Corrupción, el alboroto y las circunstancias

Orlando Gil 

CADA CUAL A LO SUYO.- Danilo Medina, ya presidente, dijo respondiendo a preguntas que no actuaría contra nadie, pero recordó lo que todo el mundo olvida cuando de corrupción se trata: que el Estado se divide en tres poderes y que cada uno tiene sus funciones. La Justicia, por ejemplo, es la encargada de perseguir, someter y juzgar el delito. El procurador Francisco Domínguez Brito no desborda el marco de sus atribuciones cuando reclama jurisdicción sobre un expediente que ya había sido archivado por la Suprema Corte de Justicia. Falta ver si procede o no, en ley o en derecho, pero nunca satanizarlo por cumplir lo que se supone es su trabajo. Abogados de oposición opinan que no, pero desde la más lejana antigüedad, incluso antes de los sofistas, defensores y acusadores juegan con los argumentos, y muchas veces se hace difícil entre unos y otros distinguir la verdad de la mentira, o la mentira de la verdad. El problema, por tanto, no es de ley, ni de derecho, ni de justicia. Lo que importa es el personaje y la política, pues los encubrimientos siempre están a dos por chele…
CAMISA DE ONCE VARAS.- Como Francisco Domínguez Brito no es el encargado del ministerio de Medio Ambiente, sino de Justicia, y de igual modo no es médico, sino abogado, se supone que sabía en lo que se metía cuando decidió revivir el expediente archivado del senador Félix Bautista. Sea que actuara motivado por ley, derecho o justicia, e incluso por política. No se trata de un juego de muchachos que se tumban la pajita del hombro para ver cuál es más macho, sino cosas de hombre en que cada cual debe correr sus riesgos. Si se reunió con el presidente Medina, de seguro que lo empapó, de manera que nadie puede alegar inocencia o distancia del problema. Como habló con el mandatario después de destapar la caja de Pandora, no se puede hablar de voluntad política ni tampoco de violación al debido proceso de ley. La iniciativa fue del Procurador Domínguez Brito, quien debe jugársela, pues de dar marcha atrás, la vaina le caería al jefe del Estado, a quien se acusaría de entrometerse en los asuntos propios de otros poderes y de apañar inconductas…
ALBOROTO DE NADA.- La reacción luce desproporcionada, y hay defensas al presidente Danilo Medina que no le van ni le convienen. Los pronunciamientos de Abel Rodríguez del Orbe no deben sorprender, pero no porque fuera Procurador o Consultor en los gobiernos de Leonel Fernández, sino porque como abogado le corresponde defender a su cliente Félix Bautista. Su actuación en el caso es a título particular y no oficial. Si los Castillo (Rodríguez y Semán) entienden que el expediente es malvado, solo tienen que sumarse a la barra de la defensa que encabeza su primo Rodríguez del Orbe, y los derechos de Bautista estarán más que representados. Lo que no pueden hacer es alarmar más de la cuenta y dar la falsa impresión de que la República está en peligro, o el gobierno en riesgo de caerse, porque Leonel Fernández abandonará los foros a que asiste actualmente y vendrá con un ejército celestial a rescatar a su amanuense. El propio Fernández tiene que hacerse a un lado y dejar la mala costumbre de permitir que el senador Bautista se esconda tras sus espaldas cada vez que lo anden buscando…
A LO HECHO, PECHO.- Si el senador Félix Bautista es bueno haciendo negocios, debe tener la suficiente valentía para afrontar las consecuencias. El problema, desde que asumió el Procurador Domínguez Brito, no es con la campaña del PRD ni con entelequias sin representación, sino con un gobierno nuevo cuyo predicamento moral se pone a prueba. El expediente originario fue político, pero ahora no puede decirse lo mismo. Ni siquiera como defensa y mucho menos como interesado en dañar las posibilidades electorales de Leonel Fernández en el 2016. El ex presidente no es problema de este gobierno en este momento, y la mejor prueba son las voces de la oposición que descalifican a las actuales autoridades por no decir ni denunciar el desastre que a su juicio encontraron. ¿Qué es lo que realmente afectaría políticamente al ex mandatario, que desacrediten su obra de gobierno o sometan a la justicia a uno de sus incontables funcionarios? No se puede ser más agalludo de la cuenta y pensar que hay felicidad completa. La política es circunstancia, y las circunstancias obligan…

El cardenal López ejercer un liderazgo como exige la Iglesia en estos tiempos

                                                                    ¡Duos habet et bene pendentes…! 

