MUJERES RURALES DE LATINOAMERICA Y EL CARIBE: LA TIERRA,PRIMERO

Siempre distantes se las ve, en una dinámica monótona que parece no tener fin. Al amanecer, calladas marchan con su hijo a las espaldas, a encontrarse con el azadón mientras el sol ilumine las manos.
Son las mujeres rurales de América Latina y el Caribe, quienes laboran 22 horas semanales más que los hombres y siete más que las féminas de las ciudades, una cifra evidente de las brechas que las separan del resto de sus congéneres en pleno siglo XXI.
  El III Encuentro de la Red Latinoamericana y Caribeña de Mujeres (EnLac), presidido por Luz Haro, coordinadora nacional y miembro de la agrupación regional, puso sobre el tapete aquellos rezagos que perturban aún el acceso al desarrollo de quienes viven más cerca de donde salen los frutos.
  La tenencia de la tierra, el poco o nulo acceso al agua, la violencia en todas sus manifestaciones, la negación de derechos básicos, la desigualdad en los salarios con respecto a los hombres, son flagelos comunes de los que intentan librarse al intentar posicionar estos temas en las agendas políticas nacionales e internacionales.
Para las participantes en este foro, la ausencia de políticas públicas constituye la esencia del problema de las mujeres rurales, ya que al no ser consideradas como actores sociales, se invisibilizan sus luchas por la supervivencia y se las margina.
Esta situación redunda en la persistencia de las causas que ocasionan su atraso crónico y también permite la legitimación del avance arrasador de las transnacionales por sobre sus territorios, muchos de estos ancestrales, en la mayoría de los casos con consecuencias nefastas para el medioambiente.
EXPERIENCIAS COMPARTIDAS 
En el III Enlac, realizado del 6 al 9 de marzo, más de 200 participantes de 16 países intercambiaron experiencias a fin de llegar a acuerdos que posicionen sus reclamos urgentes.
Lucida Quipealaya, de la Coordinación regional del Enlac en Perú, señaló a Prensa Latina que los temas más sensibles afectan por igual a las mujeres de la región, como son la pobreza, la desnutrición, la falta de acceso a la educación y la salud.
Sin embargo, dijo, las mujeres aportan el 70 por ciento de los alimentos que se consumen en sus países, trabajan la tierra, cuidan sus niños, los ríos y tienen iniciativas para solucionar muchos de los problemas por ellas padecidos.
La salvadoreña Dora Elizabeth Nieto afirmó que la situación actual de las campesinas en la región se debe a la inexistencia de estrategias gubernamentales sobre el agro, lo cual implica la falta de reconocimiento legal y deriva en el poco o nulo acceso de ellas a la participación en la vida socioeconómica de sus países.
Otro de los grandes temas ignorados, dijo, es el de la violencia contra las mujeres agricultoras porque al desconocer marcos legales para la defensa de sus derechos, no registran los casos y como resultante no existen estadísticas de este flagelo que las azota también.
Flora Elsa Cruz, líder de la provincia argentina de Jujuy, reiteró a Prensa Latina que este encuentro permitió fortalecer el movimiento de mujeres rurales en la región; su lucha tiene puntos comunes, entre estos el acceso a la tierra, el cual considera fundamental.
URGENCIA DE POLITICAS PUBLICAS 
Durante los debates en Santo Domingo, las participantes coincidieron en que si fueran equitativos los ingresos de ellas y los derechos a créditos y a tierras, reduciría entre 100 y 150 millones el número de niños desnutridos en el mundo.
Los datos de organismos internacionales confirman una relación directamente proporcional entre los altos niveles de igualdad y género con respecto a la elevada productividad.
Las delegadas, en la declaración final de esta reunión, refirieron la necesidad de que se recuperen y conserven semillas nativas frente al uso de transgénicos.
Reclamaron garantizar el acceso de todas las mujeres rurales al seguro social campesino y generar estadísticas oficiales con enfoque de género sobre la situación de ellas en cuanto a salud, violencia, producción, comercialización y participación política.
El informe final señala la urgencia de políticas públicas para la entrega de tierras a las mujeres del campo y la abolición de las condiciones de pobreza en que viven mayoritariamente, además de reducir brechas del ingreso económico con respecto al de los hombres por el mismo oficio.
Indica que la intensiva explotación minera en sus territorios por parte de transnacionales, el desplazamiento forzoso a causa de conflictos sociales y la inequitativa comercialización de sus productos, demandan atención de los gobiernos nacionales y locales con financiamiento público para revertir estos procesos.
Señala que la pérdida de riquezas naturales, el calentamiento global, la escasez y contaminación del agua les recuerdan el derecho humano al acceso a los recursos de la tierra, y en especial demandaron que el agua sea declarada patrimonio de los pueblos, iniciativa que presentarán en la conferencia Río+20.
La Declaración final explica que el modelo sociocultural machista y patriarcal imperante en esta área geográfica es portador de la sumisión y de estereotipos sobre género, convertidos en barreras que impiden el acceso a espacios civiles y dan paso a la postergación de la conclusión de planes inmediatos.
Por otra parte, se advierte que la falta de acceso a la información y a las tecnologías de la comunicación y el desconocimiento de los derechos de las mujeres rurales, aisladas del conocimiento, les impiden proyectar su cotidianidad y desempeñar su papel social.
Ante la persistencia en el tiempo de varios de estos azotes, las campesinas clamaron por políticas públicas con financiamiento gubernamental para la mitigación del cambio climático, con programas y proyectos financiados que, además, incorporen sus demandas de merecer la titulación de tierras en igualdad de condiciones.
Exigieron, entre otros acuerdos, la adopción de Reformas Agrarias que garanticen la tenencia de la tierra, no solo de la capa cultivable, sino del subsuelo, e hicieron énfasis en la necesaria agricultura familiar y el enfoque de género para enfrentar la falta de oportunidades.
Las participantes acordaron elevar la posición de la Red Latinoamericana y Caribeña de Mujeres Rurales a la Cumbre sobre Desarrollo Sostenible Río+20 que se realizará este año en Brasil.
Entre de las iniciativas emanadas de este foro figura la solicitud a la ONU para que declare la Década de las Mujeres Rurales a fin de reivindicar derechos y reconocer su participación en las transformaciones sociales.
Un nuevo balance de cuánto avanzarán está previsto durante el IV Encuentro regional, con sede en Panamá en el 2017, una fecha un poco distante en el tiempo que podría diluir la fuerza más reciente acopiada entre ellas para impulsar su batalla con vistas a obtener al menos la tierra, primero que todo.

Por Yurién Portelles 
Corresponsal de Prensa Latina en Ecuador.

