía a Nicaragua. Utilizó este argumento como medio de defensa, señalando que sólo supo que venía a Santo Domingo 24 horas antes de embarcarse.

Amnistiado por ley del 20 de febrero de 1950, Córdoba Boniche fue deportado hacia Nicaragua, donde seguro le esperaban cárcel o muerte. Aprovechando una escala del avión en Panamá, logró escurrírsele a sus custodios y pedir asilo en ese país, desde donde se trasladó a La Habana. En abril de 1954 se le vinculó a un complot develado para liquidar a Somoza, fraguado en Guatemala con la participación de ex oficiales de la Guardia Nacional y antiguos combatientes de la Legión Caribe, que costó la vida al dominicano José Amado Soler y, dos años después, al ex oficial de la guardia presidencial hondureña, Jorge Rivas Montes, comandante de Cayo Confites en Cuba y de la revolución figuerista en Costa Rica, quien guardaba prisión condenado por esos hechos y era uno de los que venía en junio de 1949 en la expedición de Juancito Rodríguez.

Emigrado a México, Córdoba Boniche falleció en 1972, según refiere Tulio Arvelo. El general retirado Humberto Ortega narra en su obra “La epopeya de la insurrección”, que tanto él como el líder sandinista Carlos Fonseca Amador -tras ser liberados de la cárcel en Costa Rica en octubre de 1970 por la acción de un comando sandinista y antes de viajar a Cuba- celebraron en Ciudad México un encuentro de “análisis político” con Tomás Borge y Edén Pastora, en el cual participó “el doctor José Córdoba Boniche”. Lo cual revela que el mecánico práctico que sobrevivió a la dura manopla de Trujillo y a otras tantas aventuras revolucionarias en Centroamérica, aprovechó académicamente su estancia mexicana. Y que permanecía vinculado a las actividades antisomocistas.

El aporte costarricense a esta expedición de Luperón lo puso Alfonso Leyton, veterano de la toma de Puerto Limón durante la revolución de Costa Rica, quien estuvo bajo las órdenes del comandante de la Legión Caribe, Horacio Ornes. Herido en el poblado de Luperón por el raso del Ejército Leopoldo Puente Rodríguez, Leyton murió carbonizado en el Catalina, preservado su cadáver por el formol humanitario del Dr. Alejandro Capellán.

Muchos otros legionarios centroamericanos, mexicanos, españoles y cubanos -transportados por pilotos norteamericanos- estaban supuestos a arribar a tierra dominicana, conforme a los planes del general Juancito Rodríguez y sus asesores militares, esbozados desde su plataforma guatemalteca. Desde la firma en Guatemala del Pacto del Caribe en diciembre de 1947, la revolución figuerista -tras dos meses de combates y con un saldo de 2 mil muertos de ambos bandos- se había impuesto en Costa Rica a finales de abril de 1948, con el decisivo respaldo de los legionarios y las armas de Cayo Confites.

No en balde en la estructura de mando del Ejército de Liberación Nacional comandado por José Figueres, figuraba como jefe de Estado Mayor el coronel Miguel Ángel Ramírez Alcántara, dominicano, y el teniente coronel Jorge Rivas Montes, hondureño, jefe de Planes, Operaciones e Inteligencia de dicho EM (Estado Mayor, nh). (También, nh) el mayor Horacio Ornes, comandante del Batallón Legión Caribe, así como el mayor Francisco Morazán, hondureño, oficial ejecutivo del Batallón San Isidro; todos, considerados héroes de esas jornadas.

En el arsenal facilitado por Juancito Rodríguez a Figueres -“Yo puse en manos de la revolución de Costa Rica el siguiente equipo, que le dio el triunfo final y definitivo a las armas bajo su mando, equipo que logré como producto de mis sacrificios personales y de gestiones con poderosos amigos”- se contaban 800 fusiles cal. 30 (con 223 mil cartuchos), 200 fusiles “R” cal. 7 mm, 16 ametralladoras cal. 45, 10 “M” 7 mm, 8 Lewis cal. 7-65, 6 “H” cal 7 mm, con sus cargadores y municiones. También 450 granadas de mano y otras 400 cal. 42 mm “H”, bombas de aviación, explosivos y detonadores.