Oleo del Cardenal  pintado por Miguel Nuñez 
César Medina 
lobarnechea1@hotmail.com
La frase en latín parece mandada a hacer para describir al cardenal López Rodríguez: ¡Tiene dos y cuelgan bien…!
La expresión nació en el seno de la Curia Romana en el año 885, luego de la falsa historia de la “Papisa Juana”, que habría calzado las sandalias de Pedro haciéndose pasar por hombre.
Desde entonces, cuenta la leyenda, el Vaticano confirma con tan pintoresca frase la hombría de cada nuevo papa antes de su coronación.
Aquí, en esta pequeña isla caribeña, el cardenal López ha tenido que volver a demostrar que posee valor y calidad moral para ejercer un liderazgo como exige la Iglesia en estos tiempos.
Es decir, que se requiere del material necesario ñ¿es preciso decir cuál?ñ para encarar esta vocinglería mediática…
Aunque necesariamente no sea la posición de la Iglesia ñAgripino pide que el proyecto se mande a vistas públicasñ, las palabras de López Rodríguez recordando que “el crimen no tiene edad”, es un valladar ante la embestida de los grupos que se oponen al endurecimiento de las penas a los menores de edad que reinciden en el crimen.
Es una aspiración legítima de la sociedad dominicana que se ponga fin a la puerta giratoria en que devino la lucha contra la criminalidad viciosa ejercida por menores al amparo de un estatuto que en diez años de vigencia no ha hecho ninguna otra cosa que demostrar su ineficacia. Y en el aspecto regenerativo, ni se diga…
Es un estímulo
El Código del Menor fue un engendro de las llamadas ONG que dicen luchar a nivel internacional por los derechos de los niños, pero se le impuso como traje a la medida sólo a algunos países de marcada debilidad institucional donde la canalla mediática tiene gran influencia a través de la sociedad civil.

Cuando ejercí de embajador en Chile ñuno de los primeros países en adoptar este trasplante de protección al crimenñ, la sociedad chilena luchaba a brazos partidos para quitarse de encima un mecanismo que sólo había contribuido al incremento de la criminalidad entre los menores de 18 años.
Los delincuentes en muchos casos se escudan en la permisividad de ese estatuto para reclutar a menores que en poco tiempo están curtidos en el crimen.
Con frecuencia se ve hasta a padres que ponen a sus hijos como escudos en operaciones del microtráfico y en la comisión de asesinatos horrendos.
Muchas veces esos muchachos suelen convertirse en los principales infractores de la ley. Muchos de ellos han llegado a cometer crueles asesinatos y luego son tratados como menores de edad.
Algunos hasta han llegado a confesar sus crímenes como si se tratara de un chiste o como quien cuenta una película de vaqueros…
Con el agravante de que en cuestión de meses están de vuelta en la calle, delinquiendo otra vez y con potencialidad para repetir sus crímenes viciosos.
Un deber ineludible
El presidente del Senado, Reinaldo Pared Pérez, tiene ahora el deber de poner en agenda y aprobar el proyecto de modificación del Código del Menor sancionado ya por los diputados, gracias a la diligente actitud de su presidente, Abel Martínez.

Los países desarrollados están estableciendo jurisprudencias para penalizar el crimen sin importar la edad.
Y se han visto casos en que menores de 13 años han sido condenados como si fueran mayores de edad por la comisión de crímenes horrendos después de comprobarse científicamente sus capacidades para discernir entre el bien y el mal.
Los senadores dominicanos tienen que escuchar la voz del cardenal López Rodríguez, que es como decir la voz de la Iglesia: “¡No veo por qué hay que andar con paños tibios… Mi posición es clara y radical…!”.
¡Duos habet et bene pendentes…!
Hay que traducirlo otra vez: ¡Tiene dos y cuelgan bien…!

El cardenal López ejercer un liderazgo como exige la Iglesia en estos tiempos

¡Duos habet et bene pendentes…! 
César Medina 
lobarnechea1@hotmail.com
La frase en latín parece mandada a hacer para describir al cardenal López Rodríguez: ¡Tiene dos y cuelgan bien…!
La expresión nació en el seno de la Curia Romana en el año 885, luego de la falsa historia de la “Papisa Juana”, que habría calzado las sandalias de Pedro haciéndose pasar por hombre.
Desde entonces, cuenta la leyenda, el Vaticano confirma con tan pintoresca frase la hombría de cada nuevo papa antes de su coronación.
Aquí, en esta pequeña isla caribeña, el cardenal López ha tenido que volver a demostrar que posee valor y calidad moral para ejercer un liderazgo como exige la Iglesia en estos tiempos.
Es decir, que se requiere del material necesario ñ¿es preciso decir cuál?ñ para encarar esta vocinglería mediática…
Aunque necesariamente no sea la posición de la Iglesia ñAgripino pide que el proyecto se mande a vistas públicasñ, las palabras de López Rodríguez recordando que “el crimen no tiene edad”, es un valladar ante la embestida de los grupos que se oponen al endurecimiento de las penas a los menores de edad que reinciden en el crimen.
Es una aspiración legítima de la sociedad dominicana que se ponga fin a la puerta giratoria en que devino la lucha contra la criminalidad viciosa ejercida por menores al amparo de un estatuto que en diez años de vigencia no ha hecho ninguna otra cosa que demostrar su ineficacia. Y en el aspecto regenerativo, ni se diga…
Es un estímulo
El Código del Menor fue un engendro de las llamadas ONG que dicen luchar a nivel internacional por los derechos de los niños, pero se le impuso como traje a la medida sólo a algunos países de marcada debilidad institucional donde la canalla mediática tiene gran influencia a través de la sociedad civil.

