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SANDY EN NY ¿Un shock del pueblo?

New York Stock Exchange on Wall Street in New ...
New York Stock Exchange on Wall Street in New York, New York, United States. Español: Bolsa de Nueva York en Wall Street en Nueva York, Nueva York, en los Estados Unidos. (Photo credit: Wikipedia)

Menos de tres días después de que Sandy tocó tierra en la costa este de Estados Unidos, Iain Murria, del Competitive Enterprise Institute (Instituto de Competitividad Empresarial), dijo que la miseria que los neoyorquinos estaban a punto de sufrir era por culpa de su oposición a los grandes almacenes comerciales. En Forbes.com explicó que el hecho de que la ciudad rehúsa acoger a Walmart probablemente hará que la recuperación sea más difícil: Las tienditas simplemente no pueden hacer lo que los grandes almacenes sí pueden en estas circunstancias, escribió. También advirtió que si el ritmo de la reconstrucción resultaba ser lento (como a menudo sucede), entonces las reglas en favor de los sindicatos, como la ley Davis-Bacon, tendrían la culpa. Se refiere al estatuto que exige que a los trabajadores en proyectos de obras públicas se les pague no el salario mínimo, sino el que impera en la región.

Ese mismo día, Frank Rapoport, abogado que representa a varios contratistas de bienes raíces y de la construcción que manejan miles de millones de dólares, rápidamente sugirió que muchos de esos proyectos de obras públicas no deberían ser públicos. En vez, los gobiernos, cortos de dinero, deberían voltear hacia las sociedades pública-privadas, conocidas como P3. Esto implica puentes y túneles reconstruidos por compañías privadas, que podrían, por ejemplo, instalar casetas de cobro y quedarse con las ganancias. Estos acuerdos no son legales en Nueva York o Nueva Jersey, pero Rapoport cree que eso puede cambiar. Las estructuras de algunos de los puentes en Nueva Jersey que fueron destruidos necesitan ser remplazadas, y va a ser muy costoso, dijo a The NationAsí que el gobierno podría no tener el dinero necesario para construirlos de manera correcta. Y ahí es cuando recurres a un P3.

El premio al sinvergüenza capitalismo de los desastres seguramente se lo lleva el economista de derecha Russell S. Sobel, quien escribió en un foro en línea de The New York Times. Sobel sugiere que en áreas muy golpeadas la FEMA (Agencia Federal para el Manejo de Emergencias) debería crear “zonas de libre comercio –en las cuales todas las regulaciones normales, licencias e impuestos (sean) suspendidas”. Al parecer, este alboroto empresarial proveería mejor los bienes y servicios que las víctimas necesitan.

Sí, claro: esta catástrofe muy probablemente creada por el cambio climático –crisis nacida del colosal fracaso regulatorio para prevenir que las empresas traten el medio ambiente como una cloaca abierta– es simplemente una nueva oportunidad de mayor desregulación. Y el hecho de que esta tormenta ha demostrado que la gente pobre y de la clase trabajadora es mucho más vulnerable a la crisis climática demuestra que esto es claramente el momento para despojar a esa gente de las pocas protecciones laborales que aún tiene, así como de privatizar los escasos servicios públicos a los que aún tienen acceso. Sobre todo, al enfrentar una extraordinariamente costosa crisis nacida del egoísmo empresarial, dar vacaciones fiscales a las empresas.

La oleada de intentos de usar el poder destructivo de Sandy para hacerse de dinero es sólo el más reciente capítulo de la muy larga historia que he llamado la “doctrina del shock”. Y es un pequeñísimo vistazo a las maneras en que las grandes empresas buscan cosechar enormes ganancias a partir del caos climático.

Un ejemplo: entre 2008 y 2010 fueron presentadas o expedidas al menos 261 patentes relacionadas con cultivos listos para el clima –semillas supuestamente capaces de soportar condiciones extremas, como sequías e inundaciones; de estas patentes, cerca de 80 por ciento estaba controlada por sólo seis gigantes de los agronegocios, incluyendo a Monsanto y Syngenta. Con la historia como nuestra maestra, sabemos que los pequeños agricultores se endeudarán intentando comprar estas nuevas semillas milagrosas y que muchos perderán su tierra.

