El Profesor

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LA RESPONSABILIDAD: VALOR DE ÉXITO EN TODO PROYECTO.

LA RESPONSABILIDAD: VALOR DE ÉXITO EN TODO PROYECTO.
Domingo Núñez Polanco
Amigos y hermanos muy buenas tardes.
Antes de entrar  en materia permítanme confesarle algo.
Escuchando  a los colegas que me han antecedido en la palabra, por cierto han sido exposiciones brillantes y bien explicitas al alcance de ustedes, solo me resta decirle que mi tema, no mi turno, quedo suficientemente expuesto, tanto por los expositores como por la participación de ustedes en las preguntas y comentarios; de manera que mi turno  lo dedicare  a tratar otros aspectos, que si bien no tienen  relación  directa con  el tema  que me correspondía, no deja de tener cierta importancia y utilidad para lo que aquí se trata hoy.
Entiendo y pido disculpa por introducir una temática que no estaba en agenda, pero me veo en la obligación de pedirle y compartir con ustedes algunas reflexiones  sobre aspectos,  no normativo de la  teoría y práctica del cooperativismo, pero si tienen que ver  con fines  trascendentes con la identidad universal  de los valores  y principios cooperativistas.
Es propio tratarlo ahora  que estamos  en una fase embrionaria  en  la formación de esta cooperativa, Coopsisagro.
Señores, en estos momentos esperanzadores  pero preocupantes de la historia de este nuevo siglo, asistimos al fenómeno de la “globalización” tanto económica como cultural, donde se nos quiere imponer  un  “pensamiento único” para legitimar  su justificación. Se intenta  acuñar en   las conciencias de millones de seres humanos, utilizando poderosísimos  resortes  de influencia, persuasión, manipulación, como  nunca se conocieron en la historia de la humanidad; nos referimos  a  los medios masivos de comunicación, la tv, la radio, los medios impresos, etc.
Urgente  es la necesidad imperiosa de promover el conocimiento sobre un tema  tan trascendente, cuando la sociedad necesita  cambios  profundos en función de hacer emerger un nuevo  modo de vida, para enfrentar la globalización, la pluricultura, y las  transformaciones  que la posmodernidad  impone con su ausencia de valores  éticos.
El compromiso de los que tenemos funciones de dirigir, es asumir la tarea  de educadores  como tales  para ayudar a desvelar, discernir, alertar, patentar, poner a prueba  los valores y anti valores, de  forma crítica y constructiva.
Quizás algunos de ustedes estén pensando que nos estamos metiendo para lo hondo, una especie de filosofar profundo con el tema que hemos improvisado aquí esta tarde.Pero, sucede que el tema de por si, por su naturaleza  es profundo; ahora, lo que nos corresponde  es hacer un esfuerzo para ponerlo al  alcance de ustedes.

Óiganme, la dinámica actual  del  hombre en esta  compleja  sociedad  de hoy día, lo envuelve en una   vorágine desconcertante que lo hace dudar de cuál será la meta  para obtener la plenitud de vida total  a la que todos aspiramos.
Es precisamente  aquí, en este punto  de desconcierto, de frustración, de futuro incierto, de las pérdidas  de las esperanzas  que experimentan las personas, donde la puerca retuerce el rabo.
En este punto crítico, donde al  ciudadano  lo asalta la desconfianza, lo hace dudar de todos y de todas  las propuestas  para un cambio de vida;  Es aquí donde los lideres, los comprometidos  con las sanas y buenas causas de la sociedad  tienen que asumir con responsabilidad  su papel  de orientadores.
Educar  en valores y asumir principios de vida  con procederes que den coherencia  al pensar y a la acción dando  prioridad  a las necesidades existenciales del hombre los cuales abarcan mucho más allá del ámbito del conocimiento.
Amigos míos, esto no es tan complicado de entender, solo poner  un poquito  de atención  y pensar en nuestra cotidianidad, en nuestro entorno, en nuestra gente, nuestros vecinos, amigos, el pulpero de la esquina, en el cura, el maestro, el policía, en fin de todo lo que está a nuestro alcance.
Hablamos de educación en valores  y de la necesidad existencial del  hombre y quiero que sepan que esto no es nada del otro mundo.
Educar en valores no es más que contribuir al desarrollo global  de cada persona: que aprendan cuidar y desarrollar su mente, su inteligencia desde el punto de vista humano, sientan sensibilidad por el débil, el sufrido; adquieran responsabilidad individual, espiritualidad y sentido  estético de la vida. Es decir, una educación ciudadana, con sentido para enseñar a vivir y a convivir. 
Una formación que contribuya a sacarnos de este vivir  de la inmediatez, para profundizar en las raíces de los principios universales, familiares y personales. Educar el conocimiento y a la vez el interior de las personas.
Las necesidades existenciales del hombre no son más que educarlo para la vida, a motivarlo a escudriñar  lo valioso que tiene el vivir, y enrumbarlo por un camino de compromiso  hacia la consecución de sus más elevados ideales. 
Debemos preocuparnos y conseguir el surgimiento de un hombre nuevo, para una nueva sociedad, por medio de una adecuada educación formativa.

La responsabilidad.

Hace un momentito hablamos de responsabilidad  y  quiero detenerme un poco  en este punto.
Desde el punto vista conceptual y práctico, responsabilidad  es capacidad de percibir la obligación tanto individual como colectiva.  Es la repuesta a cada situación  y esta va a depender  de la  amplitud de espíritu  de cada persona, al  rol individual que le toca cumplir, siempre en relación con la sociedad a la que pertenece; siempre la responsabilidad hace referencia a algo, o a alguien.
Los problemas sociales, familiares y mundiales, de alguna manera pueden ser considerados como parte de un problema personal, algo que corresponde a quien forma parte de un universo global. El hecho está  en cómo se aborda cada uno de esos problemas  para involucrarse  o no, y aceptar  sus consecuencias.
El cooperativismo o más bien la educación cooperativista  ayuda mucho  en este asunto de la responsabilidad en virtud de que la educación cooperativa  promueve la responsabilidad en cuanto que incluye saber enseñar como los otros deben ser responsables; hacerles comprender el valor  de la responsabilidad y todas las consecuencias  que se derivan de ello, por el hecho de vivir, convivir en una sociedad.
La experiencia práctica, el valor de la responsabilidad, en el cooperativismo va apareciendo y se va sociabilizando a través del tiempo, del paso de los años, al ir adquiriendo la madurez moral producto de la educación en el ámbito de los principios y valores del cooperativismo, esta misma experiencia puede ser emulada por la sociedad en su conjunto                                   
En el cooperativismo, las dos dimensiones de este campo valorativo, responsabilidad individual y colectiva, pretende que el sujeto asuma su propia responsabilidad  de si, y al mismo tiempo corresponsable de los demás..”Los problemas de la humanidad, son también problemas míos, son mi corresponsabilidad.”
Ciertamente, esa otra responsabilidad  que entra al campo de lo existencial, la de pensar y sentir que los problemas de los otros también forman parte de los propios y aquí es donde está el punto de partida de los valores de solidaridad. Valor capital en el cooperativismo.
La educación de la responsabilidad como valor global, es pertinente precisar, que valores y actitudes se   deberá desarrollar  en los ciudadanos.
Además, la responsabilidad implica respeto por lo demás, Habrá que educar la sensibilidad  antes los problemas sociales  tanto a nivel regional y mundial.
La responsabilidad implica exigencia, esfuerzo personal para tomar iniciativas,  crear y producir ideas para el bien colectivo.
No hay tarea más digna que la de contribuir a humanizar, a hacer personas libres, autónomas, creativas, comprometidas críticamente en la elaboración de un proyecto  personal de vida valioso…
Señores, nos acercamos aceleradamente al fin de una era. Se trata de un proceso que ya se ha iniciado.
Las crisis financiera, alimentaria y ambiental están convirtiendo la vida de los seres humanos en una penuria constante. Hemos llegado al punto en el que la vida, lejos de disfrutarse, se sufre.
Y se sufre más allá de la posición económica de cada uno, no sólo sufre el pobre, sino también quien tenga conciencia de la realidad social y ambiental, es muy difícil ser plenamente feliz, sabiendo que miles de niños mueren cada hora por no poder acceder a unos pocos litros de agua potable, o que muchos millones padecen hambre crónica a lo largo de toda su corta vida.
Pienso que esta lucha de llevar estos temas trascendentes al alcance de las grandes mayorías, no pude ni debe cesar.
Me da miedo pensar  que muchos,  después  de tanto  batallar frente a la infinita injusticia de nuestra era, corremos el riesgo de perder nuestra sensibilidad, de acorazar demasiado nuestro corazón.
Corremos el riesgo de dejar de sentir amor por el prójimo, por la madre naturaleza, por la vida, de ahí que es necesario asumir con responsabilidad la tarea de una educación en valores.
Recientemente estaba leyendo un texto y me encontré con un párrafo que sinceramente me cautivo.
No hice más que memorizarlo. Y lo voy a compartir con ustedes, ahí le va:
“Abramos nuestra mente, volvamos a sentir la lluvia en la cara y el barro en los pies. El frío, el calor.
El canto de un pájaro, el perfume de una flor y el silencio.
Abramos nuestro corazón y volvamos a sentir el dolor de la injusticia, de los niños que mueren de hambre y sed.
Y luego volvamos a pensar cada cosa de las que como autómatas hacemos cada día. Volvamos a encontrar el sentido de nuestras vidas”
Señores, en esta  parte introductoria de mi exposición  o más bien podríamos decir de estas reflexiones que estoy compartiendo con ustedes, era necesario bordear aunque fuera de lejitos eso de la educación y formación en valores y quiero que sepan que aquí hay mucha tela que cortar, pero eso será tema para otra oportunidad.
Pero ahora de lo que se trata y debemos hablar es de este mundo  cambiante y complejo lleno de muchas necesidades, dificultades, precariedades; ustedes mismos que son la mayoría pequeños y medianos productores, estan con el grito al cielo: Insumos caros, insuficiencia de recursos financieros para prestarlo a la agropecuaria, caminos vecinales deteriorados, problemas de comercialización  de los  rublos agrícolas, falta de asistencia  técnica y capacitación para la competitividad, así,  entre otras  diversas  inquietudes.
Ciertamente, el hombre desde los comienzos   de la historia, desde los tiempos de Dios, ha luchado, se ha organizado, por la necesidad de cambio. Por un bienestar de vida.
En los tiempos modernos,el hombre se organiza y lucha por necesidades básicas como tener: salud, medicina, vivienda, comida y educación…
 Por ahí hay una expresión que dice: “querer es poder”,  y  eso es tan cierto como decir que hay un Dios.
Muchos de nosotros,  con frecuencia, vemos nuestros sueños, planes y proyectos, las cosas que queremos alcanzar, la vemos como algo en un mundo aparentemente lejano y extraño, difícil de alcanzar.
Pero quiero que sepan, que en el interior de cada ser humano, dentro de cada uno de nosotros, albergamos unas energías, que si nos educamos para dominarlas, podemos tener la posibilidad de   programar el presente y cambiar el futuro, de decidir  entre la enfermedad y la salud, entre el éxito o el fracaso, entre la abundancia y las escases.

Dicen los que saben de estas cosas  que las personas no usan todo el potencial del cerebro humano.