Cuando ejercí de embajador en Chile ñuno de los primeros países en adoptar este trasplante de protección al crimenñ, la sociedad chilena luchaba a brazos partidos para quitarse de encima un mecanismo que sólo había contribuido al incremento de la criminalidad entre los menores de 18 años.
Los delincuentes en muchos casos se escudan en la permisividad de ese estatuto para reclutar a menores que en poco tiempo están curtidos en el crimen.
Con frecuencia se ve hasta a padres que ponen a sus hijos como escudos en operaciones del microtráfico y en la comisión de asesinatos horrendos.
Muchas veces esos muchachos suelen convertirse en los principales infractores de la ley. Muchos de ellos han llegado a cometer crueles asesinatos y luego son tratados como menores de edad.
Algunos hasta han llegado a confesar sus crímenes como si se tratara de un chiste o como quien cuenta una película de vaqueros…
Con el agravante de que en cuestión de meses están de vuelta en la calle, delinquiendo otra vez y con potencialidad para repetir sus crímenes viciosos.
Un deber ineludible
El presidente del Senado, Reinaldo Pared Pérez, tiene ahora el deber de poner en agenda y aprobar el proyecto de modificación del Código del Menor sancionado ya por los diputados, gracias a la diligente actitud de su presidente, Abel Martínez.

Los países desarrollados están estableciendo jurisprudencias para penalizar el crimen sin importar la edad.
Y se han visto casos en que menores de 13 años han sido condenados como si fueran mayores de edad por la comisión de crímenes horrendos después de comprobarse científicamente sus capacidades para discernir entre el bien y el mal.
Los senadores dominicanos tienen que escuchar la voz del cardenal López Rodríguez, que es como decir la voz de la Iglesia: “¡No veo por qué hay que andar con paños tibios… Mi posición es clara y radical…!”.
¡Duos habet et bene pendentes…!
Hay que traducirlo otra vez: ¡Tiene dos y cuelgan bien…!

Allende y Fidel en un diálogo para todos los tiempos

En noviembre de 1971, los ojos del mundo entero estuvieron puestos en este lado del planeta, probablemente como nunca antes. Es que el 10 de noviembre de ese año, a las 17, el líder de la Revolución Cubana, Fidel Castro, pisó suelo chileno para realizar una gira por el país trasandino que duraría veinte días y numerosos discursos. La atención mundial tenía un sentido: Castro se reuniría con Salvador Allende, el presidente que había logrado encabezar el primer gobierno socialista en ser electo de la región.
Si bien hoy resultan habituales los encuentros entre mandatarios de gobiernos progresistas de la región, para la época el encuentro Allende-Castro era toda una novedad. Y también representaba una amenaza para el statu quo económico y político de entonces. De aquella visita, quedó registrada una histórica y jugosa charla que mantuvieron los líderes políticos, cuya cinta se creía perdida. Sin embargo, más de cuatro décadas después, El diálogo de América no sólo fue recuperado, sino también restaurado para su proyección, por primera vez en la TV argentina, a través de Canal 7, que lo estrena hoy a las 22.30.
Probablemente no haya explotado las posibilidades cinematográficas de su tiempo. Seguramente, desde el punto de vista técnico y creativo, el material deje mucho que desear. Pero ninguna de esas carencias visuales puede opacar el valor histórico y político de la charla en la que Castro y Allende se encontraron en noviembre de 1971. El encuentro, que se produjo en la casa presidencial de Tomás Moro, fue documentado por el periodista Augusto Olivares y el cineasta Alvaro Covacevich. Con motivo del aniversario a 39 años del golpe militar en Chile, que se cumplió ayer, Canal 7 emite dentro de Ficciones de lo real (presentada por Pedro Brieger) esta suerte de “clase abierta y charlada” entre dos de las máximas figuras de la política latinoamericana. En ella, los mandatarios intercambiaron opiniones sobre la revolución, el subdesarrollo, el imperialismo, la oligarquía, la dependencia cultural y económica y el futuro de América latina.
El diálogo de América fue estrenado mundialmente en París en abril de 1972, como testimonio de la lucha por el proceso chileno, siendo presentado por el escritor Pablo Neruda y por el actor Marcel Marceau. Luego de su presentación, se perdió la pista del documental, que recién fue recuperado entre el patrimonio de Covacevich, que tras el golpe militar de 1973 se exilió en México. Para esta proyección en la TV argentina, el film fue adaptado por Canal Encuentro para cumplir con ciertos parámetros técnicos, aunque el diálogo fue conservado en su totalidad y sin modificación alguna.
En una charla relajada, a pleno sol en los jardines de la casa presidencial chilena, Allende y Castro reflexionan sobre los procesos revolucionarios que –con sus diferencias– cada cual llevaba por entonces en sus países. A cuatro décadas de haberse producido, el registro de aquel diálogo íntimo, casi “casero”, adquiere trascendencia tanto por la vigencia de algunas problemáticas que los líderes visibilizaban, como por lo anacrónico que resultan algunas de sus opiniones, en virtud de los sucesos que, el 11 de septiembre de 1973, acabarían con el gobierno socialista y la vida del presidente chileno, que se suicidó en La Moneda tras una dura batalla con las Fuerzas Militares. También allí, ese día, acorralado por los golpistas, se suicidó Olivares, el periodista que condujo la entrevista de El diálogo de América.