En noviembre de 2010, The Economist publicó un texto, el de portada, acerca del cambio climático, que sirve como un útil (aunque desgarrador) anteproyecto de cómo el cambio climático podría servir como el pretexto para el último gran arrebato de tierra, un último despeje colonial de los bosques, las granjas y los litorales, a manos de un puñado de multinacionales. Los editores explican que las sequías y los cultivos sometidos a calores extremos son tal amenaza para los agricultores, que sólo los grandes jugadores pueden sobrevivir el desbarajuste y que puede ser que muchos agricultores abandonen la granja como forma de adaptarse. Tenían el mismo mensaje para los pescadores que ocupaban valiosas tierras frente al mar: ¿no sería mucho más seguro, tomando en cuenta los cada vez más elevados mares y todo lo demás, si se unieran con sus compañeros agricultores en los barrios bajos urbanos? Es más fácil proteger de las inundaciones a un puerto que a una población similarmente distribuida a lo largo de una costa de pueblos pesqueros.

Pero, se podría preguntar, ¿no hay un problema de desempleo en la mayoría de estas ciudades? Nada que un poco de reforma a los mercados laborales y libre comercio no puedan remediar. Además, las ciudades, explican, tienen estrategias sociales, formales o informales. Estoy bastante segura de que esto quiere decir que la gente cuyas estrategias sociales antes implicaban sembrar y atrapar sus propios alimentos, ahora pueden aferrarse a la vida vendiendo plumas rotas en los cruces o quizá traficando drogas. Aún no se menciona cuál debería ser la estrategia social informal cuando los vientos de una súper tormenta aúllen a través de aquellos precarios barrios bajos.

Durante mucho tiempo los ambientalistas consideraron que el cambio climático era un gran igualador, el asunto que afectaba a todos, ricos o pobres. No pensaron en la miríada de maneras en las que los súper ricos se protegerían de los efectos menos aceptables del modelo económico que los hizo tan ricos. En los pasados seis años hemos visto el surgimiento de bomberos privados, contratados por compañías de seguros para ofrecer un servicio de conserjería a sus clientes más ricos; además del Helpjet, que duró poco, una aerolínea chárter en Florida que ofrecía servicios de evacuación de cinco estrellas, de las zonas de huracanes. Ahora, después de Sandy, hay exclusivos agentes de bienes raíces que predicen que los generadores de energía serán el nuevo símbolo de estatus, con el juego del penthouse y la mansión. Al parecer algunos imaginan el cambio climático no tanto como un peligro claro y presente, sino más como una especie de vacaciones de spa; nada que la correcta combinación de servicios hechos a la medida y accesorios con buena curaduría no puedan vencer. Al menos esa fue la impresión que dejó la venta pre Sandy de Barney’s en Nueva York: ofrecía descuentos en el té verde sencha, juegos de backgammon y mantas de 500 dólares para que sus clientes de lujo pudieran instalarse con estilo.

Así que sabemos cómo los doctores del shock se están preparando para explotar la crisis climática, y, por el pasado, sabemos cómo termina esa historia. Pero aquí está la verdadera pregunta: ¿podría esta crisis ofrecer una oportunidad diferente, una que disperse el poder a las manos de muchos en vez de consolidarlo en las de pocos; una que expanda radicalmente lo colectivo en vez de subastarlo en pedazos? En pocas palabras, ¿podría Sandy ser el inicio de un shock del pueblo?

Creo que sí. Como bosquejé el año pasado (www.thenation.com/article/164497/capitalism-vs-climate?page=0,0#), podemos hacer cambios que posibiliten bajar nuestras emisiones al nivel que la ciencia demanda. Éstos incluyen trasladar nuestras economías (así que vamos a necesitar a esos granjeros donde están); expandir enormemente y reimaginar la esfera pública para no sólo detener la siguiente tormenta, sino también prevenir peores trastornos en el futuro; regular a morir las empresas y reducir su venenoso poder político, y reinventar la economía para que ya no defina el éxito como una expansión sinfín del consumo.

