Movimiento 30 de Junio

La Guerra Civil Dominicana, también conocida como Guerra de Abril, Revolución del 65, o simplemente Revolución de Abril, constituye uno de los hechos más relevantes en la historia reciente de la República Dominicana.
 
El conflicto se inicia cuando un grupo de oficiales jóvenes del ejército y la policía se propone restaurar el gobierno constitucional del presidente Juan Bosch derrocado en Septiembre de 1963, primer gobierno elegido democráticamente en las urnas tras el ajusticiamiento del dictador Rafael Leónidas Trujillo. El derrocamiento fue ejecutado por las Fuerzas Armadas Dominicanas.
 El conflicto provocó la intervención de los Estados Unidos en el país con el pretexto de evitar el establecimiento de otro gobierno comunista en el hemisferio occidental.
 

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Movimiento 30 de Junio

BOSCH: SU AUTOBIOGRAFÍA POLÍTICA, HISTORIA FUNDACIÓN  PRD Y  ORÍGENES  PLD ( TERCERA ENTREGA, “MI PERIPLO POR AMÉRICA  DEL SUR Y CENTRAL”)

Juan Bosch, en su libro “PLD un Partido Nuevo en América” narra la historia de la fundación del PRD, en Cuba 1939, y toda la trayectoria por la que paso ese partido mientras estuvo al frente de su dirección y de las causas que lo llevaron a abandonarlo(PRD) en 1973, el Partido que fundara juntos a otros dominicanos en 1938, entre ellos, el Dr. Enrique Cotubanamá Henríquez, para fundar un nuevo Partido(PLD) que estuviera en condiciones políticas e ideológicas para completar la obra de Juan Pablo Duarte, que era la liberación económica, política de la República Dominicana. También, en este libro, el Profesor Juan Bosch hace una especie de autobiografía política. Contando en qué momento y en qué circunstancias se inicia en la política militante, asumiendo el reto de luchar por su patria para…

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Movimiento 30 de Junio

Una mancha en la historia de las Naciones Unidas

                                                                                  Huerfanos buscando latas junto la via del tren en Seul.
BOSCH (OCTUBRE DE 1969)
¿Qué diría el llamado Mundo Libre si una nación tan vieja como España o Francia quedara dividida en dos, una mitad de sus hijos enfrentada a la otra y rota toda suerte de comunicaciones entre ellos?
Pues bien, Corea, nación mucho más antigua que España y que Francia, con más de cuatro mil años ininterrumpidos de historia, se halla dividida desde 1945 y el llamado Mundo Libre parece no darle importancia a ese hecho. Al contrario, las Naciones Unidas, que son la más alta elaboración política de…

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REPÚBLICA DOMINICANA ES REPÚBLICA DOMINICANA Y HAITÍ ES HAITÍ

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La libre circulación por la frontera de RD y Haití

Orlando Gil

orlandogil@codetel.net.do

EL MOVIMIENTO

Una agencia de prensa internacional llamó a su corresponsal en el país intrigada por su falta de información, o reporte, sobre el fuerte movimiento que existe en demanda de amnistía para los haitianos que viven ilegalmente en territorio dominicano. El interpelado, como hay que suponer, reaccionó extrañado.

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Movimiento 30 de Junio

EN MATERIA DE POBREZA FALTA MUCHO POR HACER 

Alta desigualdad concentra la riqueza en  23% de la población 

Tasa de pobreza en 2011, 31.6%, supera la del año 2000, de 27.2%La pobreza es mayor en la zona rural, con un promedio de 46.1%E

Escrito por: MINERVA ISA (m.isa@hoy.com.do)

Éramos un país descalzo.  Más de medio millón de pies al aire apisonando la tierra de los amos, unos cuantos criollos y extranjeros con calzado parisino, leontina y bastón con puño de oro pregonando el linaje, como el Ford frente a sus casonas coloniales, símbolos de la desigualdad, de la histórica exclusión social que arraiga y se engarza en el tiempo, y que un siglo después, en 2012, se cobrará un alto precio: la paz social.