Con este material bélico, reforzado, los internacionalistas de la Legión Caribe se proponían invadir Nicaragua para derrocar a Somoza, para lo cual se constituyó en Costa Rica el Ejército de Liberación Nacional de Nicaragua, bajo el mando de Rosendo Argüello. Como asesores de esta empresa fueron contratados los veteranos de la República Española, Fernando Sousa, Esteban Rovira, Daniel Lado y Alberto Bayo Giroud, quien laboraba entonces en la Escuela de Aviación Militar de Guadalajara.

Figueres facilitó una hacienda cafetalera y dinero para la operación de un campo de entrenamiento. En septiembre de 1948, el presidente electo Carlos Prío, quien asumiría en octubre de ese año, viajó a Costa Rica y comprometió ayuda cubana en armamento. Sin embargo, las disputas entre los exiliados nicaragüenses dieron oportunidad a Somoza para tomar la iniciativa y “darle su propia medicina” a Costa Rica. El 10 de diciembre una fuerza expedicionaria de exiliados costarricenses encabezada por el ex presidente Calderón Guardia invadió su patria desde Nicaragua, con el apoyo logístico de la Guardia Nacional.

Figueres no permitió que la Legión Caribe interviniera en el conflicto y llamó a la formación de milicias populares para defender su gobierno, invocando asimismo el Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca (TIAR) y la intervención de la OEA. Fruto de esta mediación, Nicaragua y Costa Rica acordaron cesar las hostilidades y desmantelar las operaciones bélicas de exiliados fraguadas en sus respectivos territorios, firmando en febrero de 1949 un Pacto de Amistad. Tras años de colaboración, Figueres y Argüello tomaron rumbos distintos cuando los exilados nicaragüenses debieron salir hacia Guatemala.

Por eso, al trocarse el Pacto del Caribe por este Pacto de Amistad, el tenaz y vertical Juancito Rodríguez, con su acentuado hablar cibaeño, solía decir al referirse a don Pepe Figueres: “el mie’dita ése nos cogió las armas y nos traicionó a todos”.

 

Publicado en EL HOMBRE Y SU HISTORIA

HIMNOS Y SÍMBOLOS PATRIOS RD

1469961_1394416534137675_1344431025_nbandera Dominican (1)                                                     CONTENIDO

Los Padres de la Patria: “Nacimiento de la Patria Dominicana”
La Bandera
El Escudo
Himno Nacional
Primer Himno Dominicano; de Félix María del Monte
Segundo Himno Dominicano; de Manuel Rodríguez Objío
Himno de la “Revolución de Abril” de 1965
Himno a la Raza Inmortal/Catorce de Junio [1J4]
Himno a la Madre Dominicana
Himno a Juan Pablo Duarte
Himno a Francisco del Rosario Sánchez
Himno a Matías Ramón Mella

Los Padres de la Patria: “Nacimiento de la Patria Dominicana”

“…Considerando que por la diferencia de costumbres y la rivalidad que existe entre unos y otros jamás habrá perfecta unión y armonía, los pueblos de la parte antes española de la Isla de Santo Domingo… han resuelto separarse para siempre de la República Haitiana, para proveer a su seguridad y conservación, constituyéndose, bajo sus antiguos límites, en un Estado libre y soberano en el cual, bajo sus leyes fundamentales, protegerá y garantizará el sistema democrático; la libertad de los ciudadanos, aboliendo para siempre la esclavitud; la igualdad de los derechos civiles y políticos, sin atender a las distinciones de origen ni de nacimiento…”.