ERA GENTE DE MOCA QUE CAÍA, ALEVOSAMENTE SORPRENDIDA

El degüello en Moca (tradiciones orales y evidencias escritas)

    Desde los días del degüello, allá por 1805, ya lejano -casi no me acuerdo- siento trepidar el alma con tanta fuerza que es como si el corazón me saltara por la boca.

Era gente de Moca.

Recuerdo aquella humilde iglesia, llena de pueblo, casi toda vestida de blanco, acariciando perdones y dones divinos, rezumando miserias, esperando milagros. De murmullo en murmullo, la concurrencia encadenaba letanías antiguas, coros lejanos.

Pedían salir ilesos de la marejada de violencia que venía desde el vecino Haití; rogaban por recibir el don de poder seguir viviendo en paz en su trabajo rústico y digno, para algún día abandonar la estrechez rotunda que los arropaba; lucían obsesionados por una idea de progreso, que no llegaría hasta mucho tiempo después.

Era gente de trabajo, mirada altiva. Acostumbrada a voltear, estimular, preñar la tierra en busca de sus frutos. Cansada de repetir cada año la misma rutina, con igual resultado: gastar energía para obtener una respuesta magra. Perdida en sus recuerdos de un pasado distinto y en su esperanza de un futuro mejor.

Anonadados, embotados por la falta de medios, estudios, comunicación; aislados del mundo, pero siempre dedicados a una ocupación propia, autónoma. Orgullosos de sólo tener que doblegar el lomo por su propia decisión, conveniencia y necesidad. Ariscos, sensibles a cualquier intento de dominación. Recios y orgullosos, como ancianos robles que hacen frente a una tempestad.

Era gente de Moca. 

Aún oigo el zumbido súbito, agudo y estridente; la algarabía ruidosa de aquella tropa oscura al penetrar de improviso, sin respeto ni medida, dentro de la iglesia austera; los gritos, el temor, el miedo que infundían; desesperación profunda. 

Todavía me espanto al recordar la orden fatal, cuando mandaron a cerrar las puertas; el comienzo sin aviso e inaudito de la matanza brutal, fría, sin un más ni un menos, sólo porque sí, tal vez porque estaba escrito que así fuera para soliviantar, ojalá que no para siempre, las rencillas viejas y encender los odios mutuos.

Actuaron transformados, montados. Vociferaron, amenazaron, saquearon, violaron, golpearon, asesinaron, con brutal saña y abuso, en medio de un terror de plomo duro, tan pesado que paralizaba el cuerpo. 

Lo recuerdo bien y nunca lo olvido.

El bermellón de savia mocana fluyó, puesto de luto, triste, generoso y espeso, por los pasillos negros antes limpios; palmo a palmo, destilado, chorro a chorro, banco a banco. El ruido de los hierros desenvainados enloqueció las mentes sanas; su tronar metálico y luego blando, precedió al canto fúnebre de la muerte.

Aquello fue, en un abrir y cerrar de ojos, un total y enorme cementerio aún caliente, con cuerpos mutilados y salpicados, esparcidos, doblados, retorcidos, destruidos; cercenados, en medio de una danza macabra alucinante.

A cada golpe cruel del sable frío, cobarde y sucio, la indignación crecía por el sacrificio inútil e injusto. A cada abuso sexual lacerante y demoníaco, el rencor se agigantaba hinchado y bronco.

Era gente de Moca que caía, alevosamente sorprendida.

Me propuse, quién sabe si como símbolo estéril, luchar como un salvaje, pues el aprecio por la vida no conoce límites; encontré apoyo en algunos que pudieron reponerse del endemoniado ataque; nuestras manos encallecidas por el hierro noble y la tierra fértil, al desnudo desarmadas, apelaron al uso de objetos rudos. 

Y también lo hicimos. 

Para defendernos de una muerte cierta y de un oprobio inmenso, intentamos matar y matar, con un odio tan profundo y hondo, que no puedo dejar de sentir vergüenza todavía.

Aún así, al final, en trifulca desigual, con todo ya perdido, algunos apenas logramos deslizarnos por una de las puertas que pudimos abrir con gran proeza y escapar con nuestros cuerpos chorreando hieles rojas y sintiendo dolor afilado e infinito, por no haber podido evitar tamaña tragedia a ese pueblo bueno.

Y dejamos atrás, en hileras descompuestas, cuerpos vitales palpitantes que de pronto se extinguían; sueños truncados, vientres preñados.

Era gente de Moca que yacía acuchillada.

Luego, aquella tropa haitiana desencajada, destartalada y harapienta, abandonó la aldea en sigilo estridente. Crujía el pecho al verlos partir, satisfechos como cerdos repletos de maíz, eructando sangre, con los ojos desorbitados por su atávica violencia. 

Y no hubo nadie, nadie que se alzara para reprimir la bestia, contener su furia, derribar su saña embrutecida e invertebrada, porque ya todo daba igual y era imposible hacer mover las almas castradas por tan inmensa pena.

Desde entonces doy cobijo a un tormento que ya lleva siglos, el de ver caer tanta gente, mía, muy mía. Verlas caer, así, tan solo porque sí. 

Lo recuerdo bien y nunca lo olvido.

Desde aquellos lejanos tiempos, mi pueblo se ha cuidado, primero, de transmitir de hijo a hijo, el recuerdo de aquel macabro y brutal degüello, ejecutado sin sentido ni objetivo; segundo, de procurar, por lo menos procurar, y hacer cuanto se pueda hacer, para no dejar jamás que alguien se asiente y duerma en el poder montado en el abuso y opresión de un pueblo ingenuo, todavía inculto e indefenso.

Lo recuerdo bien.

Desde aquello, ya lejano, Moca es tierra regada por la sangre ancha del heroísmo y el martirio. 

Desde entonces, ha reafirmado su vocación hermosa de hacer guardia celosa a la frágil urna de la libertad. 

Lo recuerdo.

Por eso, ya no me asusta ahora ni siquiera la eventual sorpresa traicionera interna, porque somos muchos, curtidos en la tragedia, forjados en el dolor.

Tampoco me asusta la amenaza externa, porque allá cerca como acá somos víctimas de una ignorancia extensa.

No quiero más odio, ni más muertes. 

En el fondo, tal vez el odio, más que en mitos y rencillas ancestrales, puede que se asiente en la desigualdad profunda e inmensa.

Recuerdo.

Cuánta falta hacen héroes que rediman a los pueblos de la ignorancia atroz y del atraso viejo. 