Eran pocos, un puñado de importadores y exportadores, terratenientes que con la ley o la trampa se fueron apoderando de los terrenos comuneros…

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Movimiento 30 de Junio

La libre circulación por la frontera de RD y Haití

Orlando Gil

orlandogil@codetel.net.do

EL MOVIMIENTO

Una agencia de prensa internacional llamó a su corresponsal en el país intrigada por su falta de información, o reporte, sobre el fuerte movimiento que existe en demanda de amnistía para los haitianos que viven ilegalmente en territorio dominicano. El interpelado, como hay que suponer, reaccionó extrañado. No supo en un primer momento a qué se refería su superior, aunque luego cayó en la cuenta y recordó el pronunciamiento de la encargada del PNUD. No existía un movimiento, y mucho menos fuerte, a favor de los haitianos indocumentados, sino la opinión de una extranjera que la había emitido como representante de un organismo multilateral. El hecho parece una anécdota, y de seguro que muchos lo tomarán así. Pero la verdad que no, que es algo más. Revela que afuera se conocen situaciones que aquí ni…

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Memorias de aquellas cosas inútiles que debemos olvidar


Escrito por: CARLOS FRANCISCO ELÍAS
A lo largo del tiempo, no nos preparan para tener una educación emocional, que nos permita afrontar todas las cosas que luego tenemos que vivir, sino que vamos aprendiendo en el camino. Sin embargo, se hace evidente que el peso de los años, sus alegrías y sus tizones, nos van colocando en la ruta de entender que debemos hacer una grata memoria de las cosas inútiles que debemos olvidar.
Por ejemplo, debemos olvidar a los amigos simuladores, esos que se nos convierten en atracciones fatales, que uno suele tolerar porque imbuidos de vergüenza ajena, no tenemos  más remedio que asumirlos, aún cuando sabemos que haciendo de la licencia amistosa una carta de tráfico y maldad, suelen llamarnos y escribirnos, como si esas relaciones fueran normales y espléndidas.
Cuando en el camino eso con inteligencia se desecha, nos sentimos mejor, porque el tiempo de la vida no puede aguantar esos largos y tediosos suicidios de la alegría y la tranquilidad.
Son cosas inútiles que debemos olvidar, pero para ello, aguzar el olfato del alma será necesario y vital, literalmente. En ese balance de interioridades, nos hacemos tribu, pequeña, reducida, los amigos terminan sentándose en la barra de la casa, el censo no sería posible ni aparatoso, porque un simple dedo daría cuenta de los sentados en aquel banquete de sala larga y emulo de espacio romano, sin columnas decisivas.
Nos hacemos tribu porque los grandes espacios están contaminados, y porque cuando las relaciones económico-sociales de un país corroen comportamientos y viejas formas de vida, la sociedad te obliga a opciones, algunas previsibles otras no.
Entonces, comienza ese balance sereno que se hace para ahorrarle al tiempo por venir mejores alegrías, temporadas lúdicas apreciables, volcadas en las mejores formas de prolongar la vida, en un espacio y tejido social cada vez más violento aunque asumido en lo cotidiano como algo normal, país en vías de desarrollo que “va bien con sus cositas normales”.
En la República Dominicana, los patrones de relación de todo género han cambiado y prometen además cambiar más pero para peor, porque no es posible cambiar nada, desde el punto de vista del  discurso social, si en el fondo lo que se quiere es administrar miserias para crear parásitos de rápidas respuestas electorales, zombis de tarjetas asistenciales alfabetizados, oda al populismo ramplón y acechador de las peores desgracias humanas, para exhibirlas a tiempo y con esmero, como los viejos circos romanos.
Habrá que olvidar entonces como algo inútil también, todas aquellas palabras y discursos de hace más de 8 años, que hoy son una vergüenza nada práctica, porque no nos sirven de nada.
 El carnaval de lo insólito continúa y nos ofrecen una bella noticia dominical: Eureka, han salvado la “Piltrafa” y debería reinar una gran conmoción de alegría porque sin quererlo nos han convertido en el conejillo de Indias de los viejos ensayos del viejo Goebbels.
Quienes gobiernan no quieren entender que esa larga cuesta del hastío no va aguantar mucho más, quizás porque en el fondo los gobiernos de carácter democrático en apariencia, tienen siempre la reserva del garrote, como instancia esencial para la preservación de “la paz” y la institucionalidad.
+La orgía del poder continúa, con otros nombres y otras puestas en escena
Todo aquello ya es inútil, como las viejas cosas habrá que olvidarlo también, en otras palabras, de seguir el inventario, habrá que olvidar hasta la esperanza, porque ante la realidad que se vive es un embuste mayúsculo y ofensivo a cualesquier utopía esperpéntica, sucio andamio para pensamientos teñidos de cielos y arriesgadas gaviotas.
Son estados del alma que ayudan a mirar y cuando se mira, no es una mirada simple, la gente y la ciudad tampoco las miras igual…
Un pasaje de música clandestina se cuela de sorpresa, para variar, sonatas para piano, preferiblemente Mozart, que con trino inconfundible aligera emociones pero es inevitable que su sonoridad sea una lujosa banda sonora para la visible derrota del espíritu en un país a la deriva, que pretende seguir a su aire como si no estuviera herido y tuviese que hacer un alto en la vereda, para continuar entre los espejismos de Oasis paradójicos, plagados de sacrificios que son vendidos como obligación de todos, sin que los oropeles vulgares del pasado actúen sobre el presente.
En ese cansancio vital que el país produce inmerso en sus mosaicos de realidades, habrá que olvidar muchas cosas inútiles, todas aquellas que nos impiden vivir la mejor extensión de nuestros días.
La clase política dominicana, ciega y torpe, apenas  avista estos estados interiores cuya serenidad permiten mirar el país ellos no logran mirarlos: postrado sin proyección de ilusiones que lo blasonen, en la búsqueda al menos de una meta humana.
Al escribir esas memorias de aquellas cosas inútiles que debemos olvidar, tampoco podría dejar de nombrar, el odio que nunca podrá ayudarnos a mirar con ojos claros de ilusión, lo que aún debemos amar.(CFE)