La Bandera

La bandera es el mas sublime símbolo de la libertad y la soberanía nacional, y es considerada el alma de la patria. Fue concebida por el patricio Juan Pablo Duarte, Padre de la Patria y su diseño aprobado por Los Trinitarios el 16 de junio de 1838. Ondeó airosa por vez primera el 27 de febrero de 1844, día de la Independencia Nacional. Fue elaborada por la señorita Concepción Bona y su prima la señorita María de Jesús Pina.

La Constitución dominicana establece que la Bandera Nacional contiene los colores: azul ultramar y rojo bermellón, en cuarteles esquinados y alternados de tal manera que el azul debe quedar en la parte superior del asta, separados por una cruz blanca, de un ancho igual a la mitad de la altura de cada cuartel, llevando en su centro el escudo de armas de la República.

Los colores de la bandera nacional poseen un significado particular. El rojo representa la sangre vertida por nuestros libertadores; el azul expresa nuestros ideales de progreso y libertad y la protección de Dios a la nación dominicana; y la cruz es el símbolo de la lucha de nuestros libertadores para legarnos una patria libre. Su color blanco nos recuerda que la paz y la unión deben prevalecer entre todos los dominicanos.

La Bandera Nacional debe ondear en todos los edificios públicos e instalaciones militares y judiciales. El pueblo debe izarla en sus hogares los días de fiestas patrias. Las escuelas, colegios y universidades y, en general, las entidades educativas, deben rendirle homenaje y presentarla izada a sus estudiantes.

El presidente de la República la lleva cruzada en su pecho, en la banda presidencial. Las embajadas y consulados dominicanos la deben izar en sus oficinas en el exterior; además, en las residencias de embajadores nacionales, debe izarse, durante las fechas patrias dominicanas, junto a la bandera del país receptor. La bandera que usan los buques mercantes no llevará el escudo de armas.

Himno a la Bandera Dominicana

Ya empezó su trabajo la escuela/ y es preciso elevarte a lo azul/ relicario de viejos amores,/ mientras reine la mágica luz./

Nos sentimos arder a tu influjo/ la luz viva de un fuego interior/ cuando flotas alegre, besada/ por los cálidos rayos del sol./

¡Dios!, parece decir, ¡oh bandera!/ la sublime expresión de tu azul;/ ¡Patria!, el rojo de vívida llama;/ ¡Libertad!, dice el blanco en la cruz./

Mientras haya una Escuela que cante/ tu grandeza bandera de amor,/ flotarás con el alma de Duarte/ vivirás con el alma de Dios.

Letra: Ramón Emilio Jiménez 
Música: Juan Francisco García

El Escudo

El escudo dominicano fue creado en la época de la proclamación de independencia nacional. Ha experimentado un largo proceso de modificaciones. La historia registra por lo menos 14 escudos. El actual fue diseñado por Casimiro N. de Moya, expedido por el gobierno de Monseñor Nouel y oficializado en 1913.

El primer escudo de armas tenía dos ramas exteriores de laurel y debajo de éstas, formando un arco, aparecía una serpiente mordiendo y tragando su cola (signo de eterna evolución). En un tercer plano aparecía, abierto y en el centro, el libro de los Evangelios; detrás del libro había un trofeo de armas (una lanza y un fusil con bayoneta calada a la derecha, y un sable y una corneta a la izquierda); arriba del libro había una bandera dominicana. En segundo plano había dos banderas dominicanas y, en el cruce de las astas, había un gorro frigio (símbolo de la libertad). En primer plano, en la parte inferior, había una cinta ancha con las palabras “República Dominicana” y, a ambos lados en la parte inferior, dos cañones con sus respectivas balas esféricas en forma piramidal.

El artículo 96 de la Constitución Dominicana establece que el escudo actual tendrá los mismos colores de la bandera nacional dispuestos en igual forma, llevará en el centro el libro de los Evangelios, abierto, con una cruz encima, surgiendo ambos de entre un trofeo integrado por dos lanzas y cuatro banderas nacionales sin escudo, dispuestas a ambos lados; llevará un ramo de laurel del lado izquierdo y uno de palma del derecho, estará coronado por una cinta azul ultramar en la cual se leerá el lema: Dios Patria y Libertad, y en la base habrá otra cinta de color rojo bermellón con las palabras “República Dominicana”.