De la misma manera en que los movimientos que nacieron a raíz de la Gran Depresión y de la Segunda Guerra Mundial hicieron suyos el orgulloso legado de las redes de bienestar social en el mundo industrializado, así, el cambio climático puede ser una ocasión histórica para engendrar a la siguiente gran ola de cambio progresista. Además, ninguna de las artimañas antidemocráticas que describí en La doctina del shock son necesarias para hacer avanzar esta agenda. Lejos de aprovechar la crisis climática para hacer que se aprueben políticas no populares, nuestra tarea es aprovecharla para demandar una agenda verdaderamente populista.

La reconstrucción tras Sandy es un gran lugar para comenzar a probar estas ideas. A diferencia de los capitalistas del desastre, que usan la crisis para evadir la democracia, una recuperación del pueblo (como muchos del movimiento Ocupa ya demandan) implicaría nuevos procesos democráticos, incluyendo asambleas barriales, para decidir cómo deberían ser reconstruidas las comunidades fuertemente golpeadas. El principio primordial debe ser el de tratar al mismo tiempo las crisis gemelas de la desigualdad y el cambio climático. Para empezar, eso quiere decir una reconstrucción que no sólo cree empleos, sino trabajos con sueldo digno. Implica no sólo más transporte público, sino vivienda económica, energéticamente eficiente, al lado de esas vías de transporte. También no sólo más energía renovable, sino control comunitario democrático de esos proyectos.

Pero al mismo tiempo que se redoblan las alternativas, necesitamos incrementar la lucha contra las fuerzas que activamente hacen que la crisis climática empeore. Eso implica mantenernos firmes contra la expansión continua del sector de las energías fósiles hacia territorios nuevos y de alto riesgo, ya sea en arenas bituminosas, con fractura hidráulica, exportaciones de carbón a China o taladrando en el Ártico. También implica reconocer los límites de la presión política e ir directamente tras las empresas de energías fósiles, como hacemos en 350.org con nuestro tour Haz las cuentas. Estas compañías han mostrado que están dispuestas a quemar cinco veces más carbón de lo que los cálculos conservadores dicen que es compatible con un planeta habitable. Nosotros hicimos las cuentas, y simplemente no podemos dejarlos hacerlas.

Esta crisis, o se vuelve una oportunidad para un salto evolucionario, un reajuste holístico de nuestra relación con el mundo natural, o se convertirá en una oportunidad para el mayor alboroto del capitalismo del desastre en la historia de la humanidad, dejando al mundo aún más brutalmente separado entre ganadores y perdedores.

Cuando escribí La doctina del shock documentaba crímenes del pasado. La buena noticia es que éste es un crimen que está ocurriendo; aún está dentro de nuestro poder frenarlo. Asegurémonos de que esta vez los chicos buenos ganen.

The Nation / La Jornada

Naomi Klein es autora de No logo y La doctrina del shock.

Traducción: Tania Molina Ramírez. http://www.jornada.unam.mx/2012/11/10/index.php?section=opinion&article=024a1mun

 

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Ricos, pobres, izquierdas, impuestos.

 

Aristófanes Urbáez 

Ricos, pobres, izquierdas, impuestos.    

“En la campaña presidencial abordan la patana del candidato tanto los militantes comos los aliados. Los grupos periféricos a veces son más atractivos y también tienen una mayor cantidad de esperanza. En política hay que ganar dos veces: tu candidato y el nombre de tu líder inmediato”.
…Alfredo Freites….