UN POCO DE LITERATURA CON RAFAEL GARCÍA ROMERO

           Onetti y el escenario revelador
Escrito por: RAFAEL GARCÍA ROMERO
En el cuento “La Araucaria”, de Juan Carlos Onetti, hay un manejo paradigmático del escenario y que se fortalece, a la hora de examinar la conducta de los personajes, con la observación, muy certera, que hace Antonio Muñoz Molina. Explica él que a los personajes de Onetti les gusta inventar, cuentan mentiras y les agrada oírlas; pero también son proclives a “dotarse de vidas falsas a través de la credulidad del que escucha”.
En “La Araucaria” una mujer al borde de la muerte hace llamar al padre Larsen y a través del recurso de la confesión revive un pecado de incesto. El sacerdote la escuchó:
–Con mi hermano desde mis trece años, él era mayor, jodíamos toda la tarde de primavera y verano al lado de la acequia debajo de la araucaria.
La confesión se hace delante del injuriado. El hombre, antagonista y personaje de equilibrio en la historia, tiene una participación muy fugaz, pero importante. En apenas tres líneas, Onetti dimensiona su presencia: “El hermano se apartó de la pared, dijo no con la cabeza y adelantó una mano hacia la boca de su hermana”.
En el mundo cerrado de los tres personajes la confesión puede ser verdad o mentira. La actitud del hermano es ambigua. No importa lo que el padre Larsen piense. No importa que le diga al hermano de la mujer:
–Déjala mentir, deja que se alivie. Dios escucha y juzga.
En cuanto a Onetti, la última línea del cuento resulta reveladora, no sólo porque define su estructura fundacional y el proceso lógico de la narración llevada por su autor desde el principio, entre la suficiente luz y la necesaria sombra, sino porque ahí, ante la cara del lector surge la grandeza del escritor.
La mirada de un hombre construye todo el cuento y el final, pero es una construcción perfecta y de doble vía, porque sin el cuento, tampoco habría personajes y por tanto no tendríamos a ese hombre cauto, avisado, perspicaz, con un agudísimo sentido de la observación, pero que el lector sólo podrá percibir de manera inmediata, pura y total cuanto llega a la última línea de “La Araucaria”.
El padre Larsen es un singular árbitro en el mundo de una moribunda, a la que el tiempo se le agota. En ese mundo la confesión es el eslabón que vincula íntimamente a los tres personajes. El tiempo corre peligrosamente y el padre tiene la responsabilidad doble de ver y juzgar la confesión.
Todavía cuando dice al hermano: “Déjala mentir, deja que se alivie. Dios escucha y juzga” no está convencido y su conciencia de padre se mueve entre la gravedad de uno y otro pecado. El pecado de la mentira y el otro quizá peor: el incesto. Si la mujer no miente hay un solo pecado: el incesto. El padre tiene que decidir de qué lado está la verdad. Dónde está el pecado y a cuál de los dos absuelve.
La solución está en el final. Juan Carlos Onetti utiliza en ese final ocho palabras. Escribe: “El padre Larsen buscó sin encontrar ninguna araucaria”.
La frase impone así el equilibrio del cuento. La mujer mintió y con esa verdad que descubre el padre Larsen cae y cesa toda la maraña de la incertidumbre.