La forma del escudo nacional será de un cuadrilongo, con los ángulos superiores salientes y los inferiores redondeados, el centro de cuya base terminará en punta, y estará dispuesto en forma tal que si se traza una línea horizontal que una las dos verticales del cuadrilongo de donde comienzan los ángulos inferiores, resulte un cuadrado perfecto.

Himno Nacional

El Himno Nacional Dominicano fue escrito originalmente en el 1883 por Emilio Prud’homme (letra) y José Reyes (música).

Acerca de su origen, José Reyes declaró en una ocasión que habiendo llegado a sus manos el Himno Nacional argentino, publicado en el periódico parisino El Americano, sintió el deseo de hacer una composición análoga para su país y con tal motivo, en 1883 invitó a su amigo Emilio Prud’homme a que escribiera un himno a la patria, para él ponerle la música. Poco tiempo después, el poeta Prud’homme escribió las estrofas y el músico compuso su himno.

Por su parte, Prud’homme comentaba de José Reyes que su gran aspiración, su doble sueño de patriota y artista era componer un himno que les llegara al corazón a sus compatriotas y avivara cada vez más en ellos el sentimiento de la nacionalidad, para que amaran intensamente su suelo, su cielo, sus montañas, sus ríos, su hogar nativo, sus glorias nacionales, sus libertades, su independencia, su integridad y su honor nacional. Creía Reyes que cuando los dominicanos tuvieran un himno que sintieran y cantaran con amor, afirmarían tanto en su alma el sentimiento de la patria, que llegarían a estar completamente seguros, en sí mismos, de ser dominicanos para siempre.

La primera versión de los versos de Prud’homme fue publicada el 16 de agosto de 1883 en el semanario capitaleño El Eco de la Opinión. El 17 de agosto de 1883 el himno así compuesto fue estrenado en una velada que celebró la prensa nacional en la Logia Esperanza de Santo Domingo. Lo cantó un grupo de jóvenes con el acompañamiento de una pequeña orquesta, en la que el propio José Reyes tocó el cello. La composición fue bien recibida por el público y desde entonces comenzó su lento proceso de popularización.

Meses más tarde, se decidió trasladar al país los restos de Juan Pablo Duarte desde Caracas (Venezuela), donde había fallecido en 1876. Para esa ocasión, El Eco de la Opinión sugirió que se recibieran los nobles despojos del patricio dominicano con un aire triunfal, proponiendo al efecto el himno patriótico del maestro J. Reyes. Así, el 27 de febrero de 1884 el canto patriótico de Reyes y Prud’homme fue interpretado a lo largo de todo el trayecto recorrido por la procesión que llevó en andas los restos del Padre de la Patria, partiendo desde el puerto de Santo Domingo hasta la Santa Iglesia Catedral, donde fueron inhumados entonces.

En 1897, el periódico El Teléfono, de la capital, publicó una edición del texto de Prud’homme, corregida por su propio autor. El poeta mismo quiso revisar su obra, considerando que la primera versión adolecía de fallas propias de su inexperiencia juvenil, ya que aunque tenía veintisiete años al momento de escribir su himno, en 1883, se había visto forzado a adquirir tardíamente su formación literaria, debido a su humilde condición social. Esta segunda versión sería la definitiva. Atendiendo a una iniciativa del diputado Rafael García Martínez, el 30 de abril de 1897 el Congreso Nacional comenzó a analizar los méritos del canto patriótico de Reyes y Prud’homme, con el fin de que esta composición fuera oficializada como himno nacional de los dominicanos, medida que fue adoptada por el cuerpo legislativo en la sesión del 7 de junio del mismo año.