Para los fisiócratas y clásicos Adam Smith, Karl Marx y David Ricardo, son imprescindibles tres categorías fundamentales para producir riquezas, y por tanto, la “base” de la economía capitalista: tierra, trabajo y capital. Tierra produciendo (minas, fincas, canteras, metales, frijoles, maíz: elementos orgánicos e inorgánicos, pero no baldía, sino produciendo); trabajo asalariado empleado y pagado para producir mercancías comestibles; en la actividad “fundacional del hombre” (Sófocles); produciendo ganancias y plusvalía, a través de las mercancías y los servicios (no trabajo vago o lectura para la satisfacción personal; libros sí, pero para venderlos con “ganancias”; y capital, para comprar instrumentos de producción, fábricas, piezas, comercios, espaguetis, arroz, salsa de tomates, cervezas, camisas, arroz, revólveres, panties, cañones, cuchillos, relojes, y pagarles a los trabajadores ¡He ahí el milagro de capitalismo! (El dinero, papeletas o metálico, metido un hoyo bajo la tierra, no es “capital” porque no compra sudor asalariado, ni produce mercancías. Aquí hay muchos que se roban el dinero y lo meten en bóvedas secretas por sécula seculorum. Ese dinero, como las casas repletas de dólares que les decomisan a los narcos, no es capital si no se emplea en la producción de bienes y “servicios”, que hoy son mercancías también aunque no sean materiales: canjear, moteles, viajes en barcos, buenas piscinas, etc. Ni se producen solos, ni por generación espontánea y hay que meter capital para producirlos. ¿O no, Cabarete, Punta Cana; farmacéuticos y taxistas?

2.- Capital e impuestos.-
Altagracia Paulino, que tiene más autoridad que cualquiera en este país para hablar de los “pobres”, porque tiene más de 30 años defendiendo al consumidor, dijo que los “ricos no pagan impuestos; que son agentes de retención”, y esta tesis es bueno analizarla a la luz de cualquier teoría e ideología para los ofuscados. Si tú inicias un negocio de panadería es bueno para el barrio porque le suplirás el pan; si montas una compra-venta (que es un 3% al mes y te cobran un 30%, la mayoría); si tú fundas un banco, el banquero, el panadero, el compraventero, el dueño de la tienda; de la freiduría, del restaurante, de la farmacia, de la fábrica, tienen que buscar un dinero o capital; él o sus socios y si es una compañía por acciones. ¿O no es así? Ahora bien: el banco, la súper tienda, etc., con 10 millones de capital suscrito y pagado, no es un “centro de beneficencia” que llama a diario a los vecinos para que vayan a buscar servicios y mercancías gratis. No, tú tienes que pagar por ellos, y pagar la mayoría de las veces por encima de su precio y el margen de ganancias (porque la teoría de David Ricardo afirma que el valor de la mercancía lo determina la cantidad de trabajo/hora que le dedica el trabajador para hacerla o terminarla aunque sea en una máquina). En países como éste, que según Juan Bosch, están organizados “como toda una pirámide de explotación”, los que no quieren pagar impuesto dizque porque los pobres serán perjudicados (en su mayoría, los que venden mercancías y servicios) no actúan como capitalistas, sino como oligarcas plutocráticos, porque sus capitales se formaron por una ley especial, un subsidio, una tasa cero o un préstamo del gobierno (todo lo cual perjudica a la gran mayoría, que no la reciben, pero hay que hacerlo para crear fuentes de trabajo); que es que hace Danilo con la Junta Agro-empresarial, JAC, Agricultura; los 10 mil millones para las Pymes; todas las leyes especiales de Balaguer, Hipólito y Leonel para el turismo; los préstamos  zonas francas, etc. Pero cuando tú  subvalúas, monopolizas, metes contrabandos, te burlas de los pobres y del propio Estado. Y como el capitalista, comerciante y empresario criollos, todo se le carga al consumidor final,  concluimos con la Dra. Paulino: “Los ricos no pagan impuestos, sino que son agentes de retención”, y muchas veces se los roban los tributos como Itbis. ¡Negocio redondo!