Lo sé.
Fuente: Diario Libre

(edogarmi.fullblog.com.ar)

CIENTÍFICOS ENCUENTRAN AGUA EN PLANETA MARTE

Dos científicos ‘se mojan’ con Marte: oculta en su interior tanta agua como la Tierra ¿Cuánta agua contiene el planeta rojo y dónde se encuentra?  Según un estudio llevado a cabo por los científicos estadounidenses Francis McCubbin y Erik Hauri, Marte posee grandes reservas acuáticas en su interior, aún más grandes que las de la Tierra. Un nuevo análisis científico de dos meteoritos originados dentro del planeta rojo hace unos 2,5 millones de años, reveló que la cantidad de agua en el manto de Marte (la capa que se encuentra entre la corteza y el núcleo) podría ser muy superior a las estimaciones anteriores, y que incluso podría ser similar o superior a la cantidad de agua del interior de la Tierra. Basándose en el contenido de agua del mineral, se estimó que el manto marciano del que provienen esas rocas contenía entre 70 y 300 miligramos por un kilo de la roca. El manto superior de la Tierra contiene de 50 a 300 miligramos. La geoquímica de Marte revela indicios sobre los procesos geológicos vividos en el planeta. Erik Hauri explica que los dos meteoritos analizados eran diferentes: uno estaba mezclado con diferentes elementos de la etapa de su formación y el otro no. “Sin embargo, la diferencia en la concentración de agua resultó ser mínima”, explica el científico. El análisis del agua de los meteoritos hace pensar que el líquido fue integrado en los objetos cósmicos en la etapa de la formación del planeta rojo, lo que supone que las reservas de agua se encuentran en sus capas interiores. “Existe muchas evidencias de que en la superficie del Marte había agua, por lo menos, durante algún tiempo. Sin embargo, los estudios anteriores no daban explicación de por qué el manto de Marte estaba ‘seco’. Nuestro estudio nos permite suponer que el agua apareció en la superficie del planeta como resultado de la actividad volcánica”, comenta Haur. Artículo completo en: http://actualidad.rt.com/ciencias/view/47750-Dos-cient%C3%ADficos-se-mojan-con-Marte-oculta-en-su-interior-tanta-agua-como-Tierra

LA HISTORIA DE PUERTO RICO CONTADA EN UNA NOVELA

Tina Casanova durante la presentación en Nueva York de la quinta
edición de su aclamada novela Sámbirón y la primera
 versión en audio, narrada por Malín Falú

Sambirón: una novela para la memoria

La obra de Tina Casanova recrea episodios claves de la historia de Puerto Rico .

Juan Fernando Merino/EDLP 
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Nueva York — Sambirón, ópera prima de la autora Tina Casanova, y según los editores “una historia de ficción de seis generaciones de los Dos Santos, una familia del siglo XIX que vive en un barrio localizado en las montañas en el centro de Puerto Rico” va mucho más allá de ese postulado.
Por eso le parece importantísimo que los jóvenes aprendan de su pasado, de la historia con mayúscula y las historias personales para encontrar las claves de su nacionalidad. “Es la juventud la que va a tirar el camino de nuestro futuro; si no saben de dónde vienen, ¿cómo van a saber adónde van? Yo no soy política ni socióloga. Simplemente soy una boricua que quiere recobrar y presentar a Puerto Rico. Para mí y para mi gente”. 

L


Digamos para empezar a aproximarnos que es un proyecto narrativo ambicioso y desmesurado —de cierta manera volcánico— y que además de presentar la saga de una extensa y abigarrada familia (un tema muy recurrente durante décadas en la literatura latinoamericana), se embarca en muchos otros propósitos: trazar de manera amena y elocuente, pero también combativa, las coordenadas personales y colectivas de una gente y una región puertorriqueña, incorporar toda una serie de anécdotas, historias, leyendas y episodios de un pueblo caribeño que guardando las proporciones resulta similar a muchos otros pueblos caribeños, y recuperar para la memoria colectiva un destino nacional bajo el signo casi permanente del colonialismo y la imposición extranjera.
El génesis y la andadura misma de la novela son en sí una historia extraordinaria, también digna de ser contadas. Si bien Casanova desde su juventud había cultivado la escritura, (aunque su preparación académica se aleja del campo de las letras, durante años publica sus poesías, ensayos y cuentos en revistas culturales y periódicos), sólo a los 38 años se decidió a incursionar en la novela y lo hizo nada menos que con una novela—río tan ambiciosa como Sambirón. La extensión fue uno de los obstáculos, por lo cual la autora optó por dividir la narrativa en tres volúmenes. Aún así el manuscrito estuvo “rodando de gaveta en gaveta durante cuatro años”, “Es la juventud la que va a tirar el camino de nuestro futuro; si no saben de donde vienen, ¿como van a saber adónde van?” como ella misma dice, hasta que un editor visionario se animó a darlo a la luz. La acogida fue tan positiva que en cuestión de meses ya había tenido varias ediciones y en un par de años pasaría a ser lectura requerida o recomendada en universidades y escuelas superiores.
Ahora, y ya en su quinta edición, Sambirón llega a Nueva York en manos de su autora —la versión impresa— y en la voz de la reconocida presentadora Malín Malú, quien en 14 cintas de cassette ha dejado grabada la obra entera.
Esta semana pasada la autora, acompañada de Malín, estuvo presentando la novela en distintos sitios de la ciudad, respondiendo las preguntas de los asistentes y expandiendo algunas de las ideas que jalonan la novela.
Mencionamos anteriormente la característica volcánica de la novela. Con frecuencia sale la frustración y encono, una especie de lava reprimida durante décadas de colonización e imposición foránea. Por lo general aparece de una manera implícita al rememorar pasajes donde abundan las dificultades, las injusticias y los cambios bruscos que zarandean a los más vulnerables. De vez en cuando también de manera explícita, como cuando se expande en las conspiraciones en contra del imperio español o en el capítulo cuando habla de las repercusiones para los habitantes de las medidas monetarias adoptadas por los Estados Unidos.
No es de extrañar la visión crítica de estas imposiciones. Como afirmaba la autora en una de las presentaciones recientes de la novela realizada en Hunter College: “En Puerto Rico durante las últimas décadas se ha producido un salto para el que no estábamos preparados ni advertidos. Caímos maltrechos y golpeados en la gravilla y ahora nos toca despertar desde la gravilla donde aterrizamos después de esa salto mortal”.
Casanova recalca que al incorporar en sus novelas tantos años de la historia pretende ayudar a auscultar qué fue lo que se perdió en el camino y lo que se habría debido traer para entender y confrontar el presente.
“Nos perdimos en el camino y todavía no nos hemos encontrado”, asegura. “Es un cambio completo de una sociedad por otra y ahora anda perdida en el espacio, como es el caso de Camelia (uno de los personajes de la novela). Estamos en una sociedad en la que nos encontramos rodeados de cosas… cosas que nos hacen la vida cómoda. Y hemos terminado por ser una sociedad cómodamente infeliz”.
Por eso le parece importantísimo que los jóvenes aprendan de su pasado, de la historia con mayúscula y las historias personales para encontrar las claves de su nacionalidad. “Es la juventud la que va a tirar el camino de nuestro futuro; si no saben de dónde vienen, ¿cómo van a saber adónde van? Yo no soy política ni socióloga. Simplemente soy una boricua que quiere recobrar y presentar a Puerto Rico. Para mí y para mi gente”. 