Violencia intrafamiliar en nuestros indios antes de Colón

 ¿Política y violencia de género o doméstica?
Escrito por: DIÓGENES CÉSPEDES
Mientras haya sociedades patriarcales y machistas, se deben dictar leyes en contra de la violencia intrafamiliar como lo hizo la emperatriz Teodora de Bizancio, pues en tales sociedades, asegura el Dr. Lino Romero, “generalmente la violencia intrafamiliar ocurre más frecuentemente [porque] los hombres habitualmente son educados y crecen para ser agresivos y violentos. Por eso a menudo se convierten en abusadores que maltratan a su compañera, y en ocasiones a sus hijos e hijas.” (p. 29) 
A lo cual el autor de “Violencia intrafamiliar. Un enfoque socio-cultural” añade que en nuestras sociedades patriarcales “las mujeres se educan para ser pasivas, comprensivas y tolerar los abusos y maltratos que les propina su cónyuge.” (Ibíd.)
Si bien los indios que encontró el descubridor Cristóbal Colón practicaban la violencia doméstica como lo confirman los cronistas, la llegada de los españoles, según el Dr. Romero, agravó el problema a su máxima expresión, pues marcó a los nativos con el fuego de la violencia ancestral codificada en la Biblia desde la muerte de Abel por su hermano Caín.
También, dice el autor, que desde la Antigüedad, en Egipto, en las sociedades de las tribus norteamericanas, en los imperios inca y azteca, se practicaba la violencia intrafamiliar, como testimoniaron las investigaciones de arqueólogos que estudiaron los esqueletos de mujeres indígenas y encontraron fracturas en los cráneos y partes del cuerpo como prueba de dicha violencia doméstica, pues las investigaciones versaron sobre períodos donde no hubo guerras en aquellas sociedades.
Para el doctor Romero, en el caso de los taínos de nuestra isla, la violencia más evidente era la de enterrar en la misma tumba, y vivas, a las mujeres del cacique que moría o cuando este, vivo, ofrecía sus esposas a sus huéspedes mujeres para que disfrutaran sexualmente de ellas sin su consentimiento.
De este capítulo 1 deseo resaltar lo siguiente: en la página 117, línea 11 aparece la expresión “violencia de género”. Se trata de un lapsus calami. Debió decir “violencia doméstica o intrafamiliar”. Por una sencilla razón: la Real Academia Española ha normado con razón, y lógica idiomática y biológica, que solamente los sustantivos tienen, gramaticalmente, género. Es decir, que los sustantivos o son del género masculino o son del género femenino.
Pero las personas no tienen género, sino sexo. Por esa razón las autoridades dominicanas que emiten los pasaportes y la cédula de identidad y electoral colocan en una casilla correspondiente del documento la palabra Sexo, y no Género, cuando desean saber la identidad sexual del portador de dicho documento oficial.
El otro punto de vista reside en que las feministas y algunas cientistas sociales afirman que cuando hablan o escriben “violencia de género” o “política de género” les sobra la razón con respecto a lo pautado por la Real Academia en 2011 y que ya antes Henri Meschonnic[7] había, primero que la Corporación de Madrid, afirmado que era un error confundir el sujeto gramatical con la biología sexual.  Pese a la claridad del semantismo de la palabra “género” en los diccionarios, la expresión “violencia o política de género” mantiene su confusión, aunque sus defensoras aleguen que la palabra “género” no tiene nada que ver con el sexo, pues el complejo discursivo como violencia puede aplicarse tanto a la mujer como al hombre, dentro o fuera del hogar, lo cual es muy discutible pues hay una relación dialéctica entre lenguaje, discurso e ideología y las palabras no son inocentes, pues vehiculan su propia ideología en el discurso.
No hay convención lingüística en la elección de la palabra “género” en el discurso feminista, como no la hay en la lengua ni en el lenguaje ni en el discurso. Lo que hay es un acuerdo, local o internacional, para adoptar, erradamente, ese término. Se trata de una acción política o histórica (semiótica) expresada discursivamente en una palabra, a la que se le atribuye un núcleo conceptual susceptible de vehicular una ideología que puede incluso perjudicar al propio sujeto femenino que la defiende.