3.- ¿Por qué se oponen?
Aquí la mayoría de las empresas no tapan un hoyo en las calles y carreteras que pasan sus instalaciones. Otras, las burguesas, sí que pagan la deuda social con la comunidad con obras y fundaciones ¿Por qué coinciden partidos populistas, terroristas urbanos, empresarios y la “izquierda burra” (que cada vez son menos), en que los impuestos dañan a los pobres? Lo que daña a los pobres es que los que venden paguen 13% de cada peso ganado; que se birlen el Itbis, los monopolios, los contrabandos, que los políticos roben el dinero del erario y que todos los beneficios los tengan los ricos para uso personal. Los partidos díscolos lo hacen por impotencia (odio, envidia y populismo: para ellos es “personal”). ¡Los ricos no pagan impuestos, como dice Altagracia, se los cargan a los pobres; y los países  donde empresas y ricos pagan más impuestos, los pobres viven mejor! ¡Cuántos cerebros muertos, Jesús! Para comunicarse con el autor

 

 

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El militar en tiempos de catástrofe

 

Español: mINISTERIO DE LAS FUERAS ARMADAS REPU...
Español: mINISTERIO DE LAS FUERAS ARMADAS REPUBLICA DOMINICANA (Photo credit: Wikipedia)
Gral. Ing. José Antonio Rodríguez Mejía
ingecom@claro.net.do

En los últimos años, las fuerzas militares han desempeñado una función de gran importancia, o quizás  primordial, en las operaciones internacionales que se corresponden con ayuda humanitaria. En prácticamente todos los países desarrollados, cada vez se acepta más la opción de asignar a las Fuerzas Armadas la responsabilidad inherente de ayuda en casos de desastres.

Es indiscutible el hecho, de que hay aspectos muy interesantes en esta opción. Gracias a una excelente capacidad operativa, cuyos costos ya están totalmente “pagados”, los militares pueden resolver el problema de la logística y aportar una sensación de orden y eficiencia en medio de las condiciones caóticas que se aprecian luego de un desastre. En nuestro caso, las Fuerzas Armadas, como ha ocurrido en estos días con el paso del Huracán Sandy próximo a nuestra isla, representan la dirección del COE  (Centro de Operaciones de Emergencia) y empiezan su tarea de preparar las bases para el reinicio de las acciones que motorizarán el aparato productivo de la nación. Vemos el militar, desde la salida del sol hasta el ocaso, trabajando arduamente en favor de todos los ciudadanos, llevando siempre consigo la llama sagrada de una vocación de servicio, que siempre le ha caracterizado.

En la actualidad, conforme a los nuevos tiempos, nos encontramos en nuestras instituciones, formando un ciudadano en uniforme con las características apropiadas para desempeñarse dentro de una sociedad normada por un régimen de libertades y con un carácter político democrático; un militar, que después de haber recibido una formación profesional y ocupacional, se considere un ente multiplicador del desarrollo global del país con los niveles y parámetros que circunscriben estas características a la calidad total, lo que redunda, en instituciones que puedan dar respuestas efectivas a las demandas de seguridad y defensa que necesita la nación en su conjunto.

Hemos de recordar, que las acciones cumplidas por nuestras Instituciones Armadas, son permanentes y pertenecen a la estructura misma del Estado. Además de constituir una reserva de gran importancia para los gobiernos en las horas de crisis, las Fuerzas Armadas, trabajan activamente para apoyar todo el proceso democrático, a través del cumplimiento de tareas específicas que van, desde el control y seguridad de todas las instalaciones vitales del país, preservación de los recursos naturales, seguridad de nuestros polos turísticos, puertos, aeropuertos y frontera, hasta la participación activa en la lucha contra el flagelo del narcotráfico y su incidencia en nuestra sociedad.

La seguridad es condición del desarrollo, así como el desarrollo sostenido y racional hace posible la existencia de esa misma seguridad; la interrelación entre el desarrollo y la seguridad fundamenta la posibilidad oportuna del progreso y crea la necesidad de acciones por parte de nuestras  Instituciones Armadas.

La más significativa contribución de las Fuerzas Armadas al desarrollo del país es la defensa; esto posibilita este desarrollo, al preservar el clima de confianza que atrae la inversión extranjera y motiva al ahorro y al trabajo.

Seamos pues, los ciudadanos en uniforme, entes receptores de la confianza de nuestra sociedad, en la garantía para la preservación de los mejores intereses de toda República Dominicana.