Aunque el presidente Ulises Heureaux no convirtió en ley esa resolución del Congreso, probablemente motivado por su disgusto con la vertical actitud de Emilio Prud’homme frente a su gobierno dictatorial, ello no impidió que el pueblo dominicano mantuviera su preferencia por este himno, que se siguió interpretando en los actos oficiales. Además, virtualmente se reconocía el carácter oficial de la obra de Reyes al asignársele a éste una pensión del gobierno por haber escrito el Himno Nacional Dominicano y, por otra parte, varios ayuntamientos del país, incluyendo el de la capital, designaron con su nombre y el de Prud’homme sendas calles, por igual razón.

No fue sino hasta el 30 de mayo de 1934 cuando el presidente de la República Dominicana, Rafael Leónidas Trujillo Molina, mediante la Ley número 700, declaró himno oficial de la República el compuesto por el maestro José Reyes con letra del poeta y educador Emilio Prud’homme.

Quisqueyanos valientes, alcemos/ nuestro canto con viva emoción,/ y del mundo a la faz ostentemos/ nuestro invicto, glorioso pendón./

¡Salve! el pueblo que intrépido y fuerte,/ a la guerra a morir se lanzó,/ cuando en bélico reto de muerte/ sus cadenas de esclavo rompió./

Ningún pueblo ser libre merece/ si es esclavo, indolente y servil;/ si en su pecho la llama no crece/ que templó el heroísmo viril./

mas Quisqueya la indómita y brava,/ siempre altiva la frente alzará;/ que si fuere mil veces esclava/ otras tantas ser libre sabrá./

Que si dolo y ardid la expusieron/ de un intruso señor al desdén,/ Las Carreras, Beler, campos fueron/ que cubiertos de gloria se ven./

Que en la cima de heroico baluarte,/ de los libres el verbo encarnó,/ cuando el genio de Sánchez y Duarte/ a ser libre o morir enseñó.

Y si pudo inconsulto caudillo/ de esas glorias el brillo empañar,/ de la guerra se vio en Capotillo/ la bandera de fuego ondear./

Y el incendio que atónito deja/ de Castilla al soberbio león,/ de las playas gloriosas se aleja/ donde flota el cruzado pendón./

Compatriotas, mostremos erguida/ nuestra frente, orgullosa de hoy más:/ que Quisqueya será destruida/ pero sierva de nuevo, jamás./

Que es santuario de amor cada pecho/ do la Patria se siente vivir;/ y es su escudo invencible el derecho,/ y es su lema: ser libre o morir./

¡Libertad!, que aun se yergue serena/ la victoria en su carro triunfal,/ y el clarín de la guerra aun resuena/ pregonando su gloria inmortal./

¡Libertad!, que los ecos se agiten/ mientras llenos de noble ansiedad/ nuestros campos de gloria repiten:/ ¡Libertad! ¡Libertad! ¡Libertad!/

Ir Arriba

Primer Himno Dominicano; de Félix María del Monte

“La noche en que se proclama la independencia nacional, (Félix María del Monte, nh) acude con los promotores del movimiento separatista al Baluarte del Conde, lugar escogido para la cita hazañosa, y allí mismo improvisa el primer himno dominicano” (Balaguer, Los próceres escritores).

Ravelo (Historia de los Himnos Dominicanos) dice: “Este himno, letra del poeta Félix M. del Monte y música del coronel Juan Bautista Alfonseca, debía ser realmente el único si los dominicanos hubieran sentido más inclinación por las cosas de su tierra… Escrito por dos prestantes compatriotas en el instante mismo en que nos hicimos libres, no ha debido de ninguna manera abandonarse por cuestiones de política de partidos. Cuando Alfonseca y de Del Monte escribieron el Canto Patriótico de la naciente República Dominicana pertenecían tan sólo al único y sacratísimo partido de la Independencia.