También es un error, por la misma razón, hablar o escribir “política o violencia de género”, en vez de hablar o escribir “política sexual o violencia sexual, doméstica o intrafamiliar”, como titula el Dr. Romero, con esta última expresión, su obra llamada a causar un impacto bienhechor en la sociedad dominicana. ¿Por qué los periodistas, los escritores y el común siguen hablando de violencia de género o política de género?  Por incultura y, sobre todo, por una presión o violencia ideológica de parte de los discursos feministas que confunden el género gramatical con la biología sexual. Pero esta confusión desaparecerá poco a poco cuando los intelectuales y los especialistas convenzan a la sociedad de que no le conviene políticamente esa confusión, la cual el libro del Dr. Romero ha comenzado a desbancar.
En el capítulo 2, el punto importante es el rol de los padres en el esquema de la interacción familiar en la sociedad y la cultura, cual es el de, en esa jerarquía de valores, según el Dr. Romero: amar, nutrir, cuidar, proteger y educar a los hijos, aunque todo Estado, dice el autor, “tiene la responsabilidad de facilitar los recursos indispensables para que la familia pueda llenar satisfactoriamente estas funciones [y] (de este modo la familia pueda cumplir adecuadamente con la educación doméstica y el Estado con la educación formal).” (p. 37)
En el capítulo 3, lo importante es un debate filológico acerca de la aparición y evolución de la palabra feminicidio. El vocablo aparece en 1976, según el Dr. Romero, en una antología editada en los Estados Unidos por la Dra. Carol Orlock, y finalmente publicada en 1992 con el título de Femicidio, como contraparte del término homicidio. De modo que el término femicidio apareció rápidamente en México de la mano de la feminista y antropóloga Marcela Lagarde, “quien inició un efectivo movimiento contra el Femicidio en México. Fue posteriormente en un evento feminista celebrado en Chile cuando se decidió que cada país latinoamericano usara el término que más se aviniera con su historia y su cultura, ya fuera femicidio o feminicidio.
El Dr. Romero afirma, con razón, que en nuestro país se eligió socialmente el término feminicidio. Mi explicación como lingüista es la siguiente: Aunque la elección de feminicidio atenta contra la ley lingüística del menor esfuerzo, quienes impusieron socialmente el término no apostaron a esta ley, que casi siempre es la que triunfa, sino a la de eufonía y claridad raigal, pues aunque se pronuncia la sílaba “ni” de más, femicidio no nos deja distinguir la raíz “fem”, que viene del latín culto “fémina” (mujer, pues este vocablo en latín vulgar se dice mulier), muy asentado en la cultura de lengua española con el adjetivo-sustantivo “femenino”, el cual ha sido igualado silábicamente (ley de la igualación vocálica) con la “i” de “femi” más la sílaba sufijal “ni”, la cual se une al otro sufijo culto “cidio” del verbo “occidere”, de origen incierto= (herir en latín y luego, por extensión metafórica, matar el marido a su mujer, muy tardíamente en español, pues el verbo de uso mayoritario para matar, asesinar, en latín era interficere).
De donde feminicidio viene a resultar, por medio de la difusión masiva de la cultura periodística dominicana, más claro semánticamente que femicidio. Y todavía más claro y eufónico que el culto y correcto “uxoricidio”, anticuado y extraño rítmicamente al oído, aunque sinónimo de feminicidio o femicidio. Pero siempre el hombre como matador de su mujer, casados o no, y hoy se designa ambigua y eufemísticamente con el sustantivo pareja). Y feminicidio cumple entonces con las leyes de adaptación y acogida de un neologismo por parte de los usuarios de nuestro idioma español.
NOTA
[7] “Política y biología del sujeto”, en su libro en francés “Politique du rythme. Politique du sujet”. Lagrasse: Verdier, 1995, pp. 274-308, donde critica el término “la sujeta”.