L

EL LÍDER CARISMÁTICO GENERA ADMIRACION

El carisma se puede definir como una facilidad innata de hacerse querer, es un poder de atracción, es puro magnetismo personal.

El carisma tiene un fundamento esencialmente genético:

Unos (pocos) nacen con carisma y otros (la mayoría) no.

No obstante, aunque resulta muy difícil adquirirlo, sí se pueden aprender ciertas técnicas que permiten suplir parcialmente su ausencia o a realzar aún más el carisma que uno ya posee.

Es muy difícil precisar por qué una persona tiene carisma y otra no, pero la realidad es que el primero “enamora” y el segundo produce “indiferencia”.

El líder carismático genera admiración.

El carisma facilita enormemente el camino hacia el liderazgo, si bien no es una condición indispensable:

Se puede ser un extraordinario líder sin tener carisma y se puede tener muchísimo carisma y no ser un líder.

La característica que define a un líder carismático es su capacidad de seducir, tiene una personalidad enormemente atractiva con la que consigue atraer a los demás miembros del grupo.

El carisma permite unir el grupo alrededor del líder.

El líder carismático suele ser también un gran comunicador, tiene un poder natural de persuasión.

Ante el líder carismático el equipo suele perder cierta objetividad. El líder carismático disfruta normalmente de un juicio benévolo por parte de sus subordinados.

Se le “perdonan” los fallos y se mitifican sus logros.

El problema que plantea el líder carismático es que la organización puede hacerse excesivamente dependiente de él.

Es muy difícil encontrar a un sustituto ya que eclipsará a cualquier aspirante a sucederle.

Un peligro que acecha especialmente al líder carismático es la facilidad de caer en el endiosamiento.

El grupo le rinde tanta pleitesía que no es extraño que pierda el sentido de la realidad.

