Santiago Carrillo, un político de izquierdas

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Español: Santiago Carrillo, politico español del PCE, y Rafael Alberti, poeta español (Photo credit: Wikipedia)

Escrito por: CARLOS BÁEZ EVERTSZ

Santiago Carrillo fue un político que se inició en esas lides desde muy joven, hijo del militante socialista Wenceslao Carrillo, fue desde sus años mozos dirigente de las Juventudes Socialistas. Durante la guerra civil contribuyó a unificar a estas con las juventudes comunistas para formar las Juventudes Socialistas Unificadas. Desempeñó un papel importante en el gobierno republicano en Madrid contribuyendo a la puesta a punto de la defensa de Madrid de los ataques por aire y tierra de las tropas insurrectas del general Franco.  Posteriormente, como miles de republicanos, se refugió en Francia. En el Congreso del PCE celebrado en 1960 fue elegido secretario general y Dolores Ibarruri presidenta del partido.

Desde esa fecha hasta su renuncia a la secretaría general en el año 1982 jugó un papel protagónico en la marcha y desarrollo del PCE. Fue expulsado del mismo en 1986. Su vida se desarrolló en tiempos convulsos, y como dice un refrán chino, “qué Dios te libre de vivir en tiempos interesantes”. Guerra Civil española, exilio, Segunda Guerra Mundial, caída de Francia, invasión de la URSS, Victoria de los aliados, caída de los fascismos y del nazismo, frustrada esperanza de que ello conllevaría la derrota del fascismo español encarnado en la figura del general Franco y su régimen, Guerra Fría  y asunción por Occidente -EE.UU. y sus aliados- de que el enemigo principal era el comunismo.

Ello implicó que los comunistas y otros grupos llevaran a cabo una larguísima lucha clandestina tanto en el interior de España como en el exilio, incluyendo la formación de guerrillas, apelaciones a la caída del régimen a través de la Huelga General, organización de sindicatos de clase dentro del espacio ganado a los franquistas, apelación a la política de Reconciliación Nacional, muerte de Franco, política de pactos con los remanentes del franquismo y los partidos democráticos, ejecución de la transición española hacia la democracia, previa legalización del Partido Comunista, elecciones democráticas, y posterior declive de la fuerza política y electoral del PCE.

En todos esos acontecimientos Santiago Carrillo estuvo siempre desempeñando un papel importante. Hay un amplio consenso sobre el papel de Santiago Carrillo en la transición española, es decir, el reconocimiento más o menos generalizado –aunque nunca total-, de que sin su lucidez, su pactismo, su capacidad a lo Mazarino,  para los acuerdos y las combinaciones, la transición española hubiera sido diferente.

Carrillo respondía a los críticos sobre la pesada carga que asumió el PCE en la transición de la manera siguiente: Sí, hemos tenido que ceder, pero logramos algo esencial, el reconocimiento constitucional de  que la fuente del poder y lo que lo legitima es la soberanía popular, que quien tiene la soberanía es el pueblo,  que la misma no viene  de Dios, ni del espadón de un general, ni de un grupo de notables o aristócratas. Sea, así es sin duda.

Pasados 35 años desde las primeras elecciones democráticas de 1977 en España, hoy se levantan cada vez voces más críticas sobre la extendida idea de la ejemplaridad de la transición española. Sobre esa especie de amnistía  y sordera que se dio sobre los crímenes del franquismo, sobre la lentitud del reconocimiento del papel jugado por tantos demócratas que sufrieron no sólo la cárcel, sino la marginación.

Carrillo es acusado con saña por la derecha y por los franquistas descubiertos y encubiertos de ser el  estratega que llevó al fusilamiento de, según algún historiador, unas 2,400 personas en la matanza ocurrida en la localidad madrileña de Paracuellos del Jarama.  Matilde Vázquez y Javier Valero,  politólogos, en los inicios de la transición estaban investigando para la publicación de un libro sobre la guerra civil en Madrid. Con las fuentes consultadas disponibles en ese momento ellos aseguran que no se puede demostrar la participación directa o indirecta de Santiago Carrillo en la ejecución de esas personas. Ni dando la orden de la misma, ni insinuándola, ni promoviéndola.

Nunca se podrá justificar los  fusilamientos colectivos sin juicio previo, pero más que buscar un culpable en quien permitió el traslado de esos detenidos (Carrillo), lo que hay es que buscar la causa eficiente de los mismos en cómo los hombres se vuelven lobos para otros hombres en una guerra fratricida, por motivos políticos-ideológicos, y por tipos diferentes de construcción de sociedades.

Otras críticas vienen de la izquierda, de los disidentes en algún momento con la línea política que trazaba o encarnaba o defendía Santiago Carrillo como secretario general del PCE. Cuando se envían hombres a luchar con las armas en el interior y se fracasa, siempre se producirá la  búsqueda de traidores, soplones, errores tácticos, de información recopilada, etc. etc. Siempre habrá suspicacias de por qué se envió a tal o cual, de si había discrepancias en los que murieron en combate con alguien de la Dirección y que por eso se le envió a la muerte.

Hay también el choque de personalidades, de grandes personalidades o de temperamentos, como el de Líster y Carrillo. El de interpretaciones diferentes sobre las vías a seguir en función de un uso más refinado y más burdo de la información y de los hechos sociales, como el enfrentamiento entre Semprún y Claudín con Carrillo y con la mayoría de la dirección del PCE.

Y hay la fabricación por enemistad política, por mezquindad, por la simple sospecha, o vaya usted a saber por qué otros motivos, de interpretaciones conspirativas y hasta criminales, de ciertos fracasos del PCE en la lucha en el interior, como el caso del apresamiento, tortura y muerte del dirigente comunista Julián Grimau, cuya muerte algunos acusan que se debió a que la dirección del PCE lo entregó a la policía franquista, por haber enviado una persona tan conocida al interior desde Francia.

Ya se verá si la decadencia del PCE se debió a líderes como Santiago Carrillo, o a que el periodo histórico de la transición española hasta nuestros días estaba llamando a cambios sustanciales en la manera de organizarse y de plantearse la lucha y los objetivos políticos, que ponían a los Partidos Comunistas fuera de la Agenda Política.

Por mi parte, fui un leal admirador y seguí con interés el desarrollo de las ideas eurocomunistas que en España trasladó Carrillo. Creo que había en ellas el  germen de una evolución política positiva hacia la formación de un Gran Partido Socialista o de Izquierda Democrática  en España y en Europa.  Todo eso se encontraba ya en esas ideas difundidas por Carrillo en los finales de los años 70.

Hasta casi ayer uno podía escuchar con interés la lucidez y certeza –de los análisis de la realidad española y mundial que nos brindaba Carrillo desde las ondas de radio de la Cadena SER. A sus 97 años don Santiago, con su  voz de fumador impenitente, daba casi siempre en el clavo, y era una de las pocas voces que nunca decepcionaban,  ya que tenía una gran coherencia en todo lo que decía, y una modernidad que ya para sí quisieran tanto jóvenes y no tan jóvenes, saltimbanquis políticos, que pueblan el desolado y estéril campo de la izquierda actual.

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