Tesoros ocultos del periódico El Cable rescata visión de los años veinte

Escrito por: FRANK MOYA PONS
Me complace presentar este importante libro que recoge el contenido del periódico El Cable, editado en San Juan de la Maguana entre los años 1920 y 1930 por su fundador Emigdio Osvaldo Garrido Puello, conocido popularmente como Don Badín Garrido, quien firmaba sus obras y sus cartas como E. O. Garrido Puello.
Esta obra ha sido el fruto del amor a su ciudad natal, y su admiración personal por Don Badín Garrido, del conocido comunicador Edgar Valenzuela, a quien todos conocemos por su labor en los periódicos y la televisión.
De Don Badín  sabía yo algunas cosas como, por ejemplo, que fue un bastión de dignidad política y un ejemplo ético sin torceduras antes, durante y después de la Era de Trujillo, años esos en que claudicó tanta gente ante los distintos regímenes políticos autoritarios que ha tenido este país.
Siempre admiré en él su honradez personal, su ética historiográfica y su valentía política. Leí un par de libros suyos, entre ellos En el camino de la historia y Olivorio, ensayo histórico, y siempre estuve convencido de que, al igual que su hermano Don Víctor Garrido, debió haber sido miembro de número de la Academia Dominicana de la Historia, en donde sí fue miembro correspondiente.
Ocho partes tiene la obra que presentamos hoy y que su editor-compilador Edgar Valenzuela ha titulado “Tesoros ocultos del periódico El Cable”. La primera trata de sucesos y episodios de la vida social, económica, cultural y política de la región Sur del país.
Leídos hoy esos comentarios y noticias uno se da cuenta de que tanto el fundador como los demás redactores de El Cable se sentían abanderados de una misión civilizadora  en aquellas apartadas regiones que colindaban con el vecino país de Haití. Abundan las noticias de lo que llamaríamos hoy los eventos de modernización de la región, como la construcción de carreteras y puentes, la erección de edificios de concreto armado, la instalación de fábricas de hielo, la apertura de nuevas tierras a la agricultura y la introducción de los canales de riego, las cuestiones de sanidad pública y los progresos de la educación.
También contiene esa sección muchas noticias de la vida cotidiana, como pleitos entre vecinos, precios de productos de consumo diario, enfermedades, los temblores de tierra y las lluvias, las inundaciones, los fuegos, la deforestación, el permanente conflicto entre la crianza y la labranza debido a la extravagancia de los animales sueltos, la construcción y pavimentación de calles, la necesidad de mejorar la policía, las galleras, los robos de animales, los mataderos y los mercados, en fin, todo lo que un antropólogo moderno quisiera conocer cuando llega a estudiar una comunidad.
La segunda parte contiene noticias acerca de la ocupación militar estadounidense. Casi todas son noticias que muestran el costo moral y político que los dominicanos estaban pagando por la invasión militar de los Estados Unidos y la quiebra del orden político tradicional en el país.
Creo muy acertada la decisión de Edgar Valenzuela de recoger los variados contenidos de El Cable en capítulos organizados temáticamente, porque así el lector puede darse cuenta de los temas en que se concentraba la atención patriótica y desarrollista de Don Badín Garrido durante aquellos años en que todavía era un joven mozo lleno de aspiraciones superiores para su país.
Al agrupar estas noticias de esta manera Edgar Valenzuela le hace un gran servicio a la historiografía dominicana. Llama la atención de nuestros historiadores de que hay que volver la mirada hacia esas otras regiones y pueblos del interior que también padecieron la dictadura militar extranjera entre 1916 y 1924.
 A pesar de la censura impuesta por el gobierno militar, los redactores de El Cable se las ingeniaron para informar los abusos cometidos por los soldados norteamericanos, así como los esfuerzos de los patriotas dominicanos que luchaban por la desocupación del país.
La cuarta parte es un enjundioso conjunto de noticias y comentarios sobre la situación de los territorios fronterizos, acertadamente titulada “Dominicanización de la frontera” por Edgar Valenzuela porque, si se lee cuidadosamente la primera parte, el lector de hoy encontrará que Don Badín fue uno de los primeros dominicanos que insistió públicamente en que las tierras fronterizas debían ser dominicanizadas debido a la continua  penetración ilegal de inmigrantes haitianos en aquellas regiones.
Esta parte debería ser publicada hoy,  no en este libro solamente, sino en todos los periódicos del país para que los dominicanos de hoy entiendan cómo se vivía en las tierras fronterizas en el primer tercio del siglo veinte,  y descubran cuán diferentes eran, y son, culturalmente los pueblos dominicano y haitiano.
La quinta parte es un verdadero tesoro antropológico. Edgar Valenzuela ha recogido y colocado aquí todas las noticias y comentarios publicados en El Cable acerca de Olivorio o Liborio a partir de la muerte de este mesías asesinado por las tropas estadounidenses cuya reencarnación inmediata era creída por miles de lugareños y cuyo culto no ha desaparecido todavía.
Al igual que La Vega y Puerto Plata, dos ciudades de similar tamaño abiertas a todas las corrientes culturales, San Juan de la Maguana, en aquellos años, tuvo escritores, músicos, actores, poetas y deportistas notables que participaban frecuentemente en la realización de conciertos y retretas, en el montaje de obras de teatro, en la celebración de recitales poéticos y concursos literarios, en giras y campeonatos deportivos, en excursiones campestres y de montaña,  y en reinados de belleza.
En este libro descubrimos que San Juan de la Maguana llevaba una vida intelectual en pleno fermento durante la década de los años veinte del siglo veinte, y nos da gusto mencionar que el padre de Virtudes Uribe, Don Max Uribe, fue uno de los animadores culturales de ese fermento, según aparece consignado en las páginas de El Cable.
Más revelador todavía es la sección que Edgar Valenzuela titula “Génesis de la dictadura”, en la cual se recogen, desde la óptica local de San Juan de la Maguana, algunos de los acontecimientos políticos que llevaron a la caída de Horacio Vásquez y la subida de Rafael Trujillo al poder.
Ante la represión política y militar, que comenzó aún antes de las elecciones del 16 de mayo de 1930, Don Badín Garrido no calló y, antes al contrario, utilizó aún más su pluma (o su maquinilla) para fustigar a los que conspiraron contra Vásquez y a los militares que abusaban de la población para amedrentarla mientras promovían el ascenso de Trujillo.
Como ustedes pueden ver, este libro no es una obra frívola que recoge noticias de sentimentalismos pueblerinos, no. Es, además de un homenaje a ese hombre vertical que fue Don Badín Garrido, un necesario rescate de un material de enorme importancia histórica para entender uno de los períodos menos estudiados de la evolución social dominicana: la década de los años veinte del siglo veinte.
Felicito muy sinceramente a Edgar Valenzuela y, junto a él, al Archivo General de la Nación por haber tenido esta iniciativa que nos conduce por nuevos caminos de valoración histórica y nos sugiere nuevas pistas para la investigación de nuestro pasado nacional.