AMOR Y POLÍTICA EN TIEMPOS DIFICILES

En concepto del destacado filósofo francés Alain Badiou, discípulo de Louis Althusser, “se puede decir que el capitalismo es un orden democrático y pacífico, pero es un régimen de depredadores, es un régimen de bandidismo universal. Lo llamo bandidismo -explica- de manera objetiva: llamo bandido a cualquiera que considere que la única ley de su actividad es el provecho”.
No obstante considera que “un sistema como éste que, por un lado, tiene la capacidad de extenderse y, por el otro, de desplazar su centro de gravedad, es un sistema que está lejos de encontrarse moribundo. No hay que creer que, porque estamos en una crisis sistémica, nos encontramos al borde del hundimiento del capitalismo mundializado”.
MATERIALISMO DEMOCRÁTICO
Pensar el mundo a la velocidad que va; las revoluciones árabes; el colapso ecológico; el movimiento de los indignados; la crisis sistémica del capitalismo. Pensar también las matemáticas, la poesía; y pensar también lo que no tiene tiempo y nos compromete más que cualquier otra cosa: el amor. Esta es la dimensión polifónica del filósofo francés Alain Badiou. Objeto de adoración o de un sólido cuestionamiento, el pensador francés ha tejido una obra sin concesiones que abarca la filosofía analítica, la matemática, el teatro, la política, la literatura y hasta el amor como temas de una reflexión conectada a la raíz de las transformaciones y trastornos humanos. Su obra contiene una de las críticas más densas y lúcidas contra lo que Badiou llamó “el materialismo democrático”, ese orden mundial donde cada cosa tiene un precio, un interés material final. En pleno siglo XXI, y con los referentes históricos que se conocen, Alain Badiou alega todavía a favor de lo que él define como “la idea comunista”. El pensador francés rescata de esa ideología la “idea de la emancipación de toda la humanidad, la idea de la igualdad entre los componentes de la humanidad, el fin del racismo y de las fronteras”. En esa misma línea, Badiou reintroduce el pensamiento de Marx. Puesto en un cajón con las piedras del Muro de Berlín, Marx regresa hasta nosotros. Las revoluciones árabes lo reactualizaron en el sentido más estricto: el movimiento de las masas hacia su emancipación.
Invitado a Buenos Aires a partir del 7 de mayo por la Universidad Nacional de San Martín, Alain Badiou recibió a Página/12 en su casa de París. En este diálogo, el autor de Elogio del amor expone su análisis sobre los cambios históricos que se desprenden de las revoluciones árabes al tiempo que, en contra de la opinión optimista dominante, destaca que el sistema liberal está lejos de haber abdicado.
La lucha o la oposición contra las modalidades del sistema actual se ha multiplicado y solidificado. Revoluciones árabes, movimiento de los indignados, movilización creciente de los grupos que están contra la globalización, en todo el planeta surgen grupos de protesta. Analizando lo ocurrido, ¿qué les diría usted hoy a todos esos rebeldes del mundo para que su acción conduzca a una auténtica construcción?
La consigna de antiglobalización parece sugerir que, a través de varias medidas, se puede rehumanizar la situación, incluida la rehumanización del capitalismo. Yo les diría que, para mí, más importante que eso es la globalización de la voluntad popular. Globalización quiere decir vigor internacional. Pero esa globalización internacional necesita una idea positiva para unirla y no sólo la idea crítica o la puesta en común de desacuerdos y protestas. Se trata de un punto muy importante. Pasar de la revuelta a la idea es pasar de la negación a la afirmación. Sólo en lo afirmativo podemos unirnos de forma duradera.
Varios filósofos apuntan el hecho de que los valores capitalistas destruyeron la dimensión humana. Usted cree, al contrario, que todavía persiste una potencia altruista en el ser humano. Usted, por ejemplo, ve en las revoluciones árabes la restauración de la generosidad, de la fuerza colectiva, de la capacidad del ser humano en activarse para despojarse de los totalitarismos.
Nunca creí que esas manifestaciones en el mundo árabe iban a inventar un nuevo mundo de un día para otro, ni pensé que esas revueltas proponían soluciones nuevas a los problemas planetarios. Pero lo que me asombró fue la reaparición de la generosidad del movimiento de masa, es decir, la posibilidad de actuar, de salir, de protestar, de pronunciarse independientemente del límite de los intereses inmediatos y hacerlo junto a personas de las que ya sabemos que no comparten nuestros intereses. Ahí encontramos la generosidad de la acción, la generosidad del movimiento de masa, tenemos la prueba de que ese movimiento es aún capaz de reaparecer y reconstituirse. Con todos sus límites, también tenemos un ejemplo semejante con el movimiento de los indignados. Lo que resulta evidente en todo esto es que están ahí en nombre de una serie de principios, de ideas, de representaciones. Desde luego, el proceso será largo.
A mí me parece más interesante el movimiento de la primavera árabe que el de los indignados, porque ese movimiento tiene objetivos precisos, o sea, la desaparición de un régimen autocrático y el tema fundamental que es el horror ante la corrupción. La lucha contra la corrupción es un problema capital del mundo contemporáneo. En los indignados hemos visto la nostalgia del viejo Estado providencia. Pero vuelvo a reiterar que lo interesante en todo esto es la capacidad de hacer algo en nombre de una idea, incluso si esa idea tiene acentos nostálgicos. Lo que a mí me interesa es saber si aún tenemos la capacidad histórica de actuar en el régimen de la idea y no simplemente según el régimen de la concurrencia o de la conservación. Eso es para mí fundamental. La reaparición de una subjetividad disidente, sean cuales fueren sus formas y sus referencias, me parece muy importante.
“La idea” es el eje rector de su filosofía. Desde una lectura más contemporánea, se tomó como un hecho ineluctable que la idea es un producto y no la plena relación humana. Sin embargo, en medio del híper liberalismo, del consumo, de la etiqueta de un precio puesto sobre cada cosa, incluido los sentimientos, de pronto surge el antídoto de la idea contra la materialidad del mercado.
Algunos dirán que hay valores trascendentes, religiosos, y que es preciso someter al animal. Otros, al contrario, dirán: liberémonos de esos valores trascendentes, Dios ha muerto, vivan los apetitos salvajes. Pero entre ambas hay una solución intermediaria, dialéctica, que consiste en decir que, en la vida, a través de encuentros y metamorfosis, puede haber un trayecto que nos ligue a la universalidad. Eso es lo que yo llamo “una vida verdadera”, es decir, una vida que encontró al menos algunas verdades. Llamo idea a ese intermedio entre las verdades universales, digamos eternas para provocar un poco a los contemporáneos, y el individuo. ¿Qué es entonces una vida bajo el signo de la idea en un mundo como éste? Hace falta una distancia con la circulación general.
Pero esa distancia no puede ser creada sólo con la voluntad, hace falta que algo nos ocurra, un acontecimiento que nos lleve a tomar posición frente a lo que pasó. Puede ser un amor, un levantamiento político, una decepción, en fin, muchas cosas. Allí se pone en juego la voluntad para crear un mundo nuevo que no estará a la orden del mundo tal como es, con su ley de circulación mercantil, sino por un elemento nuevo de mi experiencia. El mundo moderno se caracteriza por la soberanía de las opiniones. Y la opinión es algo contrario a la idea. La opinión no pretende ser universal. Es mi opinión y vale tanto como la de cualquier otro. La opinión se relaciona con la distribución de objetos y la satisfacción personal. Hay un mercado de las opiniones como hay un mercado de las acciones financieras. Hay momentos en que una opinión vale más que otra, después esa opinión quiebra como un país. Estamos en el régimen general del comercio de la comunicación en el cual la idea no existe. Incluso se sospecha de la idea y se dirá que es opresiva, totalitaria, que se trata de una alienación. ¿Y por qué ocurre esto? Pues simplemente porque la idea es gratis.