Más tarde, al organizarse los bandos que dirigieron [Pedro] Santana y [Buenaventura] Báez, aquellos ciudadanos militaron en las filas del rojismo [“baecismo”} y esa parece ser la causa que influyó poderosamente en el abandono del Himno del 1844… Pero de tal suerte llegó a ser olvidado (a pesar de ser el único de nuestros himnos que se cantó en el campo de batalla, cuando nuestros hermanos luchaban por afianzar la independencia nacional), que en los últimos gobiernos presididos por el general Buenaventura Báez, la República no tenía himno y se hacían honores al Jefe del Estado con las solemnes notas del Canto Nacional de Inglaterra”.

¡Al arma, españoles!/ ¡Volad a la lid!/ ¡Tomad por divisa/ “Vencer o morir”!/

I

Nobles hijos de Santo Domingo,/ erguid ya vuestra frente guerrera,/ y sañudos volad tras la fiera/ que el solar de Colón devastó./

A sus huestes cobardes e impías/ el terror y exterminio llevemos,/ y los himnos de gloria cantemos/ secundados del fiero cañón./

¡Al arma, españoles!/ ¡Volad a la lid!/ ¡Tomad por divisa/ “Vencer o morir”!/

II

¡Guerra a muerte sin tregua, españoles!/ Si ser libres por siempre queremos/ de la historia con sangre borremos/ cuatro lustros de llanto y dolor./

Sepa el mundo que a nombres odiosos/ acreedores jamás nos hicimos,/ y que siempre que gloria quisimos,/ nuestro carro la Gloria arrastró./

¡Al arma, españoles!/ ¡Volad a la lid!/ ¡Tomad por divisa/ “Vencer o morir”!/

III

¡No hay piedad! El haitiano insolente,/ penetrando hasta nuestros hogares,/ profanó nuestros templos y altares,/ nuestros fueros osó atropellar,/ y el pudor de la cándida virgen,/ y las canas del mísero anciano,/ y cuanto hay de sagrado en lo humano/ ultrajó con orgullo procaz./

¡Al arma, españoles!/ ¡Volad a la lid!/ ¡Tomad por divisa/ “Vencer o morir”!/

IV

Mas hoy tiembla convulso, leyendo/ de los cielos la justa sentencia,/ y amenazan su odiosa existencia/ diez mil lanzas que afila el honor./

¡Compatriotas, el éxito es cierto!…/ Libertad con valor conquistemos,/ y el cruzado estandarte plantemos/ del tirano en la oscura mansión./

¡Al arma, españoles!/ ¡Volad a la lid!/ ¡Tomad por divisa/ “Vencer o morir”!/

Ir Arriba

Segundo Himno Dominicano; de Manuel Rodríguez Objío

Para 1865, “cuando la voluntad de ser libre agrupa nuevamente a los dominicanos bajo las banderas de la Restauración”, Manuel Rodríguez Objío escribe un segundo himno, “de la rebelión de la conciencia nacional contra el dominio de España, tendencia patriótica representada por quienes sostenían como una enseña en sus manos el ideal de la independencia absoluta” (Balaguer, Los próceres escritores).

Sobre este segundo himno, Ravelo refiere: “Al general Gregorio Luperón se debe que el poeta Rodríguez Objío y el Maestro Ignacio Martí Calderón escribieran respectivamente la letra y la música del Himno. Este otro Canto Nacional, que tampoco ha debido olvidarse, fue popularísimo en las provincias del Norte y del Centro de la República. Cuando el Himno de [José] Reyes comenzó a generalizarse en aquellas regiones, se tocaba en las fiestas del 27 de febrero, y aquel en las del 16 de agosto”.

Continúa Ravelo: “Cuando el 14 de marzo de 1871, el general Luperón salió de Capotillo haitiano con 45 patriotas para protestar con las armas por la anexión de nuestro país a Estados Unidos de América, aquellos valientes, entre los cuales iba el autor de la letra, emprendieron la marcha cantando el Himno de Capotillo con música que se supone improvisaron puesto que la verdadera, la que compuso el maestro Ignacio Martí Calderón, fue escrita, poco más o menos, en el año 1885”.

El Himno de Rodríguez Objío es un grito de protesta contra la supervivencia en Santo Domingo de todo resto de dominación española:

Ahora nuevo maldito tirano,/ Por saciar su funesta ambición,/ Quiere arriar con impúdica mano/ De esa patria el sagrado pendón./

Ya el clarín belicoso resuena,/ Y a la lid nos impulsa el honor;/ Del oprobio al romper la cadena/ Proscribamos por siempre al traidor!/

Vencedores heroicos de España/ ¡De otro yugo la Patria salvad!/ Compatriotas, afrenta tamaña/ De traidores, con sangre borrad!/

¡A la lid a vencer! ¡Guerra! ¡Guerra!/ No haya tregua jamás ni perdón,/ Para el vil que tornó de otra tierra/ Meditando venganza y traición./

Capotillo es el grito sonoro/ Que se debe elevar por doquier;/ Que al salvar nuestro patrio decoro,/ Protestemos morir o vencer!/

La victoria, feliz nos espera;/ Ya se ven los traidores temblar,/ Y al fijar nuestra sacra bandera,/ Gloria eterna nos va a coronar./

De los bravos que allá en Capotillo/ Restauraron invictos la cruz./ La aureola del fúlgido brillo/ En la vida nos sirva de luz./

Himno de la “Revolución de Abril” de 1965

A luchar soldados valientes,/ que empezó la revolución,/ a imponer los nobles principios,/ que reclama la Constitución./

Desgarró la noche serena,/ la sirena de la libertad,/ cual clarín que llama a la guerra,/ defendiendo la Patria inmortal./

Como hermanos de Duarte luchemos,/ que ya Mella su grito encarnó,/ y cual Sánchez al martirio iremos,/ venceremos, como Luperón./

No cedamos un paso marchemos,/ por senderos de gloria y honor,/ y otra vez al traidor venceremos/ y otra vez al grosero invasor./

A luchar soldados valientes,/ que empezó la revolución,/ a imponer los nobles principios,/ que reclama la Constitución./

Autoría del músico y cantante dominicano, Aníbal de Peña.

Himno a la Raza Inmortal/Catorce de Junio [1J4]

Llegaron llenos de patriotismo/ enamorados de un puro ideal/ y con su sangre noble prendieron/ la llama augusta de la libertad./

Su sacrificio, que Dios bendijo/ la patria entera glorificará/ como homenaje a los valientes/ que allí cayeron por la libertad./

Catorce de Junio, gloriosa gesta nacional/ tus mártires están en el alma popular./

Hermanas Mirabal, heroínas sin igual/ un grito vibrante es el grito de la Raza Inmortal./

Llegaron llenos de patriotismo/ enamorados de un puro ideal/ Y con su sangre noble encendieron/ la llama augusta de la libertad./

Su sacrificio que Dios bendijo/ la Patria entera, glorificará/ Como homenaje, a los valientes/ que allí cayeron por la libertad.

Música: Héctor Jiménez
Letra: Vinicio Echavarría.

Himno a la Madre Dominicana

Doña Trina de Moya, esposa del presidente mocano Horacio Vásquez, escribió el Himno a las Madres (dominicanas, nh).

Venid los moradores del campo y la ciudad,/ y entonemos un himno de intenso amor filial./ Cantemos de las madres la ternura, el afán,/ y su noble atributo de abnegación sin par./

Celebremos todos la fiesta más bella,/ la que más conmueve nuestro corazón;/ fiesta meritoria que honramos con ella/ a todas las madres de la Creación./

Quien como una madre, con su dulce encanto,/ nos disipa el miedo, nos calma el dolor;/ con sólo brindarnos su regazo santo,/ con sólo cantarnos baladas de amor./

De ella aprende el niño la sonrisa tierna;/ el joven, la noble, benéfica acción./ Recuerda el anciano la oración materna/ y en su alma florece la resignación./

Venid los moradores del campo a la ciudad/ y entonemos un himno de intenso amor filial./ Cantemos de las madres la ternura, el afán/ y su noble atributo de abnegación sin par./

Cubramos con flores la tumba sencilla/ de madres que moran en la eternidad;/ y ornemos con flores la frente que aún brilla,/ aún brilla y esplende la maternidad.

Para ella escojamos frescas azucenas,/ simbólicas flores del alma ideal;/ blanca como el alma de las madres buenas/ y con algo místico y sentimental.

Albas estrellitas nítidas hermanas/ de las que circundan la divina sien;/ de la que es modelo de madres cristianas,/ Madres de Dios Cristo nacido en Belén./

Venid los moradores del campo y la ciudad,/ y entonemos un himno de intenso amor filial./ Cantemos de las madres la ternura, el afán,/ y su noble atributo de abnegación sin par./

Himno a Juan Pablo Duarte

En la fragua de la escuela/ nuestra patria fue forjada,/ y el calor de su enseñanza,/ le infundió vida sagrada./

La gloriosa Trinitaria/ que fundara, tu heroísmo,/ fue la cátedra primera,/ de moral y de civismo./

Fuerza era que un maestro/ preparara, la conciencia,/ donde habría de nacer,/ la soñada independencia./

Y es así como cantamos,/ tus virtudes allá el estro,/ junto al padre de la patria,/ la figura del maestro./

En la escuela se te honra,/ por tus hechos, sacrosantos,/ en las letras y las notas,/ encendidas de sus cantos./

Y al honrarte recordamos,/ tu patriótico heroísmo,/ es el prócer y el maestro,/ que los dos son uno mismo./

La Bandera dice Patria,/ y al decirlo se revela,/ que es el alma del maestro,/ señalándonos, la escuela./

Autores:
Letra: Ramón Emilio Jiménez
Música: José de Jesús Ravelo

Himno a Francisco del Rosario Sánchez

Sánchez glorioso, varón ilustre,/ que no supiste jamás hollar,/ los sacros fueron del patriotismo, que levantaron el patrio lar./

Tú que juraste morir de hambre,/ antes que siervo comer un pan,/ y lo cumpliste cuando tu cuerpo,/ de muerte herido cayó en San Juan./

Tú que en los labios siempre tuviste,/ fiero anatema para el Traidor,/ que malograra La Patria hermosa,/ por la que dieras vida y honor./

Derecho tienes a que elevemos,/ en tu memoria cantos de amor,/ ningún soldado fue más glorioso,/ nadie ha luchado con más valor./

Cuando miramos llenos de orgullo,/ la patria enseña, con qué fruición,/ pensamos todos que representa,/ la parte roja tu corazón./

Autores:
Letra: Ramón Emilio Jiménez 
Música: José de Jesús Ravelo

Himno a Matías Ramón Mella

No fue nunca la divisa del instinto de matar,/ ni fue el rígido instrumento de la fuerza militar/ provocando las groseras ambiciones del poder:/ Fue tu espada la divisa del honor y del deber./

Fiel discípulo de Duarte, comprendiste el ideal,/ y sirviendo los destinos de la causa nacional,/ disparaste tu trabuco , que rugió como León,/ despertando Las conciencias y clamando redención./

La Bandera fue tu culto, la Bandera fue tu altar,/ y dijiste: Cuando vaya para siempre a descansar,/ que ella envuelva mi cadáver y moriste con honor,/ en los brazos siempre abiertos de la enseña tricolor./

Y después cuando quisieron, de la fosa recoger,/ tus cenizas venerandas, un milagro pudo ser:/

English: Retrato de Matias Ramón Mella Castill...
English: Retrato de Matias Ramón Mella Castillo, padre de la patria dominicana. Español: Retrato de Matias Ramón Mella Castillo, padre de la patria dominicana. (Photo credit: Wikipedia)

encontraron la bandera, la Bandera tricolor,/ reviviendo en sus matices la grandeza de tu amor./

Autores:
Letra: Ramón Emilio Jiménez
Música: Julio Alberto Hernández