Che: ¡hasta siempre comandante!

8 de Octubre conmemoración de la caída del Che
che guevara
che guevara (Photo credit: BvdL)
Nombre que ennobleció una letra, la más ruda de la lengua castellana, con la que alguien diría, no podría hacerse un poema. Y es que tiene algo macizo en su fonética que como que no la deja ir bien con lirismos y sutilezas. Sin embargo,…”Si el poeta eres tu… qué puedo yo cantarte comandante” lo advirtió Silvio. Y el hombre era eso y más cuando enseñó lo que nadie antes había hecho expreso, que la revolución era ante todo amor, un acto de amor.

Y poeta y todo, fue tanta la fortaleza de ese hombre –el más perfecto del siglo XX dijo J.P. Sartre– que no hay que recabar sobre el acero que templó esa alma y el diamante que acorazó su cuerpo en algún sentido débil, al punto de aterrorizar al verdugo: “Parece que está rezado, no le entran las balas”. Pero que nadie se llame a engaño porque esa rudeza, la misma de la ch que te nomina, era ante todo y por sobre todo –no tuviste reparo en reclamarlo- expresión acabada de la más noble fragilidad humana: la de sentir la suerte del otro hasta hacerla propia, dando cauce libertario a las células de su cuerpo indignadas por la injusticia que se comete contra ese otro al que no se reconoce tal, porque soy yo mismo. Un acto de amor en realidad.

El hombre universal

Por eso el Che se despojó de los alamares de diplomático, de ministro de estado y de gerente del banco de su patria, para emprender el camino de la guerra en la áspera selva boliviana, dura no por culpa de ella que qué la van a ser arboledas y cañadas, sino por el ocupante que hollaba sus veredas y humillaba a sus taciturnos moradores con la boca del cañón codiciosa tras algún gesto levantisco. Condotiero sí lo reconoció, pero de una manera especial, porque su paga era la libertad del hermano, bella paga; y el suelo extraño donde combatía, África, Cuba o Bolivia, no lo era más que su pampa argentina.

Tenía bien fundamentado su destino, porque el Che era todo menos un aventurero. Las “aventuras” que emprendió nacieron de su observación y análisis de la realidad, cuya decisión de transformarla requirió de lecturas muchas, poesía, política y sociología amén de su arte primero que fue la medicina, aunque se envaneció de haberla sacrificado por el oficio de soldado. Al mismo tiempo y en sus palabras, pulió la voluntad con delectación de artista. Marxista consumado, es decir filósofo, tuvo espacio para dejarnos textos de economía política y filosofía, así como observaciones sobre la situación del indio boliviano, el obrero peruano, los estudiantes colombianos.

El Hombre Nuevo

Entonces Ernesto, que así se llamaba y así lo nombraban sus papás, cuando tomó la decisión de irse a luchar por ese otro que no lo era porque era él mismo, les escribió una carta: Otra vez siento bajo mis talones el costillar de Rocinante, vuelvo al camino con la adarga al brazo. Y es que el hombre, de verdad tenía su pisca de poeta -¡y vaya si lo era!-, cuando de tan metafórica manera les participó su determinación. Igual lo hizo con sus cinco pequeños hijos. A unos y otros, sin alardes ni patetismos, les anunció que debían estar preparados para no volverlo a ver. Pero dialéctico y revolucionario, esto tan trascendente para el común de los mortales, lo anotó apenas como el dato inevitable en una biografía personal, y pasó pronto de largo sobre él. La recomendación principal en esas cartas testamento, era el legado que les dejaba de una vida consecuente con un pensamiento y comprometida con la liberación de los sometidos y el desagravio de los humillados. Era él mismo el Hombre Nuevo que recomendaba construir si se quería redimir el mundo de las miserias a las que lo tenía postrado el hombre viejo, el que gira alrededor de sus apetitos e intereses.

El cadáver del Che

Un cadáver así, como el que conocimos porque los torpes estrategas del despotismo militar latinoamericano calcularon que con esa imagen se acababa el mito, un cadáver así, dan ganas de sentarse a conversar con él. Serenamente, largamente, y hasta fumar de su tabaco como lo hacían nuestros antepasados en señal de comunión. Sin llanto en los ojos desde luego porque ¿a santo de qué llorar?

Llanto el del verdugo que no supo matar tu cadáver y luego gastó su vida y la de la siguiente generación, a la manera de los primeros conquistadores que destruían los adoratorios de los amerindios, porfiando en desacralizar ese inmenso santuario que iba siendo ya toda Bolivia, donde ríos, cordilleras, el sonido de la tena, el canto del tucán y hasta el mar que no tiene, eran venerados por multitudes en romería de todo el mundo, como el pueblito por donde pasó el Che, el rancho donde durmió el Che, el sendero que transitó el Che, y así hasta el santuario mayor, Arca de la Alianza, Santo Grial por el que lucharon infructuosamente todos los Indiana Jones del mundo, la humilde alberca de la escuelita en la universal Higuera donde una mirada serena que no deja de mirar, nos pregunta e interpela y reclama respuesta.

El Che: guerrero y poeta

Altar aquél donde cayó el Che para levantarse e ir por siempre persiguiendo los verdugos en cualquier rincón del mundo donde posen su planta, inspirando donde quiera haya jóvenes, estudiantes, obreros o cantores, hombres o mujeres ya desde entonces indignados reclamándole al mundo, mucho antes de que se diera lo peor en el triste ocaso del siglo XX y en el mal alborear de este XXI, que otra cosa exigen de él. Fuera en Islandia o en Vietnam, en la muralla de una capital del primer mundo o en la pared derruida de una casa campesina en los Andes sudamericanos y aún en la mismísima entraña del monstruo, una imagen orienta el camino.

Pero el Che nos enseñó no la visión idealista de la revolución como gesto ni apenas como actitud, sino como una construcción que partía del estudio, el espíritu crítico y ¡ah! mucho trabajo, asentado en el suelo que nos sostiene y siempre con el otro. Por eso él no es un ícono ni un mito aunque tenga de los dos, y aunque la mercadotecnia del statu quo así nos lo recomiende.

Era tan integral además de íntegra su condición humana, que ya su espíritu poseído por los efluvios de la guerra, fue capaz de componer un poema, declaración de amor, de despedida y de fortaleza a su amada Aleida, cuando la decisión suprema de partir a Bolivia en viaje que sabía sin regreso, llevaba ínsita la de abandonarla:

Adiós, mi única,

No tiembles ante el hambre de los lobos

Ni en el frío estepario de la ausencia,

Del lado del corazón te llevo

Y juntos seguiremos hasta que la ruta se esfume.

8 de Octubre conmemoración de la caída del Che. Día del guerrillero heroico. Y, con Fidel, Chávez, Evo, Correa y Marcha Patriótica te decimos: ¡Hasta Siempre Comandante!

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso de la autora mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.

El profesor Eric Hobsbawm fue considerado uno de los mejores historiadores del siglo XX

Sobre la historia - Eric J. Hobsbawm

Eric Hobsbawm fue uno de los historiadores más destacados del siglo XX y quizá mejor considerado fuera de las Islas Británicas que dentro de ellas. Marxista durante su vida adulta y miembro del Partido Comunista gran parte de ella, su influencia como historiador y pensador político fue más allá de estas filiaciones. Fue clave en la creación de la disciplina de historia social y la trilogía de las tres edades [The Age of Capital, The Age of Empire y The Age of Extremes] hizo popular la historia europea moderna e iluminó a un público más amplio. En los años 90 llegó a ser, para su sorpresa, una de las principales influencias intelectuales de Neil Kinnock [político del Partido Laborista británico] y más tarde de New Labour.

Eric John Ernest Hobsbaum nació en Alejandría, creció en Viena, Berlín y Londres, estudió en Cambridge y dio clases en universidades de todo el mundo, pero principalmente en el Birbeck College de la Universidad de Londres. Su padre murió cuando tenía 12 años y su madre cuando tenía 14 pero los primeros años de su vida le dieron visión de futuro, experiencia y una facilidad para los idiomas, de lo que se beneficiaron sus escritos posteriores. Afrontó las tragedias tempranas de los años 30, cuando el mundo se derrumbaba a su alrededor, mediante la dedicación al estudio y los asuntos intelectuales.

Leopold Percy Hobsbaum, el padre de Eric, nació en el seno de una familia judía de clase media en el East End de Londres y su madre, Nelly Gru, nació en Viena. Se conocieron en Egipto pero se mudaron a Austria a finales de la Primera Guerra Mundial. Allí Percy y su familia (Eric tenía una hermana llamada Nancy que tenía tres años menos que él) padecieron cada vez más estrechez, fallaron algunas incursiones comerciales y aunque Nelly intentó ganarse la vida como escritora, en 1929 vivían al día. Hobsbawm escribía en su fascinante autobiografía Interesting Times “no conozco a nadie tan poco apta como mi padre para ganarse la vida en un mundo tan despiadado”.

Después de la muerte de su padre, Nelly quedó desamparada y fue a vivir con su madre; ella y Eric se ganaron la vida dando clases de inglés. Cuando Nelly enfermó enviaron a Nancy a Berlín para vivir con su tío Stanley y en 1931 Nelly se murió. Los párrafos más personales de Interesting Times hablan del amor hacia su madre mientras vivía “la mayor parte del tiempo apartado del mundo real, no tanto en un mundo de sueños sino en uno de curiosidad, averiguación, lectura solitaria, observación, comparación y experimentación…”

En 1931 la familia de Hobsbawm fue la de su tío Stanley y vivieron inicialmente en Berlín y luego, con la llegada de Hitler, en Londres. Pero esta familia fue también efímera. Gretl, la mujer de Stanley, falleció y Stanley se trasladó a Chile en 1939. Hobsbawm terminaba su licenciatura en Cambridge. Fue entonces cuando formuló el tema que “configuró permanentemente mi trabajo como historiador… las influencias sociales que determinan la forma y el contenido de la poesía (y de las ideas) en diferentes momentos”.

Cambridge constituía “un extraño país nuevo” (según Noel Annan, “la aristocracia intelectual”) pero para la mayoría representaba una continuación de su vida en el internado. La estancia de Hobsbawm en el King’s College estuvo dominado por el Partido Comunista dentro de un entorno intelectual que él recuerda como introvertido y en el que la investigación jugó un papel pequeño y todas las tardes se ocupaban con el deporte. Fue miembro de los Apóstoles de Cambridge [un club de debate], junto con Russell, Keynes, Wittgenstein, Moore y Forster.

Durante la Segunda Guerra Mundial fue Sargento Instructor durante seis años, tiempo que consideró perdido, pero no le asignaron puestos de interés, seguramente debido a su entorno familiar europeo y su apoyo al comunismo. Después de casarse con una camarada, Muriel Seaman, volvió al King’s College como investigador, primero como estudiante y luego como gobernante de la Universidad, y empezó a dar clases en el Birbeck College que constituiría el centro de su vida profesional; sólo la New School for Social Research de Nueva York pudo compararse con el Birbeck College para Hobsbawm.

No tuvo acceso a ciertos puestos en Cambridge, debido seguramente a una forma más moderada de Macartismo que tuvo influencia en varias profesiones; la misma razón le impidió obtener una cátedra en el Birbeck College. Su primer matrimonio, del que nació su hijo Joshua, terminó en 1951 y en 1962 se casó con Marlene Schwartz.

En su autobiografía Hobsbawm le describió como “una vienesa con piel de ocelote” y simplemente le hizo feliz. Vivieron -junto con su hijo, Andy (asesor de medios digitales) y su hija Julia (director ejecutivo de Editorial Intelligence y catedrática de redes)- en Hampstead y Gales y celebraron cenas en el norte de Londres, lo que le proporcionó la estabilidad que faltó en la primera parte de su vida.

No se despojó en cambio de su pesimismo sobre los acontecimientos mundiales que ocuparon las discusiones en el Birbeck College; sus conocimientos enciclopédicos sobre los detalles arcanos de Italia, Europa Central o América Latina hicieron más convincente y deprimente este pesimismo para sus colegas.

La historia personal, el entorno intelectual y los acontecimientos públicos de un historiador afectan forzosamente su investigación y escritos. En el caso de Hobsbawm, el hecho de crecer en una Europa propensa al nazismo y al fascismo interactuó con su deseo de explicar la historia y encontró su expresión de conjunto dentro del marxismo. Su esquema explicativo imbuye todos sus escritos, igual que lo hizo el racionalismo de la ilustración europea del siglo XVIII, precursor esencial de Marx; de allí su énfasis en los intereses económicos como causa del comportamiento humano, expresado a menudo en términos de conciencia de clase.

Ayudó a los historiadores a entender los motivos utópicos de los hombres y las mujeres en los movimientos sociales, explicado en el libro Primitive Rebels. Ayudó a rescatar a estos movimientos de la “enorme condescendencia de la posteridad”, en palabras de su amigo y colega E.P. Thompson. Fue la investigación en este tema lo que dio relieve a su reputación en Italia, la Península Ibérica y América Latina, donde lo agasajaron historiadores y presidentes.

El marxismo llevó a Hobsbawm a observar otros conceptos, tales como la identidad nacional o étnica, con escepticismo; alegaba que podrían entrar en conflicto con o impedir el reconocimiento de los intereses económicos o de clase subyacentes. Fue responsable, junto con Terence Ranger, de organizar una conferencia de lo más divertida y profunda para la revista Past and Present sobre la invención de la tradición. Hugh Trevor-Roper describió la invención de la falda escocesa en el siglo XVIII por un cuáquero inglés y Prys Morgan describió el desarrollo de un traje galés homogeneizado para mujeres .estilo Mamá Oca- por Lady Llanover en 1834. Pero Hobsbawm utilizó éste y otros ejemplos para demostrar el peligro del mal uso de la historia, ejemplificado más recientemente en el conflicto de los Balcanes. El concepto de identidad nacional, construida demasiadas veces para servir a los intereses de los políticos, conduce a los pueblos al desastre; esto lo llevó a ser siempre hostil hacia el sionismo.

Los historiadores alabaron su contribución durante los años 50 al “debate sobre el nivel de vida” y durante los años 60 y 70 a la creación de la disciplina de historia social. Desde Engels y Macaulay, los historiadores discuten si la Revolución Industrial mejoró la condición de la clase obrera. Hobsbawm utilizó una variedad de fuentes históricas para sugerir que el bienestar económico se deterioró a mediados del siglo XIX a consecuencia del auge de las fábricas y las ciudades industriales.

En su ensayo de 1971 “Desde la historia social a la historia de la sociedad” proporcionó una base teorética para la disciplina relativamente nueva de la historia social. Basándose, como siempre, en el marxismo se mostraba receptivo también a la sociología contemporánea, aunque desaprobaba su naturaleza no histórica. Apremió a los historiadores y a sí mismo a separarse de la antigua asociación de la historia social con la historia del trabajo. La historia social debía estudiar el comportamiento y la conciencia dentro de una variedad de áreas, lo que incluía su amado jazz. Resaltó también la importancia de una perspectiva internacionalista.

Los historiadores reconocen que la mayor contribución de Hobsbawm a su asignatura reside en la trilogía que le hizo popular a él y a la historia. Los títulos de la trilogía The Age of Capital 1848-1875, The Age of Empire1875-1914 y The Age of Extremes: the short century 1914-1991 aparecen en las listas de los más vendidos. Demuestran también los conocimientos extraordinarios de Hobsbawm , su erudición histórica, sus habilidades lingüísticas, su memoria y, sobre todo, su capacidad de síntesis y generalización.

Sería cínico sugerir que el éxito de Hobsbawm como historiador estimuló la envidia entre sus colegas. Pero los que no le perdonaban ser comunista sí se mostraban hostiles hacia él aunque lo estimaban. Algunos argumentaban que se podía entender su identificación intelectual con el marxismo debido a la época en la que le tocó vivir; pero defender al Partido Comunista después de que se dieran a conocer las atrocidades fue para otros inexcusable.

Los historiadores no existen para hacer juicios morales sino para explicar. La adhesión de Hobsbawm a la causa comunista es consecuencia de las circunstancias en las que, como judío, se le reclutó en Berlín en 1932. Más tarde se convirtió en una pasión absorbente en un mundo de caos y desastre inminente. Ahora que vivimos en otros tiempos, esta pasión es difícil de entender. Hoy, poca gente escribiría sobre la política que defiende, aunque quizá lo haga sobre su religión: “El partido era nuestra vida. Le dedicamos todo nuestro esfuerzo. A cambio nos devolvió la certeza de nuestra victoria y la experiencia de la fraternidad”.

Es posible que su resistencia a desautorizar al comunismo, incluso cuando éste falló, se debiera a que no deseaba traicionar la memoria de sus antiguos camaradas. Ser comunista en los años 30 y 40 era peligroso. Escribió “No éramos liberales. El liberalismo había fallado. Dentro de la guerra que nos ocupaba no nos preguntábamos si debía haber un límite a los sacrificios que imponíamos sobre otros como tampoco a los que nos imponíamos sobre nosotros mismos. Como no teníamos el poder, ni lo íbamos a tener, lo que esperábamos era ser prisioneros y no carceleros”. Como muchos otros antes de él y después de él, creyó que la causa -en su caso una sociedad socialista utópica- justificó el sacrifico que él y sus camaradas estaban dispuestos a hacer, así como la pérdida de vidas inocentes.

El análisis clarividente de Hobsbawm de las realidades de la política contemporánea le hizo atractivo a Neil Kinnock y más tarde a New Labour cuando ésta buscaba una base intelectual para la socialdemocracia después del individualismo de los años de Thatcher y el fracaso del socialismo. Aunque su posterior escepticismo del proyecto de Blair y su oposición a la guerra de Irak atenuó su popularidad entre los políticos de New Labour, su influencia como comentarista continuó, caracterizada por su lealtad hacia Gran Bretaña y no se sorprendieron sus amigos cuando le hicieronCompanion of Honour en 1998. Estaba muy orgulloso de esta condecoración, de ser miembro honorario del King’s College, de sus numerosas licenciaturas honorarias y sobre todo de su presidencia delBirbeck College.

The Independent

Eric John Ernest Hobsbawm, historiador, nacido en Alejandría (Egipto) el 9 de junio de 1917, casado en 1943 con Muriel Seaman y divorciado en 1951 (un hijo), casado de nuevo en 1962 con Marlene Schwarz (un hijo y una hija) y fallecido el 1 de octubre de 2012.

Fuente:  http://www.independent.co.uk/news/obituaries/professor-eric-hobsbawm-historian-acclaimed-as-one-of-the-finest-of-the-20th-century-8193057.html

 

El pueblo venezolano derrota a la oligarquía y al imperialismo

 En la madrugada del lunes 8 de octubre, el Consejo Nacional Electoral (CNE) de Venezuela anunció la nueva victoria de Hugo Chávez. El resultado electoral confirmó todas las previsiones de los últimos meses y demuestra un progresivo aumento del apoyo popular al proceso de transformaciones sociales venezolano. Según el primer boletín del CNE, con el 90% de las urnas contabilizadas, Chávez obtuvo 7.440.082 (54,4%). El pueblo venezolano escribió otra bella página de su historia al derrotar al candidato de la oligarquía, de los grandes medios de comunicación y del imperialismo estadunidense. Y eso sería memorable aunque fuese por un voto. Pero la victoria fue por más de un millón de votos. La abstención fue de solamente un 19,1%, una de las más bajas de las últimas décadas. El principal opositor Capriles Radonski, del Movimiento Primero Justicia (MPJ), tuvo 6.151.544 votos (45%).

El objetivo de este artículo es llamar la atención para el avance de la participación política y demostrar que hay una tendencia creciente de ampliación del apoyo popular a Chávez desde su primera elección en 1998. En 13 años, el país tuvo diversas elecciones y referendos de consulta abierta. El actual presidente disputó y ganó las contiendas de 2001, 2006 y ahora 2012.

 

En 1998, Chávez enterró el llamado Pacto de Punto Fijo. Pese a la resistencia de la oligarquía venezolana, que en aquel entonces todavía concentraba el poder sobre la empresa Petróleo de Venezuela S.A. (PDVSA), vinieron abajo 40 años de alternancia de los partidos Acción Democrática (AD) y Comité de Organización Política Electoral Independiente (COPEI) en el Palacio de Miraflores. Chávez ganó las elecciones con un 56,2% ( 3.674.021 de votos) contra un 43,8% ( 2.864.343 de votos ) de los demás candidatos .

Pocos meses después, el mandatario cumplió una de sus antiguas propuestas y convocó un referendo popular sobre la posibilidad de elegir una Asamblea Constituyente con funciones de elaborar una nueva Carta Magna. Ese referendo fue aprobado en abril de 1999 con el 87,7% (3.630.666 de votos). Posteriormente se convocó la elección de la Asamblea Nacional Constituyente, cuando los partidarios de Chávez obtuvieron el 66% de los votos y eligieron el 90% de los parlamentares. En diciembre del mismo año, el proyecto de Constitución fue sometido a un nuevo referendo y aprobado con el 71,8%, equivalentes a 3.301.475 de votos.

A continuación, fueron convocadas para julio del año 2000 las llamadas mega-elecciones generales, ocasión en la cual Chávez fue nuevamente vencedor, ahora bajo la Constitución de 1999, con el 59,8% (3.757.773 de votos). El Polo Patriótico, bloque chavista, conquistó el 58% de los cargos de la nueva Asamblea Nacional. Los electores demostraron nuevamente su rechazo con relación a los partidos políticos tradicionales, que obtuvieron resultados bastante modestos: AD alcanzó 33 diputados (el 16,1% de los votos) mientras COPEI eligió seis (el 5,3%). Por primera vez en su historia, los dos partidos juntos alcanzaron solamente el 21,4% del total de votos.

La Constitución de la Republica Bolivariana de Venezuela es una de las pocas del mundo que establece la posibilidad de suspensión de mandatos del Poder Ejecutivo después de cumplida la mitad del ejercicio. Ese instrumento creó una oportunidad sin precedentes para que una parcela insatisfecha de la población, un 20% de los electores, pueda convocar referendos con el objetivo de interrumpir mandatos y convocar nuevas elecciones. Bajo amparo de esa norma, en agosto de 2004 fue realizado un referendo que ratificó a Chávez en la Presidencia con 5.800.629 de votos (59,1%) contra 3.989.008 de votos (40,6%).

En diciembre de 2005 fueron realizadas elecciones parlamentarias. Frente a la visible victoria abrumadora de las fuerzas bolivarianas, la oposición intensificó –a través de sus medios comunicacionales– una campaña en contra del Poder Electoral, el Consejo Nacional Electoral (CNE) y sus reglas. El grupo opositor reivindicó la eliminación de las máquinas capta-huellas, exigió que se contaran los votos manualmente uno a uno y casi pidió que se les regalaran 500 mil votos de ventaja antes de abrir la primera urna. Consciente de su derrota y resuelta a no reconocerla, la oposición hizo otra maniobra inaudita: se fugó de los sufragios, alegando inseguridad y falta de garantías de elecciones limpias. Después, los derrotados acusaron al gobierno de concentrar el 100% de los diputados de la Asamblea Nacional, del Parlamento Latinoamericano y del Parlamento Andino.

En las elecciones presidenciales de 2006, el margen de votos pro-Chávez continuó ampliándose. El candidato bolivariano obtuvo 7.309.080 votos (62,8%) mientras la oposición sumó 4.321.072 votos (37,2%). El candidato opositor con más votos fue el entonces gobernador del estado Zulia -y hoy prófugo de la Justicia, Manuel Rosales, quien obtuvo el 36,9%. Rosales había sido miembro del partido Acción Democrática (AD), pero en 1999 fundó la agrupación “Un Nuevo Tiempo”. El día 12 de abril de 2002, cuando el golpe de Estado en Venezuela, fue al Palacio para firmar el decreto de posesión del empresario golpista Pedro Carmona, El Breve.

En 2007, 2008 y 2009 hubo otras tres elecciones que pueden enriquecer este análisis. Deben notarse las grandes diferencias entre elecciones presidenciales, sufragios regionales y referendos nacionales. Es evidente que la participación tiende a ser mucho más amplia en las primeras. Además, en las elecciones presidenciales se expresa efectivamente el apoyo o el repudio a un candidato específico, mientras que en las demás, dichas voluntades no se reflejan de forma totalmente clara y absoluta. En los comicios regionales, por ejemplo, puede ser que los ciudadanos no logren asociar un determinado candidato bolivariano con la figura de Chávez y con la Revolución. Es decir, hay estados y municipios en los cuales el Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV) perdió la elección sin que eso signifique que Chávez perdería si fuera candidato.

La propuesta de Reforma Constitucional de 2007 fue la primera y única derrota electoral de Chávez. De manera poco planificada, el gobierno intentó aprovechar el elevado índice de popularidad del proyecto bolivariano para quemar etapas. Propuso la modificación de 69 de los 350 artículos de la Carta Magna de 1999. La iniciativa fue derrotada: 50,7% (4.379.392 de votos) contra 49,3% (4.504.354 de votos). Una diferencia de menos de 125 mil votos en un universo de casi 17 millones de aptos a votar. La expectativa de la oposición estaba basada en esa victoria apretada contra la Reforma, no exactamente contra Chávez. Por un lado, la oposición relacionó su victoria en la Reforma con un rechazo a Chávez. Por otro lado, es posible suponer que casi 3 millones de partidarios de Chávez no asociaron la Reforma con el presidente. La abstención fue del 45% y se puede decir que en ese día los chavistas simplemente no fueron a votar.

En noviembre de 2008, ocurrieron nuevos comicios regionales, en 22 de las 23 gobernaciones y en las 327 alcaldías venezolanas. Las elecciones confirmaron de nuevo la amplia supremacía de las fuerzas bolivarianas. Aunque el voto continúe siendo optativo en el país, no obligatorio, el sufragio presentó un índice de abstención del 35%, uno de los menores de la historia de las disputas regionales del país. Había 16.699.576 inscritos en el registro electoral, número que aumentó mucho desde 2003, con la Misión Identidad. En el período del Punto   Fijo muchos pobres no tenían documentos, lo que reducía la abstención y encubría la pobreza, el analfabetismo y otros indicadores económicos y sociales.

Los resultados post-2008 demuestran que el mapa nacional continuó “ teñido de rojo ” , ahora con el PSUV como principal agremiación: ganó en 17 de los 22 estados en disputa (un 77,3% del total) y en 265 de las 327 alcaldías (un 81% del total). La base de apoyo a Chávez superó los 5,7 millones de votos. Otra vez vale recordar que una cosa es votar por un candidato del partido de Chávez y otra cosa, distinta, es votar por él. La oposición (UNTC y MPJ, acompañados por lo que todavía queda de AD, COPEI, URD, MAS, Causa Я y Podemos) ha mantenido más o menos el mismo número de votos de los últimos procesos electorales (4,5 millones en 2007).

Aún sobre las elecciones de 2008, cabe resaltar que la oposición conservó el poder en las gobernaciones de Nueva Esparta (Isla Margarita) y Zulia, además de haber conquistado los importantes estados Miranda, Carabobo y Táchira (los últimos dos por un margen muy pequeño de votos), así como la Alcaldía Metropolitana de Caracas. Hay otros seis puntos importantes: 1) el ex-vicepresidente de la República y gobernador Diosdado Cabello fue derrotado en el estado Miranda por Henrique Capriles Radonski; 2) el ex-ministro Aristóbulo Istúriz perdió las elecciones de la Alcaldía Mayor para Antonio Ledezma (ex-AD); 3) el ministro Jesse Chacón fue derrotado en la popular parroquia Petare para un candidato del partido Primero Justicia (ambos obtuvieron mucho menos votos que las abstenciones); 4) un 55,3% de los votos totales de la oposición provienen de los estados Zulia, Carabobo, Miranda y Caracas (las áreas de mayor producción industrial); 5) los estados Zulia y Táchira tienen alta relevancia geopolítica por tener cerca de 700 kilómetros de frontera con Colombia; y 6) Manuel Rosales, el prófugo, ganó con un 60% la alcaldía de Maracaibo, que era gobernada por el PSUV.

Pese a los tropiezos, el resultado expone una victoria de Hugo Chávez y las fuerzas nacionalistas. Uno de los primeros acontecimientos posteriores al triunfo fue el rescate de la discusión sobre la relección presidencial. El tema era crucial para la continuidad del proceso bajo liderazgo de Chávez. El articulo 230 de la Constitución de 1999 preveía que: “ El periodo presidencial es de seis años. El presidente o presidenta de la República puede ser reelegido o reelegida de inmediato y una sola vez para un nuevo periodo ” . La Asamblea Nacional aprobó y el Consejo Nacional Electoral convocó un referendo popular para la aprobación o no de una Enmienda Constitucional. En medio a las discusiones, la propuesta fue ampliada, abarcando la posibilidad de reelección también para gobernadores, alcaldes y diputados (nacionales y regionales).

El día 15 de febrero de 2009, 6.310.482 venezolanos votaron por el “ Sí ” , que obtuvo 54,8% de los votos validos. El “ No ” , que aglutinaba los partidarios de la oposición, alcanzó 5.193.839 de votos (45,1%). Mientras Chávez obtuvo 7,3 millones de votos en las elecciones presidenciales del 2006, su propuesta para poder postularse a la relección por tiempo indefinido tuvo 6,3 millones. Ese resultado puede ser interpretado de diversas formas. Una es que había gente que apoyaba Chávez pero no estaba de acuerdo con la posibilidad de relección indefinida. Otra conclusión posible es que una cantidad de partidarios de Chávez no hayan dado la debida importancia al referendo y a la propuesta de relección. Una tercera interpretación, la asumida por la oposición, argumenta que entre 2006 y 2009 Chávez ha perdido cerca de 1 millón de seguidores.

El nuevo triunfo del presidente, en 2012, amplía el horizonte de transformaciones estructurales de Venezuela. El gobierno ha fortalecido el papel del Estado en la economía, con mayor poder para planificar e implementar políticas, buscando intervenir – con creciente participación popular – en los principales medios de producción. Internamente, el petróleo ha financiado la estructuración y el fortalecimiento del mercado nacional, con un proceso soberano de industrialización (distinto a la industrialización dependiente y asociada a las transnacionales, llevada a cabo a partir de los años sesenta por Rómulo Betancourt y Nelson Rockefeller), la creación de nuevas empresas básicas e importantes obras de infraestructura.

Paulatinamente, los recursos que antes habían sido canalizados para las compañías petroleras o hacia cuentas bancarias de la élite privilegiada, fueron transformados en herramienta del Estado para combatir la pobreza y la economía rentista, improductiva e importadora. Externamente, los recursos del petróleo han sido utilizados como instrumento para la integración latinoamericana y caribeña, así como para el impulso a la construcción de un mundo multipolar. Venezuela ha asumido una nueva posición en sus relaciones internacionales: intenta diversificar su producción y sus exportaciones; diversificar los orígenes y los destinos del intercambio, no dependiendo comercialmente de un país comprador o un país proveedor.

La gran victoria de Chávez abre las puertas, por lo menos hasta 2019, para un camino largo hacia la consolidación de un país independiente, soberano e industrializado. El gran espectáculo democrático de todos los venezolanos debería ser suficiente para abrir los ojos de los desinformados. Debería ser suficiente para ridiculizar a los grandes medios de comunicación, que niegan lo que es innegable. Ganó Chávez, de nuevo. Ganó la democracia en Venezuela. Los derrotados fueron la élite liberal y privatizadora, las transnacionales del petróleo y del gas, los poderosos medios de comunicación. Junto a los perdedores, por detrás de ellos, están la CIA y el Departamento de Estado de los Estados Unidos.

* Luciano Wexell Severo es profesor   de   Economía,   Integración   y   Desarrollo   en   la   Universidad   Federal   de   la   Integración   Latino-Americana,   Brasil.   Doctorando   en   Economía  Política   Internacional   en   la   Universidad   Federal   de   Río   de   Janeiro   (UFRJ).   Autor   del   libro  Economía   venezolana   1899-2008,   La   lucha   por   el   petróleo   y   la  emancipación  .

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.