A diferencia de la opinión, la idea no entra en ningún mercado. Si defendemos nuestra convicción, lo hacemos con la idea de que es universal. Esa idea es entonces una propuesta compartida, no se la puede poner en venta en el mercado. Pero, como con todo lo que es gratis, la idea está bajo sospecha. Se pregunta: ¿cuál es el valor de lo que es gratis? Justamente, el valor de lo gratis es que no tiene valor en el sentido de los intercambios. Su valor es intrínseco. Y como no se puede distinguir la idea del precio del objeto, la única existencia de la idea está en una suerte de fidelidad existencial y vital a la idea. La mejor metáfora la encontramos en el amor. Si queremos profundamente a alguien, ese amor no tiene precio. Hay que aceptar el sufrimiento, las dificultades, el hecho de que siempre hay una tensión entre lo que deseamos inmediatamente y la respuesta del otro. Es preciso atravesar todo esto. Cuando estamos enamorados se trata de una idea, y eso es lo que garantiza la continuidad de ese amor. Para oponerse al mundo contemporáneo se puede actuar en política, pero no es todo: estar cautivado completamente por una obra de arte o estar profundamente enamorados es como una rebelión secreta y personal contra el mundo contemporáneo.
Es casi una broma adelantar que el sistema liberal está en crisis. Para usted, ¿en qué fase se encuentra el capitalismo? No está derrotado, desde luego, pero la crisis lo golpeó.
El capitalismo es un sistema de robo planetario exacerbado. Se puede decir que el capitalismo es un orden democrático y pacífico, pero es un régimen de depredadores, es un régimen de bandidismo universal. Lo llamo bandidismo de manera objetiva: llamo bandido a cualquiera que considere que la única ley de su actividad es el provecho. Pero un sistema como éste que, por un lado, tiene la capacidad de extenderse y, por el otro, de desplazar su centro de gravedad, es un sistema que está lejos de encontrarse moribundo.
No hay que creer que, porque estamos en una crisis sistémica, nos encontramos al borde del hundimiento del capitalismo mundializado. Si creemos eso sería ver las cosas a través de la pequeña ventana de Europa. Creo que hay dos fenómenos que están entrelazados. El primero es el hundimiento de la segunda etapa de la experiencia comunista, el hundimiento de los Estados socialistas. Este hundimiento abrió una enorme brecha para el otro término de la contradicción planetaria que es el capitalismo mundializado. Pero también le abrió nuevos espacios de tensiones materiales. El desarrollo capitalista de países de la talla de China, de la India, así como la recapitalización de la ex Unión Soviética, tiene el mismo papel que el colonialismo en el siglo XIX.
Abrió espacios gigantes de despliegue, de clientela y de nuevos mercados. Estamos ahora ante ese fenómeno: la mundialización del capitalismo que se hizo potente y se multiplicó por la extenuación de su adversario histórico del precedente período. Este fenómeno lleva a que, por primera vez en la historia de la humanidad, se pueda hablar realmente de un mercado mundial. Ese es un primer fenómeno. El segundo es el desplazamiento del centro de gravedad. Estoy convencido de que las antiguas figuras imperiales, la vieja Europa por ejemplo, la cual pese a su arrogancia tiene una cantidad considerable de crímenes para hacerse perdonar, y los Estados Unidos, pese al hecho de que aún ocupan un lugar muy importante, son en realidad entidades capitalistas progresivamente decadentes y hasta un poco crepusculares. En Asia, en América latina, con la dinámica brasileña, e incluso en algunas regiones de Medio Oriente, vemos aparecer nuevas potencias. Son nuevos centros de gravedad. El sistema de la expansión capitalista llegó a una escala mundial al mismo tiempo que el sistema de las contradicciones internas del capitalismo modifica su geopolítica. Las crisis sistémicas del capitalismo -hoy estamos en una grave crisis sistémica- no tienen el mismo impacto según la región. Tenemos así un sistema expansivo con dificultades internas.
Pero esos nuevos polos se desarrollan según el mismo modelo.
Sí, y no creo que esos nuevos polos introduzcan una diferenciación cualitativa. Es un desplazamiento interno al sistema que le da margen de maniobra.
Ahora llegamos a Marx, mejor dicho a los dos Marx: el Marx marxista y el Marx de antes del marxismo. Usted reivindica plenamente la figura y la obra de Karl Marx. ¿Cuál de los dos prefiere usted: el Marx marxista o el que precede al marxismo?
Marx y marxismo tienen significados muy distintos. Marx puede significar el intento de un análisis científico de la historia humana con los conceptos fundamentales de clase y de lucha de clases, y también la idea de que la base de las diferentes formas que adquirió en el curso de la historia la organización de la humanidad es la organización de la economía. En esta parte de la obra de Marx hay cosas muy interesantes como, por ejemplo, la crítica de la economía política. Pero también hay otro Marx que es un Marx filósofo, es un Marx que viene después de Engels y que intenta mostrar que la ley de las cosas hay que buscarla en las contradicciones principales que pueden percibirse dentro de las cosas.
Es el pensamiento dialéctico, el materialismo dialéctico. En lo concreto, hay una base material de todo pensamiento y éste se desarrolla a través de sistemas de contradicción, de negación. Este es el segundo Marx. Pero también hay un tercer Marx, que es el Marx militante político. Es un Marx que, en nombre de la idea comunista, indica lo que hay que hacer: es el Marx fundador de la primera Internacional, es el Marx que escribe textos admirables sobre la Comuna de París o sobre la lucha de clases en Francia. Hay por lo menos tres Marx y el Marx que a mí más me interesa, incluso reconociendo el mérito inmenso de todos los Marx, es el Marx que intenta ligar la idea comunista en su pureza ideológica y filosófica a las circunstancias concretas.
Es el Marx que se pregunta qué camino puede encontrarse para organizar a la gente políticamente a fin de que se oriente hacia la idea comunista. Hay ideas fundamentales que fueron experimentadas y que aún permanecen, y en cuyo centro encontramos la convicción según la cual nada ocurrirá mientras una fracción significativa de los intelectuales no acepte estar orgánicamente ligada a las grandes masas populares. Ese punto está totalmente ausente hoy en varias regiones del mundo. En Mayo del ’68 y en los años ’70, este punto fue abandonado. Hoy pagamos el precio de ese abandono que significó la victoria completa y provisoria del capitalismo más brutal. La vida concreta de Marx y de Engels consistió en participar en las manifestaciones en Alemania e intentar crear una Internacional. ¿Y qué era la Internacional? Pues la alianza de los intelectuales con los obreros. Por ahí se empieza siempre. Yo llamo entonces a que comencemos de nuevo: por un lado con la idea comunista y, por el otro, con un proceso de organización bajo esta idea que, evidentemente, tomará en cuenta el conjunto del balance histórico pero que, en cierto sentido, tendrá que empezar de nuevo.
Si tomamos en cuenta las revoluciones árabes, las crisis del sistema financiero internacional, el colapso ecológico y el poderío de las oligarquías, ha habido muchos trastornos en el último cuarto de siglo. Bajo el flujo de esta avalancha, muchas cosas cambiaron en el mundo. Pero, ¿cuál fue, según usted, la transformación íntima del ser humano en este período? ¿Cuál ha sido la dosis de inocencia que perdimos?
Lo que cambió más profundamente es la división subjetiva. Las elecciones fundamentales a las que estuvieron confrontados los individuos durante el primer período estaban aún dominadas por la idea de la alternativa entre orientación revolucionaria y democracia y economía de mercado. Dicho de otra forma, estábamos en la constitución del debate entre totalitarismo y democracia. Ello quiere decir que todo el mundo estaba bajo el influjo del balance de la experiencia histórica del siglo XX.
A escala mundial, esta discusión, que adquirió formas distintas según los lugares, se focalizó en cuál podría ser el balance de este siglo XX. ¿Acaso hay que condenar definitivamente las experiencias revolucionarias? ¿O acaso hay que abandonarlas porque fueron despóticas, violentas? En este sentido, la pregunta era: ¿debemos o no unirnos a la corriente democrática y entrar en la aceptación del capitalismo como un mal menor? La eficacia del sistema no consistió en decir que el capitalismo era magnífico sino que era el mal menor. En realidad, aparte de un puñado de personas, nadie piensa que el capitalismo es magnífico.
Hace 20 años estábamos en ese contexto, o sea, la reactivación de una filosofía inspirada por la moral de Kant. O sea, no había que tener grandes ideas de transformación política voluntaristas porque ello nos conduce al terror y al crimen: lo que había que hacer era velar por una democracia pacificada dentro de la cual los derechos humanos estarían protegidos. Hoy, esta discusión está terminada, y está terminada porque todo el mundo ve que el precio pagado por esa democracia pacificada es muy elevado.
Todo el mundo toma conciencia de que se trata de un mundo violento, pero con otras violencias, que la guerra sigue rondando todo el tiempo, que las catástrofes ecológicas y económicas están a la orden del día y que, encima, nadie sabe a dónde vamos. ¿Podemos acaso imaginar que esta ferocidad de la concurrencia y esta constante sumisión a la economía de mercado duren aún durante varios siglos? Todo el mundo siente que no, que se trata de un sistema patológico. Se ha revelado que este sistema, al que nos presentaron como un sistema moderado, sin dudas en nada formidable pero mejor que todo lo demás, es un sistema patológico y extremadamente peligroso. Esa es la novedad. No podemos tener más confianza en el futuro de esta visión de las cosas. Estamos en una fase de intervalo, incierta. Se introdujo la hipótesis de una suerte de humanismo renovado al que podríamos llamar un humanismo de mercado, el mercado pero humano. Creo que esa figura, que sigue vigente gracias a los políticos y a los medios, ha muerto. Es como la Unión Soviética: estaba muerta antes de morir. Creo que, en condiciones diferentes y en un universo de guerra, de catástrofes de competencia y de crisis, esta idea del capitalismo con rostro humano y de la democracia moderada ya ha muerto. Ahora será necesario no ya arbitrar entre dos visiones constituidas sino inventar una.
¿De esa ambivalencia proviene tal vez la sensación de que las jóvenes generaciones están como perdidas, sin confianza en nada?
Eso es lo que siento en la juventud de hoy. Siento que la juventud está completamente inmersa en el mundo tal como es, no tiene idea de otra alternativa, pero al mismo tiempo está perdiendo confianza en este mundo, está viendo que, en realidad, este mundo no tiene porvenir, carece de toda significación para el porvenir. Creo que estamos en un período donde las propuestas de ideas nuevas están al orden del día, incluso si una buena parte de la opinión no lo sabe. Y no lo sabe porque aún no llegamos al final de este agotamiento interno de la promesa democrática. Es lo que yo llamo el período intervalo: sabemos que las viejas elecciones están perimidas, pero no sabemos aún muy bien cuáles son las nuevas elecciones.
Aunque a los lectores les resulte sorprendente en un autor resueltamente político como usted, uno de sus libros más universalmente conocidos es sobre el amor. Se trata de una meditación de una conmovedora sabiduría. Para un filósofo comprometido con la acción política y cuyo pensamiento integra las matemáticas, la aparición del tema del amor es poco común.
El amor es un tema esencial, una experiencia total. El amor está bajo la amenaza de la sociedad contemporánea. En el amor lo fundamental está en que nos acercamos al otro con la condición de aceptarlo en mi existencia de forma completa, entera. Eso es lo que diferencia al amor del interés sexual. El interés sexual se fija sobre lo que los psicoanalistas llamaron “los objetos parciales”, es decir, yo extraigo de los otros emblemas fetiche que me interesan y suscitan mi excitación deseante. No niego la sexualidad, al contrario. La sexualidad es un componente del amor. Pero el amor no es eso. El amor es cuando estoy en estado de amar, de estar satisfecho y de sufrir y de esperar a propósito de todo lo que viene del otro: la manera en cómo viaja, su ausencia, su llegada, su presencia, el calor de su cuerpo, mis conversaciones con él, sus gustos compartidos. Poco a poco, la totalidad de lo que el otro es se vuelve un componente de mi propia existencia. Esto es mucho más radical que la vaga idea de preocuparme por el otro. Es el otro con la totalidad infinita que representa, y con quien me relaciono en un movimiento subjetivo extraordinariamente profundo.
¿En qué está el amor amenazado por los valores contemporáneos?
Porque el amor es gratuito y, desde el punto de vista del materialismo democrático, injustificado. ¿Por qué habría de exponerme al sufrimiento de la aceptación de la totalidad del otro? Lo mejor sería extraer de él lo que mejor corresponde a mis intereses inmediatos y mis gustos y desechar el resto. El amor está amenazado porque se lo distribuye en rodajas. Observemos cómo se organizan las relaciones en esos portales de Internet, allí donde la gente entra en contacto: el otro ya está pre-cortado en rodajas, un poco como la vaca en las carnicerías. Sus gustos, sus intereses, el color de sus ojos, si tiene los cabellos largos o cortos, es grande o pequeño, es amarillo o negro. Vamos a tener unos 40 criterios y al final de ellos vamos a decirnos: esto es lo que compro. Eso es todo lo contrario al amor. El amor es justamente cuando, en cierto sentido, no tengo ni la menor idea de lo que estoy comprando.
Y frente a esa modalidad competitiva de las relaciones, usted proclama que el amor debe ser reinventado para defendernos, que el amor debe reafirmar su valor de ruptura y de locura.
El amor debe reafirmar el hecho de que está en ruptura con el conjunto de las leyes ordinarias del mundo contemporáneo. El amor debe ser reinventado como valor universal, como relación a la alteridad, a aquello que no soy yo. El amor implica una generosidad que es obligatoria. Si yo no acepto la generosidad, tampoco acepto el amor. Hay una generosidad amorosa que es inevitable, estoy obligado a ir hacia el otro para que la aceptación del otro en su totalidad pueda funcionar.
La política no está muy alejada de todo esto. Para usted, en la acción política hay una dimensión del amor.
Sí, incluso puede resultar peligroso. Si buscamos una analogía política del amor diría que, al igual que en el amor donde la relación con una persona tiene que constituir su totalidad existencial como componente de mi propia existencia, en la política auténtica es preciso que haya una representación entera de la humanidad: en la política verdadera, que también es un componente de la verdadera vida, hay necesariamente esa preocupación, esa convicción según la cual estoy ahí en tanto que representante y agente de toda la humanidad. Igual que en el amor, donde mi preocupación, mi propuesta, mi actividad, están ligadas a la existencia del otro en su totalidad. Creo que el proyecto de pareja puede ser un arma contra los valores corrientes si no se disuelve, si no se metamorfosea en un proyecto que terminaría siendo en el fondo la acumulación de los intereses de unos y otros. No hay que perder el rumbo de nuestra experiencia. No hay que ceder. El mundo se recrea a partir de la experiencia amorosa. De esa forma salvaremos la idea y sabremos qué es exactamente la felicidad. No soy un asceta. No estoy por el sacrificio. La construcción amorosa es la aceptación conjunta de un sistema de riesgos y de invenciones.
Usted también introduce una idea peculiar y maravillosa: debemos hacer todo para preservar lo excepcional que nos ocurre.
Ahí está el sentido completo de la vida verdadera. Una vida verdadera se plasma cuando aceptamos los regalos peligrosos que la vida nos hace. La existencia nos hace regalos pero, la mayor parte de las veces, estamos más espantados que felices por esos regalos. Creo que aceptar eso que nos ocurre y que parece raro, extraño, imprevisible, excepcional, que sea el encuentro con una mujer, o sea Mayo del ’68, aceptar eso y las consecuencias de ello, eso es la vida. Eso es la verdadera vida.

SOCIOLOGÍA DEL TIGUERE DOMINICANO

En EL FONDO DE LA PSICOLOGÍA  DE MUCHOS DOMINICANOS HAY UN TIGUERE.

  Conducta. El autor de la obra, Lipe Collado, asegura que muchos dominicanos son tígueres generacionales, otros tígueres por imitación y los demás por simulación
Escrito por: ARISMENDY CALDERÓN ( arismendy_ak47@hotmail.com)
El tíguere de las décadas de 1940 y 1950 era diferente al actual. Esa cultura que impregnó a gran parte de la juventud dominicana que creció fundamentalmente en los núcleos urbanos de la Capital convirtió a este personaje de esa época en un líder, y ese comportamiento que ejercía pasó a ser imitado por muchos jóvenes, convirtiendo el liderazgo barrial  en una especie de modelo.
Lipe Collado, periodista, profesor universitario, escritor, ensayista, ¿es o debió ser? un “tíguere de cuerpo entero dentro de las múltiples características del vocablo” para conocer a fondo los rasgos, categorías y diferencias culturales, económicas y políticas de este personaje típico dominicano, según don Francisco Comarazamy, periodista y escritor.
El tíguere de ayer actuaba, se comportaba distinto al de hoy, según Lipe, “porque, desde luego, aquella cultura del tíguere no tenía como característica la acción delincuencial, aunque muchas de sus acciones estaban en esa frontera un tanto borrosa entre lo que es lo permitido y lo no permitido”.
Collado, considerado el pionero psicosocial del pueblo dominicano, es autor de numerosas publicaciones, entre ellas el libro “El Tíguere Dominicano”. Durante más de tres décadas ha hurgado en nuestra idiosincrasia para conocer las características de este personaje, al que describe como una persona de inteligencia natural, graduada en la “Universidad de la Calle”, o en la “Universidad de la Vida”, con una conformación mental de amplio espectro dentro de su pequeño universo de vida en el que todas las cosas entran en las gamas de las probabilidades.
El tíguere presenta “una serie de rasgos a veces pintorescos y en otras propiamente conceptuales. Es muy dado a la parolina, gesticula mucho, habla claro, se ejercita, usa la mentira, se vale de cualquier arma para salir ‘bien parado’, viste ‘bien’, se mueve en un grupo reducido, es intuitivo, divide a la gente en amigos y enemigos”.
¿Por qué la gente asocia al tíguere con la delincuencia? Lipe explica que no necesariamente un delincuente común tiene ese “perfil de tigueraje”. El tíguere tiene como ley principal “salir bien parado de cualquier situación, no importa las armas que vayas a usar. Para comenzar a entender al dominicano, de algún modo hay que comprender la cultura del tíguere”.
Una referencia que ilustra la influencia de la palabra “tíguere”, que se incorporó al habla dominicana con la ocupación haitiana, la encontramos en la radio y la música cubana, explica Lipe Collado. “Tíguere” y “coño” son las palabras más usadas por los dominicanos.
Critica el lenguaje soez, vulgar, inapropiado, que exhiben algunos comunicadores en programas de radio o televisión, lo que constituye “una expresión cultural del tigueraje llevado a su máxima expresión”.
“Muchos programas de radio y televisión del país, de alguna manera, te transportan al ambiente de la esquina, de la discusión, al ambiente del parque, etc., lo que es una expresión del tigueraje, de esa cultura callejera”. De modo que, según Lipe Collado, el imperio del tíguere dominicano no ha terminado. Esa cultura del tigueraje se extiende, se acrecienta cada día. “Yo no vislumbro que esa sicología del tíguere desaparezca en la sociedad dominicana”.
¿Cuál es más tíguere, en términos generales, el hombre o la mujer dominicana? Lipe no vacila en contestar: “El principal portador de esa cultura es el hombre, probablemente es un portador y un activador. 
Muchas mujeres tienen sus fintas tigueriles, no desde el punto de vista de lo mal hecho, sino de no dejarse aplastar, de lograr lo que se proponen, sin importar muchas veces las armas que usan. Más bien, la mujer tiene un tigueraje pasivo, aunque parezca contradictorio.
La pasividad no forma parte de la agenda del tíguere dominicano, salvo que sea una expresión táctica momentánea”. 
Tígueres diferentes
El Tíguere Bimbín: ¿era o es?- un tipo de tíguere sin condiciones para estar entre los tígueres y salir al paso en las situaciones difíciles. Era -¿es?- un bullanguero, aspavientoso, fácil de engañar y de vencer.
El Tíguere Cinturita -¿era o es?- un mujeriego, bailarín. Experto bailador de son, danzón y merengue, de buen vestir, inclinado a usar joyas y valiente, como tíguere al fin. Dotado de una labia insuperable, El Tíguere Cinturita se ufanaba -¿se ufana?- del número de mujeres entre sus redes amorosas.
El Tíguere Gallo: El más genuino de los tígueres, dispuesto siempre a la bronca, a la lucha, a la violencia. El Tíguere Gallo, inclinado a la bebida, los ejercicios físicos, no era amigo del trabajo “duro”, y para él “todos los trabajos son duros”.
El Tíguere Rankiao. Sencillamente, el Tíguere Cinturita o el Tíguere Gallo o el Tíguere Bimbín que lograba -¿que logra?- escalar social y económicamente por encima de los tígueres, esto es, un triunfador.
El Tíguere Allantoso: Es hoy por hoy aquel que usa el “allante”, la adulonería, para halagar o “dormir” a la persona que posiblemente será objeto de su engaño.
El Tíguere Aguajero: Es aquel que hace aspavientos sin llegar al fondo del asunto, sin demostrar en sí qué pretende, qué anuncia y qué hace. “Hacer un aguaje” es aparentar un acto como si realmente lo hiciera.
Y El Pariguayo… Es un individuo en la acera opuesta del Tíguere, carente de condiciones mínimas para salir exitosamente de cualquier situación problemática. El Pariguayo es un individuo que siempre lleva las de perder y que constantemente se lamenta.
Titulares de las redes sociales
*Solo en RD: Tíguere inventa “hooka criolla” con un pote de vidrio.
*Captan tíguere masturbándose en pleno concierto.
*Tíguere killao le da un saco de trompá a otro dizque porque le robán.
*Los tígueres tan desacatao.
*Tíguere que hace tatuaje se venga de novia infiel.
*Etotígueres tan como medio raro.
*¿Usted es tíguere o es pájaro?
*Ricky Martin se casa con su tíguere el 28 de enero.
*Blanquita dándole “gologolo” a un tíguere en una piscina.
*Se encueran pal de tíguere frente a par de mujeres desacatá.
*Tíguere come arañas vivas.
*¡Etetíguere se la comió, qué lokera!
*tíguere se opera los cuernos.
*Tíguere le da deo a jeva en pleno metro.
*Tíguere se embarra de pupú, pa’ no ser apresado.