Todavía estamos a tiempo para tomar el camino correcto para mejorar nuestras condiciones de vida.  Prueba de ello es la presencia de ustedes aquí esta tarde.
Cabe preguntarnos; Porque estamos reunidos aquí? ¿Qué propósitos nos unifica para estar juntos aquí? 
Organizase  en una cooperativa, para  mejorar las condiciones de vida y juntos enfrentar y buscar soluciones a los problemas que les afectan.
Esto de formar parte de este proyecto de Coopsisagro es  un gran paso de avance en la búsqueda del camino viable y factible para alcanzar una vida más plena. 
Ahora bien,  quiero que sepan  que el éxito del proyecto  Coopsisagro, no solo va a depender  de nosotros  que vinimos hoy aquí  y recuerden que siempre estaremos aquí  con ustedes, repito el éxito no solo dependerá de nosotros, sino que  también va a depender de la actitud y el compromiso, la responsabilidad que cada uno de ustedes asuman  con este  proyecto que es su proyecto, un plan de bien común para beneficios de toda esta comunidad.
Y fíjense ustedes como de nuevo surge la palabra responsabilidad, la importancia que tiene si la ponemos en práctica, para hacer exitosa esta idea de la cooperativa. 
Si, ciertamente, para que  este proyecto  cooperativo sea exitoso, si queremos que sea viable en esta comunidad  y más allá,  debemos asumir una postura de honestidad, de carácter, de fe, de integridad y lealtad con el proyecto  de  la cooperativa.
La responsabilidad no es más que la honestidad, el carácter, la fe, la integridad y la lealtad que al mismo tiempo son las piedras angulares  que garantizan el éxito de cualquier plan, no solo el de una cooperativa, sino   cualquiera idea en que nos embarquemos en la vida.
                                                                                                                                                   
Ojo, recuerden, Si sacrificamos  en parte cualquiera de estos principios, obtendríamos para nuestro proyecto  solo una limosna de todo lo que nos puede  ofrecer.
Estoy de acuerdo con alguien que dijo: “Se alcanza la cumbre manteniéndose recto.”   Si hermanos y amigos, Con este proyecto tenemos que ser recto, asumir una actitud de compromiso  si en verdad queremos alcanzar la meta.
Desearía poder contarle la historia  de muchas   personas  aparentemente de éxito, persuasivas, talentosas  –incluso brillantes- que he oído-  Y por lo común van apenas a un paso adelante del cobrador y con frecuencia a solo dos pasos delante de la ley.  Siempre están buscando “una ventaja”, el  “dinero fácil”.  
Estas personas, Jamás parecen comprender que el uso adecuado del talento propio  es lo que ayuda a avanzar, a progresar  más allá que los demás.
Aquí todos tenemos algo  de talento y virtud.
El hecho de que ustedes estén aquí, hoy sábado, dejando otros compromisos, para estar en este encuentro,   dice que en ustedes hay algo de talento, de compromiso  y cuidado si más de lo que muchos de ustedes se imaginan.
Ahora bien, ese talento, esa virtud, esa fuerza que nos inspira, nos motiva, tenemos que organizarla, orientarla, Seguir una dirección correcta. Un camino correcto para poner, por lo menos, un granito de arena en la formación de la cooperativa, 
Recuerdo ahora, una historia que le  escuché alguien contar:
Dos jóvenes se perdieron en un camino rural, vieron a un viejo granjero y detuvieron el auto para preguntarle: “Señor, Puedes decirnos a donde lleva este camino? “Sin dudar un momento, el granjero respondió: “hijos, este camino los llevara a cualquier parte del  mundo que quieran ir, con tal de que vayan en la dirección correcta”.
De modo, que el proyecto cooperativo  y otros proyectos  que  emprendamos, para ser exitoso, alcanzar la meta, debemos darle una dirección correcta.
El proyecto de la cooperativa  tenemos  que verlo como una escalera que nos conducirá  hacia la cumbre, hacia al éxito. Donde  el brazo de la escalera,  es de donde nos agarraremos para ascender, lo cual representa: honestidad, carácter, fe, integridad y lealtad.
Y cada escalón de esa escalera, son pasos que tenemos que dar, bien seguro, claro y bien orientado, para no pisar en falso, para esta ocasión vamos asumir que la escalera tiene seis  pasos: Imagen propia, su relación con otros, Objetivos, Actitud, trabajo, deseo.
Siempre el ser humano desea tener: amistades, crecimiento, salud, dinero, felicidad, paz, seguridad, tiempo libre, oportunidad, amor. Estas son las motivaciones primarias que todo ser humano considera vitales para su existencia. Por lo tanto, hay que definir muy bien y darle una fuerte orientación  hacia los objetivos; que queremos? Y como lo lograremos?
De la misma manera que para construir  una casa se necesita un plan, así mismo  se necesita para formar una organización, incluso hasta para  construir una vida.
De manera pues  que si asumimos una actitud mental “correcta” y  dispuesto a trabajar, comprobaremos  lo que siempre sea expresado:” El precio del éxito es mucho mas bajo que el del fracaso”.
Afortunadamente, ya tenemos  todas esas  características necesarias para alcanzar el éxito o por lo menos podemos desarrollarla:   algo de carácter, de fe, integridad, y lealtad.  
Sucede que dentro de nosotros y dentro del propio grupo hay fuerzas poderosas que si la usamos correctamente, si nos organizamos debidamente podemos hacer grandes cosas.
Y volviendo con las historias les contare una que leí hace varios días:”En una ciudad de los  EEUU, Oklahoma  en la propiedad de  un viejo Indio   apareció petróleo.
El buen indio, ya rico se compro un cadillac, dentro del auto, en su motor, se encontraban cien caballos de fuerza  –listos, dispuestos, capaces y ansiosos por arrancar–, pero el viejo, al no saber conducir el auto  utilizaba solo dos caballos, animales, para arrastrar el auto, como si fuera  una carreta, así se paseaba por el pueblo, solo con dos caballos en el exterior; cuando en realidad  el cadillac  tenía en su interior 100 caballos.
Muchas personas cometen el mismo error de buscar afuera dos caballos  cuando en realidad  adentro tienen más de cien.
Eso es tan así que alguien dijo una vez: “la mayor tragedia de América no es el gran desperdicio de recursos naturales, aunque ya es trágico. La mayor tragedia es el desperdicio de recursos humanos”. 
Por igual un gran músico Norte Americano en una ocasión dijo: “que las personas promedio llega a la tumba llevando todavía su propia música sin tocar.
Así, las melodías más hermosas de todas son aquellas que no se han interpretado”.
Muchas gracias a todos.
 
 

Prólogo de Fidel al Diario del Che en Bolivia

Una introducción necesaria

English: Che Guevara smoking a pipe at his gue...

English: Che Guevara smoking a pipe at his guerrilla base in Caballete de Casas, Cuba (in the Escambray Mountains) during the final months of the Cuban Revolution. (Photo credit: Wikipedia)

Era costumbre del Che en su vida guerrillera anotar cuidadosamente en un Diario personal sus observaciones de cada día. En las largas marchas por terrenos abruptos y difíciles, en medio de los bosques húmedos, cuando las filas de los hombres, siempre encorvados por el peso de las mochilas, las municiones y las armas, se detenían un instante a descansar, o la columna recibía la orden de alto para acampar al final de fatigosa jornada, se veía al Che -como cariñosamente lo bautizaron desde el principio los cubanos- extraer una pequeña libreta y con su letra menuda y casi ilegible de médico, escribir sus notas.

Lo que pudo conservar de esos apuntes le sirvió luego para escribir sus magníficas narraciones históricas de la guerra revolucionaria en Cuba, llenas de contenido revolucionario, pedagógico y humano.

Esta vez, gracias a aquel invariable hábito suyo de ir anotando los principales hechos de cada día, podemos disponer de una información pormenorizada, rigurosamente exacta e inapreciable de aquellos heroicos meses finales de su vida en Bolivia.

Esas anotaciones, no escritas propiamente para la publicación, le servían como instrumento de trabajo para la evaluación constante de los hechos, las situaciones y los hombres, a la vez que daban cauce a las expresiones, de su espíritu profundamente observador, analítico, y muchas veces matizado de fino humorismo. Están sobriamente redactadas y poseen ininterrumpida coherencia desde el principio hasta el fin.

Téngase en cuenta que fueron escritas en los ratos escasísimos de descanso, en medio de épico y sobrehumano esfuerzo físico y de sus agotadoras obligaciones como jefe de un destacamento guerrillero en la difícil etapa de los comienzos de una lucha de esta naturaleza, que se desenvolvía en condiciones materiales increíblemente duras, lo que revela una vez más su estilo de trabajo y su voluntad de hierro.

En este Diario, al analizar en detalle los incidentes de cada día, se hacen constar faltas, críticas y recriminaciones que son propias e inevitables en el desarrollo de una guerrilla revolucionaria.

En el seno de un destacamento guerrillero esas críticas se tienen que producir incesantemente, sobre todo en la etapa en que está constituido sólo por un pequeño núcleo, enfrentados a condiciones materiales sumamente adversas y a un enemigo infinitamente superior en número, cuando el menor descuido o la más insignificante falta pueden resultar fatales y el jefe debe ser exhaustivamente exigente, a la vez que utilizar cada hecho o episodio, por insignificante que parezca, para educar a los combatientes y futuros cuadros de los nuevos destacamentos guerrilleros.

El proceso de formación de la guerrilla es un incesante llamado a la conciencia y al honor de cada hombre. El Che sabía tocar las fibras más sensibles de los revolucionarios. Cuando Marcos, reiteradamente amonestado por el Che, fue advertido de que podía ser expulsado deshonrosamente de la guerrilla, respondió:

“¡Antes fusilado!” Más adelante dio su vida heroicamente. Similar fue el comportamiento de todos los hombres en los que puso su confianza y a los cuales se vio en la necesidad de amonestar por alguna u otra causa en el transcurso de la lucha. Jefe fraternal y humano sabía también ser exigente y en ocasiones severo; pero lo era en primer lugar y en mayor grado que con los demás, consigo mismo. Che basaba la disciplina en la conciencia moral del guerrillero y en la fuerza tremenda de su propio ejemplo.

El Diario contiene también numerosas referencias a Debray y evidencian la enorme preocupación que suscitó en el Che el arresto y encarcelamiento del escritor revolucionario a quien había encomendado una misión en Europa, aunque en el fondo habría deseado que aquél permaneciera en la guerrilla. Por eso manifiesta cierta inconformidad, y en ocasiones algunas dudas, sobre su comportamiento.

Che no tuvo posibilidad de conocer la odisea vivida por Debray en las garras de los cuerpos represivos y la actitud firme y valerosa mantenida por este ante sus captores y torturadores.

Destacó, sin embargo, la enorme importancia política del proceso, y, el 3 de octubre, seis días antes de su muerte, en medio de amargos y tensos sucesos, consigna: “Se escuchó una entrevista de Debray muy valiente frente a un estudiante provocador”, siendo ésta su última referencia al escritor.

Como en este Diario la Revolución Cubana y sus relaciones con el movimiento guerrillero aparecen reiteradamente señaladas, algunos pudieran interpretar que su publicación por nuestra parte constituye un acto de provocación que dará argumentos a los enemigos de la Revolución y a los imperialistas yanquis y sus aliados, los oligarcas de América Latina, para redoblar sus planes de bloqueo, aislamiento y agresión a Cuba.

A los que así juzgan los hechos, es bueno recordarles que el imperialismo yanqui no ha necesitado nunca de pretextos para perpetrar sus fechorías en cualquier lugar del mundo y que sus esfuerzos para aplastar la Revolución Cubana se iniciaron desde la primera ley revolucionaria promulgada en nuestro país, por el obvio y conocido hecho de que ese imperialismo es el gendarme de la reacción mundial, promotor sistemático de la contrarrevolución y protector de las estructuras sociales más retrógadas e inhumanas que subsisten en el mundo.

La solidaridad con el movimiento revolucionario puede ser tomada como pretexto, pero nunca será la causa de las agresiones yanquis. Negar la solidaridad para negar el pretexto es ridícula política de avestruz, que nada tiene que ver con el carácter internacionalista de las revoluciones sociales contemporáneas. Dejar de solidarizarse con el movimiento revolucionario no es negarle un pretexto sino solidarizarse de hecho con el imperialismo yanqui y su política de dominio y esclavización del mundo.

Cuba es un pequeño país de economía subdesarrollada, como todos los que fueron durante siglos dominados y explotados por el colonialismo y el imperialismo, situada sólo a 90 millas de las costas deEstados Unidos, con una base naval yanqui en su propio territorio, que se enfrenta a numerosos obstáculos por llevar a cabo su desarrollo económico-social. Grandes peligros se han cernido sobre nuestra Patria desde el triunfo de la Revolución, pero no por ello conseguirá el imperialismo doblegarla, sin que deban importarnos las dificultades que una línea revolucionaria consecuente pueda conllevar.

Desde el punto de vista revolucionario la publicación del Diario del Che en Bolivia no admite alternativa. El Diario del Che quedó en poder de Barrientos, que de inmediato entregó copia a la CIA, al Pentágono y al gobierno de Estados Unidos. Periodistas allegados a la CIA tuvieron acceso al documento en la propia Bolivia y sacaron copias fotostáticas del mismo, aunque con el compromiso de abstenerse, por el momento, de publicarlo.

El gobierno de Barrientos y los más altos jefes militares tienen sobradas razones para no publicar el Diario, donde se puede constatar la inmensa incapacidad de su ejército y las incontables derrotas que sufrieron en manos de un puñado de guerrilleros decididos que en unas pocas semanas le arrebató en combate cerca de doscientas armas.

Che describe además a Barrientos y su régimen en los términos a que es acreedor con palabras que no podrán borrarse de la historia.

Por otro lado, el imperialismo tenía también sus razones: Che y su ejemplo extraordinario cobran fuerza cada vez mayor en el mundo. Sus ideas, su retrato, su nombre, son banderas de lucha contra las injusticias entre los oprimidos y los explotados y suscitan interés apasionado entre los estudiantes y los intelectuales de todo el mundo.

En los propios Estados Unidos el movimiento negro y los estudiantes progresistas, que son cada vez más numerosos, han convertido en algo suyo la figura del Che. En las manifestaciones más combativas por los derechos civiles y contra la agresión a Vietnam, sus retratos son esgrimidos como emblemas de lucha. Pocas veces en la historia, o tal vez nunca, una figura, un nombre, un ejemplo, se han universalizado con tal celeridad y apasionante fuerza. Es que el Che encarna en su forma más pura y desinteresada el espíritu internacionalista que caracteriza al mundo de hoy y cada vez al de mañana.

De un continente oprimido ayer por las potencias coloniales, explotado hoy y mantenido en el retraso y en el subdesarrollo más inicuo por el imperialismo yanqui, surge esa singular figura que se convierte en aliento universal de lucha revolucionaria hasta en las propias metrópolis imperialistas y colonialistas.

Los imperialistas yanquis temen la fuerza de ese ejemplo y todo lo que pueda contribuir a divulgarlo. Es el valor intrínseco del Diario, expresión viva de una personalidad extraordinaria, lección guerrillera escrita al calor y la tensión de cada día, pólvora inflamable, demostración real de que el hombre latinoamericano no es impotente frente a los esclavizadores de pueblos y sus ejércitos mercenarios, lo que les ha impedido hasta hoy darlo a la publicidad.

Pudieran estar también interesados en que este Diario no se conociera nunca. Los seudorrevolucionarios, oportunistas y charlatanes de toda laya, que autoconceptuándose marxistas, comunistas y otros títulos por el estilo, no han vacilado en calificar al Che de equivocado, aventurero, y cuando más begnignamente, idealista, cuya muerte es el canto de cisne de la lucha armada revolucionaria en América Latina. “¡Si el Che -exclaman-, máximo exponente de esas ideas y experimentado guerrillero, fue muerto en las guerrillas y su movimiento no liberó a Bolivia, eso demuestra cuán equivocado estaba…!” ¡Cuántos de estos miserables se habrán alegrado de la muerte del Che, sin sonrojarse siquiera de pensar que sus posiciones y razonamientos coinciden por entero con los de los oligarcas más reaccionarios y el imperialismo!

De este modo se justifican a sí mismos, o justifican a dirigentes traidores que en determinado momento no vacilaron en jugar a la lucha armada con el verdadero propósito -según se pudo ver luego- de destruir a los destacamentos guerrilleros, frenar la acción revolucionaria e imponer sus vergonzosas y ridículas componendas políticas, porque eran absolutamente incapaces de ninguna otra línea; o a los que no quieren combatir, ni combatirán jamás, por el pueblo y su liberación y han caricaturizado las ideas revolucionarias haciendo de ellas opio dogmático sin contenido ni mensaje a las masas, y convertido las organizaciones de lucha del pueblo en instrumentos de conciliación con los explotadores internos y externos, y propugnadoras de políticas que no tienen nada que ver con los intereses reales de los pueblos explotados en este continente.

Che contemplaba su muerte como algo natural y probable en el proceso y se esforzó en recalcar, muy especialmente en sus últimos documentos, que esa eventualidad no impediría la marcha inevitable de la revolución en América Latina. En su mensaje a la Tricontinental reiteró ese pensamiento: “Toda nuestra acción es un grito de guerra contra el imperialismo… En cualquier lugar que nos sorprenda la muerte, bienvenida sea, siempre que ese, nuestro grito de guerra, haya llegado hasta un oído receptivo y otra mano se tienda para empuñar nuestras armas”.

Se consideró a sí mismo soldado de esa revolución, sin preocuparle en absoluto sobrevivir a ella. Los que ven en el desenlace de su lucha en Bolivia el fracaso de sus ideas, con el mismo simplismo pudieran negar la validez de las ideas y las luchas de todos los grandes precursores y pensadores revolucionarios, incluidos los fundadores del marxismo, que no pudieron culminar la obra y contemplar en vida los frutos de sus nobles esfuerzos.

En Cuba, ni la muerte en combate de Martí y de Maceo, a las que siguió más tarde la intervención yanqui cuando finalizaba la Guerra de Independencia, frustrando en lo inmediato el objetivo de sus luchas, ni la de brillantes propugnadores de la revolución socialista como Julio Antonio Mella, asesinado por agentes al servicio del imperialismo, pudieron impedir a la larga el triunfo de un proceso que comenzó hace cien años, y nadie en absoluto podría poner en duda la profunda justeza de la causa y la línea de lucha de aquellos próceres, ni la vigencia de sus ideas esenciales que inspiraron siempre a los revolucionarios cubanos.

En el Diario del Che se pueden apreciar cuán reales eran sus posibilidades de éxito y cuán extraordinario el poder catalizador de la guerrilla, como él consigna en sus apuntes. En cierta ocasión, ante los evidentes síntomas de debilidad y rápido deterioro del régimen boliviano, expresó: “El gobierno se desintegra rápidamente, lástima no tener cien hombres más en este momento”.

Che conocía por su experiencia en Cuba cuántas veces nuestro pequeño destacamento guerrillero estuvo a punto de ser exterminado. Pudo ocurrir así en dependencia casi absoluta de los azares e imponderables de la guerra, mas, tal eventualidad, ¿habría dado a nadie el derecho a considerar errónea nuestra línea y tomarla además como ejemplo para desalentar a la revolución e inculcar en los pueblos la impotencia? ¡Muchas veces en la historia los procesos revolucionarios estuvieron precedidos de episodios adversos! Nosotros en Cuba, ¿no tuvimos acaso la experiencia del Moncada apenas seis años antes del triunfo definitivo de la lucha armada del pueblo?

Para muchos, entre el 26 de julio de 1953, ataque al Cuartel Moncada en Santiago de Cuba, y el 2 de diciembre de 1956, desembarco del “Granma”, la lucha revolucionaria en Cuba frente a un ejército moderno y bien armado carecía de toda perspectiva y la acción de un puñado de luchadores era vista como quimera de idealistas e ilusos “que estaban profundamente equivocados”. La derrota aplastante y la dispersión total del inexperto destacamento guerrillero el 5 de diciembre de 1956 pareció confirmar por entero los pesimistas augurios… Pero, sólo 25 meses después, los restos de aquella guerrilla habían desarrollado ya la fuerza y experiencia necesarias para aniquilar aquel ejército.

Para no luchar habrá siempre sobrados pretextos en todas las épocas y en todas las circunstancias, pero será el único camino de no obtener jamás la libertad. El Che no sobrevivió a sus ideas, pero supo fecundarlas con su sangre. Con toda seguridad sus críticos seudorrevolucionarios, con su cobardía política y su eterna falta de acción, sobrevivirán a la evidencia de su propia estupidez.

Es notable, como se verá en el Diario, que uno de esos especímenes revolucionarios que ya van siendo típicos en América Latina, Mario Monje, esgrimiendo el título de Secretario del Partido Comunista de Bolivia, pretendió discutirle al Che la jefatura política y militar del movimiento. Y puesto que alegó, además, el propósito de renunciar previamente para ello a su cargo partidista, a su juicio, por lo visto, le bastaba el título de haberlo sido para reclamar tal prerrogativa.

Mario Monje, por supuesto, no tenía ninguna experiencia guerrillera ni había librado jamás un combate, sin que por otro lado su autoconceptuación de comunista lo obligase siquiera a prescindir del grosero y mundano chovinismo que ya habían logrado superar los próceres que lucharon por la primera independencia.

Con semejante concepto de lo que debe ser la lucha antimperialista en este continente, tales “jefes comunistas” no han rebasado siquiera el nivel internacionalista de las tribus aborígenes que sojuzgaron los colonizadores europeos en la época de la conquista.

Así, el jefe del Partido Comunista de un país que se llama Bolivia, y su capital histórica, Sucre, en honor de sus primeros libertadores que eran venezolanos uno y otro, que tuvo la posibilidad de contar para la definitiva liberación de su pueblo con la cooperación del talento político, organizador y militar de un verdadero titán revolucionario, cuya causa por demás no se limitaba a las fronteras estrechas, artificiales e incluso injustas de ese país, no hizo otra cosa que entrar en vergonzosos, ridículos e inmerecidos reclamos de mando.

Bolivia, por no tener salida al mar necesita más que ningún otro país, para su propia liberación, sin tener que exponerse a un atroz bloqueo, del triunfo revolucionario de los vecinos. Che era, además, por su prestigio enorme, su capacidad y su experiencia, el hombre que habría podido acelerar ese proceso.

Che había establecido relaciones con dirigentes y militantes del Partido Comunista boliviano, desde antes de producirse en el mismo la escisión, recabando de ellos la ayuda para el movimiento revolucionario en América del Sur. Algunos de esos militantes, autorizados por el Partido, trabajaron con él durante años en diversas tareas. Al producirse la escisión en dicho Partido, se creó una situación especial puesto que varios militantes de los que habían estado trabajando con él quedaron ubicados en uno u otro grupo. Pero Che no concebía la lucha en Bolivia como un hecho aislado sino como parte de un movimiento revolucionario de liberación que no tardaría en extenderse a otros países de América del Sur. Era su propósito organizar un movimiento sin espíritu sectario, para que a él se incorporasen todos los que quisieran luchar por la liberación de Bolivia y demás pueblos sojuzgados por el imperialismo en América Latina. Pero en la fase inicial de preparación de la base guerrillera venía dependiendo fundamentalmente de la ayuda de un grupo de valiosos y discretos colaboradores que al producirse la escisión habían permanecido en el Partido de Monje. Fue por deferencia con ellos que invitó, en primer término, a éste, a visitar su campamento, aunque ciertamente no experimentaba hacia él ninguna simpatía. Después invitó a Moisés Guevara, líder minero y político que se había separado de aquel Partido para cooperar en la formación de otra organización, y que luego también se había marginado de ella inconforme con Oscar Zamora, otro Monje que hacía algún tiempo se había comprometido con el Che a trabajar en la organización de la lucha armada guerrillera en Bolivia, rehuyendo después los compromisos y cruzándose cobardemente de brazos a la hora de la acción, para convertirse con posterioridad a su muerte en uno de sus más venenosos críticos, en nombre del “marxismo-leninismo”. Moisés Guevara se unió sin vacilación al Che, como le había ofrecido desde mucho antes de que éste llegara a Bolivia, le brindó su apoyo y entregó su vida heroicamente a la causa revolucionaria.

Otro tanto hizo el grupo de guerrilleros bolivianos que había permanecido hasta entonces en la organización de Monje. Dirigidos por Inti y Coco Peredo, que después demostraron ser valerosos y destacados combatientes, se apartaron de aquél y respaldaron decididamente al Che. Pero Monje, no satisfecho del resultado, se dedicó a sabotear el movimiento, interceptando en La Paz a militantes comunistas bien entrenados que iban a unirse a las guerrillas. Estos hechos demuestran cómo existen en las filas revolucionarias hombres bien dotados de todas las condiciones necesarias para la lucha, cuyo desarrollo es criminalmente frustrado por dirigentes incapaces, charlatanes y maniobreros.

Che fue hombre al que nunca le interesaron personalmente cargos, mandos ni honores, pero estaba firmemente convencido de que en la lucha revolucionara guerrillera -fundamental forma de acción para la liberación de los pueblos de América Latina, partiendo de la situación económica, política y social de casi todos los países latinoamericanos- el mando militar y político de la guerrilla debía estar unificado y que la lucha sólo podía ser dirigida desde la guerrilla y no desde cómodas y burocráticas oficinas urbanas. Y en este punto no estaba dispuesto a transigir, ni a entregarle a un inexperto seso-hueco de estrechas miras chovinistas el mando de un núcleo guerrillero destinado a desenvolver en su ulterior desarrollo una lucha de amplia dimensión en América del Sur. Che consideraba que ese chovinismo, que muchas veces infecta a los propios elementos revolucionarios de los diversos países de América Latina, debía ser combatido como un sentimiento reaccionario ridículo y estéril. “Que se desarrolle un verdadero internacionalismo proletario -dijo en su mensaje a la Tricontinental-… la bandera bajo la que se luche sea la causa sagrada de la redención de la humanidad, de tal modo que morir bajo las enseñas de Vietnam, de Venezuela, de Guatemala, de Laos, de Guinea, de Colombia, de Bolivia…, para citar sólo los escenarios actuales de la lucha armada, sea igualmente gloriosa y deseable para un americano, un asiático, un africano, y aún, un europeo. Cada gota de sangre derramada en un territorio bajo cuya bandera no se ha nacido, es experiencia que recoge quien sobrevive para aplicarla luego a la lucha por la liberación de su lugar de origen. Y cada pueblo que se libere es una fase de la batalla por la liberación del propio pueblo que se ha ganado”.

Che pensaba igualmente que en el destacamento guerrillero participasen combatientes de distintos países latinoamericanos y que la guerrilla en Bolivia fuese escuela de revolucionarios que harían su aprendizaje en los combates. A su lado quiso tener para ayudarlo en esa tarea, junto a los bolivianos, un pequeño núcleo de guerrilleros con experiencia, que habían sido casi todos compañeros suyos en la Sierra Maestra, durante la lucha revolucionaria en Cuba, cuya capacidad, valor y espíritu de sacrificio conocía. De esos hombres ninguno vaciló en responder a su solicitud, ninguno lo abandonó y ninguno se rindió.

Che actuó en su campaña de Bolivia con el tesón, la maestría, el estoicismo y la ejemplar actitud que eran proverbiales en él. Puede decirse que impregnado de la importancia de la misión que se había asignado a sí mismo, procedió en todo instante con un espíritu de responsabilidad irreprochable. En aquellas ocasiones en que la guerrilla cometía algún descuido, se apresuraba en advertirlo y enmendarlo, consignándolo en su Diario.

Factores adversos se combinaron increíblemente en su contra. La separación -que debía ser por unos breves días- de una parte de la guerrilla, donde se encontraba un grupo valioso de hombres, algunos de ellos enfermos o convalecientes, al perderse el contacto entre ambos en un terreno sumamente accidentado, se prolongó durante interminables meses, que ocuparon el esfuerzo de Che en su búsqueda. En ese período el asma -una dolencia que solía dominar fácilmente con sencillos medicamentos, pero que faltando éstos se convertía para él en un terrible enemigo- lo atacó despiadadamente, deviniendo esto en un problema serio por el hecho de que las medicinas que previsoriamente había acumulado para la guerrilla fueron descubiertas y ocupadas por el enemigo. Este hecho, unido al aniquilamiento a fines de agosto de la parte de la guerrilla con la que había perdido el contacto, fueron factores que gravitaron considerablemente en el desarrollo de los acontecimientos. Pero Che, con voluntad de acero, se sobrepuso al malestar físico y en ningún instante su acción aminoró, ni decayó su ánimo.

Fueron numerosos sus contactos con los campesinos bolivianos. El carácter de éstos, sumamente desconfiados y cautelosos, no podía sorprender al Che, que conocía perfectamente bien su mentalidad por haberlos tratado en otras ocasiones, y sabía que para ganarlos a su causa se requería una labor prolongada, ardua y paciente, pero no albergaba ninguna duda de que a la larga lo obtendría.

Si se sigue con cuidado el hilo de los acontecimientos se verá que aun cuando el número de hombres con que contaba en el mes de septiembre, algunas semanas antes de su muerte, era muy reducido, todavía la guerrilla mantenía su capacidad de desarrollo y algunos cuadros bolivianos, como los hermanos Inti y Coco Peredo, se iban ya destacando con magníficas perspectivas de jefes. Fue la emboscada de Higueras, única acción exitosa del ejército contra el destacamento que mandaba el Che, matándole la vanguardia e hiriéndole varios hombres más en pleno día, cuando se trasladaban a una zona campesina de mayor desarrollo político -objetivo este que no aparece consignado en el Diario, pero que se sabe por los sobrevivientes-, lo que les creó una situación insuperable. Ese avance de día por la misma ruta que venían siguiendo durante varias jornadas en inevitablemente amplio contacto con los moradores de aquella zona que cruzaban por primera vez, y la obvia certeza de que el ejército debería interceptarlos en algún punto, era sin duda peligroso. Pero el Che, plenamente consciente de esto, decidió correr el riesgo para ayudar al médico que venía en muy mal estado físico.

El día anterior a la emboscada, escribe: “Llegamos a Pujio, pero allí había gente que nos había visto abajo el día anterior, vale decir: estamos siendo previstos por Radio Bemba…” “El caminar en mulo se hace peligroso, pero trato que el médico vaya lo mejor posible pues viene muy débil”.

Al día siguiente escribió: “A las 13 salió la vanguardia para tratar de llegar a Jagüey y allí tomar una decisión sobre las mulas y el médico”. Es decir, buscaba una solución para el enfermo, a fin de abandonar aquella ruta y tomar las precauciones necesarias. Pero aquella misma tarde, antes de que la vanguardia llegara a Jagüey se produjo la fatal emboscada que llevó al destacamento a una situación insostenible.

Días después, cercado en la quebrada del Yuro, libró su último combate.

Impresiona profundamente la proeza realizada por este puñado de revolucionarios. La sola lucha contra la naturaleza hostil en que desenvolvían su acción constituye una insuperable página de heroísmo. Nunca en la historia un número tan reducido de hombres emprendió una tarea tan gigantesca. La fe y la convicción absoluta en que la inmensa capacidad revolucionaria de los pueblos de América Latina podía ser despertada, la confianza en sí mismo y la decisión con que se entregaron a ese objetivo, nos da la justa dimensión de estos hombres.

Che dijo un día a los guerrilleros en Bolivia: “Este tipo de lucha nos da la oportunidad de convertirnos en revolucionarios, el escalón más alto de la especie humana, pero también nos permite graduarnos de hombres; los que no puedan alcanzar ninguno de estos dos estadíos deben decirlo y dejar la lucha”.

Los que con él lucharon hasta el final se hicieron acreedores a estos honrosos calificativos. Ellos simbolizan el tipo de revolucionarios y de hombres a quienes la historia en esta hora convoca para una tarea verdaderamente dura y difícil: la transformación revolucionaria de América Latina.

El enemigo que enfrentaron los próceres de la primera lucha por la independencia, era un poder colonial decadente. Los revolucionarios de hoy tienen por enemigo al baluarte más poderoso del campo imperialista, equipado con la técnica y la industria más moderna. Ese enemigo no sólo organizó y equipó de nuevo un ejército en Bolivia, donde el pueblo había destruido la anterior fuerza militar represiva y le brindó inmediatamente el auxilio de sus armas y asistentes militares para la lucha contra la guerrilla, sino que brinda su aporte militar y técnico en la misma medida a todas las fuerzas represivas de este continente. Y cuando no bastan esas medidas, interviene directamente con sus tropas, como hizo en Santo Domingo.

Para luchar contra ese enemigo se requiere el tipo de revolucionarios y de hombres de que habló el Che. Sin ese tipo de revolucionarios y de hombres, dispuestos a hacer lo que ellos hicieron; sin el ánimo de enfrentarse a enormes obstáculos que ellos tuvieron; sin la decisión de morir que a ellos los acompañó en todo instante; sin la convicción profunda de la justicia de su causa y la fe inconmovible en la fuerza invencible de los pueblos que ellos albergaron, frente a un poder como el imperialismo yanqui, cuyos recursos militares, técnicos y económicos, se hacen sentir en todo el mundo, la liberación de los pueblos de este continente no sería alcanzada.

El propio pueblo norteamericano, que empieza a tomar conciencia de que la monstruosa superestructura política que rige su país no es ya hace mucho rato la idílica república burguesa que sus fundadores establecieron hace casi doscientos años, está sufriendo en un grado cada vez más alto la barbarie moral de un sistema irracional, enajenante, deshumanizado y brutal, que cobra en el pueblo norteamericano cada vez más víctimas de sus guerras agresivas, sus crímenes políticos, sus aberraciones raciales, su mezquina jerarquización del ser humano y el repugnante derroche de recursos económicos, científicos y humanos de su desmesurado aparato militar, reaccionario y represivo, en medio de un mundo en sus tres cuartas partes subdesarrollado y hambriento.

Pero sólo la transformación revolucionaria de América Latina permitiría al pueblo de Estados Unidos ajustar sus propias cuentas con ese mismo imperialismo, a la vez que en la misma medida la lucha creciente del pueblo norteamericano contra la política imperialista podría convertirlo en aliado decisivo del movimiento revolucionario en América Latina.

Y si esta parte del hemisferio no sufre una profunda transformación revolucionaria, la enorme diferencia y desequilibrio que se produjo a principios de este siglo entre la pujante nación que se industrializaba rápidamente, al mismo paso que marchaba por la propia ley de su dinámica social y económica hacia cumbres imperiales, y el haz de países débiles y estancados, sometidos a la coyunda de oligarquías feudales y sus ejércitos reaccionarios, en el balcanizado resto del continente americano, será apenas un pálido reflejo no ya del enorme desnivel actual en la economía, en la ciencia y en la técnica, sino del espantoso desequilibrio que, a pasos cada vez más acelerados, en veinte años más, la superestructura imperialista impondrá a los pueblos de América Latina.

Por ese camino estamos llamados a ser cada vez más pobres, más débiles, más dependientes y más esclavos de ese imperialismo. Esta sombría perspectiva afecta en grado igual a los pueblos subdesarrollados de <199>frica y Asia.

Si las naciones industrializadas e instruidas de Europa, con su Mercado Común y sus instituciones científicas supranacionales, se inquietan ante las posibilidades de quedarse rezagadas y contemplan con temor la perspectiva de convertirse en colonias económicas del imperialismo yanqui, ¿qué le depara el futuro a los pueblos de América Latina?

Si frente al cuadro de esta situación real e incuestionable, que decisivamente afecta al destino de nuestros pueblos, algún liberal o reformista burgués, o seudorrevolucionario charlatán, incapaz de la acción, tiene una respuesta que no sea una profunda y urgente transformación revolucionaria que pueda hacer acopio de todas las fuerzas morales, materiales y humanas de esta parte del mundo y lanzarlas hacia adelante, para recuperar el atraso económico y científico-técnico de siglos, cada vez mayor, con el mundo industrializado, del que somos tributarios y lo seremos cada vez más, y en especial de Estados Unidos; y además de la fórmula, el camino mágico de llevarla a cabo, diferente a la concebida por el Che, que barra oligarquías, déspotas, politicastros, es decir: criados, y a monopolios yanquis, es decir: amos, y lo haga con toda la urgencia que las circunstancias requieren, que levante entonces la mano para impugnar al Che.

Como realmente ninguno tiene respuesta honrada ni acción consecuente que implique una esperanza real a los casi 300 millones de seres humanos que componen la población de América Latina, desoladoramente pobres en su abrumadora mayoría, que serán 600 millones a la vuelta de 25 años, y que tienen derecho a la vida material, la cultura y la civilización, entonces lo más decoroso sería el silencio ante el gesto del Che y los que con él cayeron defendiendo sus ideas con coraje, porque la hazaña que este puñado de hombres realizó, guiados por el noble ideal de redimir un continente, quedará como la prueba más alta de lo que pueden la voluntad, el heroísmo y la grandeza humanas. Ejemplo que iluminará las conciencias y presidirá la lucha de los pueblos de América Latina, porque el grito heroico del Che llegará hasta el oído receptivo de los pobres y explotados por los que él dio su vida, y muchos brazos se tenderán para empuñar las armas y conquistar su definitiva liberación.

El 7 de octubre escribió el Che sus últimas líneas. Al día siguiente, a las 13 horas, en una estrecha quebrada donde se proponía esperar la noche para romper el cerco, una numerosa tropa enemiga hizo contacto con ellos. El reducido grupo de hombres que componían en esa fecha el destacamento, combatió heroicamente hasta el anochecer desde posiciones individuales ubicadas en el lecho de la quebrada y en los bordes superiores de la misma contra la masa de soldados que los rodeaban y atacaban. No hay ningún sobreviviente de los que combatieron en las posiciones más próximas al Che. Como junto a él estaban el médico, cuyo grave estado de salud se ha señalado antes y un guerrillero peruano también en muy malas condiciones físicas, todo parece indicar que el Che hizo el máximo para proteger la retirada a lugar más seguro, de esos compañeros, hasta caer herido. El médico no fue muerto en ese mismo combate, sino varios días más tarde, en un punto no distante de la quebrada del Yuro. Lo abrupto del terreno rocoso e irregular hacía muy difícil y a veces imposible el contacto visual de los guerrilleros entre sí. Los que defendían la posición por la otra entrada de la quebrada a varios cientos de metros del Che, entre ellos Inti Peredo, resistieron el ataque hasta el oscurecer en que lograron despegarse del enemigo y dirigirse hacia el punto previamente acordado de concentración.

Se ha podido precisar que el Che estuvo combatiendo herido hasta que el cañón de su fusil M-2 fue destruido por un disparo, inutilizándolo totalmente. La pistola que portaba estaba sin “magazine”. Estas increíbles circunstancias explican que lo hubiesen podido capturar vivo. Las heridas de las piernas le impedían caminar sin ayuda, pero no eran mortales.

Trasladado al pueblo de Higueras permaneció con vida alrededor de 24 horas. Se negó a discutir una sola palabra con sus captores, y un oficial embriagado que intentó vejarlo recibió una bofetada en pleno rostro.

Reunidos en La Paz, Barrientos, Ovando y otros altos jefes militares, tomaron fríamente la decisión de asesinarlo. Son conocidos los detalles de la forma en que procedieron a cumplir el alevoso acuerdo en la escuela del pueblo de Higueras. El mayor Miguel Ayoroa y el coronel Andrés Selnich, rangers entrenados por los yanquis, instruyeron al sub-oficial Mario Terán para que procediera al asesinato. Cuando éste, completamente embriagado, penetró en el recinto, Che -que había escuchado los disparos con que acababan de ultimar a un guerrillero boliviano y otro peruano- viendo que el verdugo vacilaba le dijo con entereza: “¡Dispare! ¡No tenga miedo!” Éste se retiró, y de nuevo fue necesario que los superiores Ayoroa y Selnich le repitieran la orden, que procedió a cumplir, disparándole de la cintura hacia abajo una ráfaga del metralleta. Ya había sido dada la versión de que el Che había muerto varias horas después del combate y por eso los ejecutores tenían instrucciones de no disparar sobre el pecho ni la cabeza, para no producir heridas fulminantes. Esto prolongó cruelmente la agonía del Che, hasta que un sargento -también ebrio- con un disparo de pistola en el costado izquierdo lo remató. Tal proceder contrasta brutalmente con el respeto del Che, sin un sola excepción, hacia la vida de los numerosos oficiales y soldados del ejército boliviano que hizo prisioneros.

Las horas finales de su existencia en poder de sus despreciables enemigos tienen que haber sido muy amargas para él; pero ningún hombre mejor preparado que el Che para enfrentarse a semejante prueba.

La forma en que llegó a nuestras manos este Diario no puede ser ahora divulgada; baste decir que fue sin mediar remuneración económica alguna. Contiene todas las notas que escribió desde el 7 de noviembre de 1966, día en que el Che llegó a Ñancahuazú, hasta el 7 de octubre de 1967, vísperas del combate de la quebrada del Yuro. Faltan sólo unas pocas páginas que no han llegado todavía a nuestro poder, pero que por corresponder a fechas en que no tuvieron lugar hechos de importancia, no altera en absoluto el contenido del mismo.

Aunque el documento por sí mismo no ofrecía la menor duda acerca de su autenticidad, todas las copias fotostáticas fueron sometidas a un riguroso examen a fin de comprobar no sólo dicha autenticidad sino incluso cualquier posible alteración, por pequeña que fuese. Los datos fueron además cotejados con el Diario de unos de los guerrilleros sobrevivientes, coincidiendo ambos documentos en todos los aspectos. El testimonio pormenorizado de los demás guerrilleros sobrevivientes que fueron testigos de cada uno de los acontecimientos, contribuyó asimismo a la comprobación. Se llegó a la más absoluta certeza de que todas las fotografías eran copia fiel del Diario del Che.

Constituyó una fatigosa tarea desentrañar la letra pequeña y difícil de la escritura, lo que se realizó con la participación laboriosa de su compañera Aleida March de Guevara.

El Diario será publicado en forma aproximadamente simultánea en: Francia, por Editorial Francois Maspero; Italia, Editorial Feltrinelli; RFA, Trikont Verlag; EUA, Revista Ramparts; Francia, en español, Ediciones Ruedo Ibérico; Chile, Revista Punto Final; México, Editorial Siglo XXI; y en otros países.

¡Hasta la victoria siempre!

A medio siglo de la Crisis de los misiles en Cuba

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El foto - El Che , Fidel Castro ,

El foto – El Che , Fidel Castro , (Photo credit: ilkerender)

 

 

 

 

La capital cubana acogerá la próxima semana un taller científico para debatir sobre la llamada crisis de los misiles, un suceso que medio siglo después sigue en la atención internacional. Foto: Ismael Francisco/Cubadebate.

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La capital cubana acogerá la próxima semana un taller científico para debatir sobre la llamada crisis de los misiles, un suceso que medio siglo después sigue en la atención internacional. Foto: Ismael Francisco/Cubadebate.

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Viajará a Cuba la guerrillera Tanja Niejmeijer para diálogo de paz con Colombia

File photo of FARC-EP soldiers in Valle del Ca...

File photo of FARC-EP soldiers in Valle del Cauca, some of whom are under 18, on march. (Photo credit: Wikipedia)

guerrillero-holandesa-tanjaLa guerrillera de nacionalidad holandesa Tanja Niejmeijer se trasladó hoy desde la suroccidental ciudad de Neiva a esta capital para viajar a Cuba e incorporarse al grupo de negociadores de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia- Ejército del Pueblo (FARC-EP).

En una operación relámpago, fuertemente custodiada, Niejmejer subió a una de las dos avionetas de la ONU que la aguardaban en el aeropuerto.

El 5 de noviembre comenzará en La Habana el primero de los cinco encuentros técnicos previstos entre los representantes del gobierno colombiano y las FARC- EP, con vista a la mesa de diálogo, que se instalará 10 días después, con el propósito de poner fin a un conflicto armado que dura ya casi medio siglo.

(Con informacion de Prensa Latina)

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12 Comentarios »

  • Alias dijo:¡Qué lindaaaaaaa!

    # 30 Octubre 2012 a las 14:28
  • El pinareño dijo:Una mujer bella!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!! Esperemos que sus palabras pudan convenser a sus interlocutores y alcanzar la paz que tanto desea el pueblo colombiano.

    # 30 Octubre 2012 a las 14:33
  • Confucio dijo:Bella y con bonita voz eso es cierto, pero guerrillera y forajida.

    # 30 Octubre 2012 a las 15:03
  • 007* dijo:OJALÁ LA PAZ EN COLOMBIA SE CONCRETE, SEA SÓLIDA Y FIRME, Y QUE PERDURE Y SEA TAN LINDA, COMO LA GUERRILLERA.

    # 30 Octubre 2012 a las 15:26
  • Cheo dijo:Frente a tan irresistible belleza, depongo las armas incondicionalmente y arrodillandome juro servidumbre eterna, cuan Don Quijote a su amada Dulcinea del Toboso.
    Que la paz sea con vosotros!

    # 30 Octubre 2012 a las 16:10
  • Hendris Manuel dijo:Alias y El pinareño, comparto con ustedes la opinión de lo bella que es Tanja, pero …¡Cuidado! Hay unos cuantos foristas que se sienten “ofendidos” cuando hablamos de la foto en vez de lo que ellos quieren. Saludos

    Postdata: Deseo que el diálogo de paz en Colombia continúe evolucionando

    # 30 Octubre 2012 a las 16:37
  • Raúl HERNÁNDEZ Betancourt dijo:EL ASUNTO NO ESTA EN SI ES BELLA O NO (QUE EN VERDAD ES BELLA)LA CAMARADA TANJA LO IMPORTANTE ES SU APORTE A LA PROBLEMÁTICA POR LA PAZ EN COLOMBIA QUE VA MAS ALLÁ DE DEJAR LAS ARMAS LA REUNIÓN DEBE SERVIR PARA LOGRAR RESOLVER UN SIN FIN DE DIFICULTADES QUE ORIGINARON EL CONFLICTO ARMADO EN EL HERMANO PAÍS, ESTOY POR LA PAZ PERO CON UN APORTE DE AMBOS LADOS ¡CAMARADAS HASTA LA VICTORIA SIEMPRE!

    # 30 Octubre 2012 a las 17:05
  • donsimon dijo:Es muy bella.La incluyeron en la mesa de conversaciones por una simple razon: es una mujer muy inteligente y conoce profundamente las raices del conflicto colombiano. Se ha ganado ese puesto luchando por la justicia y la paz. Es una holandesa que todo los colombianos deberian estar orgullosos de llamarla colombiana.Su incorporacion a las Farc, comenzo con un viaje de turista a Colombia. Le encanto ese pais, pero al mismo tiempo se sintio profundamente commocionada por las terribles injusticias sociales, las masacres, los bombardeos indiscriminados de las poblaciones campesinas, los ejercitos de paramilitares contratados por grandes terratenientes o por las multinacionales extranjeras.

    La apabullo el trato social tan desigual,victimas de un clasismo horrorozo, un racismo y odio viceral contra el hombre trabajador, el indigena y el negro.

    En Colombia no es dificil concientizarce a estas realidades. Basta ver en la capital los cientos de ninos desarrapados que ambulan por doquier, pidiendo limosna, durmiendo en una acera, cubiertos por un periodico viejo a la luz de la luna, en medio de un frio intolerable en las interminables noches de invierno, o amparados de la lluvia en los desagues de aguas negras debajo de las calles. Es una escena desgarradora. Me recuerda de una forma grotesca los relatos de la novela de Charles Dickens, Oliver North, en la epoca victoriana, cuando en las bajas y fetidas calles londinenses se explotaba la ninez despiadadamente.

    Tangia, ha dedicado su vida a luchar por el bello ideal de mas igualdad, mas oportunidad, una vida mejor, el derecho a un empleo justo y sin explotacion, una escuela limpia y digna para los ninos,un medico, una medicina para curar sus males de salud,un plato de comida diario. No es mucho pedir. Es el derecho basico a la vida, al proposito de nacer sin la angustia para sobrevivir.

    La sabia decision del directoriado de las FARC de incluirla en la mesa de paz, es una recompensa a su incansable labor.

    Buena suerte Tangia, se bien que todos aquellos que amamos la justicia y la verdad te desean el mejor de los exitos.

    # 30 Octubre 2012 a las 17:55
  • Marta de Argentina dijo:Más allá del deseo de que estos diálogos sirvan para terminar con la añosa confrontación, ojalá acabe con el genocidio del gobierno colombiano y los paramilitares. ¡No más sangre en en país hermano!

    # 30 Octubre 2012 a las 17:57
  • Ernesto dijo:No hay ofensa posible en esa observacion. De que es linda, es linda, MUY linda. Igual que de que el dialogo es trascendental, lo es. Este es un momento historico para Nuestra America, ojala tengan exito las conversaciones y se logre lo mas importante, paz, justicia y equidad social en Colombia, todo eso sin ceder en principios basicos de las FARC-EP. Las opiniones, como las ideas, son libres, y no hay por que sentirse ofendidos cuando los demas no piensan igual. La discrepancia, por el contrario, resulta muy estimulante. Con argumentos solidos y mucho respeto el entendimiento siempre es posible. La belleza femenina resulta TAN deslumbrante y maravillosa que es digna de admirarse en cualquiera circunstancia, incluso hasta en la guerra. Saludos,

    # 30 Octubre 2012 a las 18:59
  • Ernesto dijo:

    Confucio:

    Lo de guerrillera, por supuesto, y te aseguro que por parte de ella con mucho orgullo. Lo de forajida, bueno ya eso es un “aporte” tuyo basado quien sabe en que argumentos. No estas ni cerquita de la sabiduria del gran Confucio, creo que mas bien un poquito confundido. O es que ahora al que lucha por la justicia y la igualdad social para su pueblo se le da ese calificativo? Como calificarias al Che, a Camilo, a Filiberto Ojeda Rios, a Sandino, a Carlos Fonseca Amador y a tantos hermanos que cayeron combatiendo por nosotros y por nuestro pueblo. Eran ellos forajidos? Reflexionemos, pensemos por nosotros mismos y no nos dejemos tupir por CNN y compania que lo unico que hacen es eso: desvirtuar la realidad de este mundo y manipular a su antojo, respaldados por el poder del dinero.

    Primero visita Colombia, vive sus realidades, y despues atrevete a llamarle forajida a quien es capaz de dar la vida por cambiar ESAS realidades para bien de su pueblo.

    Hasta la victoria siempre! Saludos.

Pablo Neruda Poeta de Amor y de Combate

 

Pablo Neruda during a Library of Congress reco...

Pablo Neruda during a Library of Congress recording session, 20 June 1966 (Photo credit: Wikipedia)

Después del inmortal Rin Rin Renacuajo de Pombo que marcó nuestra infancia, siento que todos nacimos a la poesía cuando la melancolía, ilusiones y tristezas de la adolescencia fueron interpretados en un solo verso que son tres:

Puedo escribir los versos más tristes esta noche.

Escribir, por ejemplo: “La noche está estrellada,

Y tiritan, azules, los astros, a lo lejos”.

Y ahí nos quedamos. Ya éramos poetas; o al menos así nos lo creíamos. Averiguamos luego el nombre, y el señor se llamaba Pablo Neruda. Luego supimos que era chileno, y mucho más tarde, que en realidad no se llamaba así, sino como cualquier vecino, como nuestro héroe el señor de la tienda de la esquina que tenía su negocio de alquiler de cuentos: Neftalí Reyes.

Lo cierto es que Neftalí hizo el milagro. Porque nos tocó seguir leyendo, continuar el descubrimiento de ese algo tan maravilloso, tan inefable, que sin saber cómo ni por qué, nos arrobaba, nos interpretaba, nos hacía sentirnos parte de algo extraordinario. Y no sólo en los territorios del amor, de esos primeros amores tan bellos como doloridos. Porque más tarde nos encontramos que esos astros azules tiritando a lo lejos permitían también todo el dolor, toda la maldad y la concupiscencia asechando en el alma humana. Que la poesía igualmente gritaba, denunciaba, espetaba, y sin dejar de serlo, enrostraba al mundo la perfidia que lo afea.

Y de ahí, descubrir sorprendida que en ese amplio marco cabía todo: la cebolla, el sudor del minero, la España asesinada, las alturas de Machu Picchu, nuestros héroes y nuestros bandidos, los pájaros y los platos exquisitos, la sangre sobre la nieve en la estepa rusa y el goce incomparable de las sábanas abrigadas por otro cuerpo.

Porque Neruda fue poeta cósmico, vital y universal. Hay muchos Nerudas que no gustan. Pero aún así, a ese mismo lector muchos Nerudas le gustan. Porque su militancia fue primeramente con la vida y el mundo todo, de forma que era comprensible que a todos no llegara de la misma manera. Pero esto es más virtud que defecto. Y aún su obra que no destaca, es manifestación del fuego que lo quemaba y lo impulsaba a producirla como un acto de afirmación política y humanista, así de pronto la proclama sacrificara la poesía. Cosa inevitable además en una obra tan vasta y que cubrió todos los tópicos posibles.

Neruda ha acompañado varias generaciones que nacen y crecen en la poesía con él. Con el mérito especial de que él es una cátedra de la poesía sí al servicio de luceros y magnolias, pero también, férreamente, de la lucha del hombre contra el fascismo, el militarismo, el capitalismo despojado del ápice de alma que tiene. Contra el despotismo que es el poder cuando no está al servicio de los más. Por eso Neruda, hedonista y bon vivant, se salva con exceso en poesía y humanidad. ¿La prueba? Murió de pena y desengaño cuando apenas abiertos los portalones que conducirían a obreros, indígenas, mujeres y campesinos a los recintos de la justicia que se les debía, la bestia militar los cerró bruscamente asesinando de paso a su Camarada autor de esa gesta.

Fecha entonces la de esa muerte, señera para el Movimiento Poético Mundial que la conmemora reivindicando una obra tan humana y comprometida, que en el Nuevo Canto de Amor a Stalingrado, no tiene reparos en clamar:

Guárdame un trozo de violenta espuma,

Guárdame un rifle, guárdame un arado,

Y que lo pongan en mi sepultura

……………..

Para que sepan, si hay alguna duda,

Que he muerto amándote y que me has amado..

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso de la autora mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.

 

Pablo Neruda (1904–1973)

Pablo Neruda (1904–1973) (Photo credit: Wikipedia)

Las prioridades lunáticas de Kennedy durante la crisis de los misiles en Cuba El momento más peligroso de la historia de la humanidad

Photo portrait of John F. Kennedy, President o...

Photo portrait of John F. Kennedy, President of the United States. (Photo credit: Wikipedia)

Leer las transcripciones de las reuniones de Kennedy con sus consejeros es un ejemplo práctico de los perniciosos efectos del secreto en la política gubernamental. Sin duda Kennedy, al grabar esas reuniones, las veía como un registro diario del que posteriormente seleccionaría “bocadillos” para pulir su imagen para la posteridad. Al revisarlas en su totalidad, queda la impresión imborrable de un presidente cuya imprudencia casi precipitó un holocausto nuclear.

 

Traducido del inglés para Rebelión por Germán Leyens

Leer las transcripciones de las reuniones de Kennedy con sus consejeros es un ejemplo práctico de los perniciosos efectos del secreto en la política gubernamental. Sin duda Kennedy, al grabar esas reuniones, las veía como un registro diario del que posteriormente seleccionaría “bocadillos” para pulir su imagen para la posteridad. Al revisarlas en su totalidad, queda la impresión imborrable de un presidente cuya imprudencia casi precipitó un holocausto nuclear.

Como documenta con brillantez Noam Chomsky, la adulación que se ha apilado sobre la figura de Kennedy por su manejo de la crisis de los misiles en Cuba es, por no decir otra cosa peor, injustificada. En lugar de una evidencia de su hábil diplomacia y su actitud circunspecta, el hecho de que apareciese una crisis atestigua de por sí del orden lunático de prioridades de los que estaban en el poder. En efecto, el gobierno de Kennedy estaba dispuesto a arriesgar una conflagración nuclear para salvaguardar el prestigio de EE.UU. El secretario de Estado, Dean Rusk, exclamó jubiloso después de que los primeros barcos soviéticos optaran por no burlar el bloqueo “nos enfrentamos cara a cara y creo que el otro acaba de pestañear”. Si los soviéticos no hubiesen pestañeado, es probable que Rusk no hubiera sobrevivido para reaccionar.

Según la historia oficial, la crisis comenzó después de que un avión de reconocimiento U-2 avistase una base de misiles en Cuba. En realidad, comenzó después de la irreflexiva decisión de implantar un bloqueo y transformar la situación en un enfrentamiento hecho y derecho con la Unión Soviética. Durante toda una semana antes del anuncio de ese bloqueo –que recibió el inofensivo nombre de “cuarentena”– Kennedy y sus consejeros discutieron las diferentes alternativas militares que tenían a su disposición. Aislados del escrutinio público, mostraron una despreocupada indiferencia ante la amenaza de un inminente cataclismo contrariamente a la fachada mesurada que trataban de presentar al mundo. Si se hubiera informado al público de toda la verdad, es probable que el escándalo resultante los hubiera obligado a reconsiderar radicalmente su actitud.

La evaluación inmediata de Kennedy y su grupo de altos funcionarios –conocido como EXCOMM– fue que el estacionamiento de misiles soviéticos en Cuba no cambiaba gran cosa. Durante su primera reunión el 16 de octubre admitieron francamente que, desde el punto de vista estratégico, la amenaza de un ataque nuclear contra EE.UU. no había aumentado. Por cierto, Kennedy resumió de modo adecuado esa conclusión cuando dijo con franqueza: “Podéis decir que no hay gran diferencia entre un ataque que viene de un ICBM directamente desde la Unión Soviética u otro proveniente de una distancia de 90 millas. La geografía no significa tanto…” Sus funcionarios más importantes estuvieron de acuerdo y el secretario de defensa Robert McNamara declaró directamente en respuesta a una pregunta de Bundy sobre en qué medida había cambiado la situación: “Según mi opinión personal, en nada”. Marshall Carter, director adjunto de la CIA, incluso opinó que el motivo por el cual la comunidad de los servicios de inteligencia había sido desubicada por el descubrimiento de bases de misiles fue que una acción semejante se consideró fútil, ya que “no mejora en nada” en el equilibrio estratégico. La verdadera amenaza era mucho menos grave y consistía, según los consejeros de Kennedy, en el “factor psicológico” o la afrenta de que un pequeño país pensara que tenía derecho a actuar de una manera normalmente reservada a la nación más poderosa del mundo. Al permitir que la Unión Soviética estacionara misiles a 90 millas de EE.UU., Cuba, según Kennedy, estaba creando la impresión de que “son iguales que notros”. El secretario adjunto de Estado, Edwin Martin, definió el peligro para el prestigio de EE.UU. como sigue: “Bueno, es un factor psicológico que nos hayamos sentado de brazos cruzados y permitamos que nos hagan esto. Eso es más importante que la amenaza directa”.

Es sorprendente que unas razones tan débiles se considerasen una base suficiente para la peligrosa y arriesgada política que tuvo lugar. Después de todo, como aseveró Kennedy, esta es una “lucha política y militar”. Gran parte de la conversación de ese primer día se dedicó a debatir las opciones militares más eficaces para destruir las bases de misiles y, al hacerlo, derrocar a Castro. Una opción preveía un ataque aéreo generalizado seguido de una invasión. Los consejeros de Kennedy discutieron semejante política con evidente jovialidad, pensando si el período mínimo de siete días entre los ataques aéreos y la invasión se podría reducir a cinco días para aprovechar la desorientación de las fuerzas cubanas. Al final de la reunión, Kennedy declaró su determinación de lanzar el ataque. Solo quedaba decidir la intensidad de los ataques aéreos y si posteriormente se debería llevar a cabo una invasión.

Un objetivo permanente del gobierno de Kennedy desde su llegada al poder era extirpar la intolerable amenaza a los intereses estadounidenses planteada por Fidel Castro. En abril de 1961, Kennedy patrocinó una invasión por parte de una colección de exiliados entrenados por la CIA, en un episodio que quedó grabado en la historia como Bahía de Cochinos [Playa Girón, N. del T.]. Después del abyecto fracaso de esa operación clandestina, Kennedy, humillado, autorizó una campaña de sabotaje y asesinatos de la CIA para “infligir los terrores del infierno” al régimen de Castro. El mismo día que se descubrieron las bases de misiles, McNamara se reunió con el Estado Mayor Conjunto para discutir medidas para eliminar a Castro, incluyendo una posible invasión, aunque debería demorarse hasta después de las elecciones de mitad de período. Por lo tanto la única esperanza que quedaba a Castro para asegurar los frágiles logros de la revolución era alinearse con la única potencia que actuaba como un contrapeso significativo de EE.UU. Las armas nucleares en Cuba eran una manera de garantizar la revolución contra nuevos intentos estadounidenses de subversión.

Después de crear las condiciones que condujeron al establecimiento de bases de misiles, Kennedy fue más allá procediendo a iniciar un entrenamiento con la Unión Soviética, a pesar de la firme opinión de EXCOMM de que no existían motivos relacionados con la seguridad para hacerlo. Aunque esquivó un camino expresamente militar, optó por otro que casi conducía a un conflicto abierto. Por cierto, en el derecho internacional, un bloqueo equivale a un acto de guerra, un hecho implícitamente reconocido por el gobierno de EE.UU. que lo denominó engañosamente “cuarentena”. En las discusiones, los consejeros de Kennedy expresaron su ansiedad por el efecto psicológico en la población de EE.UU. si pareciera que EE.UU. había aceptado el estacionamiento de misiles en Cuba. ¿Pero qué habría pensado el público si hubiera sabido que su gobierno estaba dispuesto a imponer un bloqueo como reacción a los misiles, que según su propia admisión, no habían aumentado apreciablemente la amenaza a la seguridad de EE.UU.?

El bloqueo fue indudablemente un acto demencial en aquellas circunstancias que solo puede explicarse por por el deforme sentido de prioridades que reina en las deliberaciones internas del gobierno que está alimentada inevitablemente por una endémica falta de responsabilidad. En la tensa confrontación que sobrevino, las dirigencias de la Unión Soviética y de EE.UU. no pudieron ejercer ningún control sobre el curso que tomaron los eventos. El bloqueo pudo degenerar en cualquier momento en una guerra propiamente dicha por medio de las actuaciones de simples individuos. El secretario de Defensa McNamara atrae frecuentemente efusivos elogios por su adecuada supervisión de la “cuarentena”. Sin embargo, el hecho de que se evitase un holocausto nuclear no se debió a su supervisión, sino a las oportunas acciones de un solitario submarinista soviético.

En un esfuerzo por imponer rigurosamente el bloqueo, los barcos de EE.UU. rastrearon a los submarinos soviéticos que operaban alrededor de Cuba y lanzaron cargas de profundidad para obligarlos a salir a la superficie. Sin que lo supiera la armada de EE.UU., sin embargo, los submarinos que perseguían iban armados de torpedos con puntas nucleares. Esta política de acoso llevó al momento más peligroso de la crisis el 27 de octubre, cuando un comandante soviético, desorientado por el lanzamiento de cargas estadounidenses de profundidad, ordenó que se armaran los torpedos nucleares. Un oficial a bordo, Vadim Orlov, recuerda el evento:

Los estadounidenses nos atacaron con algo más potente que las granadas, al parecer una bomba práctica de profundidad. Pensamos que era el fin. Después de ese ataque Savitsky totalmente exhausto, aparte de todo lo demás, no pudo establecer conexión con el comando general y se enfureció. Llamó al oficial asignado al torpedo nuclear y le ordenó que lo ensamblara y lo preparase para la batalla. ‘Tal vez la guerra ya comenzó allá arriba mientras nosotros damos saltos mortales aquí’, gritó emocionado.Valentin Grigorievich, tratando de justificar su orden. ‘¡Vamos a volarlos ahora mismo! Moriremos, pero los hundiremos a todos, ¡no deshonraremos a nuestra armada!’”

Al final el desastre se evitó por los pelos cuando el segundo capitán, Vasily Arkhipov, se opuso a la orden y persuadió al capitán Savitsky de que se calmara.

En su discurso a la nación del 22 de octubre, Kennedy aludió con solemnidad a las insufribles amenazas a la seguridad nacional causadas por la llegada de armas nucleares, como:

Ya no vivimos en un mundo en el cual solo el disparo de armas convencionales representa un desafío suficiente para la seguridad de una nación para constituir un peligro máximo. Las armas nucleares son tan destructivas y los misiles balísticos son tan rápidos que cualquier aumento substancial de la posibilidad de su uso o cualquier cambio repentino en su despliegue puede considerarse una clara amenaza a la paz.

Esta exposición es una falacia absoluta. Si realmente el presidente hubiera creído sus propias palabras no habría instalado misiles un año antes en Turquía, cerca de las fronteras de la Unión Soviética. El director de la CIA, John McCone, había predicho meses antes que la Unión Soviética podría tratar de contrarrestarlos con sus propios misiles en Cuba. El 27 de octubre, era evidente, a juzgar por las propuestas soviéticas, que la retirada de esos misiles en Turquía a cambio del desmantelamiento de bases de Cuba presentaba un camino bien definido para desactivar la crisis. Mientras EE.UU. estaba dispuesto a aceptar las demandas soviéticas de prometer públicamente no invadir Cuba, era reacio a aceptar un acuerdo que implicaba la retirada de los misiles en Turquía como un quid pro quo para la retirada de las bases por parte de la Unión Soviética.

Mientras continuase el bloqueoo el riesgo de errores –como el arriba mencionado– que condujeran a una guerra nuclear solo podía aumentar. Pero el gobierno de Kennedy se mostraba, a pesar de todo, renuente a aprovechar una oportunidad perfecta para llevar el enfrentamiento a una conclusión rápida y pacífica y evitar lo impensable. Ostensiblemente, la razón aducida por los consejeros de Kennedy para no aceptar un acuerdo semejante era el efecto perjudicial que tendría sobre las relaciones con aliados de la OTAN. Si EE.UU. aceptara retirar los misiles, es posible que los miembros de la OTAN se quedaran con la impresión de que EE.UU. estaba dispuesto a sacrificarlos a fin de salvaguardar su propia seguridad. El Consejero de Seguridad Nacional, McGeorge Bundy, resumió esa curiosa posición cuando dijo al presidente: “Pienso que si damos la impresión de que queremos llegar a ese trato, para nuestra gente de la OTAN y toda la gente con la que estamos aliados, tenemos un verdadero problema… Pienso que deberíamos decirles que esa es la evaluación universal de todos aquellos en el gobierno que estamos conectados con esos problemas de alianza”.

Esos funcionarios del gobierno no explican claramente por qué a los aliados de EE.UU. les molestaría un acuerdo directo que acabase con un tenso enfrentamiento nuclear que podría destruirles. En todo caso lo contradicen numerosas referencias, muchas despectivas, respecto a los aliados de la OTAN diseminadas en las transcripciones de las reuniones de EXCOMM. Por ejemplo, en una discusión anterior, Kennedy habló de “simplemente informar”, en lugar de consultar, al primer ministro británico MacMillan de un ataque aéreo contra Cuba, diciendo: “No sé si tiene mucho sentido consultar a los británicos… Espero que solo objetaran. Basta con decidirse a hacerlo. Probablemente habría que decírselo, sin embargo, la noche antes”. Es obvio que los cálculos estadounidenses no consideraban importante lo que pensaban los aliados de la OTAN. Sus preocupaciones afectaban la conciencia de los responsables políticos de EE.UU. en lo que tenía que ver con las inevitables objeciones que provocaría una decisión estadounidense de exacerbar el enfrentamiento. El vicepresidente Johnson, por ejemplo, reconoció en un punto que los aliados de EE.UU., lejos de estar a favor de una posición militar contra la Unión Soviética, probablemente urgirían a la moderación y plantearían algunas incómodas preguntas si EE.UU. seguía adelante con su política de confrontación: “Bueno, hemos vivido todos estos años (con misiles). ¿Por qué no podéis hacerlo? ¿Por qué vais a aumentar vuestra presión sanguínea?” Evidentemente para EE.UU., aceptar o no un trato nunca dependió de las preocupaciones de sus aliados, sino que más bien era un asunto que tenía que ver con asegurar la credibilidad del poder de EE.UU.

Finalmente se llegó a un compromiso en el que la Unión Soviética fue la que hizo más concesiones. En una carta formal a Jruschov, EE.UU. aceptó prometer públicamente que no invadiría Cuba. En secreto prometió retirar los misiles de Turquía. Muy preocupado de que no se pensara que EE.UU. estaba cediendo a las exigencias de su rival soviético, Kennedy reclamó a la Unión Soviética que guardara absoluto silencio sobre el asunto. Encargó a su hermano, el Fiscal General Robert Kennedy, que entregara la carta junto a una promesa informal de que se retirarían los misiles de Turquía. En su conversación con el embajador soviético, Anatoly Dobrynin, Robert Kennedy advirtió de que no se debía hacer ninguna referencia pública a Turquía, porque si eso ocurriera el acuerdo se declararía nulo. Además, combinó la oferta con una amenaza de fuerza militar contra las instalaciones de misiles en Cuba si no se recibía una respuesta positiva al día siguiente. Increíblemente, un ultimátum valoraba el hecho de que no se perdiera prestigio en público por sobre la reducción del riesgo sustancial de guerra nuclear. Afortunadamente para la humanidad Jruschov aceptó las condiciones y por consiguiente Kennedy recibió las alabanzas y la consideración de estadista magistral que había humillado a la Unión Soviética. La evidencia, sin embargo, contradice fuertemente esa imagen popular.

Hace cincuenta años, Kennedy y sus consejeros deliberaron en secreto la mejor forma de encarar una crisis en cuya creación tenían una responsabilidad sustancial sin consultar ni siquiera una vez a los millones de personas cuyas vidas estaban en juego. Leer las trascripciones de esas reuniones es un correctivo útil para el tan repetido dogma de los poderosos de que el secreto es esencial para permitirles gobernar efectivamente en función de los intereses del público. Solo podemos esperar que los que gobiernan no estén animados por el mismo perverso menosprecio de la vida humana y su obsesión por el prestigio que fue típico de la actitud de los máximos dirigentes de EE.UU. en el momento más peligroso de la historia de la humanidad.

Joseph Richardson es periodista independiente en la estación de radio Voice of Russia en Londres. Estudió historia en Merton College, Oxford.

Fuente: http://www.counterpunch.org/2012/10/26/jfks-lunatic-priorities-during-the-cuban-missile-crisis/

rCR

 

 

“El materialismo es una perspectiva histórica que otorga prioridad explicativa a aquellos aspectos de la realidad social más resistentes al cambio”

Entrevista a César Rendueles sobre la edición de “Escritos sobre materialismo histórico” de Karl Marx

Karl Marx (1818-1883)

Karl Marx (1818-1883) (Photo credit: Wikipedia)

César Rendueles es profesor en la Escuela de Trabajo Social de la Universidad Complutense. Ha publicado numerosos trabajos relacionados con la filosofía de las ciencias sociales y la crítica cultural. En Alianza Editorial editó una antología de El Capital, que él mismo presentó y anotó, y recientemente en la misma editorial ha editado estos Escritos sobre materialismo histórico de Marx, motivo y materia de esta conversación.

 

Editaste una elogiada antología de El Capital y ahora te has animado de nuevo con Escritos sobre materialismo histórico, otra antología de la obra marxiana, que también presentas y anotas. ¿Nos explicas el contenido de estos Escritos?

Básicamente, es un intento de reunir en un volumen manejable algunos de los principales textos de Marx relacionados con el materialismo histórico. La idea era recoger las distintas líneas de pensamiento que desarrolla Marx en torno a estos temas, sin ocultar su complejidad y sin fingir una falsa coherencia. Algunos son textos populares pero que en los últimos años estaban dispersos o resultaban difíciles de encontrar, como la “Crítica al Programa de Gotha”. Otros son fragmentos un poco menos conocidos, como los pasajes de los Grundrisse. De ningún modo se puede considerar una recopilación exhaustiva. Es más una especie de mapa básico de la problemática del materialismo histórico.

¿De quiénes son las traducciones?

Proceden de fuentes diversas. Una parte importante son las famosas traducciones del Instituto de Marxismo-Leninismo de Moscú. Cuando la editorial me sugirió usar esas versiones puse como condición que un traductor especialista en Marx hiciera una revisión técnica. Esa persona fue César Ruiz Sanjuán, que ha hecho un trabajo extraordinario y, además, se ha encargado de la traducción directa de otros textos recogidos en la antología. Por cierto, mis reservas respecto a las ediciones rusas eran injustificadas. Son versiones muy ágiles que se siguen defendiendo bien. Además, hemos usado la traducción de Sacristán de El capital y la de Pedro Ribas del Manifiesto comunista.

Son quince los textos marxianos seleccionados, desde el joven Marx de las tesis sobre Feuerbach hasta el viejo Marx de su correspondencia con Vera I. Zasulich. ¿Cuáles son tus escritos preferidos?

Bueno, está la primera parte del Manifiesto, que es una de las cumbres ensayísticas del siglo XIX. Es esa clase de escritos que uno rememora en sueños y cuyas palabras te vienen a la boca mientras te afeitas, un poco como si fuera una canción o un poema. Con los Grundrisse uno se asoma al laboratorio intelectual de Marx: son textos que dan para seminarios eternos de los que nunca acabas de sacar nada en claro… y está bien que sea así. Y, por último, me encanta la carta a Vera Zasulich porque muestra a un Marx tormentoso, enfrentado a las consecuencias políticas de lo que ha dicho y, sobre todo, de lo que no ha dicho: un autor obsesionado con el matiz, que nada tiene que ver con el típico Marx-bulldozer, que escribe a chorro de un modo brillante aunque un poco bocazas.

La recepción habitual de la obra de Marx, señalas en tu presentación, “considera el materialismo histórico como su teoría más característica”. ¿Qué es en tu opinión el materialismo histórico?

El materialismo es una perspectiva histórica que otorga prioridad explicativa a aquellos aspectos de la realidad social más resistentes al cambio. En ese sentido, es una fuente de utilidades para aquellas propuestas políticas que aspiran a transformar algunas dinámicas sociales muy sedimentadas. Hay al menos dos versiones distintas, en cierto sentido opuestas y en cierto sentido complementarias, del materialismo histórico: una privilegia el cambio tecnológico como factor explicativo y otra incide más en los grandes conflictos sociales y políticos. A mí no me causa desazón esta pluralidad, creo que forma parte de la naturaleza de las ciencias sociales. Pero la verdad es que ha sido el germen de un debate interminable y extremadamente aburrido que ha enfrentado a los marxistas durante más de un siglo.

Cuando en este contexto hablamos de teoría, ¿de qué estamos hablando exactamente? ¿De teoría científica? ¿De una teoría filosófica de amplio espectro? ¿De una especulación que nos ayuda a situarnos en el complejísimo mapa de la Historia humana? ¿De una conjetura para ir tirando sin estar cegados totalmente?

Diría que más bien de lo último. El materialismo es un marco conceptual de largo alcance que recuerda un poco a eso que Aristóteles llamaba phrónesis y que se suele traducir como prudencia o sabiduría práctica. El phrónimos es la persona que sabe comportarse en situaciones que no pueden reducirse a principios generales sino que requieren un tipo de saber que sale a la luz en la propia práctica. Creo que algo así ocurre con el materialismo histórico: son reflexiones que no se pueden subsumir en una teoría general porque son el subproducto de una intervención fructífera en el ámbito de las ciencias sociales y la práctica política. La phrónesis tiene mala reputación porque parece una especie de conocimiento de Perogrullo que consiste en buscar un término medio entre los comportamientos extremos. En realidad, es justo al revés, resuelve problemas muy graves. Lo que pasa es que retrospectivamente, al concluir un proceso de deliberación práctica exitoso, la solución hallada nos parece de sentido común (en realidad, la única manera que tenemos de identificar una solución a un problema práctico es que nos resulte razonable). Al materialismo le ocurre un poco eso. Como postulado teórico resulta más bien romo, en cambio tuvo efectos explosivos en la práctica empírica de las ciencias sociales y del pensamiento político. Algunos filósofos no se conforman con estas limitaciones e intentan convertir el materialismo histórico en un sistema conceptual sofisticado. Los resultados, por decirlo diplomáticamente, no han sido muy atractivos.

¿Qué hay de vigente y qué de falsado en las tesis marxianas sobre el cambio histórico y la estructura de las sociedades humanas?

Depende un poco de lo que cada uno aspire a encontrar. Incluso las ciencias sociales son mínimamente acumulativas, así que es dudoso que las investigaciones del siglo XIX tengan gran cosa que aportar hoy. En cambio, la arquitectura de los grandes problemas teóricos tiende a pervivir. Por ejemplo, en nuestra época de hiperconsumismo leer a Sombart puede resultar fascinante. Hobsbawm decía, y me parece muy acertado, que en el ámbito académico el materialismo histórico ha muerto de éxito. Nadie discute en serio –excepto los economistas, pero esos nunca discuten en serio– que hay grandes dinámicas relacionadas con la subsistencia material de las sociedades que constituyen el telón de fondo sobre el que se recortan otros procesos más coyunturales. Para mí la prueba del nueve es que quienes pretenden estar desarrollando un modelo supuestamente alternativo se ven obligados a convertir el materialismo en un fantoche caricaturesco: un dogma obsesionado con la maquinaria pesada y las sublevaciones sangrientas que pretende que Tolstoi redactó Guerra y paz movido como un autómata por cambios estructurales en las relaciones de producción.

Los discursos ideológicos y políticos, en cambio, son harina de otro costal. El materialismo marxista fue, sobre todo, una respuesta al discurso ideológico de moda en la Alemania de aquella época. Hoy el posthegelianismo no le interesa a nadie, pero la tentación de creer que los problemas prácticos se pueden resolver conceptualmente es más fuerte que nunca, y en eso consiste el idealismo que atacaba Marx. Basta pensar en toda esa gente que cree que la crisis económica actual es, sobre todo, un problema de actitud, de mentalidad. Ahí es nada: el corolario de un macroproceso económico, social y político que ha configurado el mundo tal y como lo conocemos en los últimos cuarenta años reducido a un problema de motivación, tal vez solucionable con una buena estrategia de coaching colectivo. Los materialistas, en cambio, somos unos pelmazos aguafiestas. No nos convence la idea de que los problemas se desvanecen reformulándolos en términos más interesantes, emocionantes o novedosos. Así que no somos una compañía muy grata para los de la economía del conocimiento, la psicología positiva, las clases creativas, el empoderamiento o la multitud en devenir.

Marx, señalas, nunca empleó la expresión “materialismo histórico”. ¿Es significativa esa ausencia expresiva?

No, realmente no lo es. Marx sí utilizó la expresión “concepción materialista de la historia”, que es aproximadamente sinónima. Lo que pretendía señalar es que Marx no estaba muy interesado en fundar una doctrina sistemática sino más bien en habilitar un cierto punto de vista. Tal vez hoy no sea un asunto tan importante, pero muchos activistas padecieron los efectos de este malentendido. En su autobiografía, Terry Eagleton recordaba con acidez los seminarios materialistas a los que asistía: “El principio fundacional del materialismo, como solemnemente se les enseñaba a los militantes, afirmaba que había un mundo externo, real y cognoscible. Parecían no darse cuenta de que sólo el idealista más delirante, escondido en alguna caverna perdida de Montana, se atrevería a negar algo así. Ellos, sin embargo, aireaban tan banal creencia como si fuera una condecoración, como si el resto del mundo, desde el carnicero del pueblo hasta el ministro de Hacienda, creyera en alguna fantasía esotérica de tipo budista acerca de la irrealidad de las cosas materiales”.

Por cierto, ¿no somos un poco injustos con el autor de La situación de la clase obrera en Inglaterra? ¿No hubieron aportaciones engelsianas relevantes en este ámbito del materialismo histórico?

Por supuesto. El impulsor del materialismo histórico es Engels, no Marx. Su acta fundacional es La situación de la clase obrera. Lo que pasa es que es como si Engels hubiera decidido dedicar el resto de su vida a dinamitar esa contribución inicial.

La idea, señalas también en tu texto, de que la realidad influya en las ideas y formaciones sociales no era una tesis revolucionaria “sino un lugar común ilustrado”. Lo que Marx añade, prosigues, “es una preocupación por la complejidad de este proceso, que el idealismo había comprendido correctamente”. ¿Nos hablas de esta complejidad y de las preocupaciones marxianas a las que haces referencia?

Bueno, las primeras expresiones de materialismo sociológico son bastante espeluznantes, la verdad. En muchos textos ilustrados hay unos cuantos capítulos delirantes sobre la influencia del clima en los humores y cosas por el estilo. Yo creo que Marx, precedido por la inmensa aportación de Saint-Simon, hace un esfuerzo por convertir la comprensión materialista de la historia en un reconocimiento de la asombrosa complejidad de los procesos sociales y no en una simplificación ridícula. Esa versión es la que transformó para siempre las ciencias humanas. Marx se dio cuenta de que las grandes estabilidades antropológicas –la subsistencia material, las estructuras familiares, políticas o simbólicas…– no son un paisaje mineral sino una efervescencia de relaciones sociales con un alto grado de indeterminación conceptual. Es algo que aún hoy a alguna gente –pienso en los sociobiólogos– le cuesta entender.

En el tercer punto de tu texto –“Determinismo tecnológico y lucha de clases”- citas al malogrado Gerald Cohen del que señalas que “demostró convincentemente que se puede reconstruir una teoría completa y coherente” a partir de someras indicaciones como las que pueden leerse en el prólogo de 1859 a la Contribución a la crítica de la economía política. La obra de Cohen, como sabes, ha sido criticada desde otras posiciones marxistas. ¿Qué opinión te merecen esas críticas?

Pienso que la recepción que se dio al marxismo analítico en general y a la obra de Cohen en particular fue deleznable. Ha sido una de las expresiones más patéticas de dogmatismo marxista de baja estofa, y que conste que el listón estaba alto. Un puñado de ortodoxos de guardia se ocuparon de realizar un juicio ideológico de, entre otros, Cohen, Roemer o Elster. Su veredicto unánime fue academicisimo terminal. No se hizo el menor esfuerzo por pensar en serio lo que estaban planteando. La verdad es que Cohen puso orden en un problema que había sido tratado de un modo muy impresionista. Analizó la teoría de Marx del cambio histórico con algunas herramientas convencionales en la filosofía de la ciencia del siglo XX (no las únicas ni, para mí, las idóneas, pero ese es otro asunto). Eso hizo enloquecer a quienes creen que cualquier majadero que se proclame marxista en tono altamente ideologizado y utilice el adjetivo “político” a menudo y con vehemencia merece un especial crédito intelectual. No comparto ni la interpretación que hace Cohen de muchos textos de Marx, ni su posición epistemológica ni las conclusiones generales a las que llega. Sin embargo, me parece que realizó una de las aportaciones más importantes que se han hecho en ese terreno. Por si fuera poco, en la segunda parte de su trayectoria intelectual, Cohen transformó el horizonte de las reflexiones en torno a la relación entre el socialismo y la ética. Ah, y además, era un tipo realmente divertido y nada pomposo. En la red se pueden encontrar algunos vídeos que grababa de monólogos filosóficos desternillantes, como un combate entre Habermas y Roemer, una entrevista con Marx o una caricatura de Tarski.

En tu opinión, ¿es Marx un defensor del determinismo tecnológico acotando la tesis a la fase capitalista de la Historia? ¿Lo fue siempre? ¿Lo fue en algunos momentos de su evolución político-intelectual?

En realidad, creo que un determinismo tecnológico moderado es una posición bastante razonable. De hecho, hoy el determinismo tecnológico tiene mala prensa sólo cuando la tecnología en cuestión es grasienta, humeante y, en general, analógica. En cambio, si se trata de cacharrería digital, todo el mundo está encantado de admitir que está transformando su vida. Si uno dice que la evolución de los motores diesel ha tenido alguna clase de efecto social es un materialista vulgar, pero los medios de comunicación tratan el lanzamiento de un tableta táctil que nadie sabe para qué sirve como la nueva revolución neolítica. Del mismo modo, el mantra de las bondades de la economía del conocimiento y la innovación es casi la única tesis de consenso en esa catástrofe intelectual que es la economía ortodoxa. Nos da miedo la palabra “determinismo” porque suena a una especie de control remoto orwelliano. Pero determinismo, en ciencias sociales, no es más que una forma de indicar que algunas dinámicas sociales son mucho más persistentes que otras más volátiles. El determinismo tecnológico significa que el conocimiento útil es una de esas regularidades, para algunos la más importante.

Muchas supuestas soluciones al problema de la causalidad en el MH, apuntas, “han incurrido en alguna forma de funcionalismo”. ¿Qué es eso? ¿Por qué esa caída? ¿Dónde reside su gravedad?

El funcionalismo es una forma de teleología o finalismo. Consiste en explicar un fenómeno a partir de sus efectos. Por ejemplo, a veces se afirma que la delincuencia o el consumo de drogas se explican porque son válvulas de escape que contribuyen a aliviar las tensiones sociales profundas. Es una argumentación incorrecta. La gente se droga para estar drogada, no por los efectos indirectos de su consumo sobre el conjunto de la sociedad. Los marxistas a menudo recurren a esa clase de argumentaciones: la línea editorial de cierto periódico se explica porque contribuye a los intereses del capital financiero internacional, y cosas por el estilo. Típicamente, las relaciones entre la base y la superestructura se han entendido de esta manera. Las explicaciones genuinas se basan en las causas, no en los efectos, aunque sólo sea porque las causas preceden a los efectos.

Hasta aquí lo que suelo explicar en clase de introducción a la epistemología. Dicho esto, la verdad es que la cosa es bastante más complicada. Por ejemplo, muchos filósofos consideran que alguna forma de finalismo es prácticamente imprescindible para entender correctamente los organismos vivos. Del mismo modo, prescindir completamente de la teleología en los razonamientos políticos nos sitúa siempre en la frontera misma del nihilismo, seguramente más allá de ella.

Una tesis metahistórica de raigambre marxista. Althusser habla: “La historia es un proceso sin sujeto ni fines”. ¿Es así en tu opinión?

Para mí sí, aunque estoy prácticamente seguro de que no para Marx. Que la historia no tenga ni sujeto ni fines significa, en rigor, que no hay ningún sentido inscrito en los hechos históricos mismos. Ninguno: ni Dios, ni reyes ni tribunos, pero tampoco el proletariado, la revolución o la paz mundial. Esa es una idea de Nietzsche, no de Marx. En realidad, me parece que Marx se fue desentendiendo de las preocupaciones filosóficas a medida que se centraba en su trabajo teórico. Muchas veces lo que en sus escritos parece evolucionismo hegeliano entusiasta no es más que el ruido de fondo del progresismo ambiental del siglo XIX. Hay un momento interesante que es cuando los populistas rusos le obligan a afrontar directamente el problema del progreso histórico. Marx está a punto de llegar a conclusiones antiteleológicas, pero la verdad es que no lo hace. El mérito de plantear esas tesis es de Walter Benjamin, que entendió que un materialismo estricto obligaba a rechazar la idea de progreso histórico y a explorar comprensiones de la emancipación que no estén basadas en una concepción finalista de la historia humana.

Tu presentación finaliza con unas sugerencias bibliográficas. Citas a Francisco Fernández Buey, Carlos Fernández Liria, Cohen, E. M. Wood, Shanin, P Anderson. ¿Alguna referencia más?

Claro, muchísimas más. Entre otros autores: Lukács, Braudel, Roy Bhaskar, D.-H. Ruben, Jon Elster, Wallerstein, Rosa Luxemburg, Giovanni Arrighi, E. O. Wright, John Bellamy Foster, Ernest Mandel, William H. Shaw, E. P. Thompson, Karl Korsch, Maximilien Rubel, Michael Löwy, Maurice Dobb, Slavoj Zizek… Lo que pasa es que soy un lector muy desordenado. Por eso prefiero sugerir unas pocas obras que a su vez contienen repertorios bibliográficos amplios y bien estructurados.

Los mineros en huelga durante más de dos meses; los jornaleros andaluces con su larga marcha de resistencia. ¿Son praxis relacionadas de algún modo con el materialismo histórico?

Me parece que una lección importante del materialismo es que las dinámicas históricas más influyentes son extremadamente lentas y se presentan muy difuminadas. Es algo que Immanuel Wallerstein repite desde hace décadas, y tiene toda la razón. Eso no significa que no nos debamos sentir interpelados por los procesos más inmediatos. Nuestra propia vida es una situación coyuntural y, parafraseando a Keynes, en la longue durée todos estamos muertos. Pero el materialismo histórico se mueve en otro nivel de análisis. El descenso de la inflación y el paro en Estados Unidos durante unos años no fue el fin de la historia, y tampoco la agregación de un montón de pequeñas resistencias es el estruendo de la razón en marcha. Creo que el materialismo histórico tiene más que ver con el tipo de asuntos que le interesan a un autor como Mike Davies, que escribe sobre cómo la proliferación a escala global de macroasentamientos urbanos hiperdegradados está transformando la forma de habitar el mundo o sobre las relaciones entre las catástrofes ecológicas que acabaron con la vida de decenas de millones de personas y la expansión colonial de finales del siglo XIX.

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.

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