TORRIJOS UN HOMBRE DE SIEMPRE

Conmemoran en Panamá aniversario de muerte de Torrijos

Panamá, 1 ago (PL) El 31 aniversario de la muerte del general Omar Torrijos en un supuesto accidente aéreo cuyas causas aún no han sido aclaradas totalmente, fue conmemorado por el Partido Revolucionario Democrático (PRD) fundado por él.
El torrijismo no es algo que se dice, se actúa como torrijista o no, dijo su hijo y expresidente de la República Martín Torrijos Espino en los actos de conmemoración realizados la víspera.
Torrijos Espino lamentó que un país como Panamá, que caminaba por un sendero del progreso, hoy se esté llevando por una confrontación innecesaria.
Adolfo Ahumada, orador de fondo en los actos organizados por la Fundación Omar y realizados en el mausoleo de la Calzada de Amador, afirmó que ante la situación política complicada que vive el país es en el torrijismo donde está la tabla de salvación para Panamá.
Ahumada destacó que Torrijos tenía la capacidad de no alejarse de la realidad, escuchar y conversar en lugar de creer que todo el mundo debía pensar igual que uno.
En los actos participaron representantes de todas las corrientes y los precandidatos presidenciales del torrijismo, así como los aspirantes a dirigir el Consejo Ejecutivo Nacional del PRD. El general Omar Torrijos murió hace 31 años cuando la aeronave en que viajaba se estrelló en el cerro Marta, en Coclé. Hasta allí subieron esta semana contingentes de jóvenes de ese partido para depositar ofrendas florales en el busto erigido en el lugar de los hechos….    VER MAS

Recuperar del olvido el 12 de julio de 1924

12 de julio de 1924, una fecha relegada al olvido

Con el fin de hacer más inteligible el discurso histórico acerca del progresivo devenir del hombre en sociedad, entre historiadores ha sido costumbre dividir el tiempo, segmentarlo en etapas temporales que, en el marco de espacios específicos, posibilitan una mejor comprensión de los acontecimientos históricos. Así, por poner un ejemplo, “Antiguedad, Edad Media, Renacimiento, Tiempos Modernos, historia contemporánea, [es una] taxonomía [que] subdivide la historia en una periodización, verdadera clave de lectura, que pone de relieve los presupuestos implícitos del historiador.” (André Burguière, Diccionario de ciencias históricas: 1986).

La historiografía dominicana, especialmente la destinada a la enseñanza de la Historia Patria, no escapa a esta tradición que data del siglo XIX cuando predominaba la denominada “historia positivista” cuyo principal exponente fue Leopold Von Ranke. Cualquier estudioso del proceso histórico nacional constatará que los textos de historia patria tradicionales han sido diseñados conforme al principio de la periodización, y ello, sin duda, ha obedecido al interés, tanto de la superestructura político ideológica del Estado como de los historiadores, de lograr que la narración de los acontecimientos objeto de estudio sea inteligible para el ciudadano de conformidad con determinados presupuestos ideológicos y metodológicos.
En el primer tomo del Compendio de la historia de Santo Domingo, de José Gabriel García, puede leerse que “la historia de Santo Domingo está naturalmente dividida en nueve épocas, subdividas en diferentes períodos”. El descubrimiento, la conquista, la colonización, las invasiones marítimas y terrestres, la dominación haitiana, la independencia, la anexión, la restauración, en fin, cada uno de los acontecimientos o procesos claves del devenir histórico del pueblo de Santo Domingo es explicado por García desde una perspectiva de periodización del proceso histórico nacional. Precisamente es a José Gabriel García, considerado el padre de la Historia dominicana, a quien debemos el siguiente esquema: Primera República, que abarca desde el 27 de febrero de 1844 hasta el 18 de marzo de 1861, cuando tuvo lugar la Anexión a España, y Segunda República, que cubre el período que transcurre desde 1865 hasta 1916, cuando el Estado nación fue nueva vez suprimido a raíz de la primera Ocupación Militar Norteamericana.

Recuperar del olvido el 12 de julio de 1924

12 de julio de 1924, una fecha relegada al olvido

Con el fin de hacer más inteligible el discurso histórico acerca del progresivo devenir del hombre en sociedad, entre historiadores ha sido costumbre dividir el tiempo, segmentarlo en etapas temporales que, en el marco de espacios específicos, posibilitan una mejor comprensión de los acontecimientos históricos. Así, por poner un ejemplo, “Antiguedad, Edad Media, Renacimiento, Tiempos Modernos, historia contemporánea, [es una] taxonomía [que] subdivide la historia en una periodización, verdadera clave de lectura, que pone de relieve los presupuestos implícitos del historiador.” (André Burguière, Diccionario de ciencias históricas: 1986).