La revolución y los obstáculos

–La motivación de los pueblos en su lucha a través de la historia es variadísima. ¿Cómo podría usted definir, Comandante, la motivación de la lucha del pueblo cubano?
Fidel Castro: –Digamos por lo menos, de acuerdo con nuestra concepción, que el gran motor de la historia han sido las luchas de las masas oprimidas contra los opresores. En nuestro país existía la doble motivación: era un país sometido y humillado por el imperialismo y, además, dentro de esa situación, una gran masa de campesinos sin tierra, una gran masa obrera explotada, en las condiciones de miseria espantosa, falta total de asistencia médica para las capas pobres de la población, deficiente sistema educacional y porcentaje altísimo de analfabetos, falta de perspectivas para la juventud, cientos de miles de desempleados. Es decir, que había una situación social desesperante, podríamos decir que la gran motivación de nuestro pueblo era la lucha por la vida.
–Presidente Allende, la experiencia política chilena es seguida con atención en todo el mundo. Es una experiencia que tiene obstáculos. ¿Cómo podría usted definir esos obstáculos?
Salvador Allende: –¿Te das cuenta, Fidel? ¡Tres minutos para definir los obstáculos de una revolución que tiene que hacerse dentro de la democracia burguesa y con los cauces legales de esa democracia! Hemos avanzado. Obstáculos… nacen de qué. En primer lugar, de una oligarquía con bastante experiencia, inteligente, que defiende muy bien sus intereses y que tiene el respaldo del imperialismo, dentro del marco de una institucionalidad en donde el Congreso tiene peso y atribuciones, y donde el gobierno no tiene mayoría. De allí entonces que las dificultades sean bastante serias y hace que el proceso revolucionario chileno, dentro de los marcos de esta legalidad, encuentre cada día y en cada momento obstáculos para el avance del cumplimiento del programa de la Unidad Popular. Usted comprende que las dificultades en el caso nuestro también están en relación con una libertad de prensa que es mucho más que una libertad de prensa. Que es un libertinaje de la prensa. Se deforma, se miente, se calumnia, se tergiversa. Los medios de difusión con que cuentan son poderosos, periodistas vinculados a intereses foráneos y a grandes intereses nacionales. No sólo no reconocen sino que deforman las iniciativas nuestras. Todo esto, teniendo nosotros que respetar las conquistas que el pueblo alcanzó y de las cuales lógicamente hace uso y mal uso la oposición al gobierno popular. Por eso, y tú lo has dicho también y lo has reconocido, que las dificultades que se nos presentan a nosotros son bastante…
F. C.: –¡Son admirables las dificultades que tienen!
S. A.: –Ya ves tú.
–Y a pesar de los obstáculos, ¿se puede llevar adelante el proceso?
S. A.: –Y se avanza. Ya lo he dicho: el cobre es nuestro, el hierro es nuestro, el salitre es nuestro, el acero es nuestro; es decir, las riquezas básicas las hemos conquistado para el pueblo.
F. C.: –Bueno, yo tengo una impresión, que esa resistencia acude a los procedimientos clásicos, además más desarrollados. Es un procedimiento que nosotros calificamos de fascista y que tratan por tanto de ganar masa, con la demagogia si es posible de los sectores más atrasados de las capas humildes, y ganar masa en las capas medias. Y entonces hará falta una cuestión por demostrar: si esos intereses se resignaran pasivamente a los cambios de estructura que la Unidad Popular y el pueblo chileno han querido llevar adelante. Y es de esperar, si nosotros vamos a analizar teóricamente esta cuestión, que hagan resistencia fuerte e incluso violenta. De manera que ése es un factor que no se puede descontar en absoluto en la actual situación chilena, a mi juicio, que es el juicio de un visitante, que viene de un país que está en otras condiciones. Es como un viaje de un mundo a otro mundo.
S. A.: –Tú lo has dicho y yo creo que es muy justo; los revolucionarios nunca han generado la violencia. Han sido los sectores de los grupos golpeados por la revolución los que generan la violencia en la contrarrevolución.
F. C.: –Mantuvieron los sistemas por la violencia, así los defienden, por la violencia.

Las convicciones y el golpe

–¿Qué piensa usted, presidente, que se produciría en Chile si la contrarrevolución se alzara?
S. A.: –El pueblo está en el gobierno, si lograran ellos lo que no van a conseguir, derrocar a este gobierno, se caería en el caos, en la violencia, en la lucha fratricida…
F. C.: ¡Y en el fascismo!
S. A.: ¡Ah! Claro. El imperialismo, que ha estado y está detrás de todos los procesos para atajar la revolución, que significa los cambios y su derrota, en Chile no va a poder desembarcar. En Chile no va a intervenir materialmente. Pero busca otros caminos, cual es alentar a los grupos reaccionarios e incubar a los grupos fascistas, y utilizan la demagogia y movilizan los grupos de menor conciencia social. Pero tengo la seguridad y la certeza absoluta de la respuesta implacable y dura del pueblo, y personalmente: yo cumplo una tarea. Yo no estoy ahí para satisfacer una vanidad personal. Yo soy un luchador de toda mi vida. He dedicado mi esfuerzo y mi capacidad a hacer posible el camino al socialismo. Y cumpliré el mandato que el pueblo me ha entregado. Lo cumpliré implacablemente. Cumpliré el programa que le hemos prometido a la conciencia política de Chile. Y aquellos que desataron siempre la violencia social, si desatan la violencia política, si el fascismo pretende utilizar los medios con que siempre arrasó a los que pretendieron hacer la revolución, se encontrarán con la respuesta nuestra y mi decisión implacable. Yo terminaré de presidente de la república cuando cumpla mi mandato. Tendrán que acribillarme a balazos, como lo dijera ayer, para que deje de actuar.
F. C.: –Yo realmente admiro mucho ese pronunciamiento tuyo. Y eso será una bandera para el pueblo. Porque cuando los dirigentes están dispuestos a morir, el pueblo está dispuesto a morir y dispuesto a hacer lo que sea necesario. Y ése ha sido un factor muy esencial en todo proceso político revolucionario.
Emanuel Respighi
Publicado por Página 12


Por qué debemos desentrañar la clave del enigma

Alberto Faya Montano (CUBARTE)

Vivimos en un mundo frecuentemente inexplicable, confuso, engañoso. En gran medida es el resultado de los instrumentos que utiliza el lamentable y amplio mercado para mantenernos pensando a la manera de sus necesidades. El genio humano ha creado armas fabulosas para su desarrollo las que, en manos de inescrupulosos, funcionan de la misma manera en que la energía atómica derivó en el bombardeo de Hiroshima y Nagasaki.

Las comunicaciones se han extendido hasta fronteras impensables y hoy conocemos la magia de conversar de día con otro ser humano que nos contesta al momento desde su noche.

Es un gran enigma la complejidad de la vida contemporánea pero tenemos modos de ir deshaciendo su madeja con el propósito esencial de llegar al corazón, por ejemplo:

La música nos invade a diario de una forma en que nunca lo había hecho. Así se van conformando maneras de aceptarla y sobre todo, de gustarla. Una vez que entramos en ese misterio ya no podemos deshacernos de él sino a fuerza de sustituirlo con otro gusto más poderoso. Es la única manera de encontrarnos con la esencia humana que el arte nos proporciona y que resulta, a la larga, salvadora pero la tarea no es fácil. Recuerdo el caballito de la Historia Interminable que va hundiéndose en el pantano mientras la Nada se acerca para acabar con todo. No son solo símbolos, son verdades.

No se trata simplemente de criticar una forma musical de dudosos propósitos por responder a intereses mezquinos, sino de comprender la necesidad que tenemos de encontrarnos con las profundas verdades que iluminan el camino de una humana civilización. Vender una obrilla es fácil en comparación con la enorme tarea de divulgar y  hacer comprender los mensajes que envían aquellos y aquellas que buscan incesantemente en la vida las razones más ciertas para sus creaciones. El arte nos salva y deberá marchar a la par de la creación de bienes materiales.

Ayer trataba de escribir un programa radial a partir de las ideas que Erick Fromm expresaba en su libro El Arte de Amar. En el prefacio de la obra, el sicólogo judío-alemán, nos escribe que a través de esa obra pretende:  … convencer al lector de que todos sus intentos de amar están condenados al fracaso, a menos que procure, del modo más activo, desarrollar su personalidad total, en forma de alcanzar una orientación productiva; y de que la satisfacción en el amor individual no puede lograrse sin la capacidad de amar al prójimo, sin humildad, coraje, fe y disciplina. En una cultura en la cual esas cualidades son raras, también ha de ser rara la capacidad de amar.

De pronto me di cuenta de la estrecha relación que existe entre esos propósitos y la labor del verdadero artista en medio del enigma que nos plantea la borrosa contemporaneidad. Silvio nos advierte constantemente:  Solo el amor convierte en milagro el barro.

Somos absolutamente responsables de la vida, limpiamos las costas, combatimos las plagas, creamos bienes para el consumo pero a la vez debemos cuidar los corazones. ¿De qué nos sirve una vida placentera, sin la capacidad de volver la mirada a aquellos que sufren, sin la conciencia de que todo bienestar está condicionado por viejas y nuevas ideas de lo que es vivir y que es un crimen encerrarnos en cada uno para disfrutar en aislamiento lo que otros han creado?

La hostilidad con que el pensamiento capitalista ha conformado nuestra humanidad nos conmina a refugiarnos en nosotros mismos, por ejemplo: a disfrutar la música que nos gusta pero en soledad o en la limitada complicidad de alguien cercano que siempre nos brindará su anuencia para ayudar a sumirnos en nuestra soledad. Separatidad, diría Fromm ¿No sería mucho mejor compartir las músicas que contribuyen a nuestra comunión con todos, las que llegadas de todos los confines de la tierra, nos ayudarán a entendernos como género humano? ¿Cuánto de verdad pudiera existir en lo que un lejano africano nos dice acerca de su realidad? ¿Cuánto de cierto hay en esas músicas de Asia que la compartimentación a que nos ha sometido el colonialismo, nos ha impedido descifrar?  ¿Cuánta sabiduría hay en la frase rumbera de: Consuélate como yo que yo también tuve un amor y lo perdí?

Los intentos por desencadenar las guerras nos llaman a desarrollar la función del arte para salvación de todos. Acompaño la carta que un padre escribió recientemente a su hijo:

Hijo querido:

Te escribo, como siempre, de pie ante el surco que me espera, con las manos llenas de semillas, sabiendo que el sol es duro, que no tengo arado, que el viento arremete contra mis manos y mi fuerza pero ¿qué hemos de hacer sino andar pues somos seres humanos que nacemos con el deber de velar por los otros para salvar la especie? No es solo la enorme tarea apostólica de propagar sino de hacer lo que a nuestro alcance esté.

Hoy tu madre y yo conversamos, como hemos estado haciendo en estos últimos tiempos, consolidando nuestra unión porque tenemos los mismos propósitos y deberes y terminamos leyendo a Martí.

No ha sido la lectura escolar que busca vencer un examen sino el encuentro con las esencias desde la palabra de un iluminado que se autocritica cuando, ante la fuerza de la vida, ante los brotes que casi con dolor surgen de las ramas, ante el universal e histórico mandato a no descansar, ante la luz cegadora que debemos seguir como camino; se conmueve. Martí, el hombre insignia de América y del mundo, dice en su poema “Medianoche”:

¡Y yo, mozo de gleba, he puesto solo.

Mientras que el mundo gigantesco crece,

Mi jornal en las ollas de la casa!

No tomes estas notas, lo que he escrito y dicho y lo que pudiera escribirte en el futuro como un simple enfrentamiento porque para mí eres una de las joyas preciadas de mi vida. Es solo mi deber de sembrador porque el mundo necesita la siembra frente a la destrucción que la avaricia y el individualismo generan. Mi semilla es mi palabra y tú eres uno entre mis surcos preferidos. No es un simple deber de padre que en sí mismo es inmenso sino mi deber de ser humano que no puede buscar otra cosa que no sea la respuesta al llamado de tantas voces que en el mundo claman.

Amar es luchar. ¿Cómo pudiera ser otra cosa sino el propósito de ayudar a encontrar los caminos? ¿No es amar darse sin reparar en la respuesta? ¿No dijo el Che que, en última instancia, todo acto de un revolucionario es un acto de amor y luego lo demostró con su vida? ¿No es el nombre de Ernesto que tu pequeño lleva, una continuación de los homenajes y una reafirmación de que estamos vivos?

Esta es mi felicidad, la que he aprendido de la historia, la que pienso que debía ser el estandarte de cada uno de los seres humanos que poblamos la tierra, lejos de tanta basura que trata de embotarnos los sentidos.

Sé que la estrella ilumina y mata pero, o la ponemos sobre nuestra frente para lograr entre todos que esa luz trascienda la muerte o sucumbimos ante la rica y ancha avena que nos llena el estómago a algunos y a otros no, la que terminará con matarnos de verdad a toda la especie.

No puedo dejar de pelear, dejaría de ser y a eso no debía renunciar nadie.

Recibe mi más profundo abrazo para ti y para tu familia.

 

Papá

Anécdotas de Chávez: Cuentos del Arañero

Hugo Chávez adolescente

 

Orlando Oramas León y Jorge Legañoa Alonso

“Permítanme siempre estas confidencias muy del alma, porque yo hablo con el pueblo, aunque no lo estoy viendo; yo sé que ustedes están ahí, sentados por allí, por allá, oyendo a Hugo, a Hugo el amigo. No al Presidente, al amigo, al soldado”. Así comienza “Cuentos del Arañero”, cual anticipo de este libro que muestra a Chávez contado por sí mismo.

Descargar el libro aquí 

Más de 300 ediciones del programa Aló Presidente alimentaron la presente compilación; páginas con visos autobiográficos y la impronta de quien ha marcado la historia reciente de Venezuela.

Son muchas las pasiones que se desbordan en el discurso del líder bolivariano: la familia, el béisbol, las Fuerzas Armadas, el culto a los próceres, a los héroes, el amor infinito a Venezuela y, sobre todo, a las amplias masas excluidas.

Es un viaje que inicia en sus raíces en Sabaneta de Barinas, en aquella casita de palma y piso de tierra, con el topochal a mano. “Pobre, pero feliz”. Y la abuela Rosa Inés, la “mamavieja”, la familia, los amigos de la niñez; la vívida estampa de cientos de miles de hogares humildes de los pueblitos del llano.

De entonces el Chávez sensible, observador, que absorbe cual esponja, se nutre de sus orígenes y carga con ellos a través de los años, las vicisitudes y etapas de una vida de batalla.

Por aquellos días se fue forjando el apasionamiento por la historia, que enrumba desde las leyendas familiares, Maisanta, “el último hombre a caballo” y su escapulario más que centenario.

“Por aquí pasó Zamora”, decía la abuela, y la imaginación encandilaba a aquel muchacho que se subía al palo más alto del patio, oteando un horizonte en el que luego redescubrió a Bolívar por los caminos de la Patria.

Porque Hugo Chávez Frías trajo de regreso a Bolívar, lo despojó de la coraza pétrea de las esculturas, lo bajó de los pedestales inmóviles de las plazas, se sumergió junto a él y lo hizo sustancia en el torrente de la gente, que se apropió del nombre, el pensamiento y la obra del Libertador.

El Presidente de Venezuela cuenta como nadie la historia nacional; la interpreta, la explica, hurga en sus protagonistas, batallas, contradicciones, con una visión de interconexión entre el pasado, el presente y el porvenir, con una perspectiva transformadora.

Chávez es un investigador e historiador que trasciende los moldes de la academia. Y ello no hubiera sido posible sin su paso por el cuartel, cual soldado de las “tropas del Ejército Libertador de Venezuela”, como alguna vez le espetó, exigiendo respeto, a un gobernador adeco, corrupto.

Aquel “Bachaco” o “Tribilín” llegó a la Academia Militar, en Caracas, con la ilusión de ser pelotero de Grandes Ligas. Pero, junto al uniforme, los sueños se ensancharon catando de las tradiciones, de la disciplina, de la camaradería y, más que todo, de las injusticias vividas y confrontadas en el cumplimiento del servicio.

Así lo encontramos de subteniente en 1975, en La Marqueseña, Barinas, en las “antiguas tierras del Marqués de Boconó”. Tierras mágicas signadas por senderos de leyendas, combates, sangre derramada y también por lo real maravilloso: “Aquí descubrí un carro un día entre el monte, un Mercedes Benz negro. Lo limpiamos, abrimos el maletero con un destornillador y conseguí un poco de libros de Marx, de Lenin; conseguí este libro por allá, lo leí aquí: ‘Tiempo de Ezequiel Zamora’, de ese gran revolucionario Federico Brito Figueroa. Aquel subteniente Chávez comenzó a leer aquí, comenzó a hablar con los soldados allá”.

Hablar quiere decir forjar conciencias, aunar voluntades, sembrar la semilla del Movimiento Bolivariano que tuvo su juramento en el Samán de Güere y el bautismo de fuego el 4 de febrero de 1992, cuando el “Por ahora” dio la pauta al devenir.

Chávez dialoga, tutea, narra al detalle, se adelanta a veces, va atrás, superpone historias; rompe la lógica gramatical sujeto-verbo-predicado. Es parte de su estilo, su técnica narrativa, con la cual mantiene en vilo, enseña, polemiza, pone a pensar y convence. Se trata, sin lugar a dudas, de un fenómeno de la comunicación directa, cercana, permanente con su pueblo.

Llanero de pura cepa, y orgulloso de serlo, Chávez es también un fabulador. Él asegura que no exagera, pero Fidel Castro, quien lo conoce bien, acuña que su amigo venezolano “rellena”, al menos sobre las historias que involucran a ambos.

Los “rellenos” ocurren, sobre todo, cuando la narración le concierne personalmente. Como la serpiente que, según sus propias palabras, estuvo a punto de devorarlo en su cuna, allá en la casa de piso de tierra de Sabaneta. “A la tragavenado la colgaron del techo y la cola pegaba en el suelo. El grueso era como el de un caucho de carro”, rememora para asegurar: “estoy vivo de broma”.

O aquel caimán del Arauca, que fue creciendo de cuento en cuento, en medio de la credulidad-incredulidad del auditorio. “Cuarenta y cinco metros de largo conté yo a pepa de ojo”.

Entonces la narración gana en intensidad porque el que la cuenta lo hace como si la estuviera viviendo en tiempo real. Así llegan los sonidos: “Pac”, suena cuando su padre bocha la bola criolla; “Ass”, el silbido de la tragavenado; “Uuuh”, los fantasmas de Sabaneta; “Pum”, vuela lejos la chapita; “Ta, ta, ta”, Evo habla que habla; “Ra, ra, ra”, meterle a los gringos cuatro batallones por el flanco; “Uju”, sorpresa.

De la mano del sonido están también los corridos, las coplas, las canciones. “Yo canto muy mal”, confesó públicamente, pero a continuación acotó: “como dijo el llanero aquel, ‘Chávez canta mal, pero canta bonito’”.

Lo cierto es que resulta difícil encontrar a otro jefe de Estado que entone más en público, desde el himno nacional, hasta rancheras, baladas de moda y, sobre todo, las estrofas del cantar folclórico venezolano, del que ha sido campeón promotor. Cantor de pueblo, pues.

Y, ¡claro!, el lenguaje. El del presidente, del líder político, forjador de conciencias, educador, del declamador, del poeta. Pero también el del ciudadano de a pie y más, del veguero de campo adentro. De ahí el uso diáfano de vocablos que forman parte del habla popular, aunque algún diccionario no los reconozca: “jamaqueo”, “choreto”, “jalamecate”, “firifirito”, “espatilla’o”, “esperola’o”, “kilúo”, “arrejuntar”, entre muchos otros.

¿Es cómico?, preguntaba un amigo al conocer de la idea del libro. Chávez es dicharachero, se ríe de sí mismo, celebra el chiste sobre su persona, pero también arranca carcajadas del auditorio cuando pone al adversario en el centro de su colimador. Ya lo dijo en alguno de sus alocuciones: “Revolución es amor y humor”.

Pero “Cuentos del Arañero” es también algo muy serio. Chávez sufre en sus páginas, le duele el dolor del pueblo, del niño que agoniza sin atención médica, que muere porque el capitalismo y los gobernantes a su servicio se la negaron. “¡Es el infierno aquí!”, se lamenta el Presidente, que en los primeros años de su gobierno se consigue la tragedia por doquier, la nefasta herencia de la IV República.

“Como siempre, está la masa del pueblo y yo me echo encima de la masa, me abrazo con ella, sudo con ella, lloro con ella y me consigo. Porque allí está el drama, allí está el dolor, y yo quiero sentir ese dolor, porque solo ese dolor, unido con el amor que uno siente, nos dará fuerzas para luchar mil años si hubiera que luchar”, exclama por aquellos días.

Desde esos tiempos la amistad con Fidel, relación entrañable de una sensibilidad superior. Sobre ello, y más, habría mucho que decir. Pero mejor que lo cuente Chávez, el arañero de Sabaneta.

 Orlando Oramas León

Jorge Legañoa Alonso

Junio de 2012

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