La historiografía dominicana, especialmente la destinada a la enseñanza de la Historia Patria, no escapa a esta tradición que data del siglo XIX cuando predominaba la denominada “historia positivista” cuyo principal exponente fue Leopold Von Ranke. Cualquier estudioso del proceso histórico nacional constatará que los textos de historia patria tradicionales han sido diseñados conforme al principio de la periodización, y ello, sin duda, ha obedecido al interés, tanto de la superestructura político ideológica del Estado como de los historiadores, de lograr que la narración de los acontecimientos objeto de estudio sea inteligible para el ciudadano de conformidad con determinados presupuestos ideológicos y metodológicos.
En el primer tomo del Compendio de la historia de Santo Domingo, de José Gabriel García, puede leerse que “la historia de Santo Domingo está naturalmente dividida en nueve épocas, subdividas en diferentes períodos”. El descubrimiento, la conquista, la colonización, las invasiones marítimas y terrestres, la dominación haitiana, la independencia, la anexión, la restauración, en fin, cada uno de los acontecimientos o procesos claves del devenir histórico del pueblo de Santo Domingo es explicado por García desde una perspectiva de periodización del proceso histórico nacional. Precisamente es a José Gabriel García, considerado el padre de la Historia dominicana, a quien debemos el siguiente esquema: Primera República, que abarca desde el 27 de febrero de 1844 hasta el 18 de marzo de 1861, cuando tuvo lugar la Anexión a España, y Segunda República, que cubre el período que transcurre desde 1865 hasta 1916, cuando el Estado nación fue nueva vez suprimido a raíz de la primera Ocupación Militar Norteamericana.
Sabemos que el 18 de marzo de 1861 el general Pedro Santana, némesis de Juan Pablo Duarte, proclamó la anexión de Santo Domingo a España. Consecuencia de ese proceder inconsulto la soberanía adquirida el 27 de febrero de 1844 se desvaneció y los dominicanos de la época pasaron a ser gobernados por extranjeros bajo la modalidad de Provincia Ultramarina de la antigua Madre Patria. Al cabo de dos años, sin embargo, por obra de la gran mayoría del pueblo dominicano, el Estado-nación o, lo que es lo mismo, la República Dominicana, fue restaurado tras una intensa y continua guerra de liberación nacional que inició el 16 de agosto de 1863 y culminó triunfante el 12 de julio de 1865, cuando las tropas españolas abandonaron la isla de Santo Domingo.
Con posterioridad a la Guerra de la Restauración -que el Maestro Hostos consideraba como nuestra auténtica independencia-, el constituyente dominicano, consciente de la trascendencia continental de la revolución restauradora y acatando la voluntad del Gobierno Restaurador expresada en el Decreto del 11 de agosto de 1864, hizo consagrar en la Reforma Constitucional de 1866 que el 16 de Agosto -en adición al 27 de Febrero- también era “día de fiesta nacional”. Y a partir de entonces, en la Carta Sustantiva del pueblo dominicano se lee: “Los días 27 de Febrero y 16 de Agosto, aniversarios de la Independencia y la Restauración de la República, respectivamente, se declaran de Fiesta Nacional” (Ver Artículo 35 de la Constitución del 26 de enero del 2010).
Es evidente que cada una de esas fechas está relacionada con dos procesos históricos fundamentales: la independencia nacional y la guerra restauradora. Hay quienes sostienen que es innecesario hablar de “tres repúblicas”, porque en realidad sólo ha existido una sola, la del 27 de Febrero de 1844. En cierto sentido tal razonamiento, además de lógico, es histórico y exacto. Sin embargo, debido a lo accidentado de nuestro devenir histórico y, sobre todo, a las interrupciones institucionales que hemos padecido fundamentalmente como consecuencia de la injerencia de potencias extranjeras en los asuntos domésticos de los dominicanos, es preciso, incluso para facilitar una mejor comprensión de esos fenómenos sociales, que hablemos de Primera República (1844), Segunda República (1865) y finalmente Tercera República (1924).
¿Por qué? “Porque -según el historiador Pedro Troncoso Sánchez- en nuestra accidentada vida republicana hemos tenido dos momentos en que se ha interrumpido institucionalmente la República.
“Fueron dos momentos de solución de continuidad, dos hiatos, en la vida de la República: de 1861 a 1863 y de 1916 a 1924. De hecho, o de jure, como pudiera afirmarse respecto de la primera interrupción, dejó de haber un gobierno dominicano, formado por dominicanos, para estar constituido por extranjeros que se subrogaron en la soberanía dominicana. En 1965 hubo un desembarco de tropas extranjeras pero en ningún momento dejó de haber gobierno dominicano”.
“De modo que existiendo esos dos hiatos en nuestra vida republicana es forzoso denominar de alguna manera los tres períodos divididos por esos dos hiatos” (Cf. “En el 50 Aniversario de la Reinstalación del Gobierno Nacional”, Clío, órgano de la Academia Dominicana de la Historia, 1974).
Transcurridos los ocho años de eclipse de la soberanía nacional, durante el interregno 1916-1924, del cual, según el doctor Américo Lugo, el cuerpo social dominicano salió “sin un solo hueso sano”, la bandera de los Estados Unidos fue arriada el 12 de julio de 1924 de la Torre del Homenaje y de las oficinas públicas en todo el país, y en su lugar fue izada la gloriosa bandera tricolor de los trinitarios, fundadores de la República.
Ese día, además, se instaló el gobierno constitucional que presidió el general Horacio Vásquez, ganador de los comicios generales celebrados en el mes de marzo; y apenas cuatro días antes, el presidente provisional de la República, Juan Bautista Vicini Burgos, emitió el Decreto No. 246 que declaraba día festivo el 12 de julio de 1924, así como el día anterior, “con motivo de los diferentes actos que se celebrarán en ocasión de la instalación del Gobierno Constitucional de la República”.
En ese mismo año el Presidente Vásquez promovió una reforma a nuestra Carta Magna, pero el legislador no declaró “día de fiesta nacional” el 12 de julio de 1924, sino que se limitó a consignar que el 27 de Febrero y el 16 de Agosto, eran los “únicos días de fiesta nacional”. ¿Qué ocurrió? ¿Acaso no se quería herir susceptibilidades en la Administración republicana de Warren Harding, festejando como efemérides independista el día de la retirada definitiva de las tropas militares de nuestro país? ¿O el desmedido culto al caudillismo impidió que se le confiriera al 12 de julio de 1924 la categoría de “día de júbilo nacional” y a su principal propulsor, el licenciado Francisco J. Peynado (que había perdido las elecciones frente a Horacio Vásquez), el reconocimiento de su condición de Prócer de la Tercera República?
Se trata de meras conjeturas e interrogantes. Pero lo cierto es que la generalidad de los historiadores, al narrar el acontecer republicano, establecen la siguiente periodización: Primera República (1844-1865); Segunda República (1865-1916); y Tercera República, desde 1924 hasta el presente. De las dos primeras Repúblicas, por mandato constitucional, los dominicanos celebramos el 27 de Febrero y el 16 de Agosto como días de fiesta nacional, no así con el 12 de Julio de 1924, fecha que evidentemente ha sido relegada al olvido.
Desde hace algunos años, el diputado Pelegrín Castillo ha estado promoviendo en el seno del hemiciclo al que pertenece un anteproyecto de Ley para declarar el 12 de julio de cada año “Día de fiesta nacional con carácter laborable”. En este sentido, lo ideal habría sido que el legislador, cuando se abocara a reformar nuestra Carta Magna, en adición al 27 de febrero y al 16 de agosto, incluyera el 12 de julio como la tercera gran efemérides nacional por la sencilla razón de que esta memorable fecha evoca a un tiempo la desocupación del territorio nacional por parte de la Infantería de Marina de los Estados Unidos y el nacimiento de la Tercera República.
Debe resaltarse que aun cuando no fue posible que prosperara la iniciativa legislativa del diputado Castillo, en los archivos del Congreso Nacional afortunadamente pudo comprobarse que durante el gobierno constitucional que presidió Juan Bosch, en 1963, fue aprobada y sancionada la Ley No. 50 que declara “Día conmemorativo el 12 de julio de cada año” en virtud de que se trata de la “Fecha aniversario de la Desocupación del Territorio Nacional por las Fuerzas Militares Norteamericanas” y, en consecuencia, del rescate de la soberanía nacional al amparo de un Estado, esencialmente dirigido por dominicanos.
No obstante, para que el dispositivo de esa Ley adquiera categoría de un hecho histórico trascendente y sea internalizado en la memoria colectiva, es menester que en los textos de historia patria se enfatice a los jóvenes estudiantes qué fue y qué significó la lucha nacionalista del pueblo dominicano contra la Ocupación Militar por parte de la Infantería de los Estados Unidos. Solo así se podrá recuperar del olvido el 12 de julio de 1924, toda vez que esa efeméride sintetiza el gran esfuerzo y el noble sacrificio de no pocos gladiadores del patriotismo dominicano que tras ocho años de resistencia lograron restaurar por segunda vez la soberanía nacional, permitiendo así el nacimiento de la Tercera República que, desde entonces, no ha vuelto a colapsar por virtud de una ocupación extranjera
TOMADO DE DIARIO LIBRE

Correa espera que Reino Unido se retracte de su amenaza

Corre reiteró que Ecuador no negocia cuando se trata de principios nio de ética. (Foto: Efe)
El presidente de Ecuador, Rafael Correa, afirmó este miércoles estar dispuesto a dialogar abiertamente con el Reino Unido pero advirtió que espera que el Gobierno británico se retracte ante la amenaza emitida la semana pasada de invadir su embajada en Londres para arrestar al periodista australiano, Julian Assange.

En declaraciones ofrecidas a periodistas extranjeros desde Quito (capital), el mandatario ecuatoriano sostuvo que ha habido contactos con funcionarios británicos de “nivel medio” por el caso Assange, pero instó a fortalecerlos y a llevarlos a un “más alto nivel”. 

A su vez, dijo que “pese a que no hemos recibido ninguna disculpa por parte de Gran Bretaña”, lo más lógico es que la nación el Gobierno se retractara por “el error diplomático terrible”, de intentar amedrentar la soberanía ecuatoriana.

“Un asalto a la embajada sería algo intolerable que implicaría, en forma inmediata, la ruptura de relaciones con Gran Bretaña (…) Ni siquiera esperamos una disculpa, pero al menos sí que se retracte”, resaltó.

Agregó además que su país está dispuesto a acudir a “todas las instancias que sean necesarias, incluyendo las Naciones Unidas, para denunciar esta amenaza”.

Ecuador espera un “rechazo contundente, sin ambigüedades por parte de la OEA ante la amenaza británica”, añadió indicando que Reino Unido debe retractarse de “esta barbaridad”.

El pasado 16 de agosto, Ecuador le concedió asilo diplomático a Julian Assange, el fundador de Wikileaks, faltando tres días para que se cumplieran dos meses se que el periodista australiano lo solicitara. 

Un día antes de dar respuesta, el país suramericano recibió un comunicado británico en el advertía que si Ecuador no se decidía, Reino Unido podría entrar en su embajada en Londres para capturar a Assange y extraditarlo a Suecia; donde es investigado por delitos sexuales. 

Según Correa, Ecuador busca una garantía para que Assange no sea extraditado a un tercer país o que se le de el salvoconducto para que pueda abandonar la embajada de Ecuador. 

Ante el impasse con el Reino Unido, Correa comentó que Ecuador evalúa un viaje que tenía previsto a Londres el vicepresidente, Lenín Moreno, para participar en la ceremonia de inauguración de los Juegos Paraolímpicos.

Del mismo modo, dijo que se están estudiando “algunas estrategias legales ante instancias judiciales internacionales para ver la posibilidad de que se obligue a Gran Bretaña” a otorgar el salvoconducto. 

América Latina “ya no acepta patrones, presiones, no vamos a aceptar neocolonialismos de nadie, y aquí van a encontrar dignidad y soberanía”, aseveró el gobernante.

teleSUR- Reuters- Afp- Efe- Ap- El Ciudadano/ lp-PR
Notas Relacionadas

WikiLeaks en el ojo de la tormenta diplomática

Repudiemos, mundialmente, toda amenaza contra el gobierno ecuatoriano y sus embajadas.
Por su propia iniciativa, y definición, la tarea de Assange -y WikiLeaks- debe ser tomada con pinzas científicas y con escepticismo sistemático. No hay otro modo de entrarle seriamente.
En la muy cerrada batalla que urge dar contra los monopolios de la información a nivel planetario, la estrategia de Assange ha implicado avances y retrocesos diversos. Por una parte su “metodología” logró liberar esa información “clasificada” que suele usarse como mercancía del poder para traficar influencias, traficar desestabilizaciones, espionajes y calumnias a granel y aunque eso por nadie era desconocido, la parición de “documentos” probatorios abre un espacio de lucha política inédito. Por otra parte, en su cantidad y densidad, el “aporte” de Assange deja muchas fisuras y no siempre es fácil validar los dichos ni verificar loa hechos aludidos en muchos de los mensajes “revelados”. Eso no se traduce, siempre, en fortaleza para el combate.
Romper los monopolios de la información exige trabajar, simultáneamente, en frentes diversos. Uno de ellos, por ejemplo, es el campo jurídico donde se requieren doctrinas constitucionales, e inteligencia reglamentaria, para impedir que la Información, su democratización, sus fuentes y responsabilidad social, no sea reducida al plano de las mercancías con las que el capitalismo especula, agrede y engaña a los pueblos. Se requiere un gran proyecto educativo impulsado por organismos internacionales y democráticos en los que prime el desarrollo científico de un protocolo metodológico abierto tanto para la identificación, producción, divulgación y evaluación de toda información, así como para cualquier otra relación en que esa información, por su naturaleza social, involucre relaciones entre personas o tecnologías.
Hace falta una lucha política fundada en el desarrollo de estrategias éticas consensuadas abiertamente. Hace falta una transformación política que transforme la cultura de la producción informativa y re-catalogue todo el modelo burgués que la entiende, incluso, como arma extorsiva muy rentable. Es necesario demarcar campos de interés y calificar la producción de información como una actividad con responsabilidad política ineludible y susceptible de sanciones sociales muy claras y muy puntuales. Eso incluye a los “noticieros” tanto como a la producción de software y su trasmisión.
Por ejemplo: CELAC podría contar con la Red de Intelectuales y Artistas en defensa de la Humanidad para desarrollar un programa científico solidario con los pueblos en defensa de la verdad, para profundizar las políticas de soberanía de la producción informativa e incluso en materia de distribución democrática de la información. Impulsar un Foro Social de la Comunicación con un capítulo especializado en producción de información. Es decir, abordar la ética de manera moderna y socialista, como se debe.
Podríamos garantizar una intervención crítica sobre todos los problemas y rezagos que pesan sobre las concepciones y prácticas actuales en materia de información. Exigir así internacionalmente que se garantice la seguridad social de la información, la vida de los trabajadores dedicados a ella y la inalienable responsabilidad de poner la cara, el nombre, la fecha y el lugar de la producción de información. Repudiar todas las amenazas, chantajes, extorsiones y falsificaciones que son impunemente emitidas en los medios de las oligarquías. Pero lo mismo hay que hacer cuando la información es escondida para traficar. Combatir frontalmente toda forma del delito informativo y comunicacional.
He insistido en la urgencia de una Cumbre de Presidentes en materia de Comunicación hermanada con un Foro Social de la Comunicación para debatir y combatir la dependencia tecnológica, el rezago jurídico político, las falencias terribles en materia nueva doctrina para la comunicación emancipadora y la formación de cuadros en comunicación y, enfrentar de una vez, el problema de la soberanía de los contenidos. En este marco la lucha por la supresión de los monopolios de la información, en todas sus variedades, es tarea insoslayable y de prioridad especial. No podemos, ni debemos, dilatarnos más.
Soy de los que cree que la decisión de Ecuador respecto al asilo de Julian Assange debe ser acompañada continentalmente. Sin eludir las posibles responsabilidades legales que él tenga en otros ámbitos. Hoy la solidaridad se ha vuelto crucial debido a las comunicaciones antipáticas del imperio. Es necesario que los pueblos tomen un protagonismo especial en este tema y se aproveche el momento como una oportunidad para la solidaridad incondicional, pero proactiva, con el gobierno de Ecuador y con su pueblo en lucha. Y más allá aprovechar la oportunidad para reafirmar luchas anti-imperialistas, luchas anticapitalistas históricas en un frente donde todos tenemos mucho que aportar. ¿Avanzamos?

Rebelión/Universidad de la Filosofía



Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.


CHAVEZ Y LA PAYASADA DE URIBE

“Chávez no solamente es un líder político sino también un revolucionario que ha defendido a los oprimidos”
Con el fin de conocer el panorama político del país, así como las elecciones presidenciales del próximo 7 de octubre en Venezuela, y las recientes declaraciones que emitió el ex mandatario neogranadino, Álvaro Uribe, en contra del país, se entrevistó al editor de Kaos en la Red de España, el sociólogo y licenciado en estudios internacionales sobre América Latina, el catalán Aníbal Garzón Baeza, quien efectuó un amplio análisis sobre los diversos acontecimientos de la nación sudamericana.LB – Recientemente el ex presidente de Colombia, Álvaro Uribe, manifestó que durante su gobierno estuvo a punto de realizar una intervención milita en territorio venezolano, pero por tiempo no la realizó. ¿Qué opina al respecto?
-Hay que analizar el impacto político que busca Uribe con su demagógico discurso. Cualquier analista sabe que Uribe jamás ha tenido posibilidades en realizar una intervención militar en Venezuela, por varios factores. El primero es que si hubiese atacado al país muchas de sus tropas militares tendrían que desplazarse al conflicto bélico binacional dejando espacio libre a las guerrillas de las FARC y el ELN, las cuales tuvieron que ceder territorios controlados tras el Plan de Colombia apoyado por Estado Unidos y Europa en 1999. Con el conflicto binacional las guerrillas ganarían peso político y terreno contra las fuerzas del estado colombiano. Como segundo factor el conflicto pasaría las fronteras y se convertiría en una acción continental. Venezuela es un país que con Chávez ha fortalecido las relaciones con otros países latinoamericanos con sus fuertes acciones de la cooperación Sur-Sur como el Petrocaribe o la ALBA-TCP, además de conseguir superar el control histórico de la OEA llevando iniciativas de fundar nuevas organizaciones como la CELAG o UNASUR, e ingresando en el MERCOSUR actualmente, y por ello un intento de invasión de Colombia a Venezuela haría que varios países de América Latina apoyarían a Chávez, no en base a simpatías políticas sino en contra del que ataque contra la integración continental. Así, la estrategia demagógica de Uribe busca atraer a esos sectores ultraderechoides y antisocialistas colombianos que son críticos con las nuevas y estables relaciones del actual presidente colombiano Juan Manuel Santos con Hugo Chávez.
LB – Para nadie es un secreto que el ex mandatario neogranadino asesora al candidato de la derecha Henrique Capriles. ¿Cómo ves esa relación, los llevará por buen camino?
– Recordemos que el mismo Capriles inició su campaña con una retórica de implementar un capitalismo social de modelo brasileño. Los falsos discursos son un indicador de las realidades contextuales de la región. Actualmente en América Latina domina una ideología antineoliberal, incluso las mismas burguesías para ganarse votos populares la utilizan aunque sean el modelo ideal que buscan. Pero las demagogias tienen un límite y la relación Capriles con Uribe es manifiesta, pero no solamente por el vínculo de estos dos personajes sino de toda una estructura de la derecha internacional neoliberal, mediante otros políticos como el mismo Aznar o Bush, que se reunieron con el empresario venezolano Gustavo Cisneros, partidario de la elección de Capriles, en febrero de 2011 en la República Dominicana para planificar sus acciones contra la reelección de Chávez. Según la pregunta, si es visible en el pueblo venezolano la relación Capriles y Uribe creo que ha sido un gran error de Capriles alienarse con el fascista Uribe, justamente un político desprestigiado a nivel continental, donde se conocen sus estrategias belicistas como su relación con los mismos paramilitares, los falsos positivos, o sus matanzas a la población civil como la fosa común La Macarena.
LB -¿De acuerdo a tu punto de vista en qué se diferencia el ex gobernador de Miranda con el actual mandatario Hugo Chávez?
– Fácilmente se diferencian en lo que ha sido el actor del motor de la historia según Karl Marx, las clases sociales. Mientras Chávez en sus 13 años de gestión ha buscado mejorar las condiciones de la clase social oprimida, dar servicios a los sin recursos, como salud, educación, vivienda, Capriles busca paralizar todo este proceso a favor de privatizar todos los servicios, reducir el papel del Estado en la economía para que vuelva a ser el mercado el supuesto regulador de la sociedad, un mercado que deja a una gran parte de la población marginada por falta de capital. Esto no es algo nuevo, se repite la historia en la dialéctica entre la izquierda y al derecha, donde cada sector define los intereses de una clase social.
LB –Para este 7 de octubre se llevará a cabo las elecciones a la presidencia en Venezuela, considera que están dadas las condiciones para que sea ratificado el presidente Hugo Chávez.
-Según la mayoría de las diferentes encuestas electorales Chávez superaría el 50% de los votos y Capriles no llegará ni al 30%. Estos datos definen la victoria de Chávez, pero más allá de estas fuentes secundarias, la pregunta debería ser otra. ¿Qué sucedería si Chávez no ganará las elecciones presidenciales? ¿Podría generarse en Venezuela un conflicto armado? Recordemos que la derecha antidemocráticamente buscó eliminar a Chávez tras el intento de golpe de Estado en el 2002, pero la población civil con 3 años de la presidencia del Comandante salió a defenderle y a paralizar esa intentona golpista. 10 años después de ese golpe de Estado en Venezuela se han establecido fuertes estructuras políticas de base, como los consejos comunales, que son actores sociales que gestionan parte de los recursos de la Revolución Bolivariana. Seguramente que estos actores con la llegada de la derecha al poder serían reprimidos y esto podría generar un fuerte conflicto nacional con una gran resonancia continental.
LB- ¿A pesar de las diversas campañas y situaciones que ha afrontado el mandatario venezolano, como un golpe de Estado, un paro petrolero, entre otros, desde tu punto de vista qué ha mantenido a Chávez para que se consolide y sea referencia no sólo en la Nación sino fuera de las fronteras?
 A nivel interno el factor principal ha sido reconstruir un nuevo estado que ha hecho que decenas de miles de personas que estaban excluidas del sistema hayan sido insertadas. Recordemos que el golpe de Estado fue abatido por las clases más populares, no por una clase media que hoy es chavista por el auge económico nacional, pero mañana puede estar en la oposición. El paro petrolero igual, fue defendido por jóvenes sin experiencia laboral en esa industria no por una aristocracia obrera que generó la huelga. Así que los mejores materiales ha sido la causa principal de la defensa del pueblo venezolano a Chávez. Mientras a nivel internacional posiblemente la causa principal ha sido más simbólica al ser Chávez un nuevo líder político que ha revitalizado el discurso de la izquierda mundial tras su crisis tras caída de la URSS.
LB- Aníbal como europeo, y una persona que ha viajado a diversos países, pudiendo conocer la realidad de esos pueblos ¿Por qué se debe apostar al socialismo y no al capitalismo?
– Dejando de lado mis criterios políticos y utilizando una base científica sociológica, podemos ver que con la implementación de un modelo socialista cualquier pueblo vive en unas condiciones mucho mas igualitarias donde las personas, nazcan en la familia que nazcan, tiene derecho a estudiar, a una salud pública, a un trabajo decente, para poder desarrollarse como individuos colectivos. Por ejemplo, en Cuba, desde la Revolución Socialista de 1959 y pese a sus duras condiciones por el bloqueo de los Estados Unidos, según el informe de UNICEF de 2012 es el único país latinoamericano sin desnutrición infantil. Podemos hablar de las que llaman potencias capitalistas regionales, como Brasil, México, Argentina, en base al uso de indicadores neoliberales como el Producto Interior Bruto (PIB), pero si un menor se muere por falta de alimentos o de servicios públicos, o unas personas pueden estudiar y otras no, para mi no son potencias sino sistemas arcaicos del colonialismo que hay que superar.
LB- ¿Para finalizar qué le dirías al líder de la Revolución Bolivariana, Hugo Chávez?
Si el Comandante Hugo Chávez lee en algún momento esta entrevista quisiera felicitarle por el proceso de aprendizaje que ha tenido, y que ha replicado al pueblo venezolano, desde la llegada al poder democráticamente en 1999. Sus iniciales discursos keynesianos de la supuesta Tercera Vía, un modelo capitalista de origen teórico inglés, fueron superados por su inclinación por el modelo socialista latinoamericano que fue conociendo mediante su amplía lectura teórica y los logros conseguidos, y errores a corregir, en la historia de las revoluciones socialistas. Chávez no solamente es un líder político sino también un intelectual de los oprimidos del siglo XXI, y creo que es consciente de la lucha de clases nacionales e internacionales que ocupa la agenda política.
* Lucía Berbeo es periodista, analista político en Venezuela y colaboradora para este medio de información.


Rebelión ha publicado este artículo con el permiso de la autora mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.


Construyendo el movimiento HipHop combativo

Para los que estamos insertos desde hace un tiempo en el proceso de maduración política que vivencian algunos sectores del HipHop[H2] organizado en Chile, no es novedad la participación y la extensión que ha tenido en algunos sectores orgánicos y consientes de nuestro pueblo. Su presencia, en los más variados espacios, su difusión más allá de la frontera en que se circunscribe al H2, en tanto sus expresiones artísticas, como la afinidad culturalista en general, estos últimos años, es de relevante consideración. Medios de comunicación, organizaciones políticas, han tomado atención a este fenómeno imposible de impugnar. Ante esta situación, que dicho sea de paso, impactó a las propios hiphoperos, organizaciones, colectivos y talleres, implicó que estos mismos actores tengan que modificar sus estructuras, tensionando a sujetos y colectivos. Una de sus consecuencias más substanciales, es que un sector del H2 chileno comenzó a decantar un proceso de largo aliento, que se arrastra desde hace una década. Consistiendo en consolidar la construcción identitaria del H2 combativo. Desmarcarse de otras expresiones culturales H2, que presentan un discurso, una práctica y una moral que difieren de manera descomunal. ¿Cuáles son las críticas a estos sectores del H2? ¿Por qué son tan nocivos para los intereses de los explotados? En suma, es la hora de la definición.Para nadie es un misterio que el H2 es una de las múltiples expresiones humanas que interactúan, conviven y que presentan las mismas contradicciones que concurren en una sociedad de clases. Por otro lado, vicios y degradaciones de las relaciones también son identificables en su seno. La sociedad patriarcal, la hipermercantilización de la música, el misticismo milenarista tan difundido entre algunos sectores adulto jóvenes, en suma, la “ideología burguesa” y el “santificado mercado”, permean y penetran carcomiendo, en diferentes niveles, las conciencias de los mismos hiphoperos. ¿Por qué es necesario separar aguas y develarlos?
El H2 no posee cualidades per se, no presenta una inmanencia dada. Considerar aquello es petrificar las relaciones sociales. No visualizarlo en su contexto, no visibilizar los vínculos humanos que se desarrollan en la sociedad capitalista, es anquilosar, o peor aún, negar la lucha de clases. Es obnubilar la “realidad”, encubrir nuestra miserable circunstancia. Es hacer ojos ciegos y oídos sordos a la explotación. De ser la canción que retrata la miseria, es travestirse a ser la miseria de la música. Esto hace rato dejó de ser un juego de niños, es posicionamiento y combate.
Desde sus orígenes a fines de los 70’, el H2 se presentó como una alternativa recreativa y regenerativa, vital en un momento de descomposición ideologica y dispersion social. En un contexto general de reconversión del capitalismo a su faz neoliberal, emerge desde las catacumbas del sistema. Ante la ofensiva tecnocrática del capital y del nuevo Estado burgués servil a esta nueva variante de explotación y acumulación, desde los explotados generamos mecanismos de resistencia, de recomposición social y de esparcimiento ante tamaño impacto en las vidas cotidianas ya pauperizadas. Comenzándose a desatar y agudizar, paulatinamente, la contradicción fundamental en un nuevo contexto, con nuevos actores y con nuevas necesidades. Donde por lo demás la reordenación geopolítica mundial cambio sustancialmente.
La llegada del H2 a fines de los 80’ en la juventud chilena, se realizó en un contexto similar: marginación, pobreza y criminalización era la tónica de esos tiempos. Ser joven y pobre era indicio de ser peligroso. Y si ese joven tenía una posición política revolucionaria, era peor, era terrorista. Denominación que se prolongó en los gobiernos concertacionistas, así como las prácticas contrainsurgentes de terrorismo de Estado expresada en la Política de Pacificación y Aniquilamiento. El H2 como cultura comenzó a irradiarse de la mano de los medios de comunicación, films, y de jóvenes que volvían de exilios junto con sus padres y/o abuelos de pasado militante. La factibilidad de las comunicaciones, programas musicales foráneos, esa nueva apertura y la viscosidad de las fronteras, económicas sobre todo, permeadas por estas nuevas expresiones artísticas, arraigaron con fuerza en las periferias de las urbes del país.
El H2 como grito, como rabia e irá contenida, inorgánica, sin definición política, creció y como germen se expandió a gran velocidad. Desde los explotados, desde el pueblo pobre, se utilizó para rescatar la memoria histórica, recomponer social y culturalmente las poblaciones, concientizar a jóvenes y niños en un momento donde las organizaciones populares estaban en repliegue.
Tampoco, y por razones obvias, pudo abstraerse del mercado que succiona y coopta todo a su paso. Un sector del H2 comenzó a sostener y reproducir las condiciones de explotación, sirviéndose de las lógicas del mercado, constituyéndose en torno a él, favoreciendo la acumulación por parte de la industria discográfica y al modelo hegemónico burgués de dominación. Donde el machismo, la exclusión, la concentración de la riqueza, la competitividad y el individualismo se consolidan en beneficio de una minoría.
En dinamismo y constante transformación, de la misma manera en que se modifican e interactúan las relaciones sociales de las cuales somos parte, el H2 ineludiblemente debió y debe presentar un posicionamiento esclarecedor. No quiere decir que nos situemos como H2, ni como cultores de una de las 5 ramas, sino como pobres, como explotados, hijos de obreros, pobladores o estudiantes endeudados. Tampoco el H2 debe ser instrumentalizado por partidos seudorevolucionarios y filoobreristas, que se adjudican un vanguardismo ahistórico, dogmático y mecanicista, que desboca en secta. Es parte del pueblo y de sus experiencias de lucha y no de apropiaciones oportunistas que lo asocian como voz de un partido. Así, el H2 se desplegará como una de las herramientas, unas de las muchas existentes, que permita expresar nuestros intereses, necesidades, como las hambres de pan y de liberación, o el mundo y el hombre/mujer nuevo que aspiramos construir entre tod@s.
Por tanto, es eminentemente histórico. Está cruzado por las mismas contradicciones que tensionan una formación social concreta. Puede evidenciar solidaridad y respeto entre compañeros, como también puede motivar el consumismo y la fetichización de la mercancía. Valorar el rol de la mujer en la sociedad, reconociéndola como parte sustancial de cualquier proyecto de liberación de los excluidos o puede ser utilizado como mecanismo para perpetuar su subordinación.
El dogmatismo que tanto daño le causó a la Izquierda continúa penando al H2. Por ello, es una necesidad imperiosa declarar a los cuatro vientos nuestro anticapitalismo, encauzar nuestras propuestas, propiciar zonas de confluencia con otros sectores, profundizar su rol pedagógico en los talleres territoriales, insertarse en los procesos de lucha, convivir y solidarizar con trabajadores, marchar junto a organizaciones políticas y estudiantiles con perspectiva revolucionaria, estar junto a ellos en las tomas, marchas, paros y movilizaciones, tal como se viene realizando los 12 de octubre, los 8 de marzo, los 29 de marzo, los 1 de mayo, entre otros.
No sólo nos tomaremos los espacios territoriales donde proliferan los talleres y colectivos, sino disputaremos el poder al Estado junto con las demás organizaciones sociales, políticas y culturales de nuestra clase. Ser parte del movimiento popular, ser una gota de agua de la marea que golpea ola a ola las costas del neoliberalismo, irrumpiendo hacia el corazón de la expoliación, desarrollando y desanudando las fuerzas contenidas, contribuyendo al desarrollo de una conciencia de clase, generando pensamiento crítico y aportando con acciones concretas, ahí, donde todas las formas de lucha son validas para que los pobres del mundo destruyan sus cadenas. El H2 se edificará como una trinchera, con nuestras baterías y arsenales de rimas. Al ritmo del scracht, bombardeando las murallas, liberando nuestros cuerpos con el break dance y nuestras conciencias con el rap. De la regeneración de nuestra clase, a consolidarnos como H2 en combate.

*Texto original en El Surco, N° 38. Agosto, 2012. Pág. 3.

José Antonio Palma. Activista HipHop, LumpenCrew.


Pasión, militancia (revolucionaria) e historia

León Trotsky
Pasión, militancia (revolucionaria) e historia

En el marco de mi interés por las relaciones entre los artistas y escritores con Trotsky, y algunas discusiones sobre publicaciones y discusiones contemporáneas, hice, a modo de homenaje, este texto “de misceláneas”.
Tengo en mis manos un librito, publicado en 1993, de poco más de 120 páginas.
Me lo dio una amiga, Juana Droeven.
Allí, la contratapa la escribe Fogwill.
Y comienza así:
“En las memorias de Molinier jamás llueve, ni hace calor agobiante o frío. Nadie bebe ni fuma. Como en su vida, hay una sola atmósfera: el combate”.
Más allá de que el autor de Los pichiciegos haya sido –según él mismo declaró en algunos reportajes– trotskista en la década de 1960, ¡qué impresionado estaba de conocer en Argentina, en plena década neoliberal, a un militante trotskista de larga tradición!…
Y de pasión militante…
Fogwill dijo de Molinier: “es un hombre de acción: lo encontré en Buenos Aires en 1986, y a sus ochenta y cuatro años estaba concentrado en el seguimiento de la prensa soviética, a la espera del surgimiento de focos revolucionarios en la URSS para brindarles su asistencia. Hombre de acción, sus memorias –material de discusión para trotskistas y obra de consulta para quienes historien la contrarrevolución europea– son un relato de la voluntad […]. Hay un encuentro producido en 1916 que liga irreversiblemente su voluntad con la figura de Trotsky”.
Fechas:
1916 –dos años pasaron desde que comenzó la Primera Guerra Mundial: allí un jovencísimo Molinier repartía, con pasión militante, volantes llamando a la rebelión contra la carnicería imperialista… Volantes que fueron redactados por el propio Trotsky–;
1986 –setenta años después, Fogwill se entera de que Molinier, de nuevo: con pasión militante, está dispuesto a “brindar asistencia” si una revolución política en la URSS contra la burocracia stalinista lo requería–;
1993 –aparición de este libro que estamos citando, llamado Trotsky vive. 50 años después. Memorias de un militante trotskista–.
Así, los grandes hechos de la historia se entrelazan con la militancia, con la cultura, el arte; y estos hilos (que son, ni más ni menos, anécdotas, memorias, libros…) que de alguna manera se referencian en Trotsky, se mantienen y llegan a nuestros días. ¿O acaso –para poner un ejemplo– dos de los más importantes dramaturgos del siglo XX, Bernard Shaw y Bertolt Brecht no alegorizaron en sus obras Santa Juana y Galileo Galilei, respectivamente, el moderno drama histórico que se condensaba en las personalidades enfrentadas de Trotsky y Stalin?

***

Otro importante escritor, el francés André Gide estuvo dispuesto a visitar y conocer a Trotsky, cuando éste estaba –cuando el revolucionario del planeta sin visado había logrado conseguir un permiso para instalarse– en México. Cuenta sobre esto uno de los principales secretarios del revolucionario ruso, Jean van Heijenoort:
“André Gide tenía la intención de venir a México; pero cada vez posponía el viaje. En noviembre, el proyecto de Gide pareció precisarse. Trotsky […] redactó un proyecto de carta que comenzaba por ‘Querido maestro’ y detallaba todo lo que podía incitar a Gide a venir. La carta iba a ser firmada por varios artistas y escritores mexicanos, entre otros Diego Rivera, Salvador Novo y Carlos Pellicer. No me acuerdo si verdaderamente fue enviada; pero aun cuando lo hubiera sido, la carta no sirvió para nada, pues, como pronto lo supimos, Gide había cambiado bruscamente sus planes y había partido para África”.
Otro encuentro fue el de Trotsky (junto a su compañera Natalia y el mismo Van) con el pintor José Clemente Orozco. (Comparando a Rivera con Orozco, Van dice: “por su carácter, sus gustos, su modo de vida, el estilo de pintura, se situaban en dos polos opuestos. Orozco era un introvertido atormentado mientras que Rivera era un extrovertido jovial. El hecho mismo de ser los dos más grandes pintores del país no podía sino crear entre ellos una especie de rivalidad, tenían entre sí pocas relaciones personales, o ninguna”.) Al salir de la entrevista (una “charla amena”, recuerda Van en su libro), Trotsky les exclamó a sus dos acompañantes: “¡Es un Dostoievsky!”.
Otro escritor, en este caso el norteamericano Waldo Frank, también quiso entrevistarse y conocer a Trotsky. Relata Van en el mismo trabajo citado (que es el libro publicado en 1978 Con Trotsky, de Prinkipo a Coyoacán. Testimonio de siete años de exilio, traducido del francés por la escritora argentina Tununa Mercado):
“En febrero [de 1937] se encontraba en México un escritor norteamericano, Waldo Frank. Tenía lazos personales con los stalinistas de los Estados Unidos y de América Latina, pero los procesos de Moscú lo habían dejado perplejo. Vino a ver a Trotsky una o dos veces. Las conversaciones fueron animadas, pero quedaron en el aire. De Nueva York, John Dewey invitó a Frank a quedarse en México para participar en los trabajos de la comisión de investigación cuando sus representantes llegaran a México. Frank encontró un pretexto para zafarse. Tenía una gran vanidad. Había escrito a Trotsky pidiéndole una entrevista. Antes de decidirse, Trotsky me pidió que fuera a ver a Frank a la ciudad para tantear el terreno. Lo encontré en el vestíbulo de su hotel. Lo primero que me dijo para presentarse, sabiendo que yo era francés, fue: ‘Yo, sabe usted, soy el André Gide de las Américas’”.
Lamentablemente en las Memorias (publicadas póstumamente –acá en nuestro país en 1975 por la Editorial Sur–) de Frank no hay nada (en los capítulos “México y Don Quijote”, y “Triunfo y derrota en Argentina”) referido al stalinismo, a los Juicios de Moscú… ni a su intención de conocer a Trotsky.
Y sin embargo, Waldo Frank (un importante socio de la empresa cultural y política de Victoria y Silvina Ocampo y cía. –obvio: hablamos del Grupo Sur–) es otro nombre, junto al de Gide y Orozco, seguramente menos conocidos y mencionados en las tradicionales listas de personalidades que visitaron, congeniaron y/o se pelearon con Trotsky: Breton, Malraux, Georges Simenon, Diego Rivera, Frida Khalo, John Dewey, etc., etc., etc. Una galería de “personalidades”, de artistas e intelectuales (que pareciera) interminable. Artistas que, en medio de las tensiones de entreguerras no dejaban de ser deslumbrados por la figura, la historia y la obra de Trotsky, aunque muchos más se mantuvieran fieles a la asociación de “Amigos de la URSS” y a Stalin. (Por poner un ejemplo de lo que generalmente se producía entre los artistas del, por así decir, establishment de izquierda”, el reconocido –y exsurrealista– Paul Élouard escribía este ¿poema? en 1949:
“Y Stalin disipa hoy la desdicha / La confianza es el fruto de su mente de amor / El racimo razonable, a tal punto perfecto. / Gracias a él vivimos sin conocer otoño / El horizonte Stalin renace sin cesar / Vivimos sin dudar y aun en el pozo de la sombra / Producimos la vida y arreglamos el porvenir / No hay para nosotros día sin mañana / Aurora sin mediodía frescura sin calor […] / Pues la vida y los hombres han elegido a Stalin / Para representar en la tierra su esperanza sin límites”.
Se puede imaginar, por lo tanto, lo sacrílego que era interesarse, visitar y/o reivindicar a Trotsky…)

***

Ahora, ¿un poco más de historia? Esto relata Isaac Deutscher en el tercer (y último) tomo de la monumental y conocidísima biografía de Trotsky, El profeta desterrado (1929-1949) acerca del combate perdido contra Stalin y el destierro que sufrió el creador del Ejército Rojo de la URSS, y sobre lo que significaba su nombre para fascistas e imperialistas:
“¿Cuán definitiva e irrevocable fue la derrota? Ya hemos visto que, mientras Trotsky vivió, Stalin nunca lo consideró finalmente vencido. El temor de Stalin no era una simple obsesión paranoica. Otros actores principales del drama político lo compartían. Roberto Couloundre, embajador francés ante el Tercer Reich, ofrece un interesante testimonio en una descripción de su última entrevista con Hitler en vísperas del estallido de la segunda Guerra Mundial. Hitler se jactó de las ventajas que había obtenido como resultado de su pacto con Stalin, que acababa de firmar, y trazó un grandioso panorama de su futuro triunfo militar. En respuesta, el embajador francés apeló a su ‘razón’ y habló de los trastornos sociales y la revolución que podrían seguir a una guerra prolongada y terrible y barrer a todos los gobiernos beligerantes. ‘Usted se ve a sí mismo como vencedor…’, dijo el embajador, ‘pero, ¿ha considerado usted otra posibilidad: la de que el vencedor sea Trotsky?’ Al escuchar esas palabras, Hitler se puso de pie de un salto (como si lo ‘hubiesen golpeado en la boca del estómago’) y gritó que esa posibilidad, la amenaza de la victoria de Trotsky, era una razón más para que Francia y la Gran Bretaña no fueran a la guerra contra el Tercer Reich. Así, el amo del Tercer Reich y el emisario de la Tercera República, en sus últimas maniobras, durante las últimas horas de paz, trataron de intimidarse el uno al otro, y al gobierno de cada uno, invocando el nombre del solitario proscrito atrapado y enclaustrado en el otro extremo del mundo. ‘Los acosa el espectro de la revolución, le dan el nombre de un hombre’, comentó Trotsky cuando leyó el diálogo”.
O sea que al modo en que Jacques Derrida comentaba, en la década de 1990, en plena reacción ideológica antimarxista, que no habría ninguna muerte de Marx sino al contrario, que al menos seguiría existiendo uno de “sus muchos espectros”, alimentado por la existencia misma del sistema capitalista, Trotsky fue (y es) el espectro de la revolución obrera, de la sublevación popular de las masas contra el hambre y las miserias (las crisis económicas, las guerras) del sistema. Del triunfo de las perspectivas del socialismo y el comunismo, y de las luchas contra la burocratización y el poder despótico (tal como lo demostró en su implacable lucha –pagada con la pérdida de sus camaradas, familiares… y su propia vida– contra el totalitarismo stalinista).

***

Y si pensamos la historia de este fantasma llamado Trotsky desde el presente, nos encontraremos con una serie de trabajos de (supuestos) “sovietólogos”, que no son más que propagandistas de las mentiras de liberales, maoístas y stalinistas contra quien dirigió junto a Lenin la Revolución Rusa de 1917. Entre ellos está el historiador inglés Robert Service, quien después de haber hecho biografías de Stalin y Lenin, hizo una de Trotsky que tuvo bastante repercusión y debates. Por ejemplo, un episodio ocurrió en Alemania, donde un grupo de 14 historiadores escribió una carta a la prestigiosa y reconocida Editorial Suhrkamp ante la inminente publicación local de Trotsky. Una biografía, cuestión que logró retrasar su aparición… pero no impedirla: finalmente salió publicado este nuevo libro –lleno, como dice la carta de los historiadores, de errores, falsedades, acusaciones e injurias, tal como es también Lenin. Una biografía– de Service. Hay decenas de artículos (y algunos libros) discutiendo las decenas y decenas de errores y calumnias arrojadas por Service.
Una muestra.
Dice Service en las páginas 635 y 636 de la edición en español:
“Una de las razones por las que Trotsky merece que se le rescate de este olvido cada vez mayor es que él nunca fue exactamente lo que decía ser, ni lo que los demás decían que era. Estaba cerca de Stalin tanto en intenciones como en prácticas. No estaba más interesado que él en la creación de una sociedad de socialismo humanitario, por mucho que así lo asegurara y asumiera. Trotsky fracasó a la hora de pensar en el pasaje de la dictadura de partido a la libertad universal. Se deleitaba con el terror”.
He aquí una repetición de lo ya escrito por Service en sus dos anteriores biografías. Trotsky sería, tal como Lenin y Stalin, un mero (e idéntico) engranaje de la maquinaria del “comunismo autoritario”, y los tres, sea por la razón que fuere, tenían motivos de sobra (algún pretendidamente científico por Service, y en realidad superficial, “rasgo psicológico” de sus infancias y juventudes –todas ellas bien distintas–) para pretender saciar una sed de venganza que se desarrollaría tras la toma del poder por los soviets y el Partido Bolchevique.
En esta discusión sirve ver (una vez más) la real política de Trotsky en el “terreno cultural”, y ligarla a su política más general.
No es la que dice Service (páginas 416 y 417): “ Trotsky deseaba una alta cultura subordinada a los propósitos del partido. Asumía que iban a pasar muchos años antes de que la ‘cultura proletaria’ pudiera alcanzarse”; “en resumidas cuentas, fue Trotsky quien sentó las bases filosóficas para el estalinismo cultural”. Trotsky ni pensaba en una “cultura proletaria” ni tenía nada que ver con el stalinismo y su “socialismo en un solo país”: al contrario: el objetivo de la futura sociedad comunista implicaba la desaparición de “connotaciones clasistas” en el arte, ya que sería este “arte del futuro” producido y disfrutado por todos. La dictadura del proletariado (como ofensiva y mantenimiento de un gobierno de las mayorías populares –desde la organización soviética– contra las clases explotadoras), como régimen transicional (como una “trinchera” en el desarrollo de la lucha de clases internacional –único modo de avanzar hacia la construcción del socialismo–) implicaba al mismo tiempo una ampliación de las libertades y posibilidades de los sujetos y grupos artísticos para que todos se desarrollaran. De ahí que Trotsky estuviera por la libertad de todas las tendencias artísticasy considerara al “arte proletario” una corriente más con derecho propio a la existencia… aunque no debía ser la única ni “la oficial del Estado” (Trotsky siempre explicaba que hay terrenos de la actividad humana donde, por las propias características de tal o cual actividad –la ciencia, el arte–, el partido revolucionario no puede más que seguir, observar, opinar… pero no necesariamente dirigir ni crear). El stalinismo sí que fue “totalitario”, tanto en el arte como en la política: manipulación ideológica (“arte proletario”, “culto a la personalidad”, falsificación permanente en los libros de historia, en las estadísticas, en las fotografías, etc.) y cerrazón nacionalista, que llevó a brutales contradicciones internas a la URSS, al “dirigismo” en el arte –es decir, a la falta de libertad para las masas y para los artistas– y, como ya es historia, a la decadencia y posterior caída del Estado obrero.
Service, que pretende “patear el tablero”, desmontando (supuestos) “mitos” y “caracterizaciones políticas establecidas” acerca de estos grandes revolucionarios modernos (Lenin y Trotsky, aclaro por las dudas), termina repitiendo y acercándonos un largo rosario para leer una diatriba tras otra sobre la egomanía, el fanatismo desbocado y la improvisación permanente de estos dirigentes marxistas. ¡Cuán distinto es el juicio que surge de un trabajo realmente serio, como el de Deutscher! (Y hablamos de alguien que fue durante un tiempo militante trotskista y de la IV Internacional, pero que luego viró hacia posiciones de simpatía a favor de una “auto-reforma” de las burocracias rusa y china, y acusó a Trotsky de “voluntarista” por haber puesto en pie una nueva internacional revolucionaria en 1938.)
Para Deutscher: “La vida y la obra enormes de Trotsky son un elemento esencial de la experiencia de la Revolución Rusa e, indudablemente, de la sustancia de la civilización contemporánea. La singularidad de su destino y las extraordinarias cualidades morales y estéticas de su ejecutoria hablan por sí mismas y atestiguan la significación del hombre. No puede ser, sería contrario a todo sentido histórico, que una energía intelectual tan poderosa, una actividad tan prodigiosa y un martirio tan noble no hayan de tener ricas consecuencias a la larga. Ese es el material de que están hechas las leyendas más sublimes e inspiradoras. Sólo que la leyenda de Trotsky se compone de principio a fin de hechos registrados y verdades comprobables. En ella, ningún mito revolotea sobre la realidad, sino que la realidad misma se eleva a la altura del mito”.
Este mito hecho de historia viviente comenzó en 1905 –y aun antes–, cuando tras décadas de reacción (tras el aplastamiento de la Comuna de París en 1871) Rusia vivió su primera huelga general y el surgimiento de soviets. Trotsky fue presidente del soviet de la ciudad de Petrogrado en un país conmocionado por la guerra y su respuesta social y política: la revolución. (Revolución que, vale la pena recordar, fue saludada calurosamente por socialistas norteamericanos; un grupo donde estaba el escritor Jack London, autor de El talón de hierro, novela que Trotsky dos décadas después leerá y elogiará en una carta dirigida –ya el autor de Martín Eden había fallecido en 1916– a Joan London.)
Continuó Trotsky su apasionada (y apasionante) vida militante en 1917, y siguió, en la teoría, en la práctica, en el programa y la estrategia. Fundador de la III y IV Internacionales; conocedor de las realidades e historias nacionales de importantes países del mundo como Inglaterra, Francia, España e Italia, además de China e India; analista de la cultura y la vida cotidiana en la Rusia posrevolucionaria (por su parte, Literatura y revolución es un verdadero clásico, sutil, versátil y profundo, de análisis marxista sobre la literatura, la cultura, y sus complejas relaciones con los grandes acontecimientos históricos); jefe militar en 1917, en la guerra civil 1918-1921 y ante la última revolución alemana, en momentos donde comenzaba a desarrollarse el nazismo, en 1923; y analista de las realidades latinoamericanas, acuñando la aún hoy útil categoría de bonapartismos sui generis (de derecha o “de izquierda”) para analizar el nacionalismo burgués de Lázaro Cárdenas en México. A lo que hay que sumar sus trabajos claves como La revolución permanente y el Programa de Transición. Van Heijenoort dijo que “Los grandes libros fueron Mi vida, la Historia de la revolución rusaLa Revolución traicionada y, posteriormente, el Lenin y el Stalin”. (En particular, La revolución traicionada es un pormenorizado análisis del Estado obrero degenerado por el stalinismo, con una profunda discusión teórica e ideológica acerca del Estado, el socialismo y el comunismo.)
Trotsky fue asesinado por un sicario de Stalin. A su funeral, en Coyoacán (México D. F.), concurrieron cerca de 300.000 personas –en una ciudad que tenía entonces 4 millones de habitantes–.
Por todo esto (y mucho más) la pasión militante y revolucionaria de Trotsky es imperecedera…
Si hoy, con la histórica crisis económica internacional estamos viendo el despertar de las masas, con gran protagonismo de la juventud; si estamos viendo en Europa el resurgir de huelgas generales y manifestaciones obreras; si la juventud estudiantil sale a luchar, como en Estados Unidos (Occupy Wall Street), Canadá, España, México (el “#YoSoy132”) y Chile, entre otros países; si hay un renovado interés en la obra de Marx (se vuelven a vender el Manifiesto Comunista y El capital). En fin: si estamos yendo (¿o regresando?) a tiempos más convulsivos, Trotsky es la mejor “guía de aprendizaje” para quien quiera ser “parte activa” de los grandes acontecimientos que están (re)apareciendo.
Tal es la pasión que, a mi modo de ver, debe unir, a quien milita, con la historia.

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.


El movimiento estudiantil chileno hacia una nueva sociedad

Un paso desde la demanda sectorial a la solidaridad en la acción
Le Monde Diplomatique, Chile
Las luchas del año pasado enseñaron que la movilización es la única forma para ser escuchados; el desprestigio de la institucionalidad como interlocutor hacia los movimientos sociales; y la necesidad de constituir un movimiento transversal desde donde plantear alternativas al sistema neoliberal en todos los planos.

Las movilizaciones del año pasado, para algunos “La primavera de Chile”, es el estallido tras un largo proceso de aprendizaje, movilización y reflexión de los estudiantes respecto del significado del derecho a la educación y que, en el 2011, tomaron forma en dos grandes ejes articuladores del movimiento: La gratuidad de la educación y el fin al lucro. En el caso de los secundarios, la gratuidad significa el término de las subvenciones y aportes compartidos, tanto a nivel municipal como particular subvencionado. El fin al lucro significa poner término al negocio del sistema particular subvencionado con los fondos públicos; el fin al lucro y la gratuidad significan que el Estado garantice y reconozca la educación como un bien público y como un derecho social.

En ese sentido, los estudiantes de base, en particular nosotros, los estudiantes secundarios, luego de las experiencias de las movilizaciones de los años 2006 y 2008, habíamos concluido en que el origen de la crisis que vivíamos se encontraba en los cimientos mismos del sistema educativo. Nuestras conclusiones y reflexiones fueron ignoradas, fuimos también engañados una y otra vez por autoridades y partidos tradicionales de la institucionalidad chilena. Y entonces aprendimos que sólo la masividad, la solidaridad y la fuerza de nuestras acciones (tomas, paros, cortes de calle, marchas) obligaría a los partidos y a las autoridades a asumir la evidencia de la crisis y dar un vuelco en la discusión.

No fuimos los únicos ignorados, quizás sólo los primeros en ocupar durante más de siete meses calles, plazas y escuelas, rompiendo el cerco informativo y permeando las conciencias ciudadanas. Ese miedo que durante tantos años infundió a diestra y siniestra la dictadura, y aquel adormecimiento del pueblo, en que la mano “tecnicista” de la Concertación podía cooptar la protesta social, terminó por quebrarse durante el año 2011, tanto por la acción del movimiento estudiantil como por las acciones de diversos movimientos con sus demandas respectivas, (por ejemplo, el movimiento en contra de HidroAysén y el “puntarenazo”). El 2011 significó entonces la instalación, tanto para el movimiento estudiantil como para diversos actores sociales, de nuevas lógicas frente a la ausencia de respuestas a las demandas ciudadanas.

Las lógicas

De estas lógicas se pueden distinguir tres principales: la movilización como única forma para ser escuchados; el desprestigio de la institucionalidad como interlocutor hacia los movimientos sociales; y la necesidad de constituir un movimiento transversal desde donde plantear alternativas al sistema neoliberal en todos los planos. El modelo asambleísta con que ha funcionado el movimiento secundario ha facilitado la permanencia y el progreso de estas lógicas; cada generación que participa de éstas, sin la distancia entre dirigentes y bases, permitiendo mayor amplitud, llegada y participación a los sectores menos articulados del movimiento.

La visión que tenemos los estudiantes secundarios surge desde nuestras propias vivencias, que a diario nos demuestran las contradicciones más palpables del sistema capitalista: cuando faltan sillas, agua, luz, profesores, y las toneladas de dinero destinadas a la educación llegan a los bolsillos de sostenedores y municipios, divisamos el predominio de un criterio mercantil en la educación. El que las universidades públicas incluyan medidas como el ranking como factor de ponderación, no corrige la desigualdad ni las pésimas condiciones de formación en que muchos estudiantes accederán a la universidad. El problema está en la formación previa, allí se concreta la segregación y allí se zanja el futuro de los jóvenes.

Hoy las matrículas en la educación municipal han disminuido peligrosamente, la migración ha sido desde la educación pública hacia los particulares subvencionados y pagados. El sistema impone la búsqueda de lucro, puesto que se alimenta de éste y del endeudamiento de las familias, la nueva forma esclavizadora del neoliberalismo chileno. Bajo esta realidad, hemos desarrollado un rechazo a la institucionalidad vigente que no ha entregado ni quiere entregar solución alguna a estos problemas.

A favor del lucro El rechazo de la Cámara de Diputados al informe sobre el lucro en la educación superior indica que el Parlamento no sólo no ha aprendido a representar a los ciudadanos, sino que, una vez más, en cuanto a la educación o los recursos del mar, vota para los que lucran con nuestras vidas, nuestros sueños, nuestra salud y con los recursos de todos los habitantes de Chile. Además, quienes hoy tienen el poder han encontrado su punto de consenso a través de la aprobación progresiva de leyes criminalizadoras de los movimientos sociales, como la ley anti encapuchados (aprobada el miércoles 18 de julio) y la ley Hinzpeter que prontamente será avalada por estos mismos parlamentarios.

En este contexto, ¿qué puede pretender como legitimidad un poder ciego y sordo a las demandas de los ciudadanos? Bajo estas circunstancias, los secundarios a nivel nacional apostamos a avanzar con nuestros padres y madres, con los pobladores, con los trabajadores. Queremos avanzar tomando como base la “Propuesta para la educación que queremos”, entregada en diciembre del 2011 (1). En ella subrayamos tres elementos. El primero, es la reivindicación de un sistema nacional de educación gratuito en todos los niveles.

Un sistema que se articule con excelencia y con coherencia a las necesidades del país y de cada comunidad, y que consagre la educación como un derecho fundamental. El segundo elemento, es que este sistema cuente con control comunitario remplazando el actual modelo municipal. Por control comunitario entendemos que sean las comunidades escolares y los habitantes de cada territorio quienes decidan sobre gestión y planes de enseñanza. Las comunidades pueden, con un buen apoyo técnico, asumir este desafío. Finalmente, una vez más, el término del lucro con los recursos del Estado. Para ello creemos que es preciso avanzar en la mayor y mejor solidaridad entre estudiantes, trabajadores y pobladores. Esto es lo que hemos querido expresar este año, no sólo en el discurso, sino también en la acción. Es así que debe entenderse la ocupación de la empresa Konecta Chile por trabajadores y estudiantes.

No es coincidencia que hoy existan diversos sectores productivos que se encuentren movilizados en busca de la mejora de condiciones laborales, este fenómeno responde al sentido que instalaron los estudiantes, primero, y luego los habitantes de Aysén, Pelequén y Freirina, entre otros: “El que no llora no mama”. Pero, hay que ir haciéndolo juntos. Necesitamos la articulación de todas las luchas en la misma movilización callejera, en donde nuestras experiencias y el compartir vivencias se convierte en una relación de reciprocidad y de solidaridad que poco a poco va dinamizando nuevamente a todos los sectores. El espíritu de la “Propuesta para la educación que queremos” y que hoy diversos liceos del país y plenos universitarios, entre ellos el Pedagógico y la Universidad Central, han discutido y analizado para incluirla en sus banderas de lucha, se nutre de esta idea fuerza. Y es que el poder comunitario, como concepto puesto en práctica, ha mostrado que puede dar frutos.

1 Ver texto completo de la propuesta en  http://www.movilizatechile.cl/2012/05/aces-chile-propuesta-para-la-educacion-que-queremos

*Eloísa González. Asamblea Coordinadora de Estudiantes Secundarios (ACES)

http://www.lemondediplomatique.cl/Un-paso-desde-la-demanda-sectorial.html

HIPOLITO:Perdió las elecciones, perdió en el PRD y perdió en la OEA

César Medina
lobarnechea1@hotmail.com
Hipólito Mejía debería revisar su suerte, darse un baño de cola de bacalao, botar a todos sus asesores y retirarse de la política.
Su estrategia ha venido en picada y sus planes han fracasado uno por uno, desde el momento en que creyó sincero el apoyo de un sector del peledeísmo ñprecisamente del más poderoso en ese momentoñ, que le inyectó recursos y logística para hacerlo ganar la convención perredeísta del 6 de marzo del año pasado.
Ni siquiera sospechó que estaba recibiendo un regalo envenenado y cayendo en la trampa que le tendía el enemigo.
Esa victoria pírrica no le dejó ver el bosque detrás del árbol, y al medirse su popularidad en ese momento, cuando aún estaba por definirse la candidatura del PLD y se debatía si Leonel podía o no presentarse a la reelección, apareció con una intención de voto que rondaba el 60 por ciento. Y el PLD con un rechazo de mayor proporción.
Parece que nadie se atrevió a decirle que era el más vulnerable de todos los candidatos posibles ñdel gobierno y de la oposiciónñ y que tenía que actuar rápido para salirse del cerco que poco a poco comenzaría a estrecharse.
En cambio cayó en la ilusión de una realidad fingida, sin analizar siquiera los factores que en ese momento determinaban tal ocurrencia. Y de ahí entonces que sus fracasos siguieran en cadena, hasta el último que acaba de conocerse: el de la OEA.
Prestigio y dinero
La Organización de los Estados Americanos recibió en Washington tres cartas remitidas por Mejía a su secretario general José Miguel Insulza para denunciar irregularidades en los comicios del 20 de mayo y declarándose ganador de las elecciones y víctima de un fraude.

Los autores de la idea y redactores de la carta fueron los señores Jaime Aparicio Otero y Rubén M. Perina, dos conocidas figuras residentes en Washington y por años importantes funcionarios de la OEA y expertos en asuntos políticos y electorales de la América Latina.
Como olvidaron que esa misiva no podía conocerla el pleno de la OEA sin ser adicionada al informe de la comisión de observación electoral del organismo que pasó varios días aquí viendo el desarrollo del proceso, entonces Mejía envió otras dos cartas con argumentos que según él escaparon a esa observación. Como fue, por ejemplo, el uso de más de 80 mil millones de pesos del Estado para comprar la candidatura de Danilo Medina y la existencia de una estructura de poder bajo control de Leonel Fernández que incluía la Junta Central Electoral, las altas cortes y la Cámara de Cuentas.
El fraude, consecuentemente, era estructural mediante un mecanismo puesto en marcha por Leonel para instaurar en el país un sistema de partido único. Una situación de esa naturaleza tenía que ser investigada porque de ser cierta se estaba violando la esencia de la Carta Interamericana que compromete a los países firmantes de la OEA a garantizar el pluralismo partidario con igualdad de oportunidades.
Y otro argumento era que había que desestimar el informe de la comisión de observación porque no contempló la magnitud del engaño electoral por la forma concertada en que actuaron esas instancias del poder para lograr un resultado electoral adecuado a sus intereses.
Por poco sorprende
El pleno de la OEA iba a conocer el informe oficial de su observación electoral en la República Dominicana a finales de julio pasado, aprovechando que el jefe de la misión que realizó el trabajo, el expresidente de Uruguay Tabaré Vázquez, había solicitado una licencia de viaje: Ninguna ocasión para agregarle al informe las cartas de Mejía y leerlas en el pleno para que formaran parte del expediente.

Enterado de la trama, una rápida gestión del canciller Carlos Morales directamente con José Miguel Insulza, dispuso aplazar la reunión del pleno que se hará el próximo 5 de septiembre, encabezada por el propio Insulza y dirigida por Tabaré Vázquez con la garantía de que las tres cartas de Mejía serán declaradas irrecibibles y consecuentemente devueltas al remitente. De los detalles se ha ocupado con eficiencia el embajador Roberto Saladín. Con esta última derrota, Mejía ya no tiene dónde recurrir. Porque la única instancia de presión que le podría quedar para llevar sus lloros es la Internacional Socialista. Pero esa relación se maneja a través de la institucionalidad partidaria que encabeza Miguel Vargas. Después de tantas derrotas juntas Hipólito debería visitar